Imaginación…

… Se sentó  y cerró los ojos… En medio de la oscuridad se imaginó que como en una película sucedía algo tan hermoso como lo que leyó hace tiempo: Un desconocido, que por cosas del destino pasaba por ese mismo rumbo, hacía un alto en su camino para decirle: “no estés triste, todo va a estar bien”.
Con los ojos abiertos a la oscuridad, el presente se proyectó también como una película en blanco y negro. Era la historia de alguien que viajaba a bordo de un tren semi-vacío y que en cada estación por la que pasaba, mientras otros pasajeros transbordaban, ese alguien bajaba para sacar y desprenderse de algo de lo mucho que llevaba en la maleta.
Durante miles de kilómetros fue dejando montones de objetos, abandonados en forma intencional sobre las diversas bancas de los andenes de todas las estaciones por donde habían pasado. En apariencia se quedaban ahí olvidadas, pero tal vez en el fondo la intención era que alguien las pudiera encontrar.
En la estación de un pueblo lejano dejó un poquito de ternura maltrecha y desgastada. Una ilusión nuevecita, abandonada en el borde de la ventana de una casa, y atorada con una piedra para que el viento no se la llevara.
En otro lado dejó una conversación sobre el césped y al pie del árbol más grande de un parque, para que la encontrara algún día alguien con el tiempo suficiente para sentarse a escuchar.
Los recuerdos, esos si que ya no le servían a nadie, así que en medio de esa historia al escritor del guión se le ocurrió que por las noches, mientras el tren iba andando y todos dormían, lo único que podía hacerse con todos ellos era sacarlos uno a uno de la maleta, para luego dejarlos escapar por la ventana, y verlos iluminar momentáneamente la noche, antes de consumirse en el aire y tras morir su brillo en la lejanía.
En ese filme, un viaje sin saberlo quizá tendría que ser antes y con la maleta cada vez más vacía, pero al mismo tiempo tan llena de todo lo que es indispensable… Hojas en blanco y suficiente tinta para dejar hablar a la imaginación.
Llevaría también un corazón latiendo, y un par de manos tan sólo con las ganas de construir algo, las ganas de observar con los ojos del alma, para alcanzar a ver las historias y detalles simples que en cada viaje van surgiendo en el camino….
La respiración le hizo regresar a su presente… Y de pronto recordó algo que había pasado durante el día… En un día caluroso de verano, al pasar frente a la entrada principal de un edificio, había un hombre invidente con un letrero intentando ganarse de forma honrada la vida, y en el lapso que dura el cambio de un semáforo de rojo a verde, la imaginación le permitió ver todas estas cosas, y mientras dormía le dijo muy cerca al oído: “Tienes en tus manos los hilos con los que se pueden bordar grandes historias, nunca olvides eso y no lo dejes ir”.
Hace 120 días
11 de Febrero, 2012
11:26 pm
Hace 102 días

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