En la víspera de tu llegada…

¡Hola! ¿Estás ahí? (yo sé que como siempre la respuesta es: “Sí”)…
 
Son los primeros días de diciembre, hoy no hace tanto frío y en el silencio de la noche pienso en que llevo tantos días (que de tanto acumularse ya se convirtieron en meses), con la intención de escribirte una carta, pero la nostalgia me llevo a hacerlo hasta hoy.
 
Tú me conoces bien, sabes todo de mi y no necesito decir que han sido meses muy difíciles en todos los sentidos, me ha pasado de todo y así son a veces las cosas… Pero tampoco me quejo. Yo sé que aunque en silencio siempre estás ahí, acompañándome en todo momento, pero hay días en que me haces tanta falta y me gustaría poder sentirte todavía más cerca… Sobre todo en los momentos del día en que soy más frágil y vulnerable de lo que la demás gente allá afuera pudiera imaginar…
 
Ya lo sé, (lo descubrí hace mucho), y sé que a ti te gusta disfrazarte todos los días de cosas distintas y esperar a que yo tenga sentido del humor para jugar contigo a tratar de adivinar ¿en dónde estás? ¿o de qué vas ese día?
Aunque en ocasiones lo haces de formas tan espectaculares como mágicas, hay veces que yo no puedo hacer otra cosa más que buscarte en el ayer, en un simple amanecer o en el silencio de mis pensamientos para hablarte desde ahí.
 
¿Sabes? hace algunos días estuve recordando todas las veces que me he reencontrado contigo y estando a solas no pude evitar sonreír… ¿Te acuerdas de aquel invierno de hace seis años cuando te sentí tan cerca mientras iba manejando de regreso a casa? ¿la tarde en que me protegiste de la tormenta? y también aquel retiro en que a través de alguien (a quien no vi nunca), apoyaste tus manos sobre mis hombros  para acompañarme en una tarde tan especial…
 
De seguro ahora tú también sonríes, al saber que tu presencia no siempre ha pasado tan desapercibida para mi… Si soy egoísta y tan humanamente imperfecta, pero sé que por lo mismo no me exigirías que te diera más de lo que está dentro de mi capacidad, a pesar de que yo siempre te pida mucho más a ti de lo que estaría dispuesta a dar.
 
Hablando de eso, hoy de camino a casa pensé en escribirte que yo si te necesito mucho… Llevo tanto tiempo buscando un encuentro como esos, en los que en diversos lugares te he sentido como alguien tan cercano, y por eso he recorrido la ciudad de un extremo a otro, buscándote en las calles, en los ojos de la gente, en la sonrisa de un  niño, en las palabras de un desconocido, y hasta en la banca de algún templo, (aunque de antemano yo sepa que aunque todos digan que esos lugares son tu casa, tú nunca estás ni te quedas ahí).
 
A lo mejor no me he dado cuenta, pero vas ahí al lado contando junto a mi los pasos… Igual murmuras mi nombre en el viento, con el canto de algún pájaro o quizá en los colores de las mariposas que últimamente veo en todos lados (sin importar que viva en el desierto y ya sea invierno)... Quizá sea así y es tan sólo que mi egoísmo y falta de fe no me permiten percibirte más allá de lo que mis ojos ven.
 
Por estos días y en el instante mismo en que yo te escribo esto, ha llegado el tiempo en que tú vuelves a ser niño otra vez y naces de nuevo para regalar esperanza a quien lo necesite, y también para hacerte todavía más presente en la vida de quienes confían en tí desde siempre, pero sobre todo llevan adentro de su alma: FE.
 
En la segunda noche de diciembre pienso en ellos y también en todo eso… En que al igual que no vives en el templo ni tampoco eres la imagen de un hombre crucificado, no estás en las luces de un árbol, ni en los regalos que adornan los aparadores… Mucho menos en mis recuerdos de niña, y además de necesitar más que nunca encontrarte, quisiera saber cómo hacer para darle el real sentido a la madrugada en que vendrás al mundo una vez más.
 
Pienso que… ¿Quizá eso sea lo que quieres?... Que deje de buscarte, de cuestionarte por todo, para volver a ser nuevamente niña como tú… A lo mejor esa es tu intención: que vuelva a ver a través de la ventana y del reflejo de las esferas de colores al mundo tal y como lo veía cuando apenas tenía tan sólo cinco años…
 
Sé desde siempre que hay algo de esa niña que durante todo este tiempo ha vivido en mi… De no ser así este espacio no existiría y yo, a pesar de todos mis defectos no podría verte como desde hace tantos años te veo: como mi amigo, como un personaje más real y cercano… 
 
En la víspera de tu llegada tal vez debería dejar el papel y la pluma a un lado para salir a buscarte de un forma distinta: en la ilusión con que un niño pequeño espera los días con nieve para salir a jugar… La mirada llena de luz con que observa las estrellas en la noche buscando descubrir la que ilumina el recorrido que desde el lejano oriente realizan tres hombres en un camello, un caballo y un elefante.
 
Quizá quieres que cada mañana además de abrigarme, lleve de la mano a esa niña pequeña que pocas veces dejo salir, para que en los días ordinarios de entre semana sea ella quien me guíe hacia los lugares donde tú te encuentres y pueda ver el mundo con ojos llenos de ilusión.
 
La noche de tu nacimiento no quiero pasarla en blanco, ni tampoco irme a dormir abrigada en nostalgia por la añoranza de quien no está y pensar mejor en quien de mi pueda en realidad necesitar algo… Necesito tener los sentidos y el alma muy abiertos para poder encontrar las señales que me coloquen en el camino correcto donde tú quieres que esté.
 
Te prometo poner todo de mi parte, ya no pedirte tantas cosas, porque quizá en lugar de un nuevo encuentro contigo, lo que de verdad necesito es que (al igual que lo has hecho desde hace más de 2 mil años en el alma de los hombres y mujeres de todos los tiempos y lugares), es que tu amor y tú luz, renazca como tú en esa noche, otra vez en mi.
 
Te sigo buscando… Quiero estar lista cuando llegues… Permite que te encuentre, pero sobre todo que pueda estar otra vez cerca de ti.
 
¡Buenas Noches!… Hasta mañana…

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