De Manifestaciones y Espectáculos de Animales Circenses…

Todo empezó una mañana fría de hace dos o tres semanas de una manera casual y aparentemente inconexa. Yo estaba en un negocio previo a la hora de entrada a mi trabajo, cuando de repente, por el enorme ventanal que asomaba a la calle vi que pasó un camión ambulante, (de esos que ahora se utilizan para publicitar cosas); pero que a diferencia de otras veces traía “anclado” en la parte de atrás una segunda plataforma con una jaula grande que en su interior contenía un leopardo.
Lo primero que vino a mi mente cuando vi a ese animal que dormitaba en una jaula tan pequeña, fue: “si yo tengo frío, ese animal enjaulado paseando por toda la ciudad es probable que también lo tenga”… 
Mientras el vehículo avanzaba en contradictoria lentitud a la velocidad del sonido del perifoneo que publicitaba el estreno en la ciudad de un espectáculo circense, vino a mi mente la imagen de una carpa enorme y un montón de luminarias que había visto varios días atrás, anunciando la llegada a la frontera de uno de los circos más famosos a nivel mundial.
Por las prisas, nunca pensé en lo que había más allá, hasta esa mañana en que al ver a ese felino enjaulado, caí en la cuenta de que en horas en que aparentemente él debería estar descansando, (después de un viaje y posterior a su “actuación” sobre la pista de un circo en otra ciudad), él mismo dormitaba ahí sin entender siquiera que era nuevamente un objeto para exhibir y captar la atención de la gente…. En pocas palabras, él estaba trabajando otra vez, y trabajaría de nuevo en la noche… Fue ahí cuando un sentimiento de tristeza se apoderó de mi.
Yo seguí mi camino, y aunque después de ese día me tocó ver al leopardo sólo durante un par de veces más, en mi interior se quedó la idea de que cuando eres niño nunca lo piensas, y siendo adulto, al igual que alguien pequeño, si te impresiona ver tan cerca un ejemplar que quizá sólo conozcas a través de los documentales y los libros… O quizá si fuiste más afortunado y pudiste visitar un zoológico; lograste guardar en tus recuerdos una imagen que jamás pudiste olvidar…
Eso es lo más normal que piensas o recuerdas, pero jamás te imaginas o te pones a reflexionar en todo lo que representa estar, al otro lado, adentro de una jaula, porque como cualquier persona de ciudad te dejas impresionar por el oropel de un espectáculo, y tus sentidos se encandilan con la majestuosidad de las luces y la carpa que llegan a transformar un predio baldío por el lapso de unos días en algo “mágico” y “nunca visto”…
   
Ese sentimiento de tristeza y nostalgia fue lo que me hizo decidir acudir a la convocatoria que ya cercano el fin de semana lanzó en las redes sociales Aprodea, la asociación que rescata cachorros abandonados en esta ciudad sin ningún tipo de apoyo.
Previo a la fecha en que se convocaba para presentarse en la zona de la ciudad donde está ubicado el circo, varias personas comenzaron a organizarse ofreciendo llevar pancartas, otros con la impresión de volantes con información para sensibilizar a la gente sobre la importancia de que sin importar que fuera un circo que en apariencia no maltrate a los animales, al ser un espectáculo que anuncia más de 250 especies, desde ese momento se sabe que no están tampoco en libertad, ni en condiciones normales de su hábitat natural y evidentemente al ser exhibidos generan una ganancia para quien está más allá del telón que da acceso a la pista dentro de la carpa.
Pero así como el mundo está lleno de soñadores e idealistas, también está repleto de personas con grandes dosis de negatividad para regalar. Todavía no se llegaba la fecha de la manifestación (que sería pacífica) y dentro de los mensajes abiertos al público en el que los chavos que asistirían ofrecían llevar tal o cual cosa para compartir; apareció más de un personaje que afirmaba por escrito que hacer eso “no sirve de nada”, algunos otros pidiendo pruebas de “maltrato”, que evidentemente más de uno se encargó de refutar con notas de prensa con denuncias a otros circos, fotografías y otros como yo con un argumento muy simple: ¿No te parece que traer un leopardo paseando por toda la ciudad dentro de una jaula tan pequeña  no es una crueldad?
Entre opiniones divididas y “troleos” se llegó el día de la manifestación. Nadie se conocía, pero no hacía falta. En cuanto cruzabas la calle y quienes acudieron mucho más puntuales te veían vestido de color blanco y llevando entre las manos alguna pancarta o folletos con información, las palabras salían sobrando, porque las miradas, gestos y sonrisas de complicidad decían mucho más.
La respuesta de la gente del circo, como era de esperarse fue negativa, pero dentro de esa negatividad hubo un poco de apertura, porque hubo una especie de acercamiento entre una de las organizadoras de la manifestación y uno de los dueños del circo.
Yo no lo vi, pero los chicos que estaban ahí comentaron que el dueño del circo salió en algún momento para conversar con ellos y quien a pesar de no estar de acuerdo con la manifestación si expresó respeto por la causa que esa tarde reunió a un grupo de jóvenes y un colectivo de artistas ambulantes; pues no sólo ofreció su ayuda si algo se llegaba a necesitar, con la única consigna de que la manifestación fuera pacífica y no traspasara el área cercana a las taquillas.
Esa recomendación estaba de más, pues aún cuando todo se organizó en menos de una semana, la consigna siempre fue esa, manifestarse sin causar ningún altercado o molestia a la gente que transitaba por esa avenida tan concurrida. Tampoco era el objetivo entorpecer el tráfico ni impedir el acceso al circo.
No hubo mucho tiempo para hablar, pero desde que llegaba, cada una de las personas sabía cuál era su misión y el propósito que llevó a cada uno hasta ahí, y así la tarde se fue entre chicos que realizaban malabares sobre la avenida cuando el semáforo estaba en rojo, otros que hicieron valla en el cordón de la banqueta y sobre el camellón central con sus pancartas con leyendas, algunos otros que repartían volantes a los autos y a la gente que llegaba hasta el estacionamiento del circo, previo a la penúltima función.
Quizá tengan razón las personas que dijeron que realizar ese tipo de acciones no sirva de nada… Los circos seguirán existiendo mientras haya personas que paguen un boleto por ver lo que comúnmente en su ciudad no podrían, y por ende habrá muchos animales que vivirán la mayor parte de su vida fuera de su hábitat natural y en cautiverio.
Esa es una realidad latente y muy triste, pero esa tarde aprendí también algo muy importante: A pesar de que puede haber gente no esté de acuerdo con tus ideas y tus sueños, eso no lo vuelve tu enemigo (como en el caso del dueño del circo); es simplemente mirar las dos caras de la moneda, proteger cada uno sus intereses y desde tu punto de vista, valores y convicciones, defender lo que tú consideras que es lo correcto.
La gente seguirá yendo al circo, esa compañía irá a otros lugares y ciudades; pero mientras exista por lo menos una sola persona que tras leer alguno de los folletos, o la leyenda impresa en alguna de las mantas y pancartas y se quede reflexionando a futuro, el esfuerzo de todas y cada una de las personas que esa tarde estuvieron ahí, ya no habrá sido en vano… Ojalá que en un futuro los circos (al igual que ahora lo son muchas especies extintas), sólo sean un recuerdo más…
Gracias por invitarme a participar.
Les dejo algunas imágenes que hablan más por si mismas.

“Una señora me dijo: “Nunca lo había pensado así mija, ¡mucha suerte!”
Y me cuenta mi hermana que una familia se dio la vuelta y ya no fueron al circo.
Para mí eso es una ganancia increíble”.
-Carolina Tovar | Manifestante-

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