De sueños y posibilidades irreales…

Hace un par de noches, soñé que en la calle una mujer joven (como de unos 30 años) de pronto se cruzaba en mi camino, -o más bien yo en el de ella- y me entregaba a su bebé así de buenas a primeras.
Ella lo llevaba envuelto a manera de bultito en una tela de color blanco, del mismo material con que se hacían los pañales de antes (cuando aún no existían los desechables); y mientras yo descubría entre los pliegues de ese envoltorio que era una niña con mucho cabello y que no sobrepasaba los dos meses de vida; su madre me explicaba a toda prisa que la cuidara bien y se iba así sin más.
En ese breve lapso de desconcierto de mi parte y de intento de persuasión de esa mamá joven, yo le decía antes de que se alejara que por lo menos se llevara mis datos para que si se arrepentía y quería buscar a su hija más adelante lo hiciera. La mujer sólo me recalcaba una vez más que por favor la cuidara, que sabía que conmigo estaría bien y entonces ya por fin se alejaba prácticamente huyendo, pero ya no tan angustiada.
Dentro del sueño yo recuerdo que me quedaba por un momento de pie en ese lugar con la niña en los brazos. Era tan pequeña e indefensa, y aunque de antemano yo sabía que en esos casos lo correcto es entregar al bebé al DIF, tan sólo el instante de haberla tenido en brazos, me daba la convicción suficiente para tomar la decisión de pedir de manera legal la custodia.
Lo siguiente que recuerdo fue que estaba ya afuera de mi casa con la niña, pensando en que decirle a mis padres, y la recargaba un poco sobre la cajuela de un auto estacionado afuera, cuando en eso salía mi papá y se ponía muy contento de tener y conocer una nueva nieta (mis padres siempre han sido estrictos, pero tolerantes, y mi papá siempre ha sido el más abierto de los dos).
Es todo lo que recuerdo, y quise escribir al respecto porque fue un sueño entre lindo y angustiante… En los últimos meses y a raíz de muchas cosas que han sucedido, he pensado mucho en que la maternidad para mi sigue siendo algo lejano. Desde hace muchos años sé que a pesar de que de corazón a mi me encantaría tener un hijo, al mismo tiempo tengo claro desde hace años que no me gustaría traer un niño al mundo sólo por cumplir ese deseo y sin tener las circunstancias adecuadas para ello.
Sé que no puedo intentar manipular el futuro o las circunstancias, pero al menos si planearlo, y en ese sentido yo siempre he dicho que si algún día Dios me diera ese regalo, me gustaría que fuera con el apoyo de una pareja, no por mi, sino para que el bebé tuviera una familia y un ambiente adecuado en cuanto lo económico y lo emocional.
A lo mejor es un poco pretencioso de mi parte, porque nada es seguro en esta vida, y en cuestiones de ese tipo, la mayoría de las mujeres que conozco y que han sido madres han ido aprendiendo en el camino y adaptándose a las circunstancias y a los tiempos en los que les tocó ejercer esa misión.
Siempre que pienso en eso es lindo imaginarlo, pero al mismo tiempo triste, porque mi panorama actual es muy adverso… Hay ciertos aspectos en mi que lo complicarían y que lo harían doblemente difícil, pero la última palabra la tiene Dios.
Estoy conciente de que la madrugada en que tuve ese sueño, ni siquiera me fui a dormir pensando en eso, pero de alguna forma todas las cosas que he vivido en los últimos meses y las posibilidades tan remotas que de alguna manera se visualizan de poder cumplir con ese sueño, han dado cierta inquietud a mi alma y la verdad no sé si sería una buena mamá, pero de lo que si estoy segura es de que si desde otra dimensión, una pequeña alma me eligiera a mi para que recorramos juntos un camino de aprendizaje en esta tierra, intentaría ser la mejor persona, sin dejar de lado mis sueños, mis planes, mi espacio y mi libertad.
Quizá suene contradictorio y quizá lo vea así porque nunca he sido madre… Sé que todas las mujeres cambian sus prioridades al momento en que un pequeño ser encarna a través de su cuerpo y de su sangre, pero conozco una única mamá que ha sabido darle un total sentido de equilibrio a esa parte de ser mujer y madre, y siempre que yo la veía ser profesionista, disfrutar intensamente de sus pasiones y al mismo tiempo cuidar de sus niños pequeños, pensaba dentro de mi misma que si un día yo tuviera un hijo, me gustaría ser una mamá como ella.
He de confesar que a veces me dan ganas de escribirle cosas a ese ser que ni siquiera sé si exista… Una parte de mi se derrite y se llena de amor al pensar en eso, pero por otro lado hay otra dentro de mi alma que me hace entender que mi misión tal vez no es esa, que no todas las mujeres estamos destinadas a dar vida o tal vez nos toca darlo y manifestarlo de otra forma; y es entonces cuando vuelvo al punto que me hace concluir que la decisión final está más allá de mi y de mi propio entendimiento….
Cuando pienso en todo esto, me quedo en silencio y me es inevitable al mismo tiempo reflexionar acerca del trabajo que en todos estos años realizó mi madre conmigo y con mis hermanos, y valorar su enorme entrega y dedicación a una de las más importantes labores que una mujer puede tener como misión de vida: la formación de otro ser humano.
Aún con todos los defectos y la fabilidad que puede caracterizar a un ser humano, ella cumplió de la mejor manera que le fue posible, y su entrega y dedicación están muy marcadas y fueron influenciadas por el caracter de mi abuela… Otra mujer excepcional, que hasta el día de hoy sigue siendo la persona más fuerte y admirable que he conocido; y supongo que así es como se ha ido dando entre generaciones esa misión de amor que representa la maternidad.
Ojalá que si me toca yo esté a la altura, y si no es así, encuentre del mismo modo la manera de amar, guiar, proteger a quien se cruce en mi camino.

Es muy curioso, pero hay veces que no sólo los sueños, sino todo lo que sucede a tu alrededor se relaciona con lo que llevas quizá muy escondido entre la mente y el alma, así que para cerrar este escrito dejo un video que me compartieron y que además de reflexionar me hizo valorar -como ya dije- la labor de las madres que han formado parte de mi familia.

No sé si será parte de mi misión de vida, no sé si desde otro plano otra alma me elija a mi… Suceda lo que suceda, que esto sea para nuestro mayor bien.

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