“La Historia de El Carcelero”.

Había una vez una isla, donde tan sólo vivían dos personas: uno era un acusado y el otro un policía.

Un día el policía decidió encarcelar al acusado, pero notó que había un problema, pues el policía, dado que no había nadie más en la isla, también tenía que estar todo el tiempo parado frente a la puerta de la cárcel, vigilando al criminal para que no se escapara.

Aunque el policía era libre, tampoco podía disfrutar de su libertad y se sentía encarcelado.

Esto mismo sucede cuando no perdonamos: encarcelamos al otro pero también nos encarcelamos a nosotros mismos.

-Sharon M Koening- 
“Los Ciclos del Alma”
Ediciones Obelisco

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