Un Café Conmigo…

¿Es normal que me sienta así?
Cada cierto tiempo me encuentro conmigo misma. Es algo así como cuando la casualidad te lleva a coincidir con un muy buen amigo en la calle, y de esas pocas veces que sucede, tienes tiempo y le invitas un café.
A pesar de que el tiempo sea un tirano siempre y se vuelva breve, tú aprovechas hasta el último instante a su lado, porque de verdad te interesa saber: ¿cómo le ha ido? ¿qué cosas importantes han pasado en su vida? ¿logró superar los problemas que tenía? (y que te contó la última vez que se vieron); y sobre todo es preguntar: ¿Hoy cómo estás por dentro? ¿Te sientes feliz hoy, así tal y como estás?
Justo en este día eso ha sucedido conmigo (y también contigo). Ese reencuentro de café y charla que tanto nutre el alma. Gracias a la magia de las letras nos hemos reunido en el lugar más cómodo y especial que te imagines, para abrir nuestros corazones y vaciar todo lo que llevamos en el alma, porque de cuando en cuando es necesario tomarse un respiro, y aunque sea planeado o también pueda ser obra de la casualidad, es tan necesario como esencial un encuentro así.
¿Cómo estás hoy? Me encanta imaginar que tanto tú como yo lanzamos al aire esa pregunta tan simple que invita a desnudar el alma y con esa misma simplicidad, flota y se materializa entre vapor, los rayos del sol de un atardecer perfecto y un aroma delicioso… 
Aún no hay una respuesta, pero una sonrisa que te es regalada en reciprocidad a otra igual de sincera y luminosa, te hace saber sin necesidad de palabra alguna que ese alguien a quien quizá conoces de tanto tiempo, justo ahora, en este punto de tu vida, es la persona con quien más a gusto estás y es con quien también te muestras por dentro y por fuera tal y como eres.
Una pauta breve de silencio se transforma en preludio y al mismo tiempo en la señal perfecta, esa que te indica que tu otro yo tiene toda la intención de tomarse el tiempo necesario para escucharte con toda la atención del universo puesta en ti, porque de verdad le interesa conocer cuál es tu respuesta.
Casi no te gusta hablar de ti mismo(a), pero con ese alguien algo distinto sucede… Tienes ganas de hablar y de contarle las cosas tal como cuando llegas a casa y vacías sobre la mesa todo lo que acumulaste a lo largo del día en las bolsas de los jeans. ¿Qué sería lo primero que tendrías para decirle “decirte”? ¿Le hablarías de tus sueños? ¿Le expondrías del modo más sincero y honesto tus miedos? o simplemente le contarías algo que te sucedió hoy.
Si yo fuera tú empezaría contándole que amo las madrugadas de domingo, que es cuando siento que tengo más tiempo para mi, para pensar en todo lo que no es lo cotidiano del día,  y que es justo en ese espacio de tiempo donde puedo jugar a imaginar que nos reunimos para conversar en cualquier lugar donde no haya prisa y sólo existen elementos que nos llenen el alma… Espuma marina que borre nuestras huellas mientras caminamos por la playa, los colores naranjas de un sol cálido que te acaricia el rostro justo antes de despeedirse para luego irse a iluminar al otro lado del océano, o un cielo repleto de estrellas que nos haga sentirnos tan afortunados como tan pequeños…
No sé que quiero… Pero si sé que a veces quiero más tiempo y más vida… De verdad en los últimos años he aprendido a disfrutar mucho de mi (tu) compañía y son en verdad estos instantes en los que a pesar de que no hagamos nada extraordinario y tan sólo nos quedemos en silencio al terminar un día pesado de trabajo, los que propician que a la mañana siguiente despierte con entusiasmo y ganas de salir para ver que me regala el mundo.
El tiempo siempre nos come, pero de verdad quiero que estos encuentros sean mucho más frecuentes, mucho más constantes, porque hay tanto por decir y contar que de verdad hoy los minutos han sido insuficientes para todo lo que te quería contar.
El día ya terminó, pero me da mucha paz saber que tú estás bien… Que a pesar de que en apariencia todo a tu alrededor es un caos, tú estés tan cómoda dentro de tu propia piel.
Mañana será otro día y me encantará volver a verte, porque de verdad disfruto conversar contigo. Ojalá podamos darnos el tiempo al final del día para reunirnos aunque sea un instante y conversar de lo que importa en realidad.
Aquí estoy y tú estás también, a la distancia de un simple pensamiento para cuando quieras soñar o que alguien te ayude a cargar lo que quizá solo (a) no puedes… Hay café, hay disposición y tiempo de sobra del que se roba a las prisas… Si quieres mañana lo utilizamos y hoy me quedo aquí hasta que te duermas y luego despiertes de nuevo para contarme que sueño tuviste y que cosa harás para materializarlo en la realidad.
Nos vemos pronto.  

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