Un Mexicano En La Cima del Everest…

Este chavo que ven en la foto, se llama Lorenzo Ruiz Martínez, es mexicano, es ingeniero, director de Tommy Hilfigher México, pero además de todo esto, es alpinista. ¿Recuerdan que hace poco más de una semana, juntos aprendimos algunas cosas sobre la cumbre más alta y peligrosa del mundo y algunos aspectos en la vida de los alpinistas?... Pues bueno, todo eso fue con la intención de crear una especie de preámbulo para presentarles a este chavo que entre abril y mayo de este año, estuvo 70 días en una expedición para escalar hasta la cima del Everest.

Él viajó con un grupo de 20 chilenos, y más allá de la hazaña de haber escalado una de las cimas más codiciadas, yo quería hablar de este chavo en el blog porque es un gran ejemplo para la juventud mexicana. Además de jugarse la vida para lograr esto, Lorenzo creó una fundación que se llama “Futurors”, y ahora que él estuvo en el Everest, por cada metro que logró avanzar hacia la cumbre, a través de un programa de educación, se brindaba apoyo a niños y jóvenes para que ellos puedan continuar con sus estudios. 
Al final fueron alrededor de 850 niños los que se logró apoyar a través de esta fundación y fue muy interesante porque a medida que Lorenzo escalaba hacia la cima, en un blog se podía ver también el número de niños que iban sumándose a medida que el ascendía más y más.
Hace como dos meses, Martha Debayle lo entrevistó en la radio, y la charla fue hermosa. Hubo muchas cosas muy emotivas de las que les comparto hoy fragmentos, y dejo además el audio por si alguien quiere tomarse el tiempo de escucharlo completo.
A mi me encantó lo que dijo, hubo una parte donde me emocionó tanto lo que dijo que me dieron ganas de llorar… Pero en fin, más allá de percepciones personales, para mi era importante hablar de este chavo en este espacio en el que siempre, no nada más trato de destacar lo importante y valioso que tenemos en México, sino también hablar de las personas que con su trabajo o su misión de vida han puesto el nombre de nuestro país muy en alto, y en ese sentido, Lorenzo Ruiz es uno de los pocos mexicanos que han alcanzado la cima (como deportista y a nivel personal), y además también es en esta época de problemas de todo tipo y carencia de valores en los jóvenes, todo un ejemplo a seguir.
“Me tocó enfrentarme y tener de cerca la muerte de miembros de otras expediciones. El primer muerto fue un “Sherpa”, (las personas que nos ayudan a llevar la carga). Se cayó en una grieta y fue muerte automática. Vimos muertes por edemas pulmonares, paros respiratorios, cardiacos”.
“Haberme ido al Everest fue un acto egoísta de mi parte y lo entendí así hasta que regresé. Uno va persiguiendo sus sueños, pero la gente que nos quiere, que supedita sus temores, sus miedos, te deja ir, te apoya, pero yo sé que los hice pasar un mal momento”.

“Para mi el 70% del trabajo allá fue mental. Yo iba a poner a prueba mis desafíos físicos, mis habilidades técnicas como alpinista, pero son más tus habilidades mentales, tus miedos internos”.

“Todos los días yo me cuestionaba si estaba yo ahí por cuestión de ponerme una medalla, cuestión de ego o porque si verdaderamente tenía un proyecto más grande como el de la fundación. Cuando tú estás ahí extrañas todo, extrañas tu familia, extrañas tus amigos, extrañas la comida, estás durmiendo durante 70 días a -35°, viviendo en una carpa que tiene 1 metro de altura por 1 metro y medio de largo, con solamente 3 cambios de ropa, y me cuestioné muchas veces: ¿Qué hacía yo ahí?”.

“Todos los días tuve miedo, todos los días dudé… Le decía a unos chavos en una plática: Sí, todos los días sentí miedo, pero no el miedo que te paraliza, el miedo que te hace medir los riesgos, revisar 3 veces tu equipo, etc”.

