Reflexiones de Fernanda en la radio.

Si hay algo que me gusta de mi blog, es que es un espacio donde además de que puedo hablar de cosas que no son tan comunes en una charla cotidiana, todo lo que veo o escucho a lo largo del día, vuelve tan impredecible, como distinto entre uno y otro, cada uno de los posts que ustedes leen aquí.
El lunes pasado, -después de mucho tiempo- volví a escuchar el programa de Fernanda Familiar. He dejado de hacerlo no por falta de ganas, sino porque el horario en el que pasa, ya no me es posible estar conectada (en el trabajo que tenía anteriormente sí); pero bueno, más allá de las razones por las cuales ya no soy una radioescucha tan fiel como antes, en un inicio de semana de día festivo, fue como siempre un gran placer (o uno de esos instantes que uno se regala para si mismo durante el día); poderla escuchar de nuevo.
El post de esta mitad de semana iba a ser otro fragmento de su libro más reciente: “No La Vi Venir”; pero decidí posponerlo para luego, porque me pareció más importante compartir con la gente que visita este blog, una reflexión que se dio dentro de su programa de radio (este lunes pasado), y justo durante el segmento de “La imagen del día”, a cargo de Gonzálo Oliveros (el Flaquiguapo), uno de sus colaboradores.
No recuerdo bien a ciencia cierta sobre que tema estaban hablando, pero Fernanda comentó sobre una serie de videos que subió a su página durante el fin de semana que acaba de pasar y entre los que estaba incluido uno que captó el instante en que un funcionario público muere frente a muchas personas en plena reunión de trabajo.
Fernanda dijo que eran imágenes que no son fáciles de digerir, pero que a pesar de el contenido tan fuerte, ella decidió compartirlo en su sitio web, no con afán de morbo, sino porque ella quiso hacer hincapié en la importancia de que la gente se de cuenta de la fragilidad de la vida. Hoy podemos estar aquí y en un segundo ya no.
En ese punto de la conversación, Gonzálo Oliveros le compartió a Fernanda una anécdota. Él dijo, que en los días pasados, había tenido que tomar un taxi en la ciudad de México para ir a “X lugar”. En cuanto abordó el vehículo de alquiler, el chofer le dijo: “hábleme joven, porque ando muy distraido”; y justo cuando lo volteó a ver, Gonzálo se dio cuenta que el taxista tenía la boca chueca, tal como si le hubiera pasado algo.
Obvio, Gonzalo sorprendido, le preguntó de inmediato al respecto, y el chofer le respondió: “Es que el fin de semana perdí a mi esposa y a mi hija. Ella estaba embarazada de 8 meses y tuvieron que hacerle una cesárea y murió en la operación”. 
Ahí fue donde él se dio cuenta de la magnitud del problema de aquel hombre y lo primero que hizo fue decirle: ¿Y qué está haciendo usted aquí?, debería estar en su casa, a lo que el taxista contestó: “Es que todavía tengo que pagar 2 mil seiscientos pesos de los gastos del funeral y no tengo dinero, necesito trabajar”….
Después de escuchar esto, me quedé pensando un buen rato en que a pesar de que todas las personas tenemos problemas a diario, la magnitud de los mismos a veces sobrepasan por mucho nuestra capacidad; y aún así hay quienes estando emocionalmente en pedazos, tienen que sobreponerse y salir a la calle para poder sobrevivir…
Creo que no hay mucho que agregar… Cada uno de nosotros sabemos cuáles son nuestras necesidades y conflictos, pero también conocemos de sobra cuáles son las bendiciones que tenemos en nuestra vida y que al estar tan acostumbrados a eso, terminamos por no valorarlas.
A mi lo primero que se me ocurrió hacer fue hablar en voz baja con Dios y pedir perdón por todo lo que no he sabido valorar en este tiempo. Luego vino a mi mente una especie de intranquilidad o pesadumbre, al caer en la cuenta de los malos malos momentos que le he hecho pasar a alguien que es muy importante para mi, por egoísmo y toda una serie de emociones negativas que me han ido alejando y haciéndome perder momentos y cosas valiosas que es probable ya no voy a poder recuperar.
Fernanda en todas sus entrevistas siempre pregunta: ¿Con qué te quedas de esta plática?, y en ese sentido, mi día terminó con ese instante de reflexión entre ella y Gonzálo, que viene a sumarse a esa serie de pensamientos y a la inquietud de que he fallado en tantas cosas y aunque no soy una mala persona, tengo mucho que trabajar en mi interior para poder convertirme en una mejor versión de la mujer que soy ahora…
Yo siempre digo que Dios siempre nos regala señales (a veces de tan obvias que son, queda anulada la capacidad para verlas); yo pienso que en ese inicio de semana, el programa de Fernanda Familiar en la radio fue una de ellas.
Cada uno de nosotros sabe lo que lleva en la mochila… Las herramientas con que contamos y también las cosas que hay que tirar…
Gracias Fernanda por estos instantes del día en que puedo mirar hacia “adentro”, para por lo menos intentar rectificar el camino.
¡Buena Mitad de Semana!

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