Carta para Minotauro.

Martes 15 de Enero, 2012
2:43 am

Minotauro:

Hace apenas unos días atrás nos encontramos, y tú me regalaste una historia, pero hoy yo quise escribirte una carta para regalarte una que tú no conoces y desde hace tiempo siento que debo plasmar, porque te pertenece a ti.
Tú estás siempre en el camino, pero desconoces de dónde vienes. Creo que naciste hace más de diez años, de las páginas de un libro de Jorge Luis Borges, en el que aparecía un cuento muy cortito en el que el protagonista era ese personaje mitológico que lleva el mismo nombre que tú.
Ese día llegaste a la imaginación de una chica universitaria (sin que ella misma se diera cuenta); te quedaste ahí suspendido sin forma durante mucho tiempo. Tendrían que pasar varios años más, para que en un sueño te materializaras (no de la forma en que todos te conocemos ahora); sino en el disfraz de un ser increíble que escapó del mundo mágico, para venir a enamorarse de una chica y gracias a ella convertirse en hombre en el mundo real.
Recuerdo que el día en que eso sucedió, durante todo el día no pude parar de escribir. Hasta ahora esa historia fue una de las mejores que la imaginación me ha dado, pero en ese entonces tampoco sabía que te ibas a convertir en una parte esencial de mi mundo introspectivo.
Estoy segura que algunas de las personas que pasan por aquí quizá han pensado que tú eres yo; que cuentas mis propias historias y vivencias un tanto disfrazadas; pero no, no es así… Tú tienes vida propia, con el paso del tiempo has ido creciendo de una manera que a mi misma me sorprende, y yo tan sólo te he prestado algunos de mis recuerdos materializados en imágenes; trozos de mis sentimientos y el resto lo has hecho tú.
Comenzaste a aparecer dentro de mis “Páginas Sueltas y de Colores” de cuando en cuando… A veces me despertabas en la madrugada tan sólo para decirme que tenías urgencia de contarme una historia; otras veces te veía en el reflejo de alguna persona que encontraba en la calle, y ya nunca más volvía a ver.
Eres tan serio como yo, pero me gusta que eres insistente y a veces me persigues hasta que logras que transcriba todo lo que me compartes. Esa terquedad tuya es la que con el tiempo a mi ha comenzado a rescatarme en los días difíciles, y nuestras charlas con la voz del pensamiento, así como la manera tan peculiar que tienes de mirar el mundo, se ha convertido para mi en algo de lo que ya no puedo prescindir.
La verdad yo no sé como te imaginan las personas que te han visto a través de mis letras; pero cada vez que la página en blanco me revela alguna de tus andanzas o vivencias, yo casi puedo verte sin tener siquiera la necesidad de cerrar los ojos. Entonces te visualizo como un muchacho joven, algo tímido y aunque de apariencia tan normal, (tanto que pasa desapercibida), llevas en tu interior una capacidad infinita para ver y atrapar lo que nadie más ve.
¿Sabes algo?, es muy curioso, porque conocerte a veces me permite jugar y proyectarte en el tiempo, y te siento como al hijo que no se si tenga algún día (ya siendo adulto), o simplemente como a un muchacho sensible que dentro de un siglo -siendo muy idealista- se encontrará con este legajo de hojas que describirán como fue el mundo en otro tiempo.
Todo lo que tú vives siempre pasa en el tiempo en que se abren los ojos en el mundo imaginario. No todas las personas en este mundo tienen capacidad para hacer eso, y dentro del budismo se dice que quien logra despertar hacia su interior se vuelve un “iluminado”, y eso es en parte lo que eres tú.
Esa es la razón por la que casi todas tus historias comienzan diciendo “Minotauro despertó”… precisamente porque tienes esa capacidad para atrapar en los días ordinarios la magia que se esconde dentro de lo más normal y cotidiano, y tan sólo es visible cuando se vive sin apegos, con la esperanza en el alma y los sueños en los bolsillos de los jeans, mientras se transita por “el camino de en medio” también.
Quiero darte las gracias por todas esas historias que nos has dado y a mi en lo personal siempre me rescatan del mundo real.
Esta última vez que te vi, me dijste que ibas a intentar convertirte en un faro de luz para todo aquel que en un futuro se cruzara en tu camino y que a pesar de ser un hombre tan ordinario intentarías cambiar la nostalgia por letras impregnadas de pasión, amor, esperanza y fe…
Yo no sé si lo logres, pero lo que sí sé es que me encanta seguirte los pasos y todo lo que haces. Desde hace tiempo eres ya un buen amigo y me fascina la idea de que te quedes en mi espacio durante el lapso de vida que Dios decida que nos toque permanecer aquí.
Créeme… No importa que a veces se me haga tarde por hablar contigo y escuchar lo que tengas para decirme, que me sorprendas en la fila del banco; o que se vuelvan todavía más frecuentes esas urgencias que hacen que el tiempo libre se me agote, que le robes horas a mi sueño, tan sólo para no dejar morir esas inmensas ganas de contar historias, pero sobre todo que la magia no se evapore entre tanta realidad.
Gracias Minotauro por existir entre mis páginas y estar tan presente aunque no te pueda tocar.
¡Nos leemos pronto!

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