La Historia de "Chonchita" La Alcancía.

“Chonchita” vivía desde que tuvo uso de razón adentro de una bolsa de plástico grueso. Desde ahí veía el mundo “al revés”, pues así la habían colocado pendiendo del gancho que formaba parte de una de las vitrinas del departamento de Juguetes de un enorme almacén.
Desde ese lugar, todos los días y entre los pliegues del empaque hecho de polietileno, “Chonchita” tenía la visión distorsionada de niños que se acercaban de la mano con sus padres, para elegir algún juguete de esa área; y entonces ella se emocionaba, porque sabía que algún día, uno de esos niños la eligiría, le pediría a su papá o a su mamá que la comprara, y entonces esa “gordita”, suavecita y rosa saldría por fin de la bolsa y del almacén ¡para conocer el mundo!!!
…Pero algo pasaba… Los niños siempre preferían otros juguetes, aquellos que tenían movimiento e incluían más accesorios, y mientras de cabeza veía como su empaque de plástico se iba empolvando con el paso de los días, al mismo tiempo era testigo de como la vitrina de enfrente se vaciaba y volvía a ser llenada constantemente con nuevos juguetes; pero para ella nada era distinto, seguía todavía ahí.
Todo esto la entristecía un poco, pero como “Chonchita” era muy optimista, pensaba que si nadie la había elegido hasta ahora, era porque quizá ella estaba destinada a ser el juguete favorito de un niño o niña muy especial y entonces sus esperanzas volvían a surgir como “las florecitas con sabor a limón” que crecen en el jardín.
A veces los bebés eran quienes se emocionaban al verla, y entonces “Chonchita” pensaba que su día de suerte había llegado ¡por fin!... El instante que tantas veces soñó, cuando las luces de la tienda se apagaban y ella cerraba sus ojos, traía el mismo sueño recurrente: en el que la imagen de una mano gigante se acercaba hasta ella, para descolgarla del gancho de la vitrina, para luego pasarla al carrito del súper.
La primera vez que eso pasó ¡ella se sintió feliz!… Todo había sucedido muy rápido, pero desde el interior de su bolsa, alcanzó a ver que era una madre de familia quien la descolgó para ponerla en manos de su pequeño bebé que comenzó a jugar con ella mientras el carrito permanecía detenido.

A pesar de que el bebé humedeció y empañó con su saliva todo el empaque donde desde siempre había estado guardada “Chonchita”; se dio cuenta de que algo no andaba bien, cuando vio que luego de que la mamá del bebé volvió a reanudar su recorrido por el pasillo con el carrito; esa misma mano gigante que la había rescatado, volvía a dejarla pendiendo del gancho una vez más.

Ella no sabía que pasaba, hasta que luego de una, dos, tres y un montón de veces más, se dio cuenta que muchas mamás recurrían a ella justo cuando se encontraban por ese pasillo y necesitaban que su bebé se entretuviera en algo, mientras alguna de ellas contestaba una llamada en el celular, o buscaba en el interior de su bolso, alguna nota perdida o la lista con los pendientes del súper.

… Así fue como “Chonchita” fue perdiendo la esperanza de que algún día alguien quisiera comprarla para llevarla hasta su casa… A pesar de que casi todos los días le dolía la cabeza por haber permanecido tanto tiempo volteada de cabeza; su única diversión era ver a los distintos juguetes que iban desfilando semana tras semana en el estante de enfrente y como discutían por algo tan superficial como la rapidez con que serían vendidos.

Pero llegó un día que fue distinto a todos los anteriores… La verdad no sabía bien a ciencia cierta ¿qué era lo que había pasado?, tan sólo recordaba que se había quedado dormida como siempre cuando las luces y el sonido del centro comercial habían cesado, y cuando abrió los ojos de nuevo, pensó simplemente que estaba soñando, porque alguien la llevaba ya entre las manos…

Lo primero que le sorprendió fue que ya no estaba de cabeza… Su corazón empezó a latir con fuerza y su propia respiración a empañar la parte de la bolsa de plástico que quedaba a la altura de su nariz de ruedita y sus cachetes regordetes, pero aunque se tratara de un sueño y tuviera que despertar en unos instantes, “Chonchita”; al mismo tiempo, no quería dejar pasar ni un detalle de eso que estaba viviendo, porque era la primera vez en toda su historia que alguien la llevaba más allá del pasillo donde siempre estuvo colgada de cabeza; e irónicamente no conocía cómo era ese almacén en el que desde que tuvo uso de razón vivió.

