Minotauro y La Tienda de Antigüedades.

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Después de la experiencia vivida en el campamento, Minotauro volvió a su vida normal. Los días sucedían uno tras otro sin que aconteciera nada relevante. Aunque siempre era la misma rutina y pasaba por los mismos lugares por la mañana o por la tarde, para él las cosas se veían de un modo distinto.
Era muy extraño, porque a pesar de que en apariencia seguía siendo el mismo, era también como si de alguna forma se hubieran agudizado sus sentidos.
Cada día, desde que despertaba, había en él un inmenso deseo de encontrar cosas, detalles (por muy pequeños que fueran y que le alimentaran el alma)… Era como si por dentro, Minotauro tuviera un niño desnutrido y desprovisto de muchas cosas, y todo lo que es valioso y no puede tocarse, o no tiene una forma definida, sirviera para dejarle satisfecho el corazón.
Un fin de semana en que despertó con muchísima hambre en el alma, y la brisa fresca de un amanecer pintado de un color naranja, tan sólo sirvieron como una botana o entremés para su apetito voraz de cosas simples, Minotauro decidió salir a la calle con la intención de deshacerse a como diera lugar de todo eso.
Era uno de esos días en que quizá la esperanza se le había evaporado de los bolsillos durante la madrugada, y no tenía ganas de creer en lo incierto, ni tampoco de tener fe.
Se fue desde temprano a la calle, intentando acallar e ignorar esa voz interior que todos los días le decía que su vida estaba incompleta. Minotauro lo sabía desde hacía tiempo; pero no tenía ni la menor idea de como resolverlo. Para él, cada vez que lo intentaba, era como buscar un tesoro sin un mapa, o estar perdido en el desierto con una brújula descompuesta entre las manos que apunta en dirección hacia el norte, en donde debe estar el sur.
Pensando en todo esto, caminó y caminó por muchas cuadras, en medio de tanta gente que al igual que él, había salido a buscar las cosas que necesitaba entre todas las mercancías que se ofrecían en los comercios y mercados.Minotauro necesitaba tantas cosas, pero nada de lo que se ofrecía en las vitrinas y aparadores servía para cubrir eso de lo que él carecía. Entonces, viendo su propio reflejo en una de las vidrieras, sonrió para si mismo, mientras se contemplaba como si él fuera otra persona extraña; y se cuestionaba a la vez, si la gente del exterior podría notar a través de su mirada todo lo que le hacía falta a su alma, y como una extraña contradicción: notaría también todo lo que si él fuera un mercader, tendría para ofrecer quizá a un precio de remate.

No tenía caso ya, seguir pensando en todo eso -como ya cientos de veces lo había hecho-. Así que emprendió de nuevo su marcha entre toda esa gente que llenaba las estrechas calles del centro. Fue así como entre el ruido, los aromas de los lugares donde se vendía comida, el tráfico y la prisa (que esta vez no le pertenecía a él); Minotauro logró desprenderse por fin un poco de todo lo que era y olvidarse así un poco de lo que su alma carecía.

En ese instante fue como si sus ojos se hubieran abierto, mostrándole todo tan claro… Pudo leer las expresiones de tanta gente desconocida que se cruzó con él en el camino. Las verdaderas intenciones y sentimientos implícitos en cada uno de los objetos que todos ellos compraban.

Lo primero que vio fue la fe, que se vendía a través de imágenes religiosas y algunas otras que eran atemorizantes y grotescas… Los milagros en forma de pócimas y piedras de colores con propiedades curativas y hasta mágicas. Luego, siguió con su recorrido y encontró también al amor materializado y fragmentado en cientos de rosas que vendía un hombre apostado en un crucero.

También descubrió en el camino, la entrega y sacrificio de una mamá, que gastó la última parte del dinero que tenía adentro de un monedero, para comprar un par de zapatos escolares para alguno de sus hijos.
La melancolía dibujada en el brillo opaco de los ojos y las líneas del rostro de un hombre maduro, que después de una larga jornada, regresaba a casa con el cansancio transformado en pan para su familia, al final del día.

No es que se sintiera reconfortado porque existía gente que al igual que él podría no tener nada. La vida y el alma de cada persona es diferente, pero no obstante eso, Minotauro pudo observar con sus propios ojos, también la forma de la vaciedad que cobraba vida en las bolsas y paquetes de personas de todas las edades, que a través de aparatos electrónicos o gadgets tecnológicos, pretendían quizá estar más cerca de alguien, o disfrazar su apariencia con prendas y accesorios muy vistosos, que tras una marca prestigiada, disfrazaban la pobreza de su verdadera apariencia interior.

En esto último reflexionaba precisamente, cuando sus pasos lo llevaron a quedar varado entre una multitud que abarrotaba una calle donde la gente entraba y salía con objetos innecesarios, que a precio de ganga les dibujaba en el rostro una expresión de felicidad efímera y provisional.
Él no podía avanzar, ni tampoco tener como opción retroceder sobre sus propios pasos para “zafarse” de aquella masa de gente; y armándose de paciencia decidió esperar a que ese mar de personas fluyera a su propio ritmo sin importar el tiempo que fuera necesario hacerlo.

