Capítulo XXIV – El Viaje de ida y regreso en el “Ypiranga”.

Audio Introducción Capítulo XXIV.
El Viaje de Ida y Regreso En El “Ypiranga”.

Viernes 2 de Junio, 1911
(a bordo del Ypiranga)
Salí a caminar un rato sobre la cubierta del barco. Apenas llevamos un par de días en altamar y ya me he enfadado de tanto encierro. Aún no sé bien a ciencia cierta ¿qué haré al llegar a París?; supongo que lo primero será buscar un trabajo y un espacio donde vivir…

No debería estar pensando en este momento en eso, pues faltan todavía algunos días para llegar a tierra firme; más no puedo evitarlo, porque a pesar que fui yo misma quien tomó la decisión de abandonar mi propio país, eso no me quita la sensación de que me dirijo hacia una tierra desconocida con las manos vacías.
Porfirio Díaz, (hijo).

Sé que no me hace bien tener ese tipo de pensamientos; pues bastante tengo ya con el dolor de haber perdido a mis padres y a quien fue el gran amor de mi vida… Anoche no pude dormir muy bien, pero tampoco quería pasar otra tarde encerrada y llorando… No, ya no puedo permitirme eso; por mucho que me cueste, tengo que intentar sobreponerme y por eso opté por salir un rato del camarote.


Al parecer no soy yo la única a quien le asfixia tanto encierro o la superficialidad de los grandes salones con que cuenta este barco; pues a pocos metros de distancia he reconocido al General Díaz que viaja al lado de su esposa, sus dos hermanas; su hijo Porfirio con su familia y hasta dos de sus empleadas de servicio.

No estoy muy segura… pero creo que sus nombres son Juana y Nicanora… Me acuerdo de eso, porque creo que ellas fueron quienes nos atendieron en una de esas fastuosas comidas en las que me tocó estar cuando Fernando y yo fuimos invitados a ver alguna de las proyecciones del cinematógrafo que tenían lugar en El Castillo de Chapultepec. 


Que diferencia entre esos tiempos y este presente… Pensé en acercarme y saludarlos, pero creo que no ha sido buena idea. El General no sé ve muy bien que digamos, parece que la afección bucal que lo aqueja desde que salimos de México lo tiene incómodo… La verdad es que da tristeza pensar en que ese hombre al que hace apenas 2 años atrás yo vi portando con gallardía su uniforme militar lleno de condecoraciones durante la cena de gala con El Presidente Taft; aunque es un anciano alto y recio, de mirada dura y ademanes enérgicos, hoy no es ni una sombra de lo que fue entonces…

Al parecer mañana Sábado estaremos arribando a La Habana, Cuba.

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Miércoles 7 de Junio, 1911.
(7 días en altamar)

Esta mañana, nos hemos enterado durante el desayuno que Francisco I. Madero entró victorioso a la ciudad de México, y apenas unas cuantas horas antes, un terremoto sacudió a la capital de nuestro país.

La noticia llegó a través de un cablegrama que el capitán del barco hizo circular en el gran comedor del barco… Tal vez ese estremecimiento de la tierra, desde lo más profundo de las entrañas del país; sea en cierto modo un presagio… Espero que no sea nada negativo, pues México ya ha tenido suficiente dolor y derramamiento de sangre… ¿Hasta cuándo terminará todo esto?

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Sábado 10 de Junio, 1911.
(10 Días a bordo) 
Después de poco más de una semana de travesía, no hay mucho por contar. Creo que lo  más interesante que podría decir hoy es que El General Díaz concedió a bordo, una entrevista a un enviado especial del Cosmopolitan Magazine de Nueva York. La charla tuvo lugar en el salón de señoras del barco; y para poder hacerla, el reportero se valió de un intérprete (ya que él no hablaba español); pero lo más relevante no es eso; sino el hecho de que desde que inició esta travesía; el Capitán del Ypiranga, sus oficiales, y hasta el último de los fregoneros que forman parte de la tripulación, han tenido para El General Díaz consideraciones dignas de un jefe de estado… Es impresionante ver, como a pesar de que él ya no es Presidente; la gente se desvive en atenciones hacia su persona, como si aún ejerciera el poder…. Ahora compruebo que la fama y el respeto que Díaz se ganó como jefe de las fuerzas supremas, trascendió los límites de nuestro país.
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Sábado 17 de Junio, 1911.
(desde Vigo, España)
Seguimos en medio de esta travesía que se ha visto interrumpida momentáneamente por nuestro arribo a Vigo, España. 

Eran las 6:00 de la mañana cuando nuestro barco entró en la ría por la boca Norte y fondeó en ese lugar un poco más de media hora después.

No sé si era por la hora o por el poco ánimo que El General tenía, pero era como una especie de secreto a voces que él de ningún modo iba a abandonar el barco; así que a bordo de la lancha América, cedida por la Casa Mülder, se desplazó hasta donde nosotros permanecimos anclados, El Sr. Balbino Dávalos, (ministro de México en Portugal).

Él venía acompañado por su esposa; el Sr. Dauden, (cónsul de México en la ciudad), además de un periodista del periódico FARO, cuya intención era entrevistar al General.

Hace apenas un par de días, durante uno de mis paseos por la cubierta, pude por fin coincidir con El General Díaz y su familia y me detuve a saludarlos. El General se sintió muy consternado cuando se enteró de lo que pasó con mi familia y con Fernando. 

