Postales de Invierno

El invierno llegó de pronto y puso sobre el suelo absolutamente todas sus maletas. Volvió luego de un larguísimo viaje por el hemisferio sur y trajo consigo la humedad que empaña los cristales, sirve para dibujar figuras con el dedo o delinear las letras de los nombres de quienes se encuentran a miles de kilómetros de aquí.
Dos días de nostalgia vinieron tras él, cuidando sus pasos… Soplaron sobre las copas de los árboles para crear una alfombra amarilla. También cubrieron la montaña con una delicada capa de nieve, al igual que los techos de las casas y los autos.
En la segunda mitad de noviembre el sol se vuelve más lento para ir y regresar cada día… Hay veces que se ausenta y deja en su lugar una nostálgica neblina que puede hacer visible los suspiros en los espejos de las tiendas y las casas, además, la ciudad se vuelve mucho más grande al pintarse de un tono gris.
Yo me asomé como todos los días a través de la ventana para ver como había amanecido el mundo. En mis ojos se reflejó la imagen de una postal que mi imaginación colocó en las páginas de un libro al que le quedan ya muy pocas hojas en blanco, y que por lo mismo está a punto de dejarse de escribir.
El frío que cala hasta los huesos siempre viene a recordar que sin importar lo que haya pasado, por dentro del pecho llevas un corazón que esta vivo y lleno de sentimientos cálidos. A través de esa ventana por la que tantos amaneceres y días del pasado ya han desfilado, la imaginación va y viene…. Te hace pensar en los encuentros que sólo Dios sabe si estarán o no escritos… También en que cuando las páginas del libro que conforma todo un año está por acabarse, es inevitable echar un vistazo a las hojas que ya se escribieron y encontrar en cada una de sus líneas cosas que te ensombrecen, pero en contraposición te hacen sonreír.
No han sido días buenos, pero tampoco malos. Las postales de invierno guardan todo el aprendizaje y en el tiempo que la primavera dure ausente, por dentro las almas se preparan también para más adelante volver a florecer.
Es tiempo de hibernar los sentimientos, de resguardar los abrazos hacia adentro, de esperar a que pasen los días más gélidos, las noches oscuras y silenciosas cuando la ciudad te parece con sus calles solitarias un lugar más grande.
Tal vez no soy lo que imaginé sería en el pasado, pero estoy aquí por algo… Soy parte de esta postal de invierno que más allá de la imagen de una montaña nevada resguarda tantas cosas, pero así como las imágenes se deterioran, todo esto, -al igual que el frío y la nostalgia- algún día pasará.
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