Fue ahí, justo cuando decidió dejar de resistirse y concentrarse en el “Ahora”, que Minotauro descubrió que estaba de pie frente al cristal del aparador que resguardaba los objetos más extraños e inverosímiles de una tienda de antigüedades.

Lo primero que hizo fue mirar a su alrededor, para reconocer el rumbo. Entonces se sorprendió de que a pesar de que aquella era una zona por la que él transitaba todos los días; nunca antes sus ojos descubrieron ese local tan peculiar.

No lo dudó ni un instante; y entró a través de la puerta de cristal donde el sonido armonioso de un colgante fabricado con metal y piedras de colores atadas con hilos de cáñamo le dieron la bienvenida. En cuanto cruzó el umbral para adentrarse en esa tienda, Minotauro percibió la diferencia existente entre el ruido y el calor infernal de la calle, que desarmonizaba por completo con la quietud y la temperatura fresca de aquel nuevo lugar recién descubierto.

En cuanto entró, se vio rodeado de los más extraños y originales objetos. Cada rincón y cada espacio estaba ocupado de una manera, que sería algo imposible enumerar y describir todas las cosas que en ese sitio se vendían.

Tras el mostrador principal un hombre anciano de mirada compasiva y amable sin pronunciar palabra alguna, con una simple sonrisa le dio la bienvenida; y aunque Minotauro se sentía extraño y hasta en cierta forma un poco tonto por no saber que hacer, ni que decir, tuvo el presentimiento de que en ese lugar tal vez podría estar lo que buscaba.

El anciano dependiente, detrás del mostrador, en lugar de preguntarle si podía ayudarlo en algo; decidió darle su tiempo para que fuera el propio Minotauro quien definiera cuál era su búsqueda. La verdad es que en medio de un lugar así fue difícil para él hacerlo; pero sus sentidos se llenaron con las imágenes y colores de tantos objetos antiguos, la textura de los tapetes y las figuras talladas en todo tipo de material artesanal. Así como también, con el aroma que desprendían los libros de pastas duras, de hojas frágiles y de un color pálido por llevar demasiado tiempo en la oscuridad, sin ser devueltas a la vida, a través de manos y ojos, posándose entre sus páginas.

Minotauro quedó abstraído entre todo ese montón de cosas… Era como si un millón de imágenes desfilaran de pronto ante su mirada, y su mente quisiera abstraer para archivar en su memoria todos y cada uno de los objetos curiosos que iban de los más toscos y grandes, hasta los más pequeños y frágiles elaborados con una minuciosidad tan artesanal y delicada, que por lo mismo tenían que permanecer resguardados en la vitrina principal y hasta alejados de la luz.

Para no sentirse todavía menos fuera de lugar; Minotauro pensó en comprar lo primero que vieran sus ojos o  alcanzara su mano; pero en ese instante el hombre detrás del mostrador le tocó el hombro para llamarlo y le extendió una especie de morral de tela aterciopelada en color azul fuerte que puso sobre sus manos.

Desconcertado, no pudo hacer otra cosa más que acceder; y mientras el dependiente de la tienda de antigüedades le decía mirándole a los ojos: “Esto es lo único que tú necesitas”; Minotauro sintió que aquella especie de bolsa contenía objetos de todos tamaños y de muy distintas formas.

No supo porque, pero por alguna extraña razón confió en aquel hombre; y tras ofrecerle unas monedas que él rechazó, Minotauro salió de la tienda y se alejó de ahí.

Pasaron varias horas, y decidió esperar hasta el final del día para descubrir cuál era el contenido de aquella bolsa. De noche y sentado en el borde de su cama; se atrevió a desanudar el cordel de hilos trenzados de color rojo; que durante todo el camino resguardaron todo lo que Minotauro obtuvo de la tienda de antigüedades.

Cuando la tela aterciopelada de color azul quedó extendida sobre la superficie del colchón donde dormía, un montón de curiosos objetos quedaron desperdigados por todos lados.

Encontró un pequeño violín sin arco; un espejo que parecía estar descompuesto porque no proyectaba ningún reflejo; una pequeña frazada bordada con trozos de tela de distintos colores, un par de espejuelos (parecidos a los que se usaban antes en las galas de ópera); así como una bolsita de gamuza muy práctica; que podía modificar su tamaño y forma; pero tenía un trozo de velcro adherible muy gastado o de muy mala calidad, porque que no duraba mucho pegado en algún lugar.

Minotauro no entendió nada en un principio; y durante muchos días se quedó pensando en la frase que el hombre de la tienda le dijo: “Esto es lo único que tú necesitas”…. Toda esa serie de objetos en apariencia inservibles o carentes de utilidad práctica, permanecieron durante muchos días guardados en el fondo de un closet; en lo que él averiguaba ¿cuál era el mensaje que el anciano de la tienda le quiso dar?

