La Historia de Emmanuel Jal.

La historia que van a leer aquí es algo que sucede desde siempre en muchos países del mundo y se repite con tanta frecuencia que por desgracia nos hemos acostumbrado ya a verlo como algo normal (y que lo peor del caso es que se transmite hasta por televisión).
A pesar de eso, en este inicio de semana me gustaría retomar una sola de esas tantas historias, para contarla en este espacio. Imaginen por un momento que a miles de kilómetros de aquí; en uno de esos días que podían ser tan normales y rutinarios para cada uno de nosotros, en la zona alta del Nilo, una mujer se ha encontrado con un niño en condiciones muy lamentables.
El nombre de esa mujer es Emma MacCune, y pertenece a una organización que se llama Street Kids International. El niño que ha encontrado se llama Emmanuel Jal y todavía no conforme con rescatarlo; Emma decide arriesgarse y sacarlo en forma clandestina de su país, para poder llevarlo a Nairobi, Kenia, para adoptarlo y así poder salvarlo.

En ese país y después de mucho tiempo, Emmanuel no sólo es inscrito por primera vez en una escuela, sino que también conoce a través de Emma lo que es experimentar el amor de una madre y la seguridad que da el que alguien se preocupe por ti. A través de ella, este niño que tan sólo era uno más entre millones que son víctimas de la guerra, recibió educación y formación espiritual a través de la fe; pero sobre todo de la música.

Lo que ustedes han leído hasta aquí, podría parecer el final feliz de una película; pero es sólo el comienzo de una historia que en verdad fue real, pues el sufrimiento de este niño comenzó mucho antes del encuentro con esa buena mujer de origen británico que lo salvó en todos los sentidos.


