Los Ciclos del Alma

La persona que aparece en la foto con que inicia este post es Sharon M Koening y yo empecé a conocer como era, mucho antes de que supiera como era ella físicamente.
La Página Suelta de hoy es para hablar de su libro “Los Ciclos del Alma”, que ha sido no sólo uno de los mejores que he leído en mucho tiempo, sino que gran parte de lo que cuenta ahí me ha sido de gran utilidad en días difíciles y más allá de ese instante en que el libro queda cerrado y en silencio.
Desde hace mucho tiempo yo creo en que todo cuanto sucede tiene una razón de ser y nada en lo absoluto es casual. Sharon apareció en mi vida mucho antes que su libro, y eso sucedió una noche en que husmeando entre los links hacia otros blogs que tenía Arwen, (otra chica bloguer a quien aprecio y comencé a identificarme con ella por estar al igual que yo en busca de aprender más sobre espiritualidad), tenía precisamente entre sus favoritos, citado el blog de Sharon. 
Bastó con que hiciera un sólo click y leyera un primer escrito para que a pesar de no tener mucho tiempo disponible esa noche, me quedara con ganas de volver luego para leer con más calma. Así fue como desde entonces comencé a visitar su sitio casi a diario, puesto que me di cuenta que todo lo que iba encontrando ahí (a pesar de que ella ya lo había escrito hacía tiempo), me servía y me hacía sentir bien. 
Eso pasó hace como más de un año y era bien curioso que siempre que entraba a su blog, saltando de un escrito a otro al azar, siempre los textos de Sharon hablaban y tenían las palabras certeras para lo que en ese momento de mi vida necesitaba yo, y entonces el azar ya no lo era tanto…
Así fue como una noche también me di cuenta que ella había escrito un libro que llevaba el mismo nombre que su blog y desde ese momento me empezó a dar desesperación por tratar de averiguar si aquí en México podía ser posible conseguirlo.
A diferencia de otros libros, no pasó mucho tiempo y en menos de una semana ya lo tenía, y al igual que me pasó con el blog, encontré en “Los Ciclos del Alma” muchas cosas que en su momento eran como “parchecitos” para mi corazón.   
Los Ciclos del Alma no es un libro de auto ayuda o motivación personal, es simplemente un compendio de experiencias que ha vivido una mujer tan normal como cualquiera de nosotros y como fue que empezó su búsqueda espiritual.

Algo que me encantó desde el primer escrito que leí de ella fue que Sharon habla siempre de cosas que nos pueden suceder a todos en nuestra vida normal y como por medio de la introspección y el buscar siempre conectarte con ese ser superior o con esa esencia divina (sin meterse en rollos de religión), puedes ser capaz de salir adelante y ver las cosas de distinta manera. Eso es lo que me encanta de ella, y que te lo explica de una manera tan sencilla y tan honesta, que es eso precisamente lo que hace que te identifiques tanto con su trabajo y te quedes en paz.

La verdad hasta el instante mismo en que yo escribo esto, para mi sería difícil decir cuál capítulo o que tema en concreto me gustó más del libro, hay muchos ejercicios y oraciones tan sinceras que si las citara aquí quedaría este post todavía más kilométrico de los que suelo hacer cuando algo me gusta o me cautiva.

En el caso de “Los Ciclos del Alma”, me pasó que no quería terminar de leerlo, porque ella, a la par de contar como han sido sus momentos de mayor crisis y que en cierta manera fueron pasos que la fueron enfocando hacia su verdadera misión de vida, te da no sólo herramientas, sino también palabras que te animan cuando las cosas no van del todo bien.

Sharon M Koening es originaria de Puerto Rico, es madre de una niña y estudió diseño, pero no cabe duda que su tarea en este mundo era ayudar a más personas a través de lo que escribe y su propia experiencia en busca de la espiritualidad. En lo personal su trabajo, (junto al de otras personas que he leído en los últimos años y a raíz de mi propia búsqueda que inició con el Budismo), me inspira tanto y a mi me gustaría un día poder hacer algo así como ella y cada vez me atrae más la idea de tomar un curso o tal vez intentar estudiar Tanatología.

Sólo Dios sabe… Pero bueno, luego de leer este libro me quedo con esa sensación curiosa y padre al mismo tiempo de que muchas de las cosas que he leído en este último tiempo sobre lo que somos cada uno de nosotros en esencia, las almas, la presencia de los ángeles, la misión que cada uno tenemos, los sentimientos y emociones tan humanos que nos llevan a cometer errores (y a lastimar muchas veces), todo es parte de un proceso y de un aprendizaje para poder encontrar tu camino.