“Yo me fracturé una costilla escalando una pared de hielo, que está en el campamento 3 de 600 metros, puro hielo y es una escalada vertical. Yo estaba escalando y un bloque de hielo se rompió y entonces me lastimé esta costilla, y para mi fue un momento de demasiado miedo, de demasiada adrenalina y significaba que yo me tendría que regresar de la expedición”.

“A esa altura ya no puedes tomar antibióticos ni analgésicos ni nada. Y solamente con agua caliente”.

“Toda mi vida he estado acostumbrado a ser el primero en todo, desde chiquito, el primero en deportes, el primero en la universidad, presidente de la sociedad de alumnos, y aquí en la montaña no fue así… 

“Fue un golpe muy fuerte a mi ego, porque uno está acostumbrado a liderear un equipo de trabajo, y desde que me rompí la costilla me tocó ser el último, me tocó ser el que iba lento, me tocó levantar la mano y pedir ayuda, y decir ya no puedo… Me tocó decir también voy muy cargado, necesito que me aligeren la carga, y esto poniéndolo en la vida normal, en el día a día, muchas veces nos cuesta trabajo pedir ayuda, porque es más grande nuestro ego”…

“En la montaña no tienes opción, tiene que ver con tu vida, entonces más te vale hacer tu ego a un lado, doblar tus manitas y decir: “no puedo”.

“No siempre tienes que ser el primero en todo, no siempre te tienes que comparar con las demás personas. Yo iba con el equipo militar de montaña del ejército chileno, gente que llevan 30 años haciendo montaña, iba con 6 de los mejores alpinistas de Chile… Y Lorenzo Ruiz, Wanna be”…

“Para mi era un desafío interesante, los primeros días yo me comparaba mucho con ellos, hasta que el líder de la expedición me dijo; “Este desafío no tiene nada que ver con tus demás compañeros, tiene que ver contigo”, y así debe de ser en la vida personal, yo creo que no tenemos que compararnos con nadie”.

“Otra de las cosas que aprendí fue que en la montaña uno tiene que aprender a hacer más cosas con menos recursos”.

“Yo estuve 70 días con 3 cambios de ropa. En la montaña todo lo que necesitas para sobrevivir cabe en tu backpack, y rico es aquel que con menos cosas puede llegar a lograr el objetivo”.

“Si así fuera en la vida diaria y no nos colgáramos tantos accesorios, iríamos más ligeritos, avanzaríamos más, y en la montaña ir ligero de carga, es algo muy importante”.

“Hoy en día existe la cultura del mínimo o cero esfuerzo en los chavos”.

“Menos del 10% de los chavos que entran a primaria van a terminar una carrera universitaria y eso como país es algo muy triste”.

“Mi idea de este proyecto es a través de esta fundación, que sepan los chavos que pueden lograr sus sueños, que pueden conquistar su propio Everest, no importa cual sea: dejar las drogas, terminar la escuela, iniciar un negocio, y que sepan que el primer paso siempre es el más difícil, pero es el más importante porque va a dictar que tan lejos van a llegar”.

“La montaña saca lo mejor y lo peor de ti”…
“Es más fácil quejarse y lamentarse de lo que está mal en nuestro país, nuestra familia o en nuestro trabajo, que hacer cosas al respecto. uno tiene la responsabilidad de hacer algo más allá, dejar lo que te es cómodo y lo que te es conocido para ir y hacer algo más por la sociedad y por todos”.

“Para mi las noches eran las peores, porque era el momento en que la montaña me hacía saber cuan vulnerable era yo, y me hacía saber que tan solo y que tan lejos de casa estaba”… Sabía que en las noches tenía que hacerme de recursos o aferrarme a Dios, y a las cosas que me habían escrito, a los amuletos que me habían dado, para poder pasar esa noche y aguantar el frío”. 
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¿Impresionante no?, es inspirador lo que este chavo hace y si quieren conocer más sobre la fundación y leer algunas de las cosas que escribió en su blog durante los 70 días que permaneció en la montaña, pueden accesar a través de Twitter para conocer más su labor.

Fotos: Lorenzo Ruíz | Audio: Martha Debayle – Wradio

@lorenzruiz

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