Emmanuel Jal fue un niño de la guerra. A los 7 años de edad, y tras ver todas las atrocidades que los rebeldes árabes cometieron con sus hermanos y su madre antes de asesinarlos, durante la guerra civil en su país, él fue reclutado por el Ejército de Liberación Popular que combatía en ese movimiento, y al igual que muchos otros niños, fue enviado a un campo militar en Etiopía para ser entrenado y combatir contra enemigos árabes y musulmanes.
En esa época Emmanuel cuenta que el argumento que los soldados usaban para convencerlos de que se fueran con ellos era que aprenderían a pilotear aviones, pero la realidad era otra, y siendo tan niño; y ya obligado a disparar con un rifle AK-47 que era mucho más grande en tamaño que él; Emmanuel no sólo no entendía nada sobre la guerra. Aunque los comandantes de el ejército le decían que aquello que hacia era por el bien de su país, ya que no se trataba de una guerra de odio y venganza, sino de libertad, Emmanuel lo único que quería era vengarse de los asesinos de su familia.
A pesar de que estaba lleno de odio, luego de 5 años en el ejército, sufriendo todo tipo de maltratos físicos y emocionales mientras aprendía a blandir un machete o lanzar una granada, o que era despertado a punta de golpes cada hora en medio de la noche para recibir entrenamiento para aprender ataques nocturnos; llegó un punto en que este pequeño originario de una pequeña aldea en Sudán; comenzó a cuestionarse si era correcto lo que hacia; y fue entonces cuando escapó de ese campo militar junto a otros 300 niños, pero el precio que tuvo que pagar para conseguir su libertad fue muy alto.   
Al escapar del campamento, Emmanuel y todos sus demás compañeros, huyeron hacia el Este de Sudán, con destino hacia la zona alta del Nilo. En un principio ellos pensaron que el viaje hacia la libertad duraría un mes, pero la travesía se prolongó durante tres meses en los que el número de desertores se fue reduciendo por los ataques de los cocodrilos al cruzar los ríos y los campos minados por los que tuvieron que atravesar.
Sin agua ni comida, tan sólo 12 de ellos sobrevivieron, y en un principio comían todo cuanto encontraban a su paso; hojas, caracoles, víboras, animales muertos, pero a medida que iban avanzando en el camino, todo lo que podía ser comestible fue desapareciendo y muchos de sus amigos comenzaron a alimentarse de la carne de los mismos compañeros que se iban quedando en el camino.
Ni los horrores de la guerra representaron una etapa tan oscura en la vida de Emmanuel, como esa travesía de muerte en busca de la libertad. La situación para los pocos sobrevivientes que quedaron era cada vez más desesperante, al grado de que en una ocasión, con tal de evitar a toda costa el canibalismo, Emmanuel y varios de sus compañeros colocaron adentro del cuerpo de una de las personas fallecidas un montón de granadas, con la intención de que sirviera de trampa o carnada para poder atrapar una hiena y poder así comer algo.
Colocaron el cadáver abajo de un árbol y este explotó tal como ellos lo planearon, pero la hiena salió ilesa  y se llevó el resto del cuerpo. Emmanuel tenía tanta hambre que no pudo dormir en toda la noche; y a la mañana siguiente se levantó antes que todos para ver si en los alrededores del árbol podía encontrar algún pedazo de carne que pudiera comerse.
La parte más crítica llegó cuando un amigo de él estaba ya agonizando, Emmanuel sostuvo su mano durante todo ese tiempo, pensando en que sería su próximo alimento. Él le pidió perdón por lo que iba a hacer; y su amigo tan sólo lo miró de una manera que hasta ahora él no supo como interpretar. Emmanuel dice que aquella noche no pudo dormir, porque tenía miedo de ya no volver a despertar; y en medio de su desesperación recordó que cuando era muy niño, y afuera de su casa las ráfagas y los tiroteos provocados por la guerra eran cada vez más fuertes, su  madre se ponía a rezar, mientras le decía: “no te preocupes, Dios nos está cuidando”… Al recordar eso, Emmanuel empezó a rezarle a ese Dios del que hablaba su madre, y a la mañana siguiente un cuervo que estaba rondando el cuerpo de su amigo, fue lo que lo salvó de morir de hambre y también evitó que tuviera que comerse a su amigo.
Poco después de esto fue cuando Emma MacCune lo encontró y aunque ella murió seis meses después en un accidente de auto; ya en Naoribi la semilla sembrada por esta mujer que se convirtió en su madre, estaba sembrada y a la par de haber sido monaguillo en una iglesia, Emmanuel se refugió en la música, comenzó a escribir sus propias canciones y en el año 2004 grabó el primero de los 5 díscos con los que cuenta actualmente y se titula: “Gua”, que significa “Paz” en su lengua materna.
Su fama surgió de boca en boca y su carrera como cantante despuntó a tal grado que su música ha sido usada en la banda sonora de la película “Diamante de Sangre”, protagonizada por Leonardo Di Caprio, además de que Emmanuel se ha presentado en foros tan importantes como Live 8, en el foro de Las Naciones Unidas en NY (donde fue ovacionado 3 veces de pie), ha aparecido en la serie de televisión ER, cantó en el cumpleaños No. 90 de Nelson Mandela, pero más allá del éxito y de los millones de copias vendidas de cada uno de sus discos, el mayor logro de Emmanuel Jal ha sido viajar alrededor del mundo para hablarle a los jóvenes de su vida y transmitirles un mensaje de esperanza y paz.
Este fin de semana estuvo en Cd. Juárez, donde además de visitar el Centro de Readaptación Social para Adultos (CERESO) y platicar con niños pandilleros en el Centro Municipal de las Artes, ofreció un concierto en el Centro Cultural Paso del Norte. La verdad fue impresionante como a través de su testimonio de vida y sin importar la barrera del idioma llegó al corazón de alrededor de 2000 personas (en su mayoría niños y adolescentes) que no sólo se identificaron con su música, se emocionaron, se divirtieron y bailaron sobre el escenario junto a él.
Como todos sabemos, México, y en particular Cd. Juárez es una de las ciudades que ha sido más afectada por los cárteles de la droga. A pesar de que no existen cifras oficiales respecto a los niños que han sido víctimas de la violencia relacionada con el narcotrafico, se estima que entre los últimos 4 años han muerto en tiroteos más de mil niños y adolescentes; mientras que unos 30 mil han quedado huérfanos también como consecuencia de esto.
Angélica Fuentes Tellez