Pero no, aquello no era un sueño y si le dejó el corazón en la garganta el hecho de ir conociendo uno a uno los distintos departamentos y darse cuenta de que no era la única que había esperado durante tanto tiempo que alguien la eligiera; su asombro fue en aumento cuando llegó hasta la banda corrediza que conducía a la caja registradora que luego de un zumbido le hizo saber que ya era libre.

Era extraño, pero ya en su vida nueva se sentía algo rara… Para empezar fue separada de la bolsa de plástico que la había envuelto durante tanto tiempo y fue cuando descubrió que quien la eligió no lo hizo para darle el uso para el que desde un inicio “Chonchita” fue creada: “Jugar”
Todo eso era desconcertante… después de tanto tiempo de haber permanecido al revés y estando ahora ya fuera de su empaque, “Chonchita” se sentía confundida por muchas razones… Desde un inicio ella tenía muy claro que era una “alcancía”, pero tantos años de cabeza en el almacén, para luego llegar a un lugar en donde no había ningún niño (y los que llegaban sólo durante el fin de semana no podían ni siquiera voltear a verla o tocarla); propició que se sintiera más fuera de lugar.
Conforme las semanas se fueron sumando, se dio cuenta que tampoco sería un regalo… Para ese entonces “Chonchita” ya estaba consciente de que había sido adquirida por una chava medio excéntrica, bastante reservada y de la que le parecía un poco curioso, que durante las mañanas a veces, mientras se preparaba para irse al trabajo, le echaba un vistazo a través del espejo con una pequeña sonrisa dibujada en el rostro y con ojos que reflejaban una genuina y extraña mezcla de ilusión y ternura.
“Chonchita” poco a poco se fue acostumbrando a eso… Le agradaba que al final del día, aquella chava, como en una especie de “ritual”, en cuanto entraba a casa y casi en automático extraía de las bolsas de sus jeans todas las monedas (y cuando había mucha suerte papel billete), que habían sobrado del día, y los depositaba a través de la delgada y bien delineada ranura que daban sentido y justificación para que “Chonchita” fuera una alcancía.
Dicen que un juguete siempre tiene muy definida cuál es su misión en la vida; y cada vez que en su interior caía una moneda; “Chonchita” entendió que ella era algo más allá de un recipiente con forma animal que servía para ahorrar.
Ella era algo más que una simple alcancía, empezó a guardar sueños en forma metálica y redonda… dicen que “La Belleza Está En Los Ojos de Quien Nos Mira”…. y fue precisamente eso lo que la llevó a comprender porque que cada metal redondo o cada pedazo de papel, más allá del valor monetario en denominación que tuviera; representaba un sueño:
Los primeros kilómetros de un camino aún no recorrido hacia el país de la bota…. Tal vez el camino de regreso hacia otro en el que ya alguna vez se había estado… La primera parte del ticket para comprar una ilusión: un viaje en globo, la posibilidad intangible de un objeto material como una cámara fotográfica profesional; el camino aún no andado por un vocho naranja; o el pase de acceso de regreso a la escuela…. Su interior se fue llenando de todo eso y “Chonchita” se sintió contenta de tener un propósito más allá del que podría tener una simple alcancía.
Su vida tenía ya otro sentido, por eso, cuando las paredes redondeadas de su pancita rosa comenzaron a llenarse, “Chonchita” se sintió el ser más importante del planeta porque sabía que en su interior resguardaba el valor material de los sueños y posibilidades…
La vida siempre está llena de aprendizaje, y para esa alcancía todavía no estaba todo definido… Justo cuando aprendió el real sentido y valor de todo lo que ella llevaba dentro, las circunstancias de la vida se encargaron de hacerle ver las cosas de un modo diferente.
Un día, de buenas a primeras “Chonchita “ fue vaciada de pronto y sin explicación alguna… La chava que con tanta dedicación e ilusión la fue llenando de billetes y monedas, extrajo todas las ilusiones, sueños y posibilidades que había acumulado en unos cuantos meses.
Durante algunas semanas “Chonchita” pasó del desconcierto a la tristeza… Se sentía “muy vacía por dentro” y como en aquellos días cuando colgada del gancho en el almacén pensaba que su vida siempre nunca iba a cambiar e iba a ser para siempre exactamente igual…
Recordar esa parte de su historia la mantuvo pensando durante varios días… Hasta que en un día cualquiera una nueva moneda cayó en su interior…
En el instante en que el sonido del metal cayendo a través de su ranura la hizo voltear al espejo para encontrarse de nuevo con esa chica que en ocasiones anteriores cada vez que depositó algo en ella le regaló a través del espejo una ilusión escondida en el brillito de la mirada o disfrazada de sonrisa; “Chonchita” pensó -como siempre que algo bueno pasaba- que estaba soñando, o de plano se estaba repitiendo algún instante del pasado.
Pero no, aquel era un día nuevo y diferente que le traería como regalo, además de aquella nueva moneda, el aprendizaje de que sin importar que se quedara vacía o en un futuro no muy lejano se encontrara completamente repleta por dentro, cada moneda y cada papel depositado en ella, representaba además de “posibilidades”, una oportunidad que hasta los humanos tienen, para sin importar si en un instante perdieron todo lo que un día con mucho esfuerzo consiguieron en el presente y con cada día nuevo, tenían de nuevo en sus manos, para volver a empezar de cero…
Para ellos, al igual que “Chonchita”…. el verdadero valor estaba no en la cantidad que al final sumarían todas las monedas y billetes acumuladas, tampoco en la riqueza de los sueños y los anhelos depositados en ella, ni tampoco en la forma material que adquieran al ser extraídas, sino simplemente en esa infinita posibilidad GRATUITA para cada día nuevo, volver a empezar e intentar…
“Chonchita” era nada más una simple alcancía, pero por algo eso era la vida, para ella también…
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Un comentario en “La Historia de "Chonchita" La Alcancía.

