El Sueño de Las Almas.

Una madrugada Minotauro despertó en una ciudad donde se podían ver las almas. Cada persona las llevaba flotando sobre si en forma de esferas transparentes. Algunos sobre su cabeza sin darse cuenta, mientras que otros -quizá los más sensibles- se detenían a contemplarlas más seguido, e incluso a jugar con ellas sin tocarlas por encima de sus manos.
Era así como en un día normal y en hora de tránsito pico, se podía ver gente con montones de esferas en los parques, en el cine, las escuelas, las calles y en las plazas.
Como era de suponerse no todas eran del mismo tamaño ni reflejaban lo mismo dentro. Las de los niños eran las más hermosas; mientras que en cambio, las de algunos adultos eran opacas y tan sombrías, que lo poco que reflejaban era de lo más retorcido y desagradable que un humano se pudiese imaginar; pero Minotauro creía que ya conocía la esencia humana, y algo en su interior le decía que él no abrió los ojos para eso allí.
Minotauro era un hombre honesto, y quizá por esa razón estando en ese lugar no tuvo curiosidad alguna de observar la esfera que resguardaba su propia alma. Tal como lo hacía en el mundo real, aquella mañana abordó un autobús que lo llevara al centro de la ciudad, y se sentó en uno de los asientos traseros de aquel transporte, sintiendo la forma esférica de su propia alma guardada en uno de los bolsillos del saco que lo abrigaba en aquel primer día de otoño.
La mañana era fría, pero espléndida. El sol se refractaba en una gama de luz multicolor que se repartía entre todas las esferas que flotaban sobre los asientos y que pertenecían a todas las personas que en ese momento estaban también a bordo y viajaban hacia distintos puntos de la ciudad.Fue en ese reflejo de luz que Minotauro descubrió a través del cristal de la ventana, un alma que llamó poderosamente su atención. Apoyó sus manos sobre el respaldo del asiento delantero, con la intención de intentar descubrir entre la gente a quién pertenecía esa esfera, que era mucho más grande y luminosa que todas las que había visto hasta ahora.

No le fue tan sencillo descubrirlo, pues el camión a esa hora estaba repleto de gente, en uno de los primeros asientos y muy cerca de la entrada del autobus vio a una chica, que era a quien pertenecía aquella esfera de contenido tan bello y luminoso.

Ella no se dio cuenta que Minotauro la observaba a lo lejos; pues se hallaba inmersa escribiendo algo en una hoja de papel, mientras una guitarra reposaba en silencio al lado suyo; y entonces él no necesitó leer lo que en ese momento plasmaba por medio de la tinta, pues las imágenes en su esfera hablaban por si mismas de toda la belleza que había en su interior.

No lo dudó ni por un segundo y fascinado se fue detrás de ella, para entonces descubrir que en su pequeño mundo transparente, había sueños y canciones, historias que de tan sencillas eran increíblemente hermosas. Había recuerdos de noches estrelladas y la fortaleza de un espíritu con la infinita capacidad para ver lo que otros no saben ni siquiera mirar.

En pocas horas conoció la simplicidad de su existencia y la grandeza de su corazón, que a Minotauro le hizo darse cuenta, de que existen ángeles que vienen a la tierra sin llevar alas bajo la ropa.

Después de todo un día de imágenes hermosas visualizadas a lo lejos; el camino de ambos terminó cerca de las seis de la tarde en un parque solitario. Él, un tanto cansado se dejó caer sobre una alfombra de hojas secas y amarillas, cuando vio que la chica a lo lejos detuvo su camino en una banca de concreto donde dejó flotar libremente su esfera, mientras de su mochila extraía un cuaderno de pastas gruesas y un bolígrafo para escribir.

Una vez más, no necesitó ni quiso saber sobre qué hablaban sus letras, pues una vez más se dejó envolver en las imágenes de sueños azules que se proyectaban como si fueran una película con la historia más hermosa en el interior de la esfera… Minotauro supo que podría haberse quedado ahí para contemplar eso para siempre, pero su idea fantasiosa fue interrumpida en el instante mismo en que esa chica, después de extraerla de su mochila, hizo flotar en el aire una segunda esfera transparente.

La verdad era igual de hermosa… Las imágenes que proyectaba -por lo que pudo entender- eran tan sólo la visión de muchos sueños pendientes por cumplir y que jamás pudieron ser compartidos: había un viaje en globo, el lanzamiento de un mensaje embotellado, algunos minutos flotando sobre el aire, en cielo, con la audacia de no tener alas…

Dentro de la esfera, había espacio también para música y canciones liberadas sobre un trayecto en carretera; historias contadas sobre almohadones al pie de la ventana luego de una mañana con nieve; pero lo que más le llamó la atención en ese instante, fue darse cuenta que esa segunda esfera que permaneció oculta en su mochila, era la que en realidad a ella le pertenecía.

La otra, la más grande y luminosa, esa que ni Minotauro dudó en seguir para poder ver un poco más de cerca, no era más que el recuerdo de el alma de otra persona… La verdad él no sabía si de alguien que vivía en otro tiempo o quizá en otro lugar… Lo que si supo entender, sin necesidad de conocer la historia, fue que esa esfera era mucho más valiosa que una vida, un recuerdo o apariencia exterior.

Se puede llegar a amar la forma que tiene un alma aunque haya sido tan sólo un breve instante de existencia el que haya pasado por tus manos… Minotauro estaba fascinado, pero al mismo tiempo intrigado y fue eso lo que lo llevó a decidir ponerse de pie para dirigirse a la chica y pedirle que le contara la historia que la había llevado a querer cuidar tanto esa alma de color azul.

Ya no pudo saberlo, porque en ese instante despertó… El sueño de las almas había terminado, y un tanto desconcertado, en medio de la oscuridad, sin entender bien a ciencia cierta porque razón había soñado eso, Minotauro lloró.

Sus lágrimas fueron por él… Que nunca tuvo la capacidad de ver algo como eso, fueron por los amores perdidos, los que se buscan y nunca se encuentran; por las almas que se vuelven sólo el reflejo de un recuerdo distante, por las personas que por mucho que se esfuercen, jamás tendrán en muchas vidas que recorrerán (vestidos con distintos disfraces), la capacidad ni la oportunidad de escribir una historia como la de aquellas almas que se encuentran en sincronicidad de espacio y tiempo.

Lloró también porque por primera vez entendió el real sentido de enamorarse y amar lo que alguien más lleva por dentro, sin importar que uno mismo esté o no en la apariencia correcta y el disfraz perfecto.

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