Cinco días de vacaciones…

En esta época del año es muy común que todos nosotros dispongamos de algunos días libres. Ya sea que se trate de toda la semana completa o tan sólo los dos días más importantes de la llamada “Semana Mayor”, pero lo relevante aquí es que se trata de un espacio de tiempo para escapar de la rutina, tomarse un respiro y dedicar tiempo para la familia y para nosotros mismos.
A lo largo del año hay varios días festivos o meses muy concretos en los que se designa un breve lapso de descanso. La mayoría de las personas -y más con el ritmo de vida que llevamos en las grandes ciudades- pasamos gran parte del tiempo fantaseando con que lleguen esos días, soñando con lugares idílicos como la playa o algún otro destino paradisiaco; y en concreto al punto que quiero llegar es a que sin importar los gustos, cada uno de nosotros tiene en su interior la idea de lo que podrían ser unas vacaciones ideales y perfectas.
Probablemente en este momento, tú, donde quiera que te encuentres estás en este instante disfrutando de unos días de descanso. Yo no soy la excepción y es justo bajo esta atmósfera relajada y los días sin prisa que se me ocurrió llevar la idea de esas vacaciones de ensueño mucho más allá de lo que comúnmente encierra ese concepto.
Dentro de este espacio siempre me ha gustado jugar a imaginar e invitar a quienes me leen para que también lo hagan. Si en este instante, yo te preguntara ¿cómo serían para ti unas vacaciones perfectas?, probablemente me hablarías de una playa, de una casa en el bosque, de esquiar en un lugar con cabañas y nieve, o de ciudades ricas en arquitectura y museos; y así por el estilo me encontraría con respuestas bastante comunes y que son lo normal o el estandar cuando se habla de este tema.
¿Pero qué pasaría si yo te propusiera algo distinto? Si la idea de esas vacaciones rondara en el hecho de poder elegir cinco de los mejores días de tu vida para volver a vivirlos. Sin duda alguna sería un tiempo libre totalmente diferente a lo que estás acostumbrado y ya el simple hecho de elegir tan sólo 120 horas de tu vida a tu antojo, sin duda alguna implicaría una muy difícil elección.
Hoy quiero que imagines eso. Es muy probable que tras leer este primer planteamiento ya tengas visualizado en tu mente alguna memoria de un momento especial en tu vida. Quizá algunas personas me dirían que entre los días seleccionados para esas vacaciones en espacio intemporal estaría el día en que nació su primer hijo o cada uno de ellos (en caso de tener más de uno); cuando conocieron al amor de su vida, el primer beso, algún viaje con sus padres cuando eran niños, cuando se graduaron de la universidad, cuando se compraron su primer coche, etc, etc…
Sin embargo, en el mundo imaginario todo puede ser posible y existen pocos límites; así que profundizando mucho más en esa posibilidad, yo te pediría que a la par de elegir algún momento de tu vida importante como los que ya he mencionado, hicieras el esfuerzo por ir un poco más allá de lo aparente y entre esos días de tu vida, elegir alguno en especial en el que te hayas sentido extraordinariamente bien o hayas sido inmensamente feliz sin depender de otra persona o de un acontecimiento en concreto… ¿Puedes hacerlo? ¿Cuentas con algún instante en tu vida que haya sido así?
Ese fue el ejercicio introspectivo que realicé en estos días de descanso, y me di cuenta que mis cinco días de vacaciones serían una especie de saltos en el tiempo entre pasado, presente y el futuro, para reencontrarme no precisamente conmigo misma, sino con aspectos y herramientas que han contribuido a convertirme en la persona que soy en la actualidad. Mientras tú continúas escarbando en tu memoria y en tu alma, yo te comparto cuáles serían esos cinco días perfectos que yo tomaría por elección.
1. La casa de mi abuela: Este sería un viaje al pasado, pero lo interesante sería poder regresar en el tiempo con la edad cronológica y la madurez que he alcanzado hasta ahora. Me encantaría poder contar con eso como parte de mi equipaje, precisamente porque es lo que me permitiría disfrutar no sólo de los aromas, los sabores y los sonidos de mi infancia, sino también -y otra vez- de la sabiduría y la compañía de quien hasta este punto de mi vida ha sido la persona más sabía que he conocido y porque tal vez por la brecha generacional, pocas personas tienen la posibilidad de conversar con su abuela en una charla de mujer a mujer, como dos personas adultas.
Quizá a la par de revivir esa atmósfera de música y arte que tuvo gran influencia en mi vida, podría preguntarle a ella por su familia, las circunstancias e historias que para mi son desconocidas hasta ahora y que estoy segura me llevarían a entender mucho más a mi propia madre y su manera de sentir y de pensar.