Las respuestas llegaron cuando menos lo pensó y dejó de buscarlas; el mensaje fue, que cada uno de esos objetos llevaba implícito un valor.
A través del violín Minotauro aprendió a cultivar virtudes como La Paciencia y La Tolerancia… La primera la descubrió durante el tiempo que pasó buscando el arco perfecto para poder hacer sonar las cuerdas de aquel violín; mientras que la segunda cualidad se hizo presente durante las tardes en que intentó producir algún sonido armónico emanado de las cuerdas; y estuvo a punto de estrellar el instrumento contra la pared durante todas las veces que por más que le dedicó constancia y tiempo, el violín tan sólo le devolvió ruidos agudos que ni siquiera llegaron a transformarse en una triste nota musical.

De la pequeña frazada obtuvo el abrazo que tanto necesitó en las noches de verano cuando su alma sintió de madrugada frío. Observando bien por las mañanas la forma como esa prenda había sido bordada, se dio cuenta que cada trozo de tela fue unido con toda la ternura y la disposición de tiempo, que sólo puede ser capaz de regalar alguien que ama de verdad.

De las lentillas para mirar a distancia en la ópera y del espejo, aprendió la verdadera apariencia de las cosas. Con el primer objeto todo se veía más colorido y mejor; pero después de un rato la vista terminaba por cansarse de aquel engaño; para aceptar que se puede aprender a ver las cosas más bellas, abriendo bien los ojos a la realidad.

Por otro lado, el espejo, que en un principio pensó que estaba descompuesto; a los pocos meses Minotauro descubrió que en el reverso llevaba grabada en relieve una pequeña frase o leyenda en tibetano… Por más que averiguó en montones de libros, jamás pudo descifrar el significado. Pero una tarde en el parque, sentado en una banca con ese curioso objeto redondeado entre sus manos, por accidente vio reflejada la figura de un niño que jugaba muy cerca de donde él estaba.
Ahí fue cuando lo comprendió todo; y a partir de ahí no sólo se dedicó a buscar a alguien que tuviera el alma transparente; el espejo le sirvió también para darse cuenta que estaba rodeado de tanta falsedad…

Por último, la bolsita con el trozo de velcro, nunca sirvió para guardar objetos. Todo cuanto colocaba ahí no cabía o terminaba por salirse; y fue hasta una noche en que Minotauro se quedó dormido sin darse cuenta con la bolsita encima de su pecho; mientras intentaba descifrar cuál era su función; que a la mañana siguiente la descubrió inflada con el peso de algo que contenía.

Cuando vació lo que había en el fondo, descubrió sobre la palma de su mano un montón de polvo negro parecido a la ceniza… Aquello representaba los sentimientos más oscuros que Minotauro había experimentado en esa etapa más reciente de su vida;  y que en la madrugada, cuando todo se disuelve; a través del sueño, se depositaron ahí.

Durante los siguientes días, Minotauro llevó la bolsita guardada entre sus ropas y fue de la única manera que el velcro cumplía con su funcion. La bolsita podía adquirir todas las formas y tamaños dependiendo de los sentimientos que él depositara dentro. Cuando eran sueños y emociones positivas, la bolsa se volvía grande y el polvo que extraía se tornaba de colores luminosos y brillantes; en cambio cuando guardaba ahí todo lo que lo hacía imperfecto y lo dominaba; esparcia en el viento sólo polvo de color negro.

De todos los objetos, quizá ese era el más valioso; porque de el aprendió que toda emoción o sentimiento -incluso la felicidad- es impermanente. De ahí la importancia también de no aferrarse a nada, de desprenderse  todo del alma, como si cada emoción fuese un velcro…

Para Minotauro la lección con cada objeto estaba asimilada, y aunque su camino era en solitario; haber descubierto la esencia de las cosas era el primer paso de un largo camino donde todavía le faltaba tanto por aprender.

La Historia de "Chonchita" La Alcancía.

