La Vida Como La Montaña Rusa…

La vida, TU VIDA, es como un viaje a bordo de un carrito que se desliza por los rieles de una Montaña Rusa.
Pasa tan rápido y de una forma tan vertiginosa delante de tus ojos, que muchas veces ni siquiera te das cuenta de qué color es el vagón en el que vas viajando… Pierdes la cuenta de el número de vueltas que ya has dado y las veces que has pasado por la estación donde a cambio de un ticket de papel, tienes acceso para arriesgarte a vivir una aventura, o a sufrir… Eso nada más LO DECIDES TÚ.
¿Te has puesto a pensar alguna vez?:  En todos estos años que llevas dando vueltas… ¿Cómo ha sido tu viaje?
¿Vas solo o alguien te acompaña?… Las personas que van detrás de tí ¿qué es lo que te dicen?, ¿te ayuda o te pone más nervioso?… Quizá si lo analizas ahora te darías cuenta que has pasado mucho tiempo rodeado de personas que en lugar de ayudarte, son más tóxicas que la carne de puerco en ayunas y tal vez por eso tu viaje no haya sido del todo placentero… Pero tampoco es culpa de ellos, pues de TI DEPENDE únicamente, TOMAR LA DECISIÓN de desenganchar tu carrito o bajarlos en la próxima parada.

Pero no sólo tú estás inmerso en ese viaje. Sobre La Montaña Rusa siempre existen más vagones y personas que al igual que tú van transportándose sobre ellos… Algunos están arriba, otros abajo, unos de pie en la fila, esperando turno para que les asignen un carrito; pero desde el momento en que tú empezaste a dar vueltas, tienes ya una ventaja: puedes ver como es el camino cercano que tienes por delante e incluso analizar cuáles son las reacciones de la gente que viaja en otros vagones cercanos al tuyo.

Abre bien tus ojos, mira más allá de lo que es tu realidad en este instante y dime: ¿Qué es lo que ves?… 

¿Cómo es la gente y cómo viaja?… Quizá te darán risa las expresiones de sus caras, porque sin importar la parte de la montaña por donde vayan pasando, te resultará chistoso descubrir que muchos van con los ojos cerrados y todos tensos porque tienen miedo…

Habrá otros que llevan los ojos abiertos, pero no sueltan para nada la barra metálica que los asegura adentro del carrito. Si pones un poquito más de atención descubrirás (incluso entre la gente que viaja contigo), a quienes sin importar las vueltas que lleven, no paran de quejarse durante todo el trayecto:

-¡Ay ahí viene la bajada!, ¡Ay ahí viene la subida!
-¡Ay estamos subiendo muy lentamente y seguro lo que vendrá será muy feo!
-¡Ay sigue la curva que hace que se incline el carro!
-¿Qué pasa si el carrito se zafa y sale volando?
-¿Qué pasa si se descompone y nos quedamos atorados en el punto más alto?

Y así por el estilo, un montón de frases que conforman una letanía de quejas que no dejan de escucharse y de poner nerviosos a todos los que están a su alrededor.

Ahora, analiza: ¿cómo viajas tú?… ¿Vas con las manos abiertas y los brazos levantados para experimentar con todos tus sentidos la adrenalina y el viento que se perciben cuando la caída en picada se acelera?, ¿o has vivido toda tu vida con los puños apretados y aferrado al tubo de metal?

Puede ser que hayas pasado mucho tiempo mirando hacia atrás para no perder de vista a alguien que sin tú haberlo elegido, (ni tampoco esa persona); tuvo que abandonar el juego y ya no podrá acompañarte nunca más en ese viaje.

Esa puede ser la razón que quizá sin darte cuenta haya propiciado que durante todo este tiempo no hayas disfrutado de tu propio recorrido, de que quizá tengas miedo o te sientas solo o desprotegido a bordo del carrito.

Lamento decirte que sí, la vida duele, ¡y bien cañón!, y mientras sigas viajando sobre los rieles de la existencia, no importa lo que hagas, porque esta, se encargará de sacudirte, de ponerte de cabeza, de marearte hasta que vomites, pero también te dará la posibilidad de mirar el paisaje desde lo alto, de tener la maravillosa capacidad para sentir el amor, el dolor y la tristeza; y eso es lo maravilloso de estar vivo, y de estar aquí.

Si tienes miedo, se vale…
Si quieres gritar, se vale…
Si quieres llorar, se vale también…


Pero ya no mires hacia atrás, concéntrate en lo que tienes delante (porque es lo único que tienes y puedes controlar).
Si extrañas tanto a alguien que ya no está o por alguna razón ya no puede estar contigo, piensa nada más en que a esa persona no le gustaría que su recuerdo se convierta para ti en un lastre, porque suena cruel, y por mucho que te duela, para bien o para mal la vida sigue y quienes en realidad te quieren, o esas personas que por algún motivo ya no están contigo, de seguro, desde el punto donde se encuentren, desean que aproveches cada instante en que tu corazón esté latiendo y cada parte del trayecto que te toque recorrer…

A mi no me creas nada, pues yo no sé decirte cuanto tiempo falte para que eso suceda, pero algo si es seguro. Tarde o temprano cuando te bajes del carrito, tú y ese alguien a quien extrañas tanto, se van a volver a encontrar… ¿Por qué no disfrutar entonces mientras tanto del viaje?

El carrito en el que vas ahora, se va a detener un día, y entonces el viaje terminará… Así que abre tus ojos, levanta tus brazos, siente el viento en la cara, deja de aferrarte… Tener miedo es muy humano, pero no dejes que eso te impida sentir, y continuar… Sólo tenemos esta vida y más allá de las cosas que lleves en los bolsillos del alma o de lo que creas y en lo que no creas, el boleto es válido por un sólo viaje ahora y aquí; así que por favor:

¡Suéltate! y ¡Suéltate ya!!!
“La vida es como la montaña rusa… Tú decides como quieres viajar, así que suéltate y disfruta el viaje”.

Nota: La idea para este post surgió la semana pasada, mientras desde uno de los jardines del Castillo de Chapultepec, veía a lo lejos, la montaña rusa de “Six Flags”. 
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