Teresa de Calcuta: “Camino de Sencillez”.

Hay libros que nunca he conseguido y que muero de ganas por leer y uno de los que se encuentra en esa lista se titula: “Conversaciones Para Gente Grande” de la autoría del periodista Ricardo Rocha (una persona que creo que he mencionado si mucho 2 veces en el blog, pero a quien admiro profundamente y creo que se merecería más adelante un post).
Pero bueno, volviendo al tema, yo supe de la existencia de ese libro cuando estaba en secundaria o principios de prepa (creo…), no recuerdo con exactitud el año, pero era la época en que yo comenzaba ya a interesarme en cosas que a las personas de mi edad ni siquiera les pasaban por la cabeza, y una de ellas era precisamente comenzar a desvelarme viendo el programa de este señor que considero es un gran periodista, porque precisamente me encantaba ver las entrevistas que hacía… 
El libro se llama así porque aparte del programa que se llamaba “En Vivo” y en el que hablaba de arte y cultura (y que era él que yo veía); en ese entonces él tenía también un programa los Domingos que se llamaba “Para Gente Grande”… ¿Pero qué es lo que tenía de especial ese libro para que a una chava que en ese entonces era adolescente le llamara tanto la atención?

Ricardo Rocha, Periodista.
Bueno, pues ese libro es una recopilación de las mejores entrevistas de este periodista; y creo que una de ellas, es con La Madre Teresa de Calcuta… Me acuerdo súper bien que en el programa donde se habló de ese libro, Ricardo Rocha comentó sobre su propia experiencia al conocerla. Él viajó a la India y me impresionó mucho la descripción que hizo sobre ella.

Ricardo decía en esa ocasión él llegó a la casa madre de Las Misioneras de La Caridad en Calcuta, y comentó que él tenía una idea totalmente distinta a lo que encontró. Para empezar, el imaginaba un lugar donde todo sería contemplación y oración y se sorprendió de encontrar a un grupo de personas trabajando arduamente, y entre ellos a la Madre Teresa de Calcuta, que incluso cuando las cosas no estaban saliendo como debían, se enojaba y decía palabrotas…
La verdad no sé que tan cierto sea esto, pero años después, en una de esas rondas por la librería de Sanborn´s (ya en la universidad creo), encontré un libro de ella muy chiquito que se titula “Madre Teresa de Calcuta: Camino de Sencillez”, y no sé ni porque lo compré… Yo siempre digo que algunos libros son los que salen a tu encuentro, y en este caso yo sólo tenía el antecedente de lo que había dicho Ricardo en su reportaje de hacía varios años..

Mucho tiempo después vi la película que hizo Geraldine Chaplin, y que me resultó impactante, sobre todo la escena donde se representa el momento en que La Madre Teresa ya siendo una religiosa se da cuenta de una manera muy dura y realista, que no está haciendo ni lo suficiente ni lo correcto… Creo que fue ahí donde recibió realmente el llamado de Dios a servir a los más necesitados.
Luego me tocó ver también una especie de documental en el que se reseñaba la única vez que creo que ella visitó México, y me hizo llorar algo que ella le dijo a una persona que estaba en un hospital en fase terminal y fue muy significativo, porque ella murió no mucho tiempo después…

Pero bueno, es mucho lo que podría decir de ella, pero hace unos días se me ocurrió rescatar ese libro para compartirles algunos fragmentos, porque recordé que entre sus páginas viene una anécdota parecida a la que Ricardo describió… Aparte que hojeándolo hace rato, después de no se cuántos años que ha estado ahí guardado en casa, me sorprendió descubrir que las cosas que ella decía son muy, muy parecidas a lo que se expresa en las enseñanzas del Budismo y eso me lleva a pensar y sobre todo comprobar una vez más que la espiritualidad y el camino para acercarte más a eso no tiene nada en lo absoluto que ver con religión ¡y eso me encanta!
Ha sido hermoso reencontrarme con uno de los primeros libros que yo me “autoregalé”, pero que incluso ya tiene las páginas frágiles y amarillas, y me pareció padre para esa seccioncita “De Café y Letras”, y que según yo sirve para platicarles de cuando en cuando sobre los libros que leí hace mucho tiempo; compartirles hoy algunos fragmentos… Pero igual estaría padre luego poner más cosas de ahí ¿no les late?…
Bueno por lo pronto ojalá que disfruten lo que les plasmo hoy, para comentarlo quizá al final del día.

