La Plaza de Los Pensamientos

Un día Dios decidió bajar y caminar entre las calles de una ciudad en la frontera. A pesar de ser omnipresente y tener la facultad de escuchar hasta la caída de la pluma más suave desde cualquier rincón del planeta, de cuando en cuando le gustaba salir y pasear por los mismos lugares que los humanos.
Esta vez no tenía ganas de disfrazarse o de materializarse en forma de viento invisible, salió tal cual era (de la manera que tú creas que es o mejor lo imagines), y para poder hacer eso eligió una hora de la noche, cuando las calles ya estaban vacías.
Los indigentes que dormían sobre los bordes de las banquetas jamás lo vieron y las latas y trozos de basura que eran arrastrados por el viento de invierno parecían ir escoltando uno a uno cada uno de sus pasos. Mientas ÉL avanzaba entre cuadras y el destello de las luces de los bares y los pocos restaurantes que aún permanecían abiertos; al llegar a la zona centro de esa ciudad dobló a la derecha cuando algo comenzó a llamar de manera poderosa su atención.
Se detuvo en una esquina y descubrió que a escasos metros de ahí se ubicaba una plaza que parecía la antesala de una construcción enorme que parecía ser La Catedral.

Dios ya había estado ahí en distintas ocasiones y siempre le parecía tan irónico caer en la cuenta de que aquel templo estaba tan lejano de ser su casa; pues a pesar de que durante muchos años personas de todas las generaciones se habían reunido ahí en su nombre; por más que el tiempo y los siglos pasaran, ÉL no había logrado hacerlos entender que habitaba en todas partes, en lo más simple y cotidiano, y que podía estar mucho más cercano a los humanos que se afanaban entre cuatro paredes y ante un altar.
No obstante, esa noche eso no era lo que importaba… Detuvo sus pasos en aquel mismo instante porque en medio de la penumbra y con la plaza desierta, percibió algo distinto a lo que estaba acostumbrado a escuchar.
Cerró los ojos y aspiró el viento helado, en un intento por agudizar sus sentidos y tratar de descifrar que era aquello que su atención había captado… Primero era como una especie de murmullo, que segundos después se reveló ante sus oídos como el de una voz humana en una conversación.
Dios comenzó a avanzar sin prisa, en dirección hacia el sitio de donde provenía el sonido. Luego de una cuadra y unos cuantos segundos, sus pasos lo llevaron hacia el pie de un teléfono público. Fue ahí donde pudo escuchar con más claridad los pensamientos de un hombre que era evidente ya no estaba ahí, pero que aquella misma tarde, mientras hablaba de larga distancia con su madre utilizando ese teléfono de alquiler, sus pensamientos eran muy contrarios a lo que con su voz le decía, relacionado con el hecho de que ya había encontrado trabajo y que pronto comenzaría a enviarle dinero.
La caseta que resguardaba el aparato telefónico estaba sola y tan helada como aquella noche de invierno; pero para ÉL que había escuchado por completo la conversación, alternándose al  mismo tiempo con la voz de los pensamientos de aquel hombre; lo hizo pensar en que ese era uno de los aspectos que más le desconcertaban a veces de los humanos; La capacidad para afirmar de manera convincente algo distinto a lo que eran de verdad sus pensamientos y manera de sentir.
En una fracción de segundo fue capaz de entenderlo todo. Escuchó hasta el sonido de la conexión telefónica en el instante mismo de colgar el auricular, y contrario a lo que pudiera pensarse el silencio no se hizo presente ahí… Y no es que no estuviera acostumbrado a escuchar todas las voces y pensamientos; era tan sólo que había algo tan diferente en el hecho de escuchar todo desde un plano superior a percibirlo en tiempo presente desde ahí.
Comenzó a alejarse de la caseta en dirección hacia la plaza contigua a la iglesia, pues comenzó a escuchar otros sonidos y otras voces. Aunque sobre el borde de la fuente no había más nadie y tan sólo permanecía inmóvil la famosa figura de bronce de un comediante de cine con el que todo mundo acudía a tomarse fotos; Dios seguía escuchando infinidad de voces y pensamientos…
“Ayúdame a tener más dinero, “Dale tal o cual cosa a X persona”, “Te pido”, “Necesito”... Y así por el estilo todas las frases que hasta los oídos de Dios llegaban contenían alguna de esas frases…
Triste, más que aturdido, se sentó por un instante en el borde de una jardinera al centro de aquella plaza… Sin decir nada y sacudiendo su cabeza por un instante deseó no tener ese poder para escucharlo todo y pensó en que sería inmensamente feliz si un día los humanos llegarían a tener la capacidad de producir no desde sus mentes, y si desde su alma, todo eso que a ÉL le gustaría escuchar:
“Estoy aquí y aunque no entiendo lo que pasa, te agradezco”, “Tengo mil problemas y miedos, pero me gustaría saber ¿en qué puedo servirte hoy Señor?… 



Su mirada se ensombreció aún más, pues por un momento tuvo la certeza de que eso tal vez jamás sucedería; pero entonces recordó que fue el mismo quien creó la premisa de que cada cosa en el universo debía darse a su tiempo, no antes ni después…
Sonrió al caer en la cuenta de que hasta cierto punto había caído en una gran contradicción… Si bien era cierto que ÉL no se equivocaba, había días en que pasaba por alto el maravilloso regalo del libre albedrío hecho a cada ser en el planeta creado a su imagen y semejanza…
Entonces la tristeza se difuminó por completo y su alma volvió a llenarse de amor y de esperanza, cuando pensó en que si tan sólo los seres humanos (que a lo largo del día dejaron desperdigados en esa plaza cada uno de sus pensamientos), entendieran lo simple y sencillo que era conectar de forma directa con su esencia divina; en definitiva, otros serían los sonidos que llegarían hasta ÉL.

¿Cómo estás por dentro?, ¿a qué le tienes tanto miedo?, ¿Eres feliz en este momento de tu vida?, ¿Cuál es tu sueño más grande?, ¿Qué estás haciendo para alcanzarlo?, ¿Cuáles cosas son las que odias y cuáles son las que amas?, ¿Qué haces para alimentar tu alma? ¿Por qué no puedes creer que te mereces grandes cosas?, ¿Por qué no has podido perdonar?, ¿Estás preparado (a) de verdad para recibir eso que tanto deseas y me pides?… Esas eran tan sólo algunas de las preguntas tan simples que tanto deseaba alguien alguna vez se cuestionara y escuchar desde lo más honesto de su alma la respuesta.
No todo estaba perdido entonces… Sabía que algún día sucedería… Sin duda alguna Dios era un tipo optimista y aunque tenía muy claro que en días normales los pensamientos divagando en esa plaza podían ser tan grises como inofensivos, algún día, quizá cualquier persona se quedaría hasta tarde para conversar a su lado en esa plaza… -Sin duda alguna eso sería muy lindo…- Se dijo para si mismo y entonces se puso de pie y se alejó de aquella plaza, pues era hora de volver al cielo a preparar otro día.
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