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“Chonchita” vivía desde que tuvo uso de razón adentro de una bolsa de plástico grueso. Desde ahí veía el mundo “al revés”, pues así la habían colocado pendiendo del gancho que formaba parte de una de las vitrinas del departamento de Juguetes de un enorme almacén.
Desde ese lugar, todos los días y entre los pliegues del empaque hecho de polietileno, “Chonchita” tenía la visión distorsionada de niños que se acercaban de la mano con sus padres, para elegir algún juguete de esa área; y entonces ella se emocionaba, porque sabía que algún día, uno de esos niños la eligiría, le pediría a su papá o a su mamá que la comprara, y entonces esa “gordita”, suavecita y rosa saldría por fin de la bolsa y del almacén ¡para conocer el mundo!!!
…Pero algo pasaba… Los niños siempre preferían otros juguetes, aquellos que tenían movimiento e incluían más accesorios, y mientras de cabeza veía como su empaque de plástico se iba empolvando con el paso de los días, al mismo tiempo era testigo de como la vitrina de enfrente se vaciaba y volvía a ser llenada constantemente con nuevos juguetes; pero para ella nada era distinto, seguía todavía ahí.
Todo esto la entristecía un poco, pero como “Chonchita” era muy optimista, pensaba que si nadie la había elegido hasta ahora, era porque quizá ella estaba destinada a ser el juguete favorito de un niño o niña muy especial y entonces sus esperanzas volvían a surgir como “las florecitas con sabor a limón” que crecen en el jardín.
A veces los bebés eran quienes se emocionaban al verla, y entonces “Chonchita” pensaba que su día de suerte había llegado ¡por fin!... El instante que tantas veces soñó, cuando las luces de la tienda se apagaban y ella cerraba sus ojos, traía el mismo sueño recurrente: en el que la imagen de una mano gigante se acercaba hasta ella, para descolgarla del gancho de la vitrina, para luego pasarla al carrito del súper.
La primera vez que eso pasó ¡ella se sintió feliz!… Todo había sucedido muy rápido, pero desde el interior de su bolsa, alcanzó a ver que era una madre de familia quien la descolgó para ponerla en manos de su pequeño bebé que comenzó a jugar con ella mientras el carrito permanecía detenido.

A pesar de que el bebé humedeció y empañó con su saliva todo el empaque donde desde siempre había estado guardada “Chonchita”; se dio cuenta de que algo no andaba bien, cuando vio que luego de que la mamá del bebé volvió a reanudar su recorrido por el pasillo con el carrito; esa misma mano gigante que la había rescatado, volvía a dejarla pendiendo del gancho una vez más.

Ella no sabía que pasaba, hasta que luego de una, dos, tres y un montón de veces más, se dio cuenta que muchas mamás recurrían a ella justo cuando se encontraban por ese pasillo y necesitaban que su bebé se entretuviera en algo, mientras alguna de ellas contestaba una llamada en el celular, o buscaba en el interior de su bolso, alguna nota perdida o la lista con los pendientes del súper.

… Así fue como “Chonchita” fue perdiendo la esperanza de que algún día alguien quisiera comprarla para llevarla hasta su casa… A pesar de que casi todos los días le dolía la cabeza por haber permanecido tanto tiempo volteada de cabeza; su única diversión era ver a los distintos juguetes que iban desfilando semana tras semana en el estante de enfrente y como discutían por algo tan superficial como la rapidez con que serían vendidos.

Pero llegó un día que fue distinto a todos los anteriores… La verdad no sabía bien a ciencia cierta ¿qué era lo que había pasado?, tan sólo recordaba que se había quedado dormida como siempre cuando las luces y el sonido del centro comercial habían cesado, y cuando abrió los ojos de nuevo, pensó simplemente que estaba soñando, porque alguien la llevaba ya entre las manos…

Lo primero que le sorprendió fue que ya no estaba de cabeza… Su corazón empezó a latir con fuerza y su propia respiración a empañar la parte de la bolsa de plástico que quedaba a la altura de su nariz de ruedita y sus cachetes regordetes, pero aunque se tratara de un sueño y tuviera que despertar en unos instantes, “Chonchita”; al mismo tiempo, no quería dejar pasar ni un detalle de eso que estaba viviendo, porque era la primera vez en toda su historia que alguien la llevaba más allá del pasillo donde siempre estuvo colgada de cabeza; e irónicamente no conocía cómo era ese almacén en el que desde que tuvo uso de razón vivió.

Pero no, aquello no era un sueño y si le dejó el corazón en la garganta el hecho de ir conociendo uno a uno los distintos departamentos y darse cuenta de que no era la única que había esperado durante tanto tiempo que alguien la eligiera; su asombro fue en aumento cuando llegó hasta la banda corrediza que conducía a la caja registradora que luego de un zumbido le hizo saber que ya era libre.

