Cartas Robadas: “Una Carta Desde el Aire”.

Cartas: Sentimientos materializados en letras… Para algunos están llenas de magia, mientras que para otros no son más que simples pedazos de papel.
Para mi, siempre han sido importantes, todas las personas que han dejado una huella en mi vida, tienen alguna hoja de papel repleta con mis garabatos inentendibles, pero más allá de eso, desde que descubrí la magia de las letras, supe que una carta era la mejor manera de atrapar emociones y pensamientos en el tiempo.
Dentro de las Páginas Sueltas y de Colores, las cartas siempre han sido un elemento esencial, pasaporte mágico para viajar en el tiempo y por esa razón se me ocurrió en este inicio de semana abrir un espacio para  comenzar a compartir con ustedes un montón de cartas que he ido recolectando a lo largo de este año.
Algunas son de personajes famosos, pero habrá otras que son inéditas, muy personales, una que otra redactada para algún personaje imaginario, palabras impresas en un papel amarillo y maltrecho por el paso del tiempo, pero que sin importar quién, ni las circunstancias en que haya sido redactada, tendrán como intención (una vez que revivan a través de la mirada de cada lector que pase por aquí), expresar y transmitir una emoción o pensamiento.
Las cartas, son pedazos de nuestra alma, y para bien o para mal, en nuestros días ya no existen muchas personas que sepan apreciar ni regalar eso; pero mientras la vida lo permita, entre Páginas Sueltas y de Colores, iremos descubriendo juntos, pedazos de papel doblado convertidos en cartas, que sin importar si fueron escritas hoy, ayer o hace 100 años, lo que si es seguro es que desde el silencio, tendrán algo para decir.
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“Una Carta Desde El Aire”
Viernes 10 de Septiembre, 2011.
¡Hola!
 
Son las 10:35 de la mañana (hora de Ciudad Juárez), y de pronto se me ocurrió escribirte a bordo del avión.
 
Yo creo que vamos como a mitad de camino, el vuelo ha estado muy tranquilo, y a pesar de que no tengo ni la menor idea de sobre que ciudad estemos sobrevolando, afuera hace un sol esplendoroso y si te asomas por la ventanilla y miras en dirección hacia la tierra, además de las montañas, el suelo parece como uno de esos tantos tapetes o edredones que tejen las abuelas con trocitos de telas de muchos colores.
 
No es la primera vez que veo eso, pero esta vez fue muy chistoso porque lo primero que vino a mi mente al visualizar eso, fue la frase de Soraya que tanto me gusta; y que es parte de la rola de “París, Calí, Milán”; donde dice: “Tengo una manta tejida, de momentos robados de la vida”…
 
Soraya tenía como tú, esa hermosa capacidad de materializar las emociones. Mirando ese manto de colores que se extiende en cada una de las ciudades, también te cae el veinte de que somos nosotros mismos quienes vamos hilando cada uno de esos pedazos… Cada familia desde su casa, es un hilo de color que forma parte de todo ese manto, y me pregunto: ¿De qué color será el que nos toca a tí y a mí?
 
En este momento ya no tengo miedo, pero por dentro me siento emocionada y expectante. Voy a llegar corriendo a recoger la acreditación para irme de volada a la rueda de prensa, y creo que me tendré que llevar conmigo la maleta, porque el tiempo no va alcanzar para llegar a registrarme al hotel.
 
Voy a  ver si en la noche puedo ir al teatro a ver el monólogo “A Vivir” de Odin Dupeyron, ¿te acuerdas del que hablé en el blog?, que trata sobre un hombre que se llama Marciano Moreno y que un día su madre le puso una piedra en la mano y le dijo que él no era como una piedra…
 
Siempre que veo la pequeña piedrita redondeada que me diste con la bolsita en Uruguay, pienso en eso, y es una de las cosas que siempre llevo conmigo.
 
Hace poco leí… (acaban de decir que estamos sobrevolando la ciudad de San Luis Potosí)… ¡Ah!, te decía que hace poco me tocó leer un texto que contaba que había piedras con el peso de una carta, que cuando alguien la pone en tus manos, dependiendo del peso y la textura de la roca, son los sentimientos que esa persona te quiere transmitir… Y bueno, tomando como ejemplo esa analogía me gustaría que este escrito fuera una “Piedra-Carta”, en la que quiero que sepas que a pesar de estar incomunicada en este momento, te tengo muy presente, siempre hay una parte importante de ti que va conmigo, y desde este punto donde es lo más cerca que he estado del sol, sé que Dios escucha nuestros pensamientos; y el mío, en este instante es que ojalá sea un buen Viernes para ti y te sientas bien.
 
Como siempre, voy haciendo anotaciones para “La Bitácora de Viaje”, pero a la par -y tal como lo hice hace tres años con tu cuaderno del Hippo- cada vez que sienta la necesidad de escribirte y contarte algo, usaré esta libretita amarilla de notas en mi iPod, porque sabes siempre el valor que para mi y para ti tienen las letras, y además es mi manera de hacerte parte de este viaje.

Por último, nada más quiero contarte que antes de salir de Juárez, tuve una pequeña lección de “desapego”, pero más tardecito te cuento de eso ¿va?

Desde aquí te mando un abrazo de oso pachón y panzoncito, mientras me preparo para empezar a tomar fotos de la ciudad de México desde el aire… Algún día no muy lejano, cuando puedas venir a mi país, sé que eso te impresionará tanto como a mi.

¡Nos leemos pronto!
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Nota: Esta carta fue la primera de varias que fueron escritas hace más de 400 días. Ninguna de ellas aún no ha llegado a su destino físicamente, y es muy posible que se pierdan en el tiempo; pero son la prueba de que no es lo mismo “acordarte” de alguien durante un viaje a llevarlo siempre en tu mente y en tu corazón a cada instante junto a ti.

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