Fue muy dulce y gentil de su parte que me ofreciera pasar una temporada con ellos al llegar a París; y yo no pude más que agradecerle el gesto y sus palabras de condolencia; porque lo sentí sincero… La verdad yo no tenía mucho ánimo de hablar sobre el tema, y al parecer Doña Carmelita, su esposa, se dio cuenta de eso, pues con gran tino, logró desviar la conversación para compartirme que el malestar bucal que aquejaba a su marido desde que salimos de México, se ha agravado a tal extremo, que es ya del conocimiento de la mayor parte de la tripulación y pasajeros que como yo viajamos en este barco.

Por suerte en ese momento llegó también José María Gómez de La Torre, el Director del Banco Santander, quien luego de saludar a todos los ahí reunidos, le hizo saber al General Díaz que a bordo del Ypiranga, podía disponer de un crédito abierto de un millón, quinientos mil francos por orden del Banco de Londres… No cabe duda, a pesar de haber tenido que exiliarse voluntariamente, El General sigue siendo un hombre respetado más allá de la poder que ejerció en la silla presidencial.
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Domingo 18 de Junio, 1911.
Coruña, España.
Después de 17 días, hemos llegado a La Coruña España. Hace apenas unos cuantos días atrás yo comentaba sobre todo el respeto y las consideraciones que inspira la figura de Porfirio Díaz; pero hoy fue muy impresionante conocer la otra cara de la moneda; y comprobar que así como existe gente que lo aprecia y lo respeta, hay otras, que al igual que el pueblo que lo condenó al exilio. lo cataloga como un tirano.

En esta primer escala de nuestro viaje, fue recibido por un grupo de manifestantes sindicales y en un suplemento llamado “La Voz del Obrero” se aseguraba que El General Díaz y Ramón Corral (quien fuera vicepresidente durante el mandato de Dn. Porfirio); literalmente desvalijaron a México.

Se rumora que el primero tiene 30 millones de pesos en oro; mientras que el segundo un cantidad tampoco nada despreciable… Además de que ahí se afirmaba que Díaz era tan cruel, que a la gente que en varias ocasiones intentó sublevarse contra su régimen, y por cuestiones del destino caían como prisioneros en sus manos, estando en el encierro, él mandaba inyectarles el virus de la tuberculosis…
La verdad yo no sé que tan cierto sea eso y me parece bastante grotesco… No coincide para nada con la imagen del hombre caballeroso y gallardo que yo conocí en los diversos eventos sociales en que coincidimos y aunque lo del saqueo de las arcas de México puede que quizá si sea cierto; creo que ni todo el dinero del mundo podría compensar la humillación de tener que salir como un ladrón de tu propio país…

Esa publicación hizo una comparación entre Díaz y Abdul Hamid, un tirano de Turquía que acostumbraba arrojar a sus súbditos atados con grilletes;  y al final de su dictadura terminó recluido y demente en su propio palacio…

La verdad me parece un poco exagerada la comparación… Pues si bien es cierto que El General Díaz cometió muchos errores durante su gestión, ahora que lo veo enfermo y hasta un tanto desvalido, me parece tan irónico que los aspectos positivos de su gobierno hayan sido prácticamente anulados por sus errores…

En fin… Es cierto que yo nunca estuve de acuerdo con muchas de las cosas que pasaron mientras él era presidente; y ahora tan sólo me ha tocado ser testigo de todo lo que ha sucedido con él durante esta travesía…. La verdad es que yo no soy nadie para juzgarlo; y tengo que reconocer que los negocios de mi padre, prosperaron de modo considerable durante su gestión… Eso me hace sentir a veces culpable; porque mientras yo lo tuve todo, hubo personas que morían de hambre…. 

Una vez más, no me hace ningún bien tener ese tipo de pensamientos… Fue muy desagradable el incidente con los manifestantes, pero por suerte hemos zarpado ya y nuestro viaje continúa.
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Martes 20 de Junio, 1911.

Después de 20 días en altamar, hemos llegado por fin al puerto Francés de Havre. 
El buque alemán en que viajamos, tocó puerto a las cuatro de la tarde y me llamó la atención que desde antes de tocar tierra, para nosotros ya era visible una bandera mexicana que de pronto apareció en la lejanía.

Tal como lo supuse, ese gesto de bienvenida no podía provenir más que de un grupo de amigos mexicanos de la familia Díaz,  que residen desde hace ya tiempo en Francia y entre quienes se encuentran Federico Gamboa (que en otro tiempo fue embajador de México en España);  Fernando González y Manuel Escandón -por mencionar ahora sólo algunos de los que recuerdo-.

El ambiente a nuestro alrededor era muy extraño… No sé como explicarlo, era como una mezcla de extraña alegría por haber llegado por fin a tierra firme después de tantos días de viaje, Mientras que por otro lado, la lluvia persistente que no nos abandonó durante todo el tiempo que duró ese proceso de desembarque; hacía todavía más nostálgica la bienvenida a tierras extrañas de un dictador caído en el exilio… 

Siento una tristeza infinita que me oprime el pecho, mientras estoy aquí junto al resto de los pasajeros que ansiosos ya han comenzado a apretujarse contra la barandilla en lo que el Ypiranga se va acomodando en el muelle para detenerse, con toda la intención de bajar lo más rápido posible… 

Estoy tan lejos del lugar que un día fue mi casa… Ahora ya no tengo nada y debo buscar en esta tierra desconocida, una manera de volver a empezar…
*******************
Continuará….
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Fotos: Martha Mendoza | Archivo Casazola
Bibliografía: 
-“Porfirio Díaz -El Destierro”
Enrique Krauze – Fausto Zerón-Medina
Editorial Clio.
-“La Toma de Cd. Juárez, Una Historia en Imágenes”
Mayo de 1911

Ignacio Solares – Víctor Orozco
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