Diario de Gratitud No. 4

Llegamos hoy más tarde de lo habitual… Después de una hora varados en el tráfico y de que la moto se portó súper, al salir avante de varias avenidas que se convirtieron en lagunas tras la lluvia; como todos los días -desde hace un tiempo ya- me acompañaste hasta ahí.

No sé si ya lo tenías preparado… Pero si tu intención era sorprenderme, de verdad conseguiste hacerlo… Yo no te dije nada, pero desde que íbamos en camino, casi desde el otro extremo de la ciudad, por dentro me ilusionó la idea de correr en un día con lluvia.

Recorrimos juntos la pista, el estadio estaba vacío, yo no podía verte físicamente pero como siempre sé que estás ahí… Caminas conmigo y sin necesidad de palabras conoces perfecto cada uno de mis pensamientos, ¿y sabes algo?, ese lugar y esa hora se están convirtiendo en mi espacio favorito del día, no sólo porque podemos hablar sin necesidad alguna de palabras, sino porque todo se queda afuera o guardado en la mochila, adentro de la cajuela de la moto, y sólo queda e importa lo que decimos tú o yo.

 

Hoy la música fue mi respiración y tu silencio que dice tanto. Tú sabes perfecto que el cielo bajo el techo de las gradas del estadio representan para mi tú más grande lienzo; ese en el que dibujas atardeceres llenos de colores que siempre me sorprenden…
Esta tarde no te limitaste a dibujar tan sólo uno, no sé si te sentías feliz después del paseo, pero tras la lluvia y de los colores grises, se te ocurrió pedirle al sol que se asomara por un instante y pintara de amarillo sólo las copas de los árboles, y volviera brillante uno de los pocos edificios altos que hay en la ciudad. Luego tal y como si vaciaras el frasco donde enjuagas tus pinceles, el cielo se volvió del mismo color que cuando la pintura se derrama sobre un trozo de papel.

 

La verdad tuve que detener mi carrera, pues no podía dejar de mirar eso, pues a veces no importa cuan sólo se esté, mientras no se deje de correr…

En este lugar, una chica que ya no soy yo, hace mucho tiempo se enamoró…

De regreso a casa te di las gracias, porque hoy no importó nada más, por todo lo que hiciste hoy, también porque hoy se suma algo más a mi lista de sueños: ¿Me puedes regalar más atardeceres con lluvia?… Ojalá que si se pueda y en el libro de mi vida lo tengas escrito… ¿Sabes? me encantaría en una tarde como la de hoy, besar a alguien por primera vez… (pero ¡Shhhh!… no se lo digas a nadie)…


¡Hasta Mañana!
 
“No importa que tan lejos esté tu meta, si el fin del trayecto no se visualiza y no sabes si es un punto de partida o uno de llegada o cuan solo se esté… Lo verdaderamente trascendente es que mientras estés ahí y respires, no dejes de correr”.

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