De Café y Letras: “Nos Tomamos Un Café”: Odin Dupeyron

Odin Dupeyron con “Pancho Contreras” el personaje que interpretó por más de una década en Plaza Sésamo (México).
¿Ha valido la pena?
Mópet: Derivado de la palabra en inglés “Mupet”, que significa títere o muñeco.
Mopetero: Persona que mueve un mupet.
Hace diez años que soy mopetero, hace ya diez años de aquel casting en el que por primera vez tomé un mópet entre mis manos, a mis tiernos 22 años.
Fue una sensación extraña y maravillosa, y al mismo tiempo fue aterrador que hubiéramos alrededor de 70 personas haciendo casting para sólo tres personajes.
He de decir que yo fui al casting pensando que este era para actores, pues en ese entonces yo sólo actuaba y escribía. Cuando llegué al casting me sorprendió descubrir que se trataba de mover un muñeco, un títere, un mópet y yo nunca en mi vida había manejado un mópet… Vamos, no había manejado más que un calcetín con dos ojos y una nariz… Esa era toda mi experiencia con títeres y muñecos de esos, pero pensé: “Bueno, ya que, ya estoy aquí y algo aprenderé”.
Estaba completamente seguro de que no quedaría; más de la mitad de los que audicionaban eran titiriteros experimentados y yo un simple actor que sólo había movido calcetines con ojos. Pero me quedé a descubrir qué era lo que se necesitaba para ser un mopetero.
Si alguien me hubiera dicho en ese momento que para ser mopetero tendría que arrastrarme por el suelo, actuar entre los pies de los actores soportando las patadas de los niños y sentir en  mi cara la baba de muchos actores en incontables ocasiones y en inevitables gotitas que se escapan de la boca al hablar, otra historia se habría escrito. Si alguien me hubiera advertido que ser mopetero me haría tener que trabajar debajo de una vaca apestosa, al lado de un perro babeante, rodeado de montones de niños tapándome el monitor (que es el único medio por el cual yo puedo ver lo que estoy haciendo), entre las piernas de un granjero (que por su olor sólo podía sacarse a conclusión que la última vez que tocó el agua fue en la pila bautismal), y además trasladar toda mi actuación a un pedazo de peluche azul que tendría que cargar en mi mano un tiempo indefinido a través de un número indefinido de tomas y decir un texto de manera graciosa y amena para divertir a los niños al mismo tiempo que se les enseñaba que: “UNA VACA NOS DA RICA LECHE”; si alguien hubiese tenido al amabilidad de hacerme saber estos pequeños detalles, seguramente no sólo no hubiera hecho el casting, sino que además hubiese salido corriendo de ahí advirtiéndole al mundo sobre las terribles intenciones de quien era entonces el culpable de querer producir ese programa tan amenazante para cualquier ser humano.
Pero afortunadamente… nadie me advirtió, y he vivido cuatro meses de cada año, durante diez años, defendiéndome como puedo mientras trabajo entre las patas de vacas, burros, caballos, mulas, (sin mencionar todos los segmentos que se hicieron de los animales del zoológico).
En una ocasión, como una semana después de terminar de grabar ¡descubrí que tenía garrapatas! ¡GARRAPATAS! No eran aquellas garrapatas gigantes, eran de las pequeñitas, ¡pero garrapatas al fin! y ahí me tienen, como lo hacen los changos, espulgándome todas las partes de mi cuerpo donde tengo pelos.
¡Dios! He vivido cuatro meses de cada año, por diez años, aguantando la respiración con cada perro que ha desfilado por la plaza, me la he pasado moviendo niños, agarrándolos del pantalón con la boca, la cabeza, los pies o lo que tuviera a la mano. Diez años siendo pisado, escupido, sentado encima, caminado encima, aventado por el suelo, arrastrándome, contorsionándome, raspándome, machucándome, asfixiándome, golpeándome y mordiéndome la boca para no gritar en la escena justo en el momento en el que el niño aquel me pisa por quinguagésima vez durante la duodécima toma ¡el mismo dedo!

Mentiría si no confesara ahora, que han sido los cuatro meses de cada año más maravillosos que he vivido en los diez años que he tenido el privilegio y el honor de ser mopetero de Plaza Sésamo.
Por ahí no ha de faltar quien me tache ahora de masoquista irredimible o de mártir insalvable, pero he de contar una historia que ha sido mi mayor orgullo:
No recuerdo exactamente que temporada estábamos grabando, pero fue un día sábado cuando se les permitió a las personas del staff llevar a sus hijos a conocer La Plaza. El viernes antes del día señalado se acercó a mi un camarógrafo y me dijo:
-“Mañana voy a traer a mi niño, tiene tres años, está muy emocionado porque le gusta mucho Plaza Sésamo, pero en especial le encanta Pancho Contreras -mi personaje-. Fíjate que tuvo problemas al nacer y está enfermito, -el niño tenía daño neurológico- no habla bien, se enoja y grita porque a veces no entendemos lo que nos quiere decir y se desespera. Como tu personaje es gritón, enojón y brusco, se identifica mucho con él. No sabes como nos ha servido, porque cuando le hablamos de Pancho se tranquiliza; o cuando Pancho logra explicar las locuras que quiere hacer, él tiene más paciencia para explicarnos a nosotros lo que él quiere. Canta cuando Pancho canta o cuando lo queremos convencer de que se bañe le decimos: “Pancho se bañó ¿te acuerdas?” y entonces se deja bañar, lo ha ayudado mucho”.
El hombre continuó diciéndome:

