Historia En La Canción: “Balcones a La Infancia”

8:23 de la mañana y Sofía atravesó a paso apresurado la avenida mientras el semáforo estaba en rojo. Llevaba prisa, pero no podía ir tan rápido como quisiera, pues llevaba de la mano a su hijo de cinco años, mientras con la otra empujaba el cochecito en el que su pequeña de apenas cinco meses dormía, ajena a todo cuanto había a su alrededor.
Sofía no tenía más de treinta años; pero con menos de tres décadas tenía ya una enorme responsabilidad sobre sus hombros. Aquella mañana -sin saber porque-, la luz solar de la mañana, proyectándose sobre las banquetas, la hizo recordar y añorar también los tiempos en que por esa misma avenida, paseaba en bicicleta junto a su pandilla de amigos.
El sonido de una botella de jugo que rebotó a mitad de la calle la hizo volver de golpe a la realidad… Por suerte la luz del semáforo aún permanecía en rojo, pues sólo así pudo volver sobre algunos pasos ya andados, para rescatar la bebida que su hijo mayor había dejado escapar por accidente.
En esa misma ciudad, pero desde otro punto, Javier desde la barrita del comedor de la cocina, observaba en silencio a su hijo de 3 años, que mientras desayunaba viendo las caricaturas de Sábado, tenía manchada la camiseta de su pijama de chocolate con leche.
En ese instante en una acción casi por reflejo, Javier volteó a mirar su camisa blanca impecablemente planchada y limpia; mientras al mismo tiempo miraba la taza de café que en ese momento sostenía con una de sus manos.
Echó un vistazo de nuevo a su camisa, luego vio a su hijo, y comprendió que ahora -y sobre todo a esa hora- ese era un lujo que él no se podía permitir.
De camino al trabajo y como consecuencia de haber salido demasiado temprano de casa, sin saber porque, Javier decidió detenerse un momento en la esquina del viejo parque, a pocas cuadras del fraccionamiento donde en casa de sus padres vivió toda su infancia.
Los columpios y los juegos aún permanecían ahí y las bancas, aunque grafiteadas, lo hicieron evocar los tiempos en los que de niño jugó tantas veces ahí.
A pocas cuadras de ese mismo sitio, Roberto estaba en la antigua casa que en otro tiempo perteneció a su familia. Llegó hasta ahí desde temprano, para escombrar el sitio y hacer un poco de limpieza antes de que la inmobiliaria realizara un avalúo previo a ponerla en venta.
Roberto lo había olvidado, pero al deshacerse de la maleza que había crecido demasiado en el patio, entre pedazos de botellas rotas, basura y demás objetos que se acumularon por el tiempo en que la casa permaneció abandonada;  encontró su viejo “tiralilas”, elaborado con el cuello recortado de una botella de refresco y un pedazo de globo amarrado a ella con una liga de plástico…

Con tan sólo sostener ese viejo e improvisado artefacto, su presente se vio atropellado por un montón de recuerdos… Las guerritas desde el viejo árbol (que ya no estaba) y que asomaba a casa de sus amiguitos vecinos…
…Y así por el estilo, esa mañana y desde distintos puntos, varios adultos jóvenes desearon por tan sólo un instante volver a ser niños…
Hay días en que la magia aparece… Los deseos se conceden y todo eso que alguien anhela se puede convertir en realidad. Aquella madrugada los planetas se alinearon, quizá hubo lluvia de estrellas o algún fenómeno natural que abrió temporalmente una puerta en el tiempo.
Cuando el sol regresó otra vez y atravesó el océano para llegar de nuevo hasta ese extremo de planeta, Javier, Sofía y Roberto despertaron y volvieron a ser niños…
Con gran fascinación y sorpresa, ellos tres, en compañía de otros cuantos amigos, reconocieron sus siluetas proyectadas en la claridad de un sábana blanca que hondeaba en un patio vecino y que todos atravesaban siempre de camino hacia el parque.
La magia y la inocencia en sus corazones les regaló la oportunidad de volver a ser niños otra vez… Sería sólo un día, unas cuantas horas en las que todos juntos volverían a aquellos tiempos en que la responsabilidad no pesaba tanto en los hombros.
Cuando el sol se alejara de nuevo, el encanto terminaría, y el metal de los juegos de aquel parque, volvería a ser de un color oxidado cobrizo… El tiempo quizá no perdonaría, pero lo que ninguno de ellos sabía era que sin importar que crecieran una vez más y luego del paso de unas horas, en la eternidad quedaría siempre la posibilidad de jugar como en el pasado y de tener siempre en el alma, sueños que -sólo si ellos querían- crecerían a la misma velocidad que ellos con el tiempo y permanecerían escondidos en su interior, esperando por cumplir…
“Balcones a La Infancia” | Cómplices | Álbum: Preguntas y Flores (1993) | Track No. 7
 
“Balcones a La Infancia”
-Letra: Juan Mari Montes |  Música: Teo Cardalda y María Monsonías-
 
Llegó el otoño y la ciudad,
fundió dos plomos de neón,
vuelan gaviotas hacia el sur,
pero también emigro yo…
 
Piso los charcos,
salgo de escuela y soy
el dueño de un balón…
 
Abajo calles por correr,
arriba el sol por merendar,
la infancia es eso y tropezar,
para caer siempre en pie.
 
Mi ropa limpia
ondea en el balcón,
y aún no sé muy bien.
 
Porque nadie nos dijo
que el paraíso era,
aquel parque infantil
del ayer…
 
Crecimos con presteza
sin darnos cuenta que,
no se vuelve a vivir, el ayer…
 
Uno se empeña en sobornar,
fotos y aromas del ayer…
 
El tiempo es viejo y no querrá,
hacer conmigo una excepción…
 
En el columpio vuela otro niño,
que me está haciendo mayor…
 
Porque nadie nos dijo,
que el paraíso era,
aquel parque infantil,
del ayer…
 
Crecimos con presteza,
sin darnos cuenta que,
no se vuelve a vivir, el ayer…
 
Sensatos, adultos,
disparando a Peter Pan,
sin alas y enfermos de edad
crecimos con prisa
y la consigna era: 
niño, un día ya serás mayor…
 
Llega el otoño,
y la ciudad derrama estrellas sobre mí,
la noche crece en el balcón,
y aún quedan sueños por cumplir…
 
Doy cuerda a mi reloj,
que es la manera de volver…
 
Cierro el álbum a la luz
de tres colillas y un café….


“Doy cuerda a mi reloj que es la manera de volver”…
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