Era extraño, pero ya en su vida nueva se sentía algo rara… Para empezar fue separada de la bolsa de plástico que la había envuelto durante tanto tiempo y fue cuando descubrió que quien la eligió no lo hizo para darle el uso para el que desde un inicio “Chonchita” fue creada: “Jugar”
Todo eso era desconcertante… después de tanto tiempo de haber permanecido al revés y estando ahora ya fuera de su empaque, “Chonchita” se sentía confundida por muchas razones… Desde un inicio ella tenía muy claro que era una “alcancía”, pero tantos años de cabeza en el almacén, para luego llegar a un lugar en donde no había ningún niño (y los que llegaban sólo durante el fin de semana no podían ni siquiera voltear a verla o tocarla); propició que se sintiera más fuera de lugar.
Conforme las semanas se fueron sumando, se dio cuenta que tampoco sería un regalo… Para ese entonces “Chonchita” ya estaba consciente de que había sido adquirida por una chava medio excéntrica, bastante reservada y de la que le parecía un poco curioso, que durante las mañanas a veces, mientras se preparaba para irse al trabajo, le echaba un vistazo a través del espejo con una pequeña sonrisa dibujada en el rostro y con ojos que reflejaban una genuina y extraña mezcla de ilusión y ternura.
“Chonchita” poco a poco se fue acostumbrando a eso… Le agradaba que al final del día, aquella chava, como en una especie de “ritual”, en cuanto entraba a casa y casi en automático extraía de las bolsas de sus jeans todas las monedas (y cuando había mucha suerte papel billete), que habían sobrado del día, y los depositaba a través de la delgada y bien delineada ranura que daban sentido y justificación para que “Chonchita” fuera una alcancía.
Dicen que un juguete siempre tiene muy definida cuál es su misión en la vida; y cada vez que en su interior caía una moneda; “Chonchita” entendió que ella era algo más allá de un recipiente con forma animal que servía para ahorrar.
Ella era algo más que una simple alcancía, empezó a guardar sueños en forma metálica y redonda… dicen que “La Belleza Está En Los Ojos de Quien Nos Mira”…. y fue precisamente eso lo que la llevó a comprender porque que cada metal redondo o cada pedazo de papel, más allá del valor monetario en denominación que tuviera; representaba un sueño:
Los primeros kilómetros de un camino aún no recorrido hacia el país de la bota…. Tal vez el camino de regreso hacia otro en el que ya alguna vez se había estado… La primera parte del ticket para comprar una ilusión: un viaje en globo, la posibilidad intangible de un objeto material como una cámara fotográfica profesional; el camino aún no andado por un vocho naranja; o el pase de acceso de regreso a la escuela…. Su interior se fue llenando de todo eso y “Chonchita” se sintió contenta de tener un propósito más allá del que podría tener una simple alcancía.
Su vida tenía ya otro sentido, por eso, cuando las paredes redondeadas de su pancita rosa comenzaron a llenarse, “Chonchita” se sintió el ser más importante del planeta porque sabía que en su interior resguardaba el valor material de los sueños y posibilidades…
La vida siempre está llena de aprendizaje, y para esa alcancía todavía no estaba todo definido… Justo cuando aprendió el real sentido y valor de todo lo que ella llevaba dentro, las circunstancias de la vida se encargaron de hacerle ver las cosas de un modo diferente.
Un día, de buenas a primeras “Chonchita “ fue vaciada de pronto y sin explicación alguna… La chava que con tanta dedicación e ilusión la fue llenando de billetes y monedas, extrajo todas las ilusiones, sueños y posibilidades que había acumulado en unos cuantos meses.
Durante algunas semanas “Chonchita” pasó del desconcierto a la tristeza… Se sentía “muy vacía por dentro” y como en aquellos días cuando colgada del gancho en el almacén pensaba que su vida siempre nunca iba a cambiar e iba a ser para siempre exactamente igual…
Recordar esa parte de su historia la mantuvo pensando durante varios días… Hasta que en un día cualquiera una nueva moneda cayó en su interior…
En el instante en que el sonido del metal cayendo a través de su ranura la hizo voltear al espejo para encontrarse de nuevo con esa chica que en ocasiones anteriores cada vez que depositó algo en ella le regaló a través del espejo una ilusión escondida en el brillito de la mirada o disfrazada de sonrisa; “Chonchita” pensó -como siempre que algo bueno pasaba- que estaba soñando, o de plano se estaba repitiendo algún instante del pasado.
Pero no, aquel era un día nuevo y diferente que le traería como regalo, además de aquella nueva moneda, el aprendizaje de que sin importar que se quedara vacía o en un futuro no muy lejano se encontrara completamente repleta por dentro, cada moneda y cada papel depositado en ella, representaba además de “posibilidades”, una oportunidad que hasta los humanos tienen, para sin importar si en un instante perdieron todo lo que un día con mucho esfuerzo consiguieron en el presente y con cada día nuevo, tenían de nuevo en sus manos, para volver a empezar de cero…
Para ellos, al igual que “Chonchita”…. el verdadero valor estaba no en la cantidad que al final sumarían todas las monedas y billetes acumuladas, tampoco en la riqueza de los sueños y los anhelos depositados en ella, ni tampoco en la forma material que adquieran al ser extraídas, sino simplemente en esa infinita posibilidad GRATUITA para cada día nuevo, volver a empezar e intentar…
“Chonchita” era nada más una simple alcancía, pero por algo eso era la vida, para ella también…

"El Hijo Del Arcoiris" (Audio-Cuento).