-“Te quería pedir un favor Odin. Mañana cuando traiga a mi familia, ¿podrías ponerte a Pancho y hablar con mi hijo?, fíjate que hace como una semana que ya no quiere caminar, como le cuesta mucho trabajo no ha querido hacerlo, el doctor nos dijo que teníamos que insistirle, pero mi hijo se rehúsa. Quisiera que Pancho le dijera que no deje de intentarlo, que tiene que caminar, aunque no lo haga muy bien; fíjate que ya casi corría pero… ya no ha querido hacer nada”.-
Evidentemente le dije que por supuesto haría lo que estuviera en mis manos y que con gusto Pancho hablaría con su hijo.
Al día siguiente, en el foro, el camarógrafo se acercó a mi y me dijo: -ya está mi hijo afuera ¿puedes ahorita?
Me levanté y fui corriendo por Pancho mientras el camarógrafo salía a traer a su hijo. Mientras yo me escondí lo mejor que pude, asomándome por un pequeño agujero para poder ver y oír al niño cuando hablara con Pancho. Entonces vi entrar al niño, venía con la cabeza agachada, viendo al suelo, de un brazo lo llevaba su papá y del otro su mamá, efectivamente, no quería caminar y lo traían arrastrando.
Cuando estuvieron cerca, el papá le dijo: “¡Mira ahí está Pancho!” El niño levantó la mirada y vio a Pancho Contreras que lo saludaba; la cara se le iluminó inmediatamente, estaba increíblemente sorprendido, sonreía de oreja a oreja.
-¡PANCHO!- Gritó emocionado y entonces, para sorpresa mía y de los papás, el niño se soltó de las manos que lo sostenían y caminó con paso acelerado hasta mi. Los papás lloraban, yo lloraba y el niño estaba feliz. Platicamos y platicamos y le prometió a Pancho ser más paciente, bañarse, comer, no enojarse tanto y tratar de caminar todos los días. Y así lo hizo según me comentó su papá tiempo después.
No hay raspón, no hay mal olor, no hay patada, no hay saliva, no hay vaca, burro, caballo o garrapata que no pueda ser soportado ante la revelación viva de lo que mi trabajo significa en la vida de un niño.
No he tenido, a lo largo de mi carrera en televisión y en teatro, como actor, escritor, director, maestro, o realizador, nunca jamás he tenido orgullo más grande ni reconocimiento más honesto, como el de aquel sábado, cuando un pequeño de tres años de edad me hizo saber que dedicarme a ser Pancho Contreras había sido la bendición más grande y el placer más infinito que la vida me haya podido otorgar.
He escrito para Plaza Sésamo y en la última temporada, me uní aún más al programa cuando me convertí en director de escena. Puedo decir, que la imagen de aquel niño y la emoción que sentí aquel día, me han mostrado claramente el camino que he de seguir como actor y director del programa. Lamentablemente es algo que no se puede explicar, sólo se puede sentir. No me cabe la menor duda: Plaza Sésamo ¡HA VALIDO LA PENA! 
Odin Dupeyron
Orgullosamente Pancho Contreras.
Ay Dios, ¡Cada vez que lo leo lloro! (y eso no es bueno cuando estás en el Starbucks Coffee con una mujer sentada a cuatro metros enfrente de ti, viéndote con cada de: ¿Por qué llora este tipo enfrente de su computadora?)

¡Caray! Es maravilloso descubrir que en esta vida hay cosas que en verdad valen la pena y curiosamente son aquellas que jamás pensamos que valdrían, ¿me explico? Hace poco edité mi primer libro y jamás me imaginé que me daría las enormes satisfacciones que me ha dado… Todavía no le veo un peso, pero emocionalmente me ha hecho inmensamente rico en experiencias.

He aprendido que hay que tomar todos los caminos posibles, porque muchas veces no sabes en cuál de todos esos caminos va a saltar la liebre. Jamás imaginé que sería mopetero y jamás imaginé que sería un escritor de libros, y heme aquí, sentado en mi computadora escribiendo un libro más, y al mismo tiempo, preparando la décima temporada de Plaza Sésamo que comenzará a grabarse a finales de este año.

Siempre tenemos sueños por realizar, algunos los logramos, algunos no, pero si nos damos la oportunidad la vida nos recompensa con increíbles sueños que jamás habríamos soñado. La vida es una aventura increíble.

“Nos Tomamos un Café”
Odin Dupeyron
Editorial: Disidente.

“No he tenido, a lo largo de mi carrera en televisión y en teatro, como actor, escritor, director, maestro, o realizador, nunca jamás he tenido orgullo más grande ni reconocimiento más honesto, como el de aquel sábado, cuando un pequeño de tres años de edad me hizo saber que dedicarme a ser Pancho Contreras había sido la bendición más grande y el placer más infinito que la vida me haya podido otorgar”.
-Odin Dupeyron-

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