2. A algún punto indeterminado de un viaje: En mi vida, he sido una mujer bastante afortunada por haber tenido la oportunidad de viajar en distintas ocasiones. Quizá por eso me quedaría con cualquiera de los días del viaje más largo que he realizado hasta este punto de mi vida a otro país. Elegiría algún momento en el avión, viendo como inicia o termina el día, las cosas que vi y las conversaciones que dan pie a imaginar otras historias en los aeropuertos; uno de los encuentros más especiales que he vivido hasta ahora; pero sobre todo, me quedaría con la sensación de que haber viajado tan lejos me cambió la perspectiva del mundo como la tenía, y la idea de que las cosas que se sueñan con trabajo y esfuerzo pueden ser posibles.
3. La ciudad de México en el año 2011: Dentro de mi propio país y posterior a haber estado en otros sitios, vine a encontrarme conmigo misma en la ciudad de México. En distintos escritos he hablado al respecto, y en ese viaje, buscando respuestas a muchas cosas a través del Budismo, viví cosas que me permitieron darme cuenta de quien era y de lo que quería realmente.
Hasta el día de hoy sigo pensando en que nada es casualidad y todo llega en su momento, pues en ese viaje, un espejo dentro de una habitación de hotel me hizo verme y aceptarme con este disfraz de humano que desde entonces amo y aprecio tanto, cumplí mi sueño de estar en un teatro disfrutando de una puesta en escena que cambió mi perspectiva y mis prioridades de vida, además de un momento muy especial sentada sobre el pasto de una cancha de fútbol, en la que el sol sobre mi espalda, permeando con su calidez hasta lo más profundo de mi alma, me hizo descubrir que no necesitaba de nada más para vivir un instante perfecto y que la felicidad y la paz de mi corazón dependían sólo de mi. Desde entonces eso es como una especie de amuleto que llevo adherido a mi alma y que no sólo me ha hecho más fuerte, sino me ha permitido sobreponerme cuando las cosas no van del todo bien.
4. Una noche de regreso a casa conduciendo mientras caía nieve: No era un día libre, de hecho fue como cualquier día normal de entre semana a última hora del día. Lo que hizo que fuera diferente fue el hecho de que yo estaba volviendo de una de las sesiones que eran parte de un retiro espiritual. En esa ocasión volví a casa super inspirada y en el camino me nació grabar un audio -para comentar con una persona que en esa etapa era alguien muy importante para mi- sobre todo lo que estaba sintiendo. Esa ocasión ha sido una de las que más cercana a Dios me he sentido. De alguna manera fue como un reencuentro entre ÉL y yo y aunque posterior a eso vendrían otros instantes muy específicos en los que se haría presente, ese primero lo recuerdo de una manera muy especial.
5. Salto del pasado al instante actual: Me encantaría si se pudiera tener la posibilidad de viajar en el tiempo y buscarme a mi misma para descubrir que con el tiempo lograría estar en paz y valorar lo que es realmente importante. Sería algo así como una especie de confortarme yo misma; a la par de demostrarme que ningún problema, dolor o tristeza son eternos, que las circunstancias y las prioridades cambian; pero sobre todo que mucha de la paz interna y felicidad que uno experimenta, dependen en gran parte de la actitud con la que uno afronta las dificultades que a diario se presentan.
Esos serían hasta ahora mis cinco días de vacaciones perfectas… Aunque yo elegí en su mayoría distintos acontecimientos que ya pertenecen al pasado, no quiero que se entienda como una especie de nostalgia por etapas o tiempos que ya pasaron.
Siempre he pensado que la vida, además de impredecible en muy diversas ocasiones tampoco es justa; pero la parte valiosa de todo esto es que también tiene la capacidad de sorprendernos a través de las cosas más simples y es precisamente eso lo que nos lleva a crecer como personas, pero sobre todo a “nutrirnos por dentro”.
De verdad me encantaría saber para tí ¿cuáles serían tus cinco días de vacaciones perfectas?, para que en el marco de esa premisa tan importante no olvidar que es son los momentos, las personas y lo que cada uno de nosotros lleva como equipaje en su alma, lo que propicia que los días se conviertan en magia o en un tormento.
Ojalá que tengas siempre presente eso cada vez que tengas la posibilidad de disfrutar de unas buenas vacaciones, pues la vida es eso simplemente: Aprovechar las oportunidades y sacar lo mejor de cada día que nos toque vivir.
De verdad deseo que la vida te regale muchas posibilidades para viajar hacia donde tu corazón te lleve; pues aunque hayas tenido días que fueron maravillosos, estoy segura que tanto a tí como a mi, nos queda todavía mucho por vivir.
¡Felices Vacaciones!
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