El despertar de una noche.

Minotauro despertó… (Referente al hecho de abrir su alma y todos sus demás sentidos a la realidad). Eso sucedió una noche de verano ya tarde, mientras iba de regreso a casa.
Él era uno de esos hombres quien tiene el privilegio-bendición de vivir en un lugar hermoso; pero como suele suceder con las personas que habítan en sitios así, la cotidianidad la mayoría de las veces provocaba que al igual que todos se olvidara de eso; hasta el día en que ya de madrugada se le ocurrió de repente, voltear a mirar el cielo.
Dios, El Universo, La Madre Naturaleza (o como quiera que sea que tú lo conozcas y quieras llamarlo); llevaba un buen rato llenando de estrellas el firmamento oscuro, con toda la intención de captar su atención.
Aunque en un principio, esa fuerza superior se había dado por vencido, bastó un poco de calor sofocante para que Minotauro abriera la ventanilla lateral de su auto, con la intención de respirar aire fresco del exterior.
Fue así como descubrió el maravilloso regalo de esa noche que llevaba varias horas esperando pacientemente por él.
Sin dudarlo ni un segundo y haciendo caso a la voz de su alma, con el manto de estrellas reflejándose tras el cristal de su auto, Minotauro decidió hacer un alto en el camino aparcándo su vehículo a la orilla de la carretera, para salir y disfrutar un poco más.
Apenas descendió y tras sus primeros pasos sobre el asfalto, lo recibió el sonido y la hechizante bruma marina de la playa que quedaba ya muy cerca de su casa. Por la hora que era, no había ya tráfico, ni tampoco personas deambulando sobre la arena, y fue justo esa atmósfera de reconfortante e íntimo silencio, lo que provocó que Minotauro tuviera inmensas ganas de hablar con Dios.
Siempre lo hacía… A través de sus pensamientos; pero era muy distinto ahora… Era tal vez como si ahora fuese ÉL, quien había esperado pacientemente hasta el final del día para compartir juntos un momento y sobre todo conversar.
Al llegarle y escuchar ese pensamiento desde su alma -más que de su mente- Minotauro se sintió profundamente agradecido. Primero porque necesitaba urgentemente un respiro de la rutina y las responsabilidades de diario; y después porque fue un tanto divertido descubrir que Dios le hablaba a través de los pensamientos que se colaban desde su alma, mientras por su parte, Minotauro, aprovechando que estaba completamente solo, podía responderle sin temor alguno a que lo tacharan de loco, en voz alta.
A pesar de que ya era tarde, no había prisa. Así que se sentó en una pequeña barda de cemento que bordeaba el inicio de la playa que a unos escasos metros era acariciada de modo constante por la espuma marina.
Sabía que eso también era parte del regalo en esa noche, y tras unos minutos en que Minotauro y Dios permanecieron acompañándose mutuamente en silencio; con el mismo impulso que emociona a un niño, Minotauro se descalzó, y tras dejar resguardados sus zapatos de la arena y la humedad, se remangó la tela de los pantalones que vestía en ese momento para que la piel de sus pies hasta sus rodillas pudiera disfrutar de la agradable sensación que se experimenta cuando la arena y las olas se conectan para jugar en total complicidad.
 
Minotauro era un hombre normal. Con problemas y miedos como los de cualquier ser humano; pero a diferencia de otras veces en que tuvo otras charlas con el Creador del Universo; por primera vez tuvo ganas de hacer algo distinto… Sí, tenía muchas ganas de hablar con ÉL, pero no de las cosas que le preocupaban o le agobiaban en el corazón. Esa madrugada, luego de agradecerle por haber propiciado que hiciera un alto en su camino; su primer impulso fue platicarle respecto a todas y cada una de las cosas que vió y vivió hasta ese instante presente, y fueron lo que hizo que su vida valiera realmente la pena.
La luna, con su luz pálida y silenciosa, atestiguó aquella conversación mientras bordeaba de destellos luminosos las olas más grandes y potentes que nacían donde la vista pierde la capacidad de percibir el horizonte. Durante su charla, Minotauro le habló con el mismo entusiasmo que poseé un niño, acerca de que lo más increíble y especial de aquel regalo hecho a deshoras, era la ilusión casi real de que el tiempo estaba detenido tan sólo para que ellos dos pudieran conversar.
Dios no respondía como la mayoría de las personas lo esperan, ni tampoco era visible… Sin embargo, no era necesario en lo absoluto, porque para Minotauro era demasiado evidente su presencia a su alrededor, en ese lugar e instante tan especial.
Desde su interior, podía percibir que Dios sabía que era totalmente sincero en el instante mismo en que se disculpó por los instantes de los días recientes en que las cosas que pasaban a su alrededor lo hacían perder la FE. Por los momentos del día en que la prisa y las circunstancias triviales lo hacían olvidarse de hablarle, de contarle esas cosas que le pasaban y aunque no entendía, cambiaban y se volvían minúsculas al momento de comentarlas con ÉL,
Era muy curioso que en un lapso de tiempo en que los minutos parecían haberse detenido, toda su vida y las cosas buenas y malas que Minotauro había vivido hasta entonces, parecían estar pasando por su cabeza en forma de recuerdos de manera espontánea y en tropel.
Dios conocía mejor que nadie sus defectos y sus miedos… Esos que lo habían llevado a cometer errores y quizá en algún punto de su vida a herir o alejar a alguien que Minotauro había amado… Pero en contraste, estaba también todo lo sencillo y valioso; empezando por esa manera tan peculiar en que ante sus ojos se reflejaba el mundo.
Minotauro dio gracias por eso… Y antes de marcharse se dio cuenta que precisamente esa era la intención que Dios había tenido al regalarle el despertar de esa noche.Sin ningún afán de pretensión, quizá ese era uno de los motivos de su existencia. Sentir, experimentar y vivir al mundo de la manera en que lo hacía, para luego compartirlo en una historia; a través de una charla con amigos o al cruzar en el camino y coincidir en algún punto de espera con un desconocido.

Aquello no era una revelación nueva. Minotauro lo supo desde siempre en el fondo de su alma y por eso sonrió cuando comenzó a alejarse para emprender el camino de regreso.

Con la piel mojada, dejó un par de besos en el aire para despedirse de los amores del pasado. Luego suspiró con gratitud porque gracias a que estaba solo, podían darse esas charlas que lo hacían sentir bien tan bien por dentro.

No había más que decir… La verdad no era necesario, pues era una de esas ocasiones en que el silencio dice mucho más que las palabras; y entonces Minotauro regresó a casa con la absoluta convicción de que habría más instantes así en los días que estaban por llegar…

Domingo 28 de mayo, 2017.
 
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Nota: Minotauro es un personaje de ficción que surgió hace algún tiempo y que eventualmente es motivo de inspiración y aparecen sus historias y su peculiar forma de ver el mundo en este blog. Para mi es un personaje especial, porque las ideas para sus escritos, es muy curioso, pero aparecen en momentos muy precisos, cuando yo también lo necesito.  
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