Una Historia de La Novelería…

Una tarde que F.J. Koloffon caminaba por la ciudad, sumido en una profunda crisis, notó que en las calles había toda clase de negocios, locales, almacenes, tiendas y oficinas. Comerciantes, profesionistas y especialistas en cualquier clase de oficio.
Entonces se cuestionó, como seguido lo hacía, ¿A qué dedicaría el resto de sus días?, porque si de algo estaba seguro es que ni con su trabajo ni con su vida estaba a gusto.
Se sentía desolado y clavó la mirada al piso, a sus ridículos zapatos lustrosos, a ver si ellos sabían a dónde iban. Así prosiguió el camino a ningún sitio.
Por fin, luego de un rato, levantó la vista y se topó con una sastrería. “Que fortuna dedicarse todo el día a lo que a uno le gusta. Si no es para eso, ¿para qué es la vida?”, pensó mientras contemplaba desde la ventana al sastre, quien, con algunos alfileres entre los labios, confeccionaba con absoluta entrega un elegante traje de tres piezas, de raya gris.
Al percibirlo, el sastre enfocó con precisión su mirada en la de F.J. y lo observó por unos segundos, con unos ojos bien profundos y con un gesto amable, seguido de un guiño mágico que lo hizo cerrar los suyos  y sumergirme en sí.
Cuando recuperó el sentido, el sastre lucía abstraído en la tela, como si nunca lo hubiese visto. La deslizaba, sigiloso pero hábil, con las dos manos por la aguja de la máquina, que con una rapidez invisible bajaba y subía para darle forma a la prenda de buen vestir.
De pronto echó un vistazo a ambos lados de la avenida y cayó en la cuenta que, efectivamente, existían todo tipo de negocios y quehaceres. Todos excepto uno, aquel donde escribieran historias a la medida.
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Esto que acaban de leer es una pequeña historia que Francisco Javier Koloffón, el autor del libro “El Astronauta Terrestre” y “El Trompetista” (a quien admiro tanto y de quien ya les he hablado varias veces en este blog); tiene colocado en el sitio de La Novelería“, la empresa de publicidad que él fundó después de convertirse en escritor.
Ayer fue su cumpleaños, y aunque yo había visto su trabajo en Facebook, con el pretexto de felicitarlo, se me ocurrió entrar al sitio web de su trabajo y además del texto que hoy les comparto aquí, me fascinó todo lo que encontré ahí.
Ha pasado ya algún tiempo desde que leí su primer libro y además de admirarlo como escritor, con el paso del tiempo no sólo me regaló su segundo libro, sino que en esa interacción tan padre de seguir en contacto ya no sólo para seguir sus pasos como escritor, sino en su espacio personal, me he dado cuenta que es un maravilloso ser humano y con una familia hermosa.
Me encanta su trabajo, la manera como escribe, la forma como se convirtió en escritor y logró publicar su primer libro… Y pocas palabras, yo lo definiría como un soñador empedernido en un mundo totalmente realista y material… Y eso, para quienes nos encantan las historias y amamos escribir, es definitivamente alimento para el alma.
Ojalá Dios le regale muchos años de inspiración, magia e historias y por lo pronto en este último post de la semana, espero que hayan disfrutado de esta pequeña historia de “La Novelería” con la que me sentí tan identificada y me pareció tan llena de magia, y al mismo tiempo como una especie de “señal” en este momento de mi vida.
 

 

“Para escribir tu propia historia deja de inventarte tanto personaje secundario y concéntrate en el protagonista”.


-F.J. Koloffon-


 

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