“Canela”.

Apenas lleva 4 días conmigo y ya se instaló en mi corazón. El viernes (que fue cuando la vi por primera vez), no puede dejar de pensar en ella durante todo el día. Por la noche, ya en mi casa, me preguntaba ¿si todavía estaría ahí?…. Aún antes de dormir, metida en cama, mientras escuchaba el viento fuerte azotando afuera, no podía quitarme de la mente la imagen de ella a la intemperie en el estacionamiento de ese centro comercial.
Me dormí muy triste, pensando en que hacía mucho frío y ella no tenía ningún lugar donde resguardarse… Durante las últimas horas de la tarde, yo quería ir de nuevo a esa tienda que queda al otro extremo de la ciudad, pero pensaba en que tal vez alguien ya se la habría llevado o en que si estaba todavía, en la moto no podría transportarla.
A la mañana siguiente en cuanto me desperté, ella seguía en mis pensamientos… Yo me seguía sintiendo miserable por haberla dejado ahí como todos, abandonada a su suerte… Pero por alguna extraña razón algo en mi interior me hacía pensar… ¿y si no se ha ido y la encuentro de nuevo?…
Llegué a las siete de la mañana una vez más, eran las primeras horas del sábado 9 de febrero y lo primero que hice fue buscarla. Por suerte mi presentimiento se hizo realidad, pues efectivamente, ella todavía estaba ahí.
La manera como la encontré, me partió el alma. En una jardinera de cemento ella estaba acurrucada y echa bolita, intentando protegerse del viento frío de la mañana. Le hablé y creo que me reconoció, pero sólo movió su cabeza. Yo tenía que entrar a trabajar ya, pero por suerte no había tanto por hacer y me fui directo a comprar una lata de comida y también a tratar de conseguir algún recipiente que me sirviera para acarrear agua.
En ese lapso, empecé a pensar también como llevármela de ahí. Hice un par de llamadas y dos de mis amigas más cercanas, demostraron una vez más que siempre están para mi cuando las necesito, puesto que sin cuestionar siquiera, y sin importar que yo estuviera ubicada al otro extremo de la ciudad, dijeron: “Sí”, en cuanto yo les pedí que me ayudaran para poderme llevar a la perrita a casa.
Cabe mencionar que yo no soy una persona que sepa pedir ayuda… Es un gran defecto que tengo… El sábado no lo pensé dos veces y por ese ángel desamparado lo hice sin dudarlo siquiera.
Miriam llegó después de un rato y se la llevó a su casa en lo que yo terminaba mi jornada de trabajo. Claudia, sabiendo que mi situación económica está del nabo desde hace mucho tiempo, se ofreció a cubrir los gastos del veterinario, pues la perrita, después de no sé cuanto tiempo de haber vagado en la calle, tenía dos heridas profundas: una en una pata y otra más en el vientre.
El resto del sábado se consumió entre regresar a mi casa, convencer a mi familia: para poder llevar a la perrita y hacernos cargo de ella durante algún tiempo, cosa que fue difícil porque aunque en casa hay mucho espacio, habitan ya con nosotros 3 cachorros: Poncho, La Negra y Roque.
Una vez hecha la labor de convencimiento, había que pedirle la camioneta prestada a mi papá, para atravesar una vez más la ciudad e ir a casa de Miriam.
Cuando llegué, mi amiga ya le había dado comida, pero me dijo que le preocupaba mucho que respiraba muy raro y que tampoco había hecho sus necesidades fisiológicas. Estaba como asustada, pero a pesar de eso cuando llegué por ella, me movía su cola… Creo que se había empezado a familiarizar conmigo.
Cuando llegamos a casa, se puso nerviosa en cuanto vio a mis perros, así que opté por meterla a una parte cerrada del patio y le instalé una caja con varios trapos para que durmiera calientita. Ella en cuanto la vio supo que esa sería su cama, y tras saciar su hambre una vez más, se metió a la caja y ya no salió hasta el día siguiente. Estaba demasiado cansada.
