La Historia de “Merlín”…

Algunas de mis más imperiosas relaciones, han sido con animales. Una semana a principios de la década de 1990, estaba coordinando, llevando a cabo un taller, (que también era una especie de retiro en California); pues un gatito negro, recorrió los pasillos de la posada, se abrió camino hasta mi cuarto y mi corazón y jamás se fue.
Mi nuevo amigo nació unas cinco semanas antes, de una joven gata que nunca antes había dado a luz y no pudo amamantar a su camada. Cuando los empleados del lugar en donde estábamos haciendo el retiro, la posada, descubrieron este alumbramiento, creyeron que todos los gatitos habían muerto. Bueno, pues días después sin embargo, ocurrió un pequeño milagro. La gata (la mamá), emergió de su escondite cargando un montoncito de huesos y pelo que había sobrevivido todo el tiempo sin comer. Imagínense.
De inmediato el personal comenzó a alimentar al gatito para que recobrara la salud.
Reconociendo su mágica fortaleza y firme voluntad de sobrevivir, lo llamaron “Merlín”. Al llegar a mi cuarto esa noche, “Merlín” ronroneó y maulló en la puerta, hasta que me rendí a mi impulso de cuidar de todos los animales del planeta y lo dejé entrar.

Durante la semana del programa que estuvimos dirigiendo ahí, ese retiro, durmió ahí conmigo todas las noches en la recámara, se sentó conmigo cada mañana mientras yo desayunaba en mi cuarto, me miraba afeitarme desde la orilla del lavabo y caminaba entre mis diapositivas de 35 milímetros… (eran otros días anteriores antes del Power Point), mientras yo las preparaba para el día siguiente.

Cada mañana se paraba en la orilla de la tina, mientras yo me estaba bañando. Siempre me estaba acompañando, atrapando en su boca las gotitas de agua que rebotaban en mi cuerpo.

Al terminar la semana, “Merlín” y yo éramos muy buenos amigos y me descubrí tremendamente encariñado con el pequeño milagro con tantas ganas de vivir.

Gracias a una serie de sincronicidades que pronto ocurrieron, “Merlín” y yo nos vimos en un viaje por buena parte del país, hasta mi casa en el alto desierto del norte de Nuevo México. Él, se convirtió en mi familia, y en los tres años siguientes estuvo conmigo cada noche, cuando preparaba la cena, cuando tomaba la siesta, junto a mi antigua computadora Apple mientras escribía mi primer libro.

Una noche “Merlín” salió, (como lo hacía siempre a esas horas), y jamás lo volví a ver.

Esto sucedió en el verano de 1994, durante la semana en que un inmenso cometa chocó con Júpiter. Al principio creí que sencillamente se había ido a explorar y que de pronto volvería a verlo. Tal vez “Merlín” había navegado por el desierto usando las líneas magnéticas de la tierra (como lo hacen pájaros y ballenas).

Los mismos campos que fueron trastornados por el extraño efecto de Júpiter sobre los campos magnéticos de la tierra… Quizás estos habían cambiado y lo llevaron a otra parte. O pudo deberse a tantas otras razones… El hecho era que “Merlín” se  había ido.

Cuando pasaron dos días sin verlo empecé a buscarlo. No contesté ninguna llamada telefónica, ni hice absolutamente nada durante casi una semana mientras recorría los campos al norte de Thaos, allá en Nuevo México¿Caería en una de las trampas puestas por los rancheros para los coyotes que cazan a sus ovejas?, tal vez había quedado atrapado en un antiguo edificio, o en un pozo, y no podía salir….

…Bueno, pues durante días inspeccioné nidos de lechuzas, me asomé en todas las madrigueras de tejones y de coyotes que encontré… Finalmente dejé de buscar a “Merlín” y empecé a buscar huellas de él, su pelo, su collar… Todos mis esfuerzos fueron en vano…

Una mañana estaba acostado en la cama, justo antes del amanecer, en un estado de duerme-vela y simplemente pedí una señal… Necesitaba saber que le había sucedido a mi amigo. Antes siquiera de que terminara la pregunta en mi mente, ocurrió algo que nunca me había pasado, ni me ha vuelto a pasar… Desde el desván de mi casa, oí un ruido que venía de afuera, y luego otro, y luego otro y otro más… Segundos después, llegados desde todas direcciones, rodeando por completo la propiedad, oí el inconfundible aullido de los coyotes, más de los que había escuchado nunca en todos los años en que había vivido en ese lugar.