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Este es el primer día en que oficialmente, todos los que entremos a este blog volvemos a ser niños otra vez…
Sin importar la hora en que lleguen aquí, los invito a que se imaginen que es una tarde calurosa, y después de jugar todos juntos un ratito en la calle, justo antes de que la noche caiga, mi abuela nos invita a todos a pasar a la casa un rato para mitigar el calor con un vaso de agua fresca con sabor a cereza, y mientras bebemos todos y casi nos terminamos la jarra, ella nos pregunta ¿si no queremos que ponga un disco que nos cuente una historia?
Ninguno de nosotros duda ni por un instante, y ella se sonríe cuando luego de buscar en el mueble de madera y abrir la consola que resguarda del polvo y de la luz el aparato tocadiscos, al volverse hacia la sala, ya estamos todos sentados en el suelo dispuestos a escuchar lo que ese disco de acetato de vinyl (que la abuela sacó de su empaque con muchísimo cuidado), nos tiene que decir.
Todos estamos en silencio y expectantes, pero de pronto alguno de ustedes rompe el silencio y le pregunta a mi abuela ¿qué vamos a escuchar ahora Doña Luz?, y ella, con una gran sonrisa, responde que la historia de cuando el mundo se quedó sin color.
¿Se imaginan que pasaría si eso fuera cierto? -digo yo en voz alta, delante de todos ustedes- pero nadie me responde, ni me hace mucho caso, creo que lo único que importa ahora es escuchar esa historia cuanto antes y con una expresión de ¡Shhhhttt! todos me indican que debo quedarme en silencio, mientras mi abuelita me sonríe y me hace saber sin necesidad de palabras que ya habrá tiempo para hacer eso que tanto me gusta… Comentar algo al final.
No me queda de otra más que unirme a “la bolita”, y hasta la más pequeñita del grupo, se ha ido a sentar muy cerca de mi abuela, y aunque casi siempre habla sólo lo necesario, con sus enormes y expresivos ojos ya es capaz de reflejar todo lo que siente y piensa sin necesidad de hablar… Mi abuela la mira, luego voltea, me ve a mi y me sonríe… Creo que sabe que en el futuro -aunque ella no podrá verlo- se convertirá en alguien especial.
El sonido tan característico de la aguja recorriendo los zurcos del disco comienza a escucharse, es hora de guardar silencio para escuchar la historia de “El Hijo Del Arcoiris”…
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Nota: “Cuéntamelo Dum-Dum” fue la 4ta. producción en la carrera discográfica del grupo Flans.

Fue un proyecto muy ambicioso (y que muy pocas personas conocen) en el que las integrantes del grupo grabaron dos discos (1 de cuentos + 1 de canciones).

“Dum-Dum” era el personaje principal de este disco, un mágico personaje, al que en realidad nunca conocimos (en el booklet que acompañaba a este disco aparecía sólo un dibujo difuminado de como era -lo que yo veía como algo muy padre porque te llevaba a imaginarlo como tu quisieras-), al parecer la idea desde un principio, cuando se creó todo el concepto del disco era fabricar a “Dum-Dum” como un muñeco con movimiento; pero por cuestiones del destino nunca funcionó como Mildred Villafañe (productora del disco y creadora del concepto Flans), había previsto y la creación de este personaje quedó sólo en el intento.

El concepto del arte de portada del disco es muy especial, en él, Ilse, Ivonne y Mimi aparecen caracterizadas como los personajes que interpretan dentro de 3 de los cuentos que ellas protagonizaron y conforman este disco.

Mimi, dio vida y le puso voz a “Zotes” (el duende norteño), Ilse fue “El mosquito Shoein” (ella se apellida Schweinfurt); mientras que Ivonne por su parte se convirtió en “El Hada Ponquereta” y como su familia tiene raíces de la tribu Yaqui del estado de Sonora, por esa razón aparece con el rostro pintado.
“El Hijo del Arcoiris” / “Cuéntamelo Dum-Dum” (1989) / Disco 1 – Track 5.


Cuento (Audio):
Narrado por: Ilse Olivo – Duende Zotes: Mimi.


“Busquemos Colores”
-I.Olivo / I. Cattaneo-

Dum-Dum: Del sur, chispa saltó,

Flans: Desprendiéndose del cielo el mago habló,

Dum-Dum: Manger, decidió romper el hechizo,
devolver el color…

Flans: Un hechicero castigó a la tierra…

Dum-Dum: Tomó los colores, con su gran capa negra…

Acompáñame tú, busquemos colores,
rojos, verdes y bermellones,
devolver, al mundo ilusiones,
cazando sonrisas vestidas de flores…

Zotes: ¿Qué pasó raza? ¡Me estaban esperando!…

Dum-Dum: Zotes, apareció,
travieso y pequeñito al mago se unió…

Zotes: ¡Vamos mago, vamos hoy!…

Dum-Dum: Buscar el arcoiris, es nuestra misión…

Flans: El duende Zotes, alegre norteño

Dum-Dum: Toca la redoba

Flans: Y a Manger quita el sueño….

Zotes: ¡Soy tremendo Chihuahua!

Acompáñame tú, busquemos colores,
rojos, verdes y bermellones,
devolver al mundo ilusiones,
cazando sonrisas, vestidas de flores…

Zotes: ¡Mira Manger, ahí está el hijo del arcoiris!!

