“Cuida tu Alma”


Minotauro despertó en una tarde fría de Enero y lo primero que vino a su mente una vez que abrió los ojos fue la última frase que alguien que conocía pronunció un instante antes de que terminara su conversación telefónica con él: “Cuida tu alma”.
Cuando colgó el teléfono no le dio mucha importancia. Siguió haciendo sus cosas durante el resto del día y por la tarde, aprovechando que no era un día muy pesado de trabajo, (ni tampoco podía salir porque hacía demasiado frío); optó por tomar una siesta. No fue hasta cuando despertó, que esa simple frase conformada por tan sólo tres palabras comenzó a resonar en su interior.
Sentado sobre la cama y todavía un tanto adormilado, mientras pensaba en ello, sus ojos tropezaron con la caja donde se encontraba El Corazón que hacía tiempo atrás había encontrado en la mesa de un restaurante… Entonces al mirarlo ahí y rememorar todo lo que había pasado en esos meses recientes, la frase tan simple de ese “alguien”, cobró todavía un mayor sentido.

Minotauro lo tomó entre sus manos, y tal como sucedió la primera vez, aquel músculo de color rojo brillante se estremeció con el contacto y la calidez de su piel… Mientras lo observaba, se cuestionó ¿cómo podía cuidarse algo tan intangible e impreciso como lo era el alma? y entonces el corazón con sus latidos comenzó a hablar…

Él no entendió… De hecho se sintió un tanto abrumado y tras resguardarlo de nuevo en su caja, tomó su abrigo y salió a la calle. En cuanto abrió la puerta, un viento helado del sur le trajo recuerdos de una caminata durante una madrugada fría, acompañando de regreso a casa a alguien que ya no estaba… Revivió la sensación de sus manos heladas siendo recubiertas por las suyas, en un intento de encontrar calor y complicidad.

La memoria se evaporó con los primeros pasos, y después de cinco cuadras encontró un suspiro dibujado sobre el cristal congelado de un auto. Luego, tras la ventana de una casa antigua, la inocencia reflejada en los ojos de una anciana le dijo: “buenas tardes”; mientras al mismo tiempo y con una sonrisa, le regaló una bendición para llevar en el bolsillo y pudiera acompañarle a todas partes… Aunque él no tenía ni  la menor idea de cuando la usaría, a pesar de que el frío le congelara las manos, no dudó en sacarse uno de los guantes que lo recubría, para guardar ese regalo en la bolsita trasera de sus jeans.

Sobre la banqueta cubierta de nieve se fueron delineando sus pasos y las huellas de un pasado que por calles y avenidas se le fue quedando… De pronto, se dio cuenta que ya no albergaba en su alma ninguna tristeza, tampoco la preocupación por cosas de todos los días, y en su interior resonaba tan sólo el estribillo de una canción que escuchó en la radio y sin saber porque, lo hacía ponerse de buen humor.

Tal vez fue eso lo que lo animo a regalarle a un vagabundo una ciruela que llevaba en el lado derecho de su saco, para después pasar por un café y un baguette que dejó sobre el papel con las noticias de la tarde, en una banca de la plaza, en la que ese hallazgo se convertiría para alguien más en la “bendición del día”…

Ahí fue cuando para él todo cobró un sentido… Se dio cuenta de que era su alma la que pedía alimento y no su cuerpo, y con el paso de los años lo había buscado de manera inconsciente.

Aquella tarde, Minotauro cuidó su alma, estando sólo en compañía de él mismo… Disfrutó el calor del sol de mediodía sobre su espalda, de las historias que imaginó sobre cada una de las personas que encontró a su paso; al igual que sucedió con la emoción que dejó ver al niño que aún era, cuando en el camino decidió hacer un alto en el camino para comprar y regalarse un libro…

“Cuida tu Alma”… Suspiró y se repitió para si mismo casi al final del día, mientras observaba el mar desde el muelle, y fue la misma frase que recordó otra vez un instante antes de dormir…

Ahora estaba seguro no sólo del significado de esas tres palabras formando una frase tan poderosa, sino que tenía la total convicción de que nadie podría hacer eso mejor que él…

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