Visualizar lo que todavía no es…

5:45 de la mañana… Hace un rato ya que regresaste, pero tus ojos son la evidencia de que te encantaría de corazón haberte podido quedar mucho más tiempo en “El País de Los Sueños”… La realidad te hace aterrizar los pies sobre la tierra de golpe, y te hace saber que además de que eso no es posible, será un día largo y por esa razón tienes que apresurarte para salir a la calle ya.
Te diriges hacia el sur, con la convicción de que el camino será largo porque tendrás que atravesar la ciudad de lado a lado… Un montón de pensamientos se anidan en tu mente… El sueño tan extraño que tuviste, los pendientes para ese día, todo lo que te preocupa, la sonrisa de la persona que más amas, pero el viento fresco que te acaricia el rostro mientras avanzas, se encarga de diluir todo, para centrarte una vez más en el presente.
La oscuridad también se difumina conforme vas sumando cuadras y recorres la avenida. El sol comienza a iluminarlo todo y de pronto te revela cada rincón y la fisionomía de una ciudad que ya ha despertado, pero por alguna extraña razón está completamente desierta…
Caes en la cuenta de eso durante el lapso que permaneces suspendido esperando el cambio de una luz roja a verde… No es domingo, miras tu reloj y te parece extraño no ver ni un solo auto en ninguna de las dos direcciones de la calle… Y es aún más desconcertante que a esa hora donde el día por fin te ha sorprendido, no haya tráfico ni gente desesperada por pasar…
Por fin avanzas… El desconcierto es ahora quien te acompaña al otro lado del asiento… No te dice nada, pero a veces el silencio revela mucho más que las palabras… Es evidente que la ciudad está desierta, algo pasó, pero te has quedado a solas contigo mismo, y no sé si la idea te agrada o te perturba; sin embargo en ese instante esa es tu realidad…
¿Cómo te sientes al saber que te has quedado completamente solo?… Tienes la ciudad y cada rincón de ella tan sólo para ti… Te puedes pasar los altos, puedes gritar, cantar, ¡hacer un montón de cosas! sin preocuparte si quiera por sentir vergüenza si alguien te mira…
Mientras eres tú mismo quien se acompaña en ese recorrido… ¿Te gusta lo que ves?, ¿te sientes bien contigo?… ¿Qué es lo que llevas dentro?, ¿Sigues pensando en los problemas que tienes?… A pesar de estar completamente solo -Y si estás enamorado- ¿Tu corazón es capaz de sentir todavía aún todo ese amor?…
Algo pasó… Eso es un hecho… Te quedaste solo, porque Dios, la Fuerza Universal, o como quiera que a ti te guste llamarlo, decidió apagar todo el ruido exterior para que te escucharas a ti mismo…
Todos los días recorres la ciudad y vas de un lugar a otro… Pero… ¿Serías capaz de hacer lo mismo en tu interior?… ¿A quién extrañarías o quisieras que estuviera contigo?… ¿Que harías si te dijeran que es una travesía por tiempo indefinido y que únicamente la puedes vivir tú?.
Tantas veces deseaste en el tráfico de la hora pico, que todo mundo desapareciera… Ahora que ese deseo se te ha concedido, ya no estás tan seguro de querer eso y peor aún: Te sientes tan extraño y tan fuera de lugar…
Pensando en todo esto llegas por fin a tu destino (el trabajo, tu escuela, una biblioteca, la cafetería que te queda de paso, el súper donde compras tu café, etc.), o simplemente, después de que pasó ese fenómeno tan extraño, de pronto se te ocurrió desviarte del camino y abandonar la rutina, para escaparte a cualquier otro lugar…
Ahora, en ese sitio a donde has llegado, de pronto descubres un libro que en la portada tiene escrito tu nombre… Lleno de curiosidad lo tomas con tus manos y comienzas a hojearlo para darte cuenta que habla sobre ti…
Sorprendido descubres entre las páginas cada una de las experiencias y vivencias a lo largo de tu vida… Entre hoja y hoja hay fotografías de momentos que recuerdas como si hubieran pasado apenas ayer, instantes muy bien descritos donde te sentiste feliz: las mejores vacaciones de tu vida, el día en que conociste el amor, quizá cuando lo perdiste, todo lo malo que en los últimos años te puso triste; las comidas y los días de risas interminables con los amigos, todo cuanto sucede a diario en tu trabajo… ¡En fin!, todo lo que conforma tu vida, cada segundo, cada instante y hasta todo lo que ya ni recordabas tú…
Mientras tus manos se posan y avanzan como mariposas sobre cada una de las páginas, de pronto: la curiosidad se apodera de tu alma, y al percatarte de que el libro es muy grueso, te das cuenta también de que en ese tomo donde se compila absolutamente toda tu historia, se encuentra contenida una parte de tu vida que aún no te ha sido revelada y desconoces; puesto que los seres humanos no tenemos aún la capacidad para visualizar lo que todavía no es…
El corazón se te acelera tan sólo de pensarlo… Pero dime sinceramente: ¿qué harías?… Adelantarías todos los capítulos tan sólo para conocer lo que va a pasar con tu vida más adelante… ¿Te sentirías listo para conocer el futuro que aún no has construido en el presente?…
En este momento la respuesta a todas esas preguntas tú ya la sabes… Pero déjame decirte algo: Ese libro que en ese instante tienes en tus manos, (entre los capítulos que ya conoces y entre los que la curiosidad te mata por saber que es lo que dicen), existen también un montón de hojas en blanco…
…Qué extraño ¿no?… ¿A quién se le ocurriría hacer semejante cosa?… ¿Para qué hojas sin nada dentro de un libro que ya tiene escrito algo al principio y también en el final…
… No, no ha sido un error ni tampoco el libro está mal impreso o “descompuesto”… Esas hojas en blanco tienen su razón de ser… Alguien las puso ahí de manera premeditada, sabiendo lo curioso que eres y que sería esa misma curiosidad la que te llevaría a descubrirlas…
Ese apartado del libro lo diseñaste tú mismo… No, no viajaste en el tiempo, pero haz sido tú quien al dejar todo ese espacio en blanco tuvo la intención de construir un refugio de papel…
Esas hojas “sin nada” son la ciudad desierta, tu boleto o pasaporte para poder escapar en esos días en los que la realidad te agobia… ¿Serías capaz de estar al otro lado para ti mismo?… Si tuvieras que escribir una carta llena de palabras cálidas, ¿podrías regalarte eso nada más a ti?… ¿de darte el abrazo que a  veces tanto necesitas?
No tienes porque adelantarte al futuro, ni tampoco ser adivino… ¿Cómo escribirías ese capítulo entero?, el futuro, tu propia historia, la estás escribiendo desde este instante… Piensa en como te gustaría que alguien viera tu libro, tienes oportunidad de diseñar todo lo que quieres ahí, así que empieza por visualizar bien, todo lo que todavía no es…

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