La violencia es igual en todos los países; y por esa razón fue tan importante recibir un mensaje tan esperanzador como el que deja en cada sitio donde se presenta Emmanuel Jal. Él fue traído hasta esta ciudad por Angélica Fuentes, una exitosa empresaria -que para quienes no la conocen- es originaria de Cd. Juárez y pertenece a una de las familias más poderosas de esta frontera que manejan El Grupo Imperial, que es un conjunto de compañías gaseras que se extienden por varios estados de la república; y quien además en la actualidad está casada con Jorge Vergara, un magnate empresarial dueño de la empresa Omnilife y del equipo de fútbol Chivas de Guadalajara.
A pesar de eso Angélica siempre se ha preocupado por trabajar en favor de quienes más lo necesitan en la ciudad que como ella misma dice: “La convirtió en lo que hoy es”. Tiene una fundación con la que se encuentra desarrollando varios proyectos; y en este caso en concreto es admirable su trabajo si tomamos en cuenta que siendo una mujer privilegiada y que es incluso considerada como una de las más poderosas e influyentes en nuestro país, ella fácilmente podría irse a vivir a otro lugar y olvidarse de todas las necesidades y problemas que existen en esta ciudad fronteriza que ha sido tan golpeada por la violencia. Pero no, no sólo trabaja incansablemente por ayudar a la gente que más lo necesita, sino que el fin de semana contribuyó para que un joven de 31 años que es el claro ejemplo de que aún estando en medio de las circunstancias más adversas se puede tener esperanza, viniera a compartir su mensaje de paz, con todos esos niños y adolescentes que tal vez a otro nivel, también en cierta manera también han sido afectados y están muy vulnerables ante la violencia.
Algo que me impactó profundamente fue que Emmanuel dijo: ¿Qué hubiera sido de mi si Emma MacCune no me hubiera rescatado?; y entonces compartió la historia que tal vez muchos conocen y que habla acerca de una persona que recorría una playa rescatando a las estrellas marinas que se encontraban por montones en toda la orilla, para lanzarlas de nuevo al mar.
Por medio de ese ejemplo, él afirmó que tal vez una sola persona no puede tener al alcance de su mano la solución a todos los problemas tan serios que afrontamos en este momento, pero dijo también que con sólo ayudar a un niño y no soltarlo, es ya marcar una diferencia… Me quedé pensando mucho en eso, y en que necesidad hay en todos lados, y no se necesita ir muy lejos… Esta misma semana que acaba de concluir, todo eso de lo que habló él lo vimos reflejado en la situación tan crítica que en este momento están afrontando las familias que viven en la Sierra Tarahumara; por eso se agradece tanto que en medio de tanta desolación, alguien venga a transmitir un mensaje tan lleno de esperanza y fe.
La historia de Emmanuel Jal aún no termina… Es posible que se haga una película que contará la vida de Emma MacCune y mientras él recorre el mundo inspirando a otros jóvenes, ayuda a más de 40 niños en escuelas primarias y secundarias en Nairobi, a la par de que “GUA”, la fundación que creó; ayuda a rehabilitar niños soldados de las comunidades de Sudán y Kenia, donde la intención es superar los efectos de la guerra y la pobreza… Por lo pronto, él no piensa regresar a su lugar de origen hasta que reúna el dinero suficiente para construir 3 escuelas; pues al igual que sucedió con él, esa es la única manera que tiene para marcar la diferencia en la vida de alguien…

“We want Peace” es una de sus canciones más conocidas (por la cantidad de artistas y personalidades que participan junto con él en el video), pero para cerrar este post yo los dejo con la canción que escribió para la mujer que lo rescató y le dio con ello la posibilidad de una vida distinta, y porque después de hablar con él y conocer su historia, por más insensible o indiferente que alguien pudiera ser, termina por conmoverse y reflexionar de una manera profunda.
¡Gracias Emmanuel por tu mensaje de paz!
“Emmanuel no merecía haber nacido donde nació, haber vivido lo que vivió: una guerra… A veces estamos en espacios que no merecemos. Juárez no merece lo que se está viviendo, pero él viene a decirnos, alto a la guerra, alto a tanta violencia, viene a decirnos que él es un guerrero, pero es un guerrero de luz… Él tuvo que sobrevivir porque tenía una misión muy importante que cumplir: Apagar llamas en el mundo -como él le llama- y por eso lo trajimos a Juárez, para decirle a la juventud, al futuro del mundo, a los niños, que si se vale tomar armas, pero armas de paz, y las armas de paz son: La educación y el amor”.
-Angélica Fuentes Tellez-

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