Reencuentro Con Los Sueños…

… Y me encontré unos cuantos sueños, olvidados en el fondo de una maleta que siempre me dio pereza desempacar… Estaban atados como las cartas antiguas, que se unen en espacio y tiempo pasando por encima de todos los sobres un listón de color.
Los saqué, tan sorprendida de haberme olvidado de ellos, y luego de sacudirles el polvo, los dejé sobre el buró junto a mi cama, para verlos después, porque en ese momento -y como siempre- el tiempo no daba para más… Otra vez me comieron los segundos y era imprescindible tenerme que ir ya.
Por la noche regresé, y los encontré ahí, pacientes y a la expectativa de que los descubriera… Pero estaba tan cansada que lo único que hice fue hacerlos a un lado, antes de meterlos a un cajón y apagar después de eso la luz.
Como ya no los tenía visibles, con el paso de los días me olvidé por completo de ellos. Tenía presente que estaban ahí sólo cuando abría el cajón para sacar mis llaves, buscar una pluma, alguna moneda, un trozo de papel para escribir algo, dejar o tomar mi reloj o buscar el empaque con el último chicle de canela…
Ahí era cuando volvía a verlos y luego de jugar por un instante con ellos, sujetándolos entre mis dedos; los volvía a guardar diciendo: hoy, me daré tiempo para verlos…
Pero nunca cumplí esa promesa… La verdad es que perdí la cuenta acerca de cuantas noches pasaron; al volver a la casa ni siquiera me acordaba, ni los echaba de menos. El cansancio estaba impregnado hasta el último de mis huesos y el sueño era la única alternativa que tenía para desprenderme hasta de mi…
Un noche que volví temprano, mucho antes de que el sueño me visitara, como no tenía nada mejor que hacer, al buscar una pastilla para la garganta; tropecé otra vez con ellos… Para variar me había olvidado una vez más de hacerlo, y más por ociosidad que por otra cosa, tomé el primero, lo desdoble y comencé a leerlo… Lo que vi no me gustó porque me hizo caer en la cuenta de todo el tiempo que había desperdiciado… Tantos días en silencio sin ni siquiera voltear para mirarme a mi misma… Mucho menos con algún espacio durante el día para acordarme de Dios.
También encontré una fotografía que me pareció conocida, pero al mismo tiempo tan ajena… En ella se reflejaba una mujer que yo no era… Quizá podría serlo, pero me faltaba tanto trabajo por hacer…
En la parte más oscura del cajón, estaban hechos bola y enredados todos los sentimientos que perturban y que adentro del alma a veces yo no sabía cómo manejarlos… Por lo pronto creí que era mucho mejor dejarlos ahí…
Reencontrar sueños siempre es una buena forma de echar un vistazo hacia adentro…. Y hubo muchas noches en que me dormí con la fotografía de ese alguien que aún no era entre las manos, y con un poco de esperanza de desempacarlos para ya nunca más dejarlos abandonados junto a los días que se van acumulando… La verdad una vez más no supe como hacerlo… Mi último pensamiento antes de marcharme al país de los sueños fue: “Por hoy no hay tiempo”... Los ojos se cierran, el día se acaba y hay que dormir…

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