La Casa del Árbol Interior.

De niños, todos tenemos un refugio, un lugar mágico donde nos sentimos seguros y protegidos. Para algunos es la cabañita de madera en el jardín, el viejo desván o el garage donde los papás guardan cosas en deshuso, mientras que para otros que tuvieron un poquito más de suerte, fue una Casa En El Árbol.
Yo no tuve una, incluso me quedé con ganas de jugar en una así. En toda mi vida he visto 2 si mucho y la última que vi fue hace como 2 ó 3 años, en un rancho donde fuimos a grabar un comercial; y aunque yo era una persona adulta, a la niña interior que todavía vive en mi le encantó.
En estos días ese recuerdo vino a mi mente, a raíz de algo que mencionó en radio la Tanatóloga Gaby Pérez Islas (quien no se imagina las cosas que me ha inspirado a escribir las últimas veces que ha estado al aire), y aunque como decía al principio, yo nunca jugué en un lugar como ese, si tenía un espacio especial.
Para mi, mi refugio era un “bunker” elaborado de puras cobijas. De hecho, creo que lo mencioné alguna vez aquí en el blog (no recuerdo si en La Semana de La Magia o del Niño), pero yo, cada vez que estaba ahí, no sólo me imaginaba que en ese lugar no sólo estaba protegida y era inmune a los fantasmas, sino que también visualizaba a la perfección que ese lugar secreto era como una especie de cabaña con ventanas, y sobre todo no visible para quienes vivieran demasiado apegados a la realidad.
Ha pasado mucho tiempo desde entonces, y creo que adentro de ese disfraz de “grande” que llevo puesto, me sigo escondiendo todas las noches ahí.
Ahora mismo, este post lo estoy redactando de noche, en este refugio en el que me estoy resguardando del frío, y comencé a escribirlo porque las palabras de Gaby resonaron tanto en mi interior que me puse a pensar: Una vez que dejas de ser niño: ¿En qué cosas te refugias?, ¿cuál es tu casa en el árbol interior?
Un refugio se define como un lugar dónde además de sentirte en paz, seguro y protegido, eres tú tal cual; y no obstante que en la vida adulta existen tantas cosas en las cuales refugiarse, es evidente no todas son buenas ni hacen bien.
Pero bueno, esas no las voy a mencionar porque ya de sobra todos las conocen (la mayoría las vemos o las vivimos reflejadas en nosotros mismos), y a mi las que me inspiraron a escribir esto fueron precisamente esas que muchas veces pasan desapercibidas allá afuera, en el mundo real, de tan mágicas que son.
Me encanta que Gaby Pérez Islas menciona mucho algo que yo desde siempre no sólo he pensado, sino que además he creído y consiste en decir que todos tenemos una caja de herramientas, que es lo que nos ayuda a salir adelante en los momentos difíciles y a veces descubrimos en ese proceso, porque puede pasar también que ni cuenta nos habíamos dado que llevábamos eso en nuestro interior.
Metidos todos en estos “Trajes de Grandes”, para quienes fueron tan afortunados de tener una casita en el árbol, el día de hoy tal vez lo siguen siendo, y se dedican a la música o a cualquier otra actividad que además de disfrutar enormemente les da para vivir.
Sin embargo, esto de los refugios o Casita del Árbol Interior, va más allá, es un tema más personal, menos tangible y menos terrenal.
Hasta este punto seguramente tú, que estás leyendo esto, ya te estarás imaginando tu propio lugar perfecto, pero más allá de un espacio físico (real o imaginario), La Casa del Árbol Interior puede ser todo aquello que te haga sentir bien…
Yo por ejemplo disfruto mucho estar a solas, en la noche escribiendo, en verano poder ir a algún parque solitario o encontrar un espacio en el día para escribir cartas. Hay otras personas que son más afortunadas y tienen una persona a la que recurren y le abren su corazón, con la que pueden hablar de todo y una vez que lo hacen, se “desinflan” por dentro y su alma se queda en paz.
Otros corren, hacen ejercicio (eso último me funcionó a mi este año en momentos cuando estaba muy triste); pero el caso es que sin hacer aquí una lista kilométrica -y a la que seguramente tú podrías agregarle otras tantas cosas que te vienen a la mente en este instante-, esa Casa del Árbol, hoy, la llevas muchas veces dentro de ti.
Desde este bunker tan real como imaginario, eso es lo que quiero compartirte en esta noche fría de invierno… La Casa del Árbol Interior existe en cada uno de nosotros… Sólo es cuestión de abrir un poco la imaginación, desprenderse -aunque sea tan sólo por un instante en el día- de todo lo que te ata a este mundo terrenal, para de la mano de ese niño que aún llevas dentro, encontrar el camino hacia ese lugar mágico y especial donde además de jugar, puedes encontrar paz.
¡Buenas noches y buen inicio de semana!…. Por cierto… ¡Feliz Navidad!
” Yo en cada sitio junto a ti, estoy en casa”…
-Laura Pausini | “Las Cosas Que No Me Espero”

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