De Visiones y Lamentos en El Puerto…

…No era la primera noche en el puerto y en aquel final del día, las calles todavía estaban vestidas de oscuridad y fiesta con motivo de un baile sabatino en un parque cercano. 
Yo estaba exahusta, así que decidí recluirme temprano en la habitación de ese hotel que ocupaba justo a la orilla del mar.
Recuerdo que el cielo estaba repleto de estrellas y el mar en aparente calma… Aunque en las calles de aquel pequeño poblado aún había gente a esa hora de la noche, la playa estaba casi desierta, uno que otro pescador pasaba por ahí de cuando en cuando, y a lo lejos tan sólo resplandecían las luces de la ciudad.
Después de una buena ducha que ayudó a despojarme del calor y el agobio del día, a pesar de no ser tan tarde, caí en un sueño profundo sin tener nada en particular en la mente… Podría haber sido una noche más tan lejos de casa, pero de manera inexplicable y en plena madrugada mi sueño se interrumpió.
Cuando abrí los ojos todo estaba oscuro… La única luz provenía de mi aparato celular que sobre el buró contiguo a la cama indicaba que pasaban ya de las dos de la madrugada… Desorientada y un tanto somnolienta, sabía que mi organismo necesitaba más horas de sueño, pues a pesar de que llevaba más de cuatro horas durmiendo, una extraña sensación me hacía creer (hasta casi convencerme), de que  era como si apenas hubieran pasado quince minutos desde el momento en que puse la cabeza en la almohada y cerré los ojos.
Estando sola, a esa hora de la madrugada, por reflejo, lo primero que se me ocurrió hacer fue voltear hacia la ventana que daba hacia la playa… A diferencia de unas horas el clima había cambiado por completo y aunque la oscuridad era densa, tras la persiana (hecha de manera muy rudimentaria con varitas de madera); era evidente que el clima se habia transformado por completo y de ser una noche apacible, el viento fuerte y los relámpagos que iluminaban por espacio de un microsegundo la oscuridad de la noche, evidenciaban que se acercaba una fuerte tormenta.
A excepción de unas cuantas casas en los alrededores, el hotel era la última construcción antes de llegar al punto donde comenzaba el mar abierto y fue justo ahí desde donde comenzó a escucharse la voz de una mujer…
En un inicio era como un susurro… No era una voz que articulara palabra alguna, pero se escuchaba cerca, al pie de aquella edificación que resguardaba el hotel, entre la playa y unas palapas al aire libre, que conforme transcurrían los minutos, y a pesar del viento y los truenos se escuchaban con la intensidad de un lamento…
Yo me quedé inmóvil… La lluvia comenzó a golpear con fuerza la ventana, y entonces recordé que en el balcón de aquella habitación había dejado yo desde la tarde anterior unos jeans y algunas otras prendas secando al aire libre… Si los dejaba afuera corrían el riesgo no sólo de amanecer empapadas, sino de que desaparecieran por completo con la fuerza del viento… Así que luego de unos minutos de que los lamentos de aquella mujer cesaron, me armé de valor y tras prender la luz de la habitación me encaminé hacia la puerta que daba hacia el balcón…
Cuando abrí la puerta, justo en ese punto desde donde partió esa voz extraña que se convirtió en lamento, no había absolutamente nadie… La playa -como era de esperarse a esa hora de la madrugada- estaba completamente desierta y tan sólo se percibía el mar picado y el cielo repleto de nubes enfurecidas relampagueando destellos y descargas en una noche de tormenta.
Con el corazón en la garganta recogí la ropa, cerré la puerta y volví lo más rápido posible a la cama… Pero a veces, resguardarte bajo las sábanas de una cama que no es la tuya, no es refugio suficiente en un instante en que para variar ¡se fue la luz!…
No sé si sea a propósito que bajo circunstancias como esa, empiezas a recordar todas las historias terroríficas que has visto en el cine, escuchado por parte de tus amigos o leíste quizá como parte de las leyendas populares; pero en mi mente estaba tan nítido el recuerdo de que las 3:00 de la madrugada es el “Tiempo Muerto” o la “Hora del Diablo”… Tiempo en el que según los expertos, es el momento en que la actividad paranormal  alcanza su punto máximo…
Sabía que pensar en este tipo de cosas no era del todo bueno… Y mientras la lluvia arreciaba y la luz seguía sin volver aún, comencé a intentar pensar en otras cosas para distraerme y conciliar el sueño otra vez…

La voz no se volvió a escuchar, pero el sentido común hizo que me metiera a la cama y por ningún motivo volviera a voltear hacia el enorme ventanal que asomaba al balcón de mi habitación en ese hotel… La verdad no sé si fue un instante o un par de horas… Al final no sé si estaba en realidad despierta o aún dormía, pero la mente y por ende los pensamientos que pones en ella son por demás poderosos y al pensar en el amor de la persona que propició que yo viajara hasta ese lugar fue lo que logró tranquilizarme mientras pasaba la tormenta y regresaba de nueva cuenta la luz eléctrica.

Cerca de las 5:00 am y todavía con la oscuridad en el exterior, la lluvia cedió un poco y el único ruido que se escuchó entonces fue el de los pescadores que vivían en los alrededores, quienes salieron para asegurar mejor sus lanchas por medio de cuerdas, y evitar así que se desprendieran de la orilla y fueran arrastradas mar adentro por lo violento del oleaje…

Volvió a amanecer y yo no conté nada… Perdí la noción del tiempo y no supe si dormí poco o dormí mucho… Tan sólo pensé en las almas sin liberar que quizá desencarnaron en algún naufragio en otro tiempo, o de la gente que murió en combate en la época en que Estados Unidos atacó el puerto o mucho antes de que encallara en pleno Siglo XVI, la embarcación de un comerciante originario de Niza (Francia),  en honor a quien se nombró esa localidad como Antón Lizardo.

Ha pasado más de un mes desde aquella noche… Y la verdad desconozco si volveré o no a ese lugar de nuevo… Pero lo que si me queda claro es que más allá de nuestro mundo y de la vida moderna, (así tal cual la conocemos), existen seres y entes que pertenecen a dimensiones alternas a la nuestra, y que tal vez bajo ciertas circunstancias y horario, ese delicado y sutil velo entre el mundo de los vivos y los muertos es mucho más palpable y puede cruzarse con gran facilidad…
Verdad o resultado de mi imaginación a esa hora de la madrugada, en el presente me quedó una anécdota distinta para plasmar en una Página Suelta de tonalidad oscura, así como la convicción de que no obstante que en pleno Siglo XXI ya muy pocas cosas nos sorprenden, así como existe el bien, también el mal, las fuerzas oscuras y todos esos fenómenos de otras dimensiones, cohabitan junto a nosotros en esta realidad.

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