Carta al Cielo.

Adriana:
Hace mucho que no te escribo, pero eso no significa que no te piense. Han pasado ya 7,300 días sin vernos, y el mundo es un lugar muy distinto a lo que era cuando tú sin saberlo, te tuviste que ir en un viaje mucho más largo de lo que nos imaginamos todos, y del que ya no se te permitió regresar.
Ha pasado tanto tiempo desde la última vez que nos vimos y yo podría decirte tantas cosas, pero mejor cuéntame: ¿tú cómo estás?
Si te pudiera ver hoy -como aquella vez sucedió dentro de un sueño-  te preguntaría: ¿es cierto que en el cielo se puede viajar a la velocidad del pensamiento?, que cuando el alma se desprende del estuche que la envuelve, ¿se puede susurrar el futuro entre sueños?…
Dime: ¿Qué se siente bailar ahora entre las nubes?, ¿Te has encontrado en ese lugar con mi abuela o con un cachorro travieso y manchado que después de mordisquear las nubes te mira con una infinita ternura?, o mejor aún platícame: ¿Cómo es Dios?, ¿Podrías contarme que se siente hablar directamente con ÉL?
Tal vez mientras yo te escribo esta carta, tú me has ido respondiendo, pero yo no tengo la capacidad para interpretar los sonidos del silencio… O quizá es simplemente que aún no es el tiempo para que yo conozca todas esas respuestas.
Por mi parte sólo puedo decir que para ti no es ningún secreto que muchas veces en silencio me imagino lo que podría haber sido tu vida ahora si no hubiera pasado nada en ese viaje… En todo este tiempo, montones de mensajes de toda la gente que también te conoció se han quedado atrapados entre mis páginas, y seguramente te llegaron a ti, hasta el lugar en donde ahora estás.
Veinte años se escriben fácil, pero transcurren lento, y en este día sé que no seré la única persona que se acuerde de ti, aunque tu sonrisa y tus ojos ya no los haya vuelto a ver en ningún otro lugar.
Yo no sé como se envía una carta al cielo y desconozco como se hace para que no se desvanezca un recuerdo; lo que sí sé es que en el cielo hay una gran fiesta, en la que estás tú y todos los chicos que se fueron contigo en el mismo viaje…. Hoy sólo sé que al final de esta carta que enviaré al cielo, me gustaría decirte que el día que a mi me toque hacer ese viaje, ojalá encontrarnos de nuevo se vuelva una posibilidad…
Saludos hasta el cielo y nos vemos hasta entonces… Gracias por haberme enseñado a aprovechar cada instante de vida.
-Makahui-
Verano, 2012

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