Durante lo que parecieron minutos, bramaron y aullaron, hasta que tan súbitamente como empezaron, se detuvieron… Yo tenía lágrimas en los ojos, y me dije en voz alta: “No creo que “Merlín” vuelva a estar aquí”… En ese momento, se me mostró lo que le había ocurrido a mi amigo… Supe que los coyotes se lo habían llevado y que no volvería a verlo nunca más…

Ese mismo día, comencé a ver coyotes por toda la propiedad a plena luz del día. Ciertamente los había visto en el pasado, pero siempre aparecían en la tarde, o antes de que amaneciera. Bueno, pues esta vez estaban por todas partes, a media tarde, solos, dos o tres juntos, cachorros, familias, todos paseando casualmente por los campos… He aquí la razón de que ofrezca esta historia…

La pérdida de “Merlín” me dolió… En mi dolor, pude haber perseguido a cada coyote, uno por uno, pensando: “¡este es, este es!”… (El que se había llevado a mi amigo)… Habría podido subir hasta lo alto de la construcción de una granja rifle en mano, para vengar la muerte de “Merlín” hasta que no quedara un solo coyote en el valle entero. Habría podido hacer todo eso, pero nada habría cambiado, de todas maneras “Merlín” se había ido…

No estaba enojado con los coyotes, sólo extrañaba a mi amigo. Extrañaba su personalidad, los graciosos ruidos que hacía al acercarse furtivamente a la gran casa nocturna, en forma de polillas en la puerta con mosquitero. Extrañaba la manera como me miraba de arriba a abajo mientras se estaba echando en los frescos pisos de loza en el verano y me ponía yo ahí.

Esa noche empecé a recorrer en auto el polvoso camino de terracería que serpentea por el valle hasta la carretera. Fue en ese recorrido que tuve mi primera experiencia de “La Gracia”… 

Mientras subía las ventanas para que nadie me oyera (aunque no había nadie en muchos kilómetros a la redonda); bendije a “Merlín” en su partida, dándole las gracias por toda la dicha que trajo a mi vida.

Esa fue la parte fácil… Luego empecé a bendecir a los coyotes. Especialmente a los coyotes que le habían quitado la vida. Poco después, realmente comencé a sentir una extraña especie de unidad con ellos. Supe que lo sucedido no era un acto intencional para hacerme daño a mi. Simplemente hicieron lo que los coyotes hacen.

Me bendije a mi mismo tratando de dar sentido al motivo de que la naturaleza parezca ser cruel a veces. Al principio pareció que nada había ocurrido. Estaba tan herido que no podía dejar entrar la bendición (digamos así). Un par de repeticiones después, sin embargo el cambio empezó a darse. La sensación se inició como calidez en mi estómago, que creció hasta difundirse por completo a mi cuerpo (en todas las direcciones).

Mientras mis ojos se llenaban de lágrimas, me vi emitiendo grandes sollozos. Me detuve a la orilla del camino e hice todo lo posible por seguir bendiciendo, hasta que ya no hubiera energía para continuar haciéndolo. Ese día supe que “La Gracia”, era completa.

Lo interesante del acto de bendecir, es que el mundo no cambia, somos nosotros quienes lo hacemos. En nuestra disposición a reconocer y soltar lo que nos hace daño, el mundo parece distinto y nosotros nos convertimos en personas más fuertes, en personas más saludables… Curiosamente después de haber hecho las paces con los coyotes ese día y aunque los sigo oyendo de noche, jamás he visto que otro de ellos cruce el límite de mi propiedad.

El año pasado sin embargo, vi otro gato de diferente tipo. Mi primerísimo puma, y cruzó por debajo la cerca, para presentarse directamente en mi patio….

Gregg Braden 
Autor de: “La Ciencia de Los Milagros”
“Lo interesante del acto de bendecir, es que el mundo no cambia, somos nosotros quienes lo hacemos. En nuestra disposición a reconocer y soltar lo que nos hace daño, el mundo parece distinto y nosotros nos convertimos en personas más fuertes, en personas más saludables”…
-Gregg Braden-
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Que gran lección de vida cuando te pones a bendecir… A bendecir todo, incluso  aquellos que pudieron hacerte daño, porque a partir de ese momento dejan de hacértelo, a partir de ese momento todo aquel muro hostil, amargo, odioso, doloroso se empieza a caer, y el primero en beneficiarse por emitir una bendición, eres TÚ... El que la proporciona, el que la emite, el que la entrega.

Aprendamos pues entonces a bendecir todo cuanto sucede en nuestra vida, para que comprendamos también que esa es la base para dar paso a nuevas bendiciones para nuestra existencia.

¡Buen Inicio de Semana!

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