“No Le Pises La Cola Al León”…

El año pasado, cuando todavía trabajaba en el periódico, hubo una tarde que cuando iba de regreso a mi casa a la hora de la comida, ya casi cuando iba a llegar, por una calle donde no había mucho tráfico, me tocó ver desde lejos que iban dos autos (uno delante del otro). 
No sé bien como estuvo la onda, pero a una distancia de varias cuadras, pude darme cuenta de que justo cuando llegaron a una esquina donde hay un alto, el conductor del auto que iba más adelante, se bajó enfurecido y comenzó a quebrarle el vidrio con algo que llevaba en la mano, al conductor del vehículo que iba detrás.
La escena me impresionó, pero ya no supe más porque por precaución ya no pasé por ahí. Decidí desviarme y llegar a mi casa por otro lado, pero la imagen se me quedó tan grabada en la mente y me dejó reflexionando en lo intolerantes que somos a veces, tan sólo porque la gente no avanza con la velocidad que uno quisiera (eso me ha tocado vivirlo a mi, desde hace poco más de un año, cuando me volví motociclista).
Este “De Café y Letras” se relaciona con eso, porque hace poco, leyendo un avance de el libro “¡No la Vi Venir!” de la autoría de Fernanda Familiar, encontré algo que me recordó tal cual ese incidente que a mi me tocó presenciar.
En esta mitad de semana me pareció buena idea compartir con ustedes ese fragmento del libro, que ya muero de ganas por leer, porque estoy segura que vale mucho la pena.
Seguramente ya les contaré cuando eso suceda, pero mientras se llega el tiempo y  la oportunidad de hacerlo, este miércoles les comparto ese extracto del libro de Fernanda.
Espero que lo disfruten y los haga reflexionar acerca del grado de tolerancia que cada uno de nosotros podemos llegar a tener.
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“No Le Pises La Cola Al León”…
Quizá te llame la atención el título de este capítulo destinado al tema de seguridad, y debo explicar que en múltiples ocasiones el ser humano se ve inmerso en problemas que hasta cobran su vida, porque no implementa para sí mismo el cuidado suficiente para no colocarse en lugares o con personas que le acabarán causando daño. Conozco historias en dónde la prepotencia, la soberbia o la dejadez llevan a alguien a colocarse en un riesgo irremediable.
No le pises la cola al león viene de una historia que me cuentan sobre un adolescente que se emborracha en un restaurante, el encargado del bar se acerca a decirle que por favor baje el volumen de “su desmadre” porque en la mesa de al lado hay un narcotraficante “muy cabrón” que ya está harto de su comportamiento. El adolescente se ríe del cantinero, sigue bebiendo, le vale el comentario, continua con su “desmadre”, y no menos se acerca a la mesa del narcotraficante a decirle:
-Tú hijo de la chingada me la pelas, no sabes quién es mi papá y tu a mi no me amenazas…-

– (le empieza a pisar la cola al león; el león es la imagen de la maldad, de la soberbia, de la des humanidad)
… El adolescente cree que puede contra ese león porque es igual de soberbio, cree que es inmortal y que nadie lo puede lastimar. El mafioso le da una oportunidad más y le dice:
-Ya lárgate si no quieres que te mate, me vale un carajo quien seas, nos estás molestando con tu desmadre a todos- 

El adolescente no mira, esta borracho, se siente cobijado por sus cuates, quiere demostrar su poderío y acaba muerto a tiros en un restaurante.
¿Cuántos de estos casos conocemos? Gente que le pisa la cola al león y piensa que éste no va a rugir más fuerte. En México se viven historias de prepotencia, soberbia, uso de poder, demostración de quién es el jefe… ¡todos los días! 
No digo que lo que hace el león está bien o es correcto, justamente por eso escribo sobre ellos porque es de tontos pensar que no existen y no ver que en la vida siempre habrá uno más fuerte, uno más soberbio, uno más poderoso, uno más cínico, uno más malo… No hay que andar buscando pleitos pensando que nada puede sucederte. Un día, te topas con el león y va a rugir más fuerte que tú. La inteligencia está en no exponerse a situaciones que nos lleven a terrenos inseguros de los cuales siempre pensemos vamos a salir bien librados.
Este capítulo se refiere a historias así, dónde aseguran que ¡no la ven venir! Pero su forma de actuar, de reaccionar, de sentirse intocables los orilla al cobro de cuentas, a las venganzas, a verse inmersos en un mundo en donde “no rugen tanto cómo creían”. La clave es la discreción. Hay que ser cuidadosos y observar. No se trata de coartar la libertad de nadie, se trata de darse cuenta que somos responsables de nuestros actos y tienen una consecuencia, para bien o para mal….
NOTA: (Ojalá continúes leyendo el libro, ¡vale la pena!)
 
NOTA: (Comparto ahora, el primer caso que se relata en el libro en relación al tema de seguridad…)
“¡No tienes vergüenza!”: Anónimo
Le pega al coche de adelante. El conductor se baja enfurecido-¿Qué te pasa pendejo, qué traes, por qué me pegas?-
 
– Chinga tu madre cabrón, muévete o te empujo hasta tu casa con mi coche. Llevo prisa ¿qué no ves?
 
– ¿Que me dijiste animal? Además de pegarme me dices que vaya y chingue a mi madre Estás loco cabrón…-
Enfurecido regresa a su coche y se arranca. El otro no percibe que lo espera unos metros adelante y lo empieza a seguir. Encuentra el momento y se baja con una pistola para romperle el vidrio al que momentos antes le había pegado. Rompe el vidrio, carga la pistola y le apunta…
-Ahora si hijito de la chingada ¿qué me dijiste?-
En la parte de atrás se escucha la voz de un niño. –No por favor no le haga nada a mi papá.-
-No mames cabrón, todo eso que has hecho y dicho ¿ha sido enfrente de tus hijos? ¡No tienes vergüenza! ¿Cómo se te ocurre pendejo?… Te salvaste por esta vez, la próxima quién sabe y a lo mejor vengas solo.
NOTA: (El libro ¡No la vi venir! es una reflexión a través de diversos temas, que te invita a darte cuenta de que en la vida no eres víctima ni cómplice de lo que te pasa, ¡eres responsable!).
-Fernanda Familiar-

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