Flans: La magia del mundo está en la naturaleza,
disfruta de ella todo lo que quieras…

Acompáñame tú, busquemos colores,
rojos, verdes y bermellones,
volaremos por las estrellas,
saludando a la luna llena…

Zotes: ¡Ahí nomás!!..

Imaginando Historias.

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Imagina que el día de hoy estás en el cuarto de una niña. Ella no está, pero cada objeto que existe en el interior de su habitación te habla de como es (aunque nunca la hayas visto) y además hace parecer como si de verdad estuviera ahí…
Te asomas debajo de la cama y la calidez de los objetos que encuentras, además de hacerte saber que son sus “tesoros más preciados” te hacen darte cuenta también de que ese es su refugio y casi hasta puedes ver que un montón de veces se ha quedado dormida en ese sitio, jugando a imaginar.
Bien al fondo, donde casi no alcanza la luz -y a escasos centímetros de la pared- descubres una caja. A simple vista parece que tiene la misma función para la que se destinan todas: guardar y proteger un par de zapatos; pero en el instante en que la tomas y la extraes hacia la luz, los colores y el contenido de la misma, te hacen saber que esas paredes de cartón resguardan objetos olvidados y que quizá a ella le evocan la magia y la fantasía que un personaje que firma con un simple garabato en el que se lee el nombre de “El Cazador de Sueños”, le fue dando una a una.

Y es difícil saber ¿qué apariencia tiene ese personaje misterioso?, lo que si es seguro es que algún poder mágico debe tener si tiene la capacidad no sólo para pasearse entre el mundo real e imaginario; sino también para haberle enseñado a encontrar la magia en los objetos que para el común de la gente no tienen ningún valor.
Aunque la caja habla por si sola, no puedes determinar con exactitud cuánto tiempo lleva ahí, tal vez supones que ha sido una cantidad considerable de días y semanas, pues ya en el jardín de la casa, y sentado sobre el pasto, descubres (antes de abrirla) que la tapa ha estado recubierta por una capa fina y apenas perceptible de peluza y polvo.
Un botón fabricado con el colmillo de un dragón, un pedazo de tela de color brillante que fue recortado de la capa invisible de un mago, una pluma de ave, que por la sedosidad de su textura y el tono de color (que no sabes como llamar porque jamás habías visto); te hace suponer que perteneció a un pájaro que posiblemente llegó proveniente de una tierra que nadie conoce; además del ticket que da acceso a un círco mágico que sólo es visible cuando la lluvia y el sol hacen posible que se reflejen completos los 7 colores del arcoíris.
Pero las cajas que atesoran algo valioso, siempre guardan para el final una sorpresa y ya con todos los objetos desperdigados sobre el césped, descubres que en el fondo de la caja hay todavía algo más.
Son 3 fotografías… La primera retrata un sueño frecuente de la niña a quien pertenece la caja; la segunda cuenta el final de la historia de “Felipe” (un pez); mientras que la tercera capta el día exacto en que “Un Hada Pudo Volar”…
Para poder conocer las 3 historias completas y cómo fue posible extraer imágenes del mundo imaginario, para traerlas a un espacio donde ya nadie cree en la magia, sólo hace falta buscar la manera de encontrar a la niña o en su caso al “Cazador de Sueños”… Al parecer ellos dos se fueron hace mucho tiempo; pero mientras deciden si regresan más adelante para compartirnos todo eso, en este ejercicio de imaginación cuéntame mientras esperas, ¿qué es lo primero que piensas al encontrar estas imágenes en el fondo de la caja?, ¿o qué historias ves tú?
El Sueño Azul de Una Niña…
El final de la historia de Felipe El Pez.
¿En qué momento un Hada puede volar? ¿y qué cosas mágicas pueden ser posibles cuando eso sucede?

"De-mente Ausente".

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Despertó un día y se miró al espejo… Reconoció su figura en el cristal, pero ya no pudo volver a decir nunca más quién era él.

A partir de ese día se convirtió en un hombre sin pasado ni futuro. Vivía sólo por vivir en el presente y ya no recordaba aquella discusión que lo hizo disgustarse al grado de enfermarse… La noche con la visión de luces en colores rojo y azul reflejándose ante sus ojos de manera intermitente, ni tampoco aquel sonido que aturdió aún más su cerebro; mientras que en el camino -al igual que sus sentidos- al parecer su vida entera se perdió.

Los médicos dijeron que el conato de embolia provocó que su cerebro sufriera un daño irreversible, que tenía mucha suerte de seguir aún con “vida”, pero sobre todo, de poder tener aún movilidad en cada parte de su cuerpo… Pues en comparación con eso, el haber perdido unas cuantas neuronas era un hecho por el cual debía sentirse afortunado y agradecido, pero ni en la medicina ni en la ciencia cabía el argumento de que en realidad él perdió mucho más.