  1. Juan antonio Gómez Rivero dijo:

    Mientras leía esta bella historia llena de reflexiones, recordé precisamente las oportunidades que nos ofrece la vida y sin embargo, o no nos damos cuenta o quizás no sabemos aprovechar esas oportunidades.
    Mi santa abuela que Dios la tiene en la gloria, una vez se enfermó y el médico me dijo que tenía una neoplasia, le quedaban pocos días de vida.
    No le dije nada, pero lloré a escondidas porque los hombres no lloran; y le dije a mi esposa de entonces que no estaba preparado para perder a mi hermosa abuelita, necesitaba más tiempo, unos años más para seguir quieriéndola y depositar en ella mis preocupaciones.
    Sabes, Dios me lo concedió, vivió más de 5 años, el médico se había equivocado, sin embargo necio de mi no supe valorar esa oportunidad, y cuando pasó el tiempo se fue mi abuelita, créeme no te puedes imaginar la cantidad de besos que quedaron en mis labios por darle, millones y billones de abrazos en mi regazo e incontables te quiero se quedaron grabados en mi corazón sin haberlos depositados en el de ella…Ahora todo se lo dedico a una simple foto que me soníe desde el más allá.
    Sólo me alcanzó decirle minutos antes de decirme adiós que me perdonara si la hice sufrir por haber sido un hijo malcriado. Sé que me perdonó, lo vi en sus ojos.
    No obstante de algo me sirvió esta lección tardía, cada vez que veo un amigo con su mamá o algún familiar enfermo les cuento mi amarga experiencia:
    Y les digo: Dios te está dando una oportunidad para que no sólo ames a tu ser querido, sino para que le demuestres cuánto lo amas.
    Sabes entre mis amigos algunos han aceptado mi consejo, y hoy son mejores hijos, mejores padres e incluso son mis mejores amigos.
    Le doy gracias a Dios por darme la oportunidad de comprender el valor del amor y el valor de esos seres que están a nuestro lado y a veces no los vemos hasta el día que se van.
    Gracias Martha por recordarme esa vivencia guardada en el lugar más cálido de mi ser.
    Juan Antonio.

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