De Café y Letras | Diario de Gratitud No. 6

“Cerré los ojos y me pegué más a él, con el rostro apretado contra la suavidad de su camiseta desgastada. Ir en moto
con Joe era como bailar con una diestra pareja de baile, el tipo de pareja 
que consigue que una novata parezca una experta, con sólo relajarse y dejarse llevar. 
 
Joe me hacía quedar como una experta “chica Harley”. Tuve que reprimir una carcajada, al pensar en ello: ojalá alguien me viera entonces. Joe debió de percibir mi risa contenida contra su espalda porque echó una ojeada por encima del hombro y me sonrió.
 
-Me alegro que te diviertas- gritó al viento, y yo noté como se doblaban los duros músculos de su estómago al girarse y hablar. No ponía en duda la capacidad de Joe para controlar la imponente máquina que nos llevaba hacia nuestro destino, ni sentía ningún deseo de interferir. 
 
Estudié la masa de cabello brillante y liso que caía por debajo de su casco y apreté la nariz para perderme en la fragancia del pelo recién lavado… 
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Hoy, cuando fui a correr llevaba en el iPod los audios de este libro. Como la pista es muy segura, a veces cierro los ojos por un instante, y justo cuando estaba escuchando el último párrafo que está subrayado, pasó a un lado de mi un muchacho que olía D-E-L-I-C-I-O-S-O.
 
Ni siquiera le alcancé a ver el rostro, porque pasó corriendo mucho más rápido y a un carril de distancia… En realidad eso no fue lo importante, tan sólo el hecho de que justo cuando estaba escuchando eso, él pasó y dejó la estela de su aroma, algo que no es usual (y menos cuando haces ejercicio)…
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“Era como si de pronto todos mis sentidos salieran de su periodo de hibernación. Ningún detalle, por diminuto que fuera, se me pasaba por alto. Estaba el sol que relumbraba contra sus Ray-Ban y las pequeñas líneas que formaban los ojos al entrecerrarse para protegerse del viento y la luz del sol. Estudié la insinuación de vello negro que empezaba a crecer en la barba, pese a estar recién afeitado. Cerré los ojos otra vez y gocé del sol que nos calentaba y del viento que nos refrescaba. Estar así con Joe era como estar en un pedacito de  paraíso”.

Libro: “Dios Vuelve En Una Harley”
Autor: Joan Brady
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Cuando eso pasó, todo el enojo y la tristeza que había llevado a cuestas durante estos días, se disolvió casi de la misma forma que el aroma de ese chavo en el aire… Una vez más gracias por las señales y porque de alguna manera siempre me haces saber que estás ahí… ¡Hasta Mañana!

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