La noche en que la tristeza llegó para instalarse de lleno en su vida; la razón hizo las maletas y partió con destino hacia un viaje muy largo…

Tal como la ensoñación de un pintor Catalán que existió alguna vez en Girona, los cajones de su mente quedaron vacíos de momentos y recuerdos… Ningún rostro ya que le produjera emoción o reacción alguna, porque todas sus memorias se cubrieron con el polvo que se coló en cada resquicio de su mente ausente.

Sabía cuál era su nombre todavía, pero en realidad daba igual si alguien lo llamaba o no… El olvido causó tal estrago en su esencia que dejó de ser el maestro, el padre de familia, el hombre que lo sabía todo (y por lo mismo nunca faltaba quien le preguntara)…

El tiempo transformó su apariencia en unos cuantos meses… Envejeció a toda prisa y se convirtió en un hombre senil de pasos lentos que denotaban como lo que debió haber sucedido gradualmente le cayó un día de golpe.

El apasionamiento por la política y la abogacía que en tantas ocasiones lo llevó a ser intransigente se evaporó por completo; mientras que su existencia quedó reducida a las funciones y necesidades físicas más elementales… Pues entre 4 paredes nada de lo que sucediera en su entorno importaba ya.

Rodeado de extraños de rostros conocidos… Muchas veces se perdía en el intento por buscar algún recuerdo que asociar con la fisionomía de quien le hablaba; pero era demasiado esfuerzo para su mente ya vacía, y en el camino optaba mejor por perderse en el silencio, mientras su mirada se podía quedar fija durante horas en un punto indeterminado del eterno infinito…


Sin quererlo o desearlo, su tiempo, logró desprenderlo de la realidad y las prisas del mundo real y ahora lo empleaba para permanecer la mayoría de las veces en un espacio lleno de ensoñaciones e irrealidad…

Por momentos la razón parecía arrepentirse de haberlo abandonado… Y en los instantes en que se asomaba a sus ojos a través de un brillo distinto, (con la esperanza de querer volver), la tristeza salía otra vez hacia su encuentro, para recordarle la larga lista de motivos que justificaron que un día decidiera marcharse sin volver la vista hacia atrás…

Dicen que “el cuerpo físico” es como una especie de “estuche” en el que Dios empaqueta el alma de cada persona… El suyo llevaba más de 2 años prácticamente vacío; o tal vez fue que le dejó sólo las emociones básicas; pues ahora disfrutaba de los días de sol, de los juegos y ocurrencias de los niños (que la mayoría de las veces lograban arrancarle una sonrisa); y hasta alguna vez logró reírse a carcajada abierta de la torpeza que provocó la caída de un perro negro al caminar.

En sus momentos de “lucidez”, tal vez los pedazos de algún recuerdo roto provocaban que él llorara…

No podía ya reconstruir con ellos parte de su vida, pero si le traían a la consciencia imágenes difusas… El rostro de su madre; quizá la remembranza por alguno de sus viajes a Morelia, el nombre de su esposa o alguno de sus hijos que al igual que cuando estaba “cuerdo”, le producía la sensación de que ya no le representaban nada en lo absoluto; puesto que llegó un día en que de verdad se sintió muy solo -aún estando acompañado-, y a esa profética advertencia que les había hecho: de levantarse un día y alejarse caminando de sus vidas; la cordura si le tomó la palabra, y la promesa se cumplió.

Sentado sobre la banqueta en días soleados; la vida para él quedó reducida a las cosas más simples y sencillas… Puede ser que quien pase por ahí y lo vea nunca pueda tener la capacidad para entender porque sin importar la efusividad con la que lo saluden, para él todos, sin distinción alguna son extraños…

Estando vacío por dentro, tal vez las emociones que los médicos definen como simples “reflejos” son todo lo contrario y se intensifiquen a su máxima potencia… Para el común de la gente representan sólo una injustificada volubilidad que nadie soporta, porque ha sido en esos momentos de enfado cuando a más de uno lo ha mandado al diablo…


Lo que nadie sabe es que cuando eso pasa, su enfado lo provoca mirarse a si mismo con esos trozos de recuerdos que ya no puede reparar, porque el día en que la razón decidió marcharse lo dejó sin esperanza, y sin eso él ya no podrá volver a ser nada otra vez…

Es irónico, pensar que lo que para muchos representa una tragedia lamentable, quizá fue lo mejor que pudo haberle sucedido… La cordura decidió abandonarlo y ahora él es el claro ejemplo de esa vida de paz y simplicidad a la que muchos de nosotros aspiramos y pasamos años enteros buscando en sitios equivocados, sin sospechar siquiera que la llevamos en nuestro interior…

A veces lo miro y trato de imaginar: ¿Dónde estará ahora su mente?… o si en otro espacio y tiempo ¿Llegará Dios algún día a llenar su “estuche” otra vez?… Tal vez la respuesta nunca la conozca y mientras los demás se lamentan porque ante sus ojos él vive bajo una atmósfera de incoherencia, me pregunto si la de-mente ausente no seré yo…

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