Makahui… Otro año…

El tiempo sigue pasando, la vida sigue su curso y justo este Viernes se cumple otro aniversario más de que todos ellos se fueron de aquí.
Ayer y hoy, por cuestiones de trabajo, he pasado por el cementerio donde todos ellos descansan… He de confesar que sólo estuve allí el día de su funeral, después de eso jamás he vuelto, porque en el fondo siempre he sabido que ninguno de ellos se encuentra en realidad ya allí.
Sé que no soy la única para quien este Viernes no es como tantos otros, y sé también que no soy la única que cada año, al llegar el día 19 del mes de Julio, regresa mentalmente más de dos décadas en el tiempo y revive no sólo el aprendizaje tan duro que sin imaginar los chicos de Makahui nos dieron, sino que también rememora las anécdotas y las vivencias junto a cada uno de ellos en las aulas de clase, las fiestas del día del estudiante, y todas esas cosas que tuvimos la suerte de compartir como compañeros de clase.
Ya lo he dicho en cada post que les he dedicado, pero cada vez que alguien menciona o viene a mi mente la palabra “Makahui”, es inevitable para mi pensar en un grupo de chavos ejemplares, buenos estudiantes, grandes amigos, buenos hijos, artistas dedicados y llenos de disciplina que lograron poner muy en alto el nombre del Centro de Bachillerato Tecnológico y de Servicios No. 114 (CBTIS 114).
 
Hoy se cumplen exactamente 21 años… Y es una sensación extraña el pensar que escribir año con año sobre un grupo de jóvenes que ya no están con nosotros, es como mirar el pasado y el futuro al mismo tiempo… En esa época jamás habría imaginado que tantos años después escribiría sobre ellos; mientras que en el presente siempre cabe imaginar ¿qué hubiera sucedido sí nada hubiera pasado, si ellos hubieran regresado de ese viaje y hoy estuvieran aquí?
Seguramente serían buenos padres y brillantes profesionistas… Pero bueno, a pesar de que después de tantos años muchos de nosotros no entendemos todavía algunas de las decisiones divinas, existen muchos hogares donde ellos siempre van a hacer falta y familias donde a pesar de la ausencia física, siempre tendrán un lugar.
Hará cosa de un mes o dos, (también de camino de regreso el trabajo), en una avenida importante de la ciudad, al estar haciendo alto, me tocó ver a algunos de ellos con sus trajes de presentación, mostrando en el lapso que dura el cambio de luz roja a verde, un poco de su arte, para poder conseguir dinero y supongo financiar alguno de sus viajes o parte de su vestuario.
Contemplar esa escena me hizo pensar que a pesar de que han pasado ya más de dos generaciones por ese grupo de danza, ser parte de “Makahui” además de la disciplina, le da a los jóvenes la posibilidad de valorar más lo que se obtiene a base de trabajo, constancia y esfuerzo…
Veintiún años nos separan ya de ellos, la vida es muy diferente, pero su recuerdo se mantiene intacto… Gracias a cada uno de ellos por el tiempo compartido y por habernos hecho entender que la vida puede ser muy frágil y por eso hay que valorar cada uno de los días que nos toque estar aquí.
Un abrazo hasta el cielo (en especial para Adriana Marquez), y sé que continua la promesa de que volveremos a reunirnos con todos ellos en otro tiempo y lugar.

Foto: Adriana Márquez Moraza (q.e.p.d)  
Video: El Borre 662
“Lo que hay después de la muerte, vida es, no muerte”.
-Seneca-

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