¡Buena Mitad de Semana!
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“Madre Teresa de Calcuta: Camino de Sencillez”
“Este equilibrio entre la conciencia de los pequeños detalles de aquí y ahora y la visión más amplia de la vida eterna le permite ser respetuosamente íntima, pragmática y perspicaz, vulnerable pero fuerte, realista pero contemplativa y mística. 

Las dos anécdotas siguientes ilustran su habilidad para ser generosa y perspicaz:

Un voluntario inglés quedó profundamente impresionado en su primer encuentro con La Madre Teresa, que tuvo lugar en su adolescencia, cuando él estaba en la escuela superior. “Era capaz de hablar con nosotros como lo haría con cualquier otra persona. Creo que fue eso lo que tanto nos impresionó: Ella se movía en nuestra misma onda. Desde entonces he conservado esa misma sensación en cuantas ocasiones he tenido oportunidad de verla. Hable con quien hable, esa persona se convierte para ella en lo más importante en ese momento. Y lo mismo  da que tenga delante a un presidente o a Pepito Fernández. Eso me gusta, y creo que la mayoría de las personas que la han conocido han sacado esa misma conclusión”.
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Una mujer que se ofreció para ayudar a las Misioneras de la Caridad en Calcuta  y que estaba reflexionando sobre su propia vía espiritual, se encontró por casualidad a la Madre Teresa en el balcón de su habitación en La Casa Madre. “Estaba hablando con algunas personas; había un matrimonio indio delante de mí y, de repente, ella se volvió, me miró y preguntó: ¿Cuándo piensa usted tomar una decisión?” 

Me quedé atónita, pues además lo dijo sin que yo hubiera abierto la boca para nada. De alguna manera, sabía quién era yo a un nivel muy profundo. Eso me emocionó realmente; ella me conmovió tanto que me pasé el resto del día en la capilla, llorando y recuperándome. Entonces supe que debía tomar una decisión que había ido aplazando durante mucho tiempo”.
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Asímismo, como San Francisco, viven de acuerdo con las enseñanzas que predican, lo cual implica no poseer nada que no posean los pobres a los que sirven. Su alimentación es frugal y sus pertenencias se reducen a dos mudas de ropa, un par de sandalias, un cubo, un plato de metal, los utensilios básicos y escasa ropa de cama.
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“He rezado para que llegara alguien y aquí estás” –me dijo-. Me preguntó si podía acompañarla a los barrios bajos y ayudarla a convencer a los niños de que participaran en una función de teatro navideña en la Casa Madre. Y ahí estaba yo, con mi faldita ajustada y mis zapatitos altos. ¿Te imaginas?

A los pocos días fui a Kalighat por primera vez, cosa que resultó tremendamente traumática para mí. Yo era esteticista y estaba acostumbrada a que todo fuera bonito, reluciera como los chorros del oro y oliera a rosas, de modo que fue todo un shock. Cuando una de las hermanas me pidió que lavara aquella mujer me dije: “Imposible”. No podía, así que no me moví. Entonces ella me llamó y me dijo: “Penny, por favor. Llévala”. Me eché a llorar y le contesté que no podía. Así que me propuso: “Muy bien, acompáñame entonces”, y recogió este hatillo de huesos, porque eso es lo que era esa mujer, y se metió en el cuarto de baño. Incluso ahora se me saltan las lágrimas: La habitación no estaba demasiado iluminada y yo seguía en un estado totalmente catatónico. Y de pronto, ¡toda la habitación se iluminó! Hacía apenas un momento que había dicho “no puedo” y al rato yo me daba cuenta de que por supuesto podía.

Al fijarme en uno de los cuadros que colgaba de la pared, que representaba el cuerpo de Cristo, de repente caí en la cuenta de que cualquiera, sea quien sea, puede ser Cristo. Y no sólo esa ancianita con sarna, sino el mundo entero era el cuerpo de Cristo. Y entonces vi que lo que yo hacía por esa persona, lo podía hacer también por cualquiera.

Me quedé seis meses y, antes de marcharme de Calcuta, le dije a la Madre Teresa: “Volveré”, y ella repuso: “No, no volverás: Hay mucho que hacer donde tu vives”. Pasarán cosas y Dios te aconsejará qué hacer”.

Madre Teresa de Calcuta: Camino de Sencillez
Autor: John Cairns, Traducción: Dolors Udina y Mariana Widmer
Editorial Planeta
D.R. © 2004

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