Yo estoy desde hace más de tres años en busca del mío, y aunque aún no sé bien como definirlo, en el camino he aprendido mucho y agradezco el que existan personas tan llenas de luz que comparten como Sharon lo que han aprendido, porque alimentar el alma es algo que en ningún lado nos enseñan y es tan importante como nutrir el cuerpo.

De seguro estaré citando con frecuencia a Sharon en este blog, ya sea en la sección de “Café y Letras” o durante los “Días de Reflexión”, porque de alguna manera ella siempre publica cosas con las que todos nos podemos llegar a identificar.

Mientras eso sucede, aquí les dejo un extracto de uno de los capítulos donde habla de El Perdón y fue uno de los que más me gustó. Pero si alguno de ustedes busca algo que les deje una sensación linda en el alma, o quizá sólo empezar a aprender a mirarse un poquito más por dentro, este libro es perfecto para iniciar con eso y su blog es como hacer un viaje introspectivo hacia un lugar confortable donde a la par de encontrarte contigo mismo, también puedes tener una conversación honesta y directa con Dios… Es como el mismo título lo indica, un libro para iniciar tu propio proceso de reconexión y eso es lo más padre que alguien te puede regalar.

Gracias a Sharon M Koening por ser una mujer tan llena de luz.

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La primera forma de amarnos es a través del perdón. Perdonándonos a nosotros mismos nos amamos, perdonando a otros nos liberamos. En realidad, el perdón es una arrogancia del ser humano y de nuestro ego, pues nosotros no tenemos la capacidad, ni la potestad real de perdonar a otro ser humano. 


Para que exista este tipo de perdón, debe haber primero una condena. La condena y el castigo no son el modo por el cual Dios maneja Su Universo, por este motivo nosotros no tenemos derecho a castigar, condenar y juzgar. Cada persona que comete una falta ha hecho la mejor elección posible de acuerdo a su etapa de evolución y conciencia del momento.


Dios no culpa, de la misma forma que no culpamos a un niño por su error. La ignorancia de la ley tampoco evita que a ambos les corresponda una justa lección, de acuerdo a su grado de entendimiento.
Desde el punto de vista de Dios y Su orden, el perdón, no es un privilegio concedido sino una lección aprendida.


¿Qué Es El Perdón?

Perdonar no es excusar o condonar las acciones de otros, consiste en darse cuenta de que nada ni nadie pueden dañarte a menos que tú mismo le des el permiso para hacerlo.


El dolor ante los hechos es la interpretación y el valor que le das a la acción de esa persona que te ha herido.


Si caminas por la calle y un borracho te grita cosas horribles, probablemente te ríes y no le das mayor importancia. Sin embargo, si una persona cercana a ti o conocida hace lo mismo, probablemente te ofenda y te duela quizás por toda una vida. Como verás, la acción es exactamente la misma, pero sólo tú puedes dar a los otros el permiso para herirte a través de lo que interpretas, o por el valor que le das a ese insulto, permitiendo en muchos casos que te lastime indefinidamente.


Perdonar no es olvidar, pero sí es dejar ir el dolor del recuerdo. Si puedes recordar un momento en el que te han herido y puedes contarlo sin la emoción negativa atada a ese recuerdo, significa que ya has perdonado. En cambio si sientes tristeza, ira, culpa o reproche, todavía lo estás viviendo, como un cáncer que te corroe y aunque no lo recuerdes conscientemente está ahí mortificando tus otras relaciones.


Cuando puedas relatar ese momento como una anécdota y no como una tragedia, habrás superado ese paso trascendental y sabrás que has perdonado.


La falta la comete tu agresor la primera vez, pero de ahí en adelante la ausencia del perdón hace que tú mismo te hieras eternamente con el recuerdo.


Si quieres olvidarte de esa persona, dejarla libre es la única forma de hacerlo, pues mientras decidas no mirar de cerca esta situación para sanarla haces lo contrario: te mantienes ligado a la persona que te hizo la ofensa. La llevas atada a ti por medio de una cadena invisible y cada vez que la recuerdas le envías directamente tu veneno, pero no sin antes sentirlo en tu propio cuerpo.


La clave de la felicidad es, sin duda, aprender a reinventarnos constantemente y ser muy flexible frente a los cambios. Todo tiene su tiempo. Vivimos en etapas.
-Sharon M. Koening-

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