Carta para un desconocido…


Me inquieta pensar dónde andarás. Dónde decidiste resguardarte o dónde preferiste vivir todo este tiempo.

No sé si allí es la misma hora, si hace frío o sale el sol y hace mucho calor. Tampoco nadie me dijo si eras así o te comportabas como tal. Si tu color preferido es el azul o te encanta el rojo.

No sabría que regalarte por tu cumple y mucho menos cuando es.
Si prefieres los jeans o las bermudas, no sé si las camisas no van con tu forma de vestir.
Desconozco si te gusta soñar o prefieres hablar sin más, si la vida de noche quedó atrás y ahora buscas otra felicidad.

No tengo idea de hacia donde apuntan tus sueños, tus ilusiones y tus vueltas sobre la almohada.
No soy capaz de acertar que estarás haciendo ahora, si estas sólo o si piensas en mi. Si imaginas ese tiempo por llegar junto a mi, o que lleguemos juntos a ellos; en esa vida que los dos elegimos vivir.

No te puedo preguntar cómo te fue el día hoy, si el trabajo fue duro o si tienes exámenes pronto. Tampoco te puedo preguntar si ganaste el partido, porque ni si quiera sé si juegas o no te gusta el deporte.

No veo el día dónde nos crucemos, dónde nos miremos o nos rocemos. Pienso en un lugar, un sitio por dónde paso todas la mañanas o quizá un rincón que no visité nunca. Un cruce de miradas o si te pediré la hora, nos presentarán o si ya nos conocemos.

Si hablas mi idioma o aprenderemos a hablar por señas poco a poco. 
No tengo idea de si habrá una música de fondo sin melodía, sin letra escrita, un canción en silencio para los dos.

Quizá vengas mañana o al final no llegues hasta dentro de unos años. Puede que si llegas yo no me de cuenta la primer vez que te vea, o que si yo paso por tu lado, quizá tú te gires hacia otro.

Tan poco sé de tí que puedo ansiar conocerte, pero igual no es el momento o ya fue y no lo vimos. Sé que estás ahí, porque yo estoy aquí y ¿por qué no?, quizá un día estemos para los dos.

Hoy me preguntaron por ti y no supe que contestar. Pensé y respondí todo lo que me gustaría que trajeras o fueras y lo que yo te podría dar y me dijeron, que exigir y pedir, nunca están de más, pero que te tendría que aprender a querer, siempre por algo más.

Preferí pensar que el día que llegues llegará y no te imaginaré de ninguna forma, de ningún color, no plasmaré tu cara en ningún olor, ni tu mirada en ningún lugar.


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Este escrito no lo escribí yo (la verdad yo no escribo tan bien). Lo encontré hace tiempo en el blog de una chica que  aprecio muchísimo, porque desde hace varios años siempre ha estado de manera silenciosa en mi blog, y a quien aprecio mucho porque siempre me lo hace saber de manera personal, y porque en tantas ocasiones, sus palabras llegan en el momento más adecuado cuando yo lo necesito.

Ella en este momento está viviendo una etapa hermosa en su vida; está a punto de casarse, y cuando me hablo de su historia y de este texto me llenó tanto el corazón, que siempre que lo recuerdo solamente en silencio suspiro y digo… “Todavía hay esperanza”… ¡Buenas noches!

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