Por la delgadez de su cuerpo y la manera en que come, sé que llevaba buen tiempo en la calle. No sé si la abandonaron, si alguien la maltrataba o la golpearon porque entre mucha gente se pone muy nerviosa y le tiene pavor a las escobas. Cuando pasa eso, se agacha y deja sólo levantadas las patitas traseras y ya no quiere caminar.
El lunes la llevamos Claudia y yo al veterinario y él nos dijo que las heridas de la pata y la panza, así como una más que tenía en uno de los cojinetes de las patas (y yo no había visto); fueron probablemente hechas por otro perro en alguna pelea o que probablemente algún carro la aventó. La próxima semana (una vez que salga del tratamiento para las heridas) y se tranquilice un poco más, la vamos a llevar a vacunar.
Yo le puse Canela, porque como es de color café, fue el primer nombre que se me ocurrió y porque tenía que llamarla de alguna manera, ya que desconozco cuanto tiempo estará en casa conmigo…  La idea es darla en adopción a alguna familia o persona que la cuide y la quiera, pero… ¿Les confieso algo?… Yo me quiero quedar con ella.
Ayer cuando la llevamos al veterinario, mi amiga Clau y yo quedamos de vernos directamente en el consultorio a las cinco de la tarde, por lo que Canela y yo tuvimos que salir antes de casa e irnos en el transporte público. Fue muy curioso y tierno a la vez, porque a pesar de que ella estaba muy nerviosa, durante todo el trayecto de ida y también en el de regreso, se sentó con la mitad de su cuerpo sobre el piso del camión, mientras que sus patas delanteras las apoyó sobre mis piernas y su cabeza la recargó sobre mi pecho. No se quiso mover en todo el viaje y me miraba con ojos hermosos de ternura, mientras me daba lenguetazos en la cara… Tal como si supiera que mientras esté conmigo estará siempre a salvo.
Hoy por la mañana muy temprano empezó su tratamiento médico y es increíble como una simple caja de cartón es para ella el más cálido de los hogares… Yo no sé que pase, pero anoche, en esas veces que me quedo pensando cosas antes de dormir, me acordé que hace apenas unos cuantos días yo le pedí a Dios de regalo de cumpleaños un abrazo sincero y cálido… Sin importar de quien fuera o bajo que circunstancia, pero que alguien me lo regalara porque mi corazón lo necesita desde hace mucho.
En el instante mismo en que pensé eso, me vino a la mente la sensación de ternura y paz que me produjo poder proteger a Canela. Hace mucho tiempo que yo no hacía algo por alguien, pero no fui yo sola, si no hubiera sido por Claudia y Miriam, esa lindura flaca de cuatro patitas y que es cruza de Shar-Pei (por lo que dijo el veterinario), no estaría en este momento que yo escribo, durmiendo placidamente adentro de una cajota de cartón instalada en el patio de mi casa.
Yo no sé que vaya a pasar con ella… Como dije antes, la idea es encontrarle un nuevo hogar, pero es curioso como Canela llegó a mi vida en un momento en que tal vez no es el mejor (económicamente hablando), pero si propició que la tristeza que desde hace varios días me acompaña desde que despierto, se hiciera por completo a un lado…
Todavía me recrimino a mi misma por haberla dejado una noche más abandonada a su suerte. El sábado pasado, prometí cuidarla, pero creo que ayer, cuando la sentí tan cerca de mi corazón, entendí que recibí por parte de ella, el regalo de cumpleaños que pedí por adelantado… Fue ella y no yo quien en una mañana muy fría de invierno, logró rescatar a alguien de la indiferencia en la calle…
Dios quiera que se quede en mi vida de manera permanente, durante el tiempo que en ese disfraz de cuatro patitas, le toque estar aquí….
¡Hasta mañana Canela, dulces sueños!

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