Egoísta.

Y entonces se cansó de ir por el mundo rogando amor y compañía, aprendió poco a poco a valerse por sí misma.



Se dio cuenta que se merecía lo más bonito, que para vivir, sonreír era un requisito.

Se amó tanto que la llamaron egoísta, pero ella ya no hacía caso a lo que decían, ya no perdía el tiempo en tonterías, solamente sonreía, sonreía, sonreía.

Foto: Concha Acústica en Plaza de La Mexicanidad, Cd. Juárez, Chih. | Crédito: Oscar Torres


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