Una Historia Sobre "El Muro" (Parte I).

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Era una mañana fría de Noviembre por una calle transitada. El sol que brillaba sobre un cielo despejado, atenuaba sólo un poco las corrientes de aire siberiano que arribaban hasta esa calle después de haber viajado y dado mil vueltas por Europa.

Hans siempre pensaba que el viento no era otra cosa más que un grupo de gigantes invisibles” a los que aprovechando su condición, les gustaba jugar y hacerle travesuras a la gente.

Aquella mañana y mientras él caminaba de la mano de su padre, los había visto despeinar a una señora, volarle las hojas del cuaderno y esparcirlas por todos lados a un estudiante y desenredarle la bufanda a una mujer joven que a toda prisa y con seguridad se dirigía hacia su trabajo.

A los hombres grandes y fuertes (como a su padre), los “gigantes invisibles” casi nunca les hacían nada, intentaban despeinarlos, pero aquello no representaba un mayor problema. A lo más que llegaban era a enrojecerles las mejillas y curtirles la cara; entonces Hans pensaba en que eso se debía a que los hombres como su padre no tenían miedo, y por ende nada les podría pasar.

Aquella mañana Hans y Manfred (que así se llamaba su padre), se dirigían como todo mundo hacia algún lado. Mientras caminaba apresurado sintiendo como la mano fuerte y grande aprisionaba la suya más pequeña; guiándolo por el camino, Hans o Hansi (como era habitual en los alemanes agregar una letra “i” al nombre de alguien para llamarlo en forma cariñosa), se entretenía viendo todo lo que hacían los gigantes invisibles, que al percatarse de que alguien había notado su existencia comenzaron a lucirse.


Primero volvieron loco a la figura del caballero montado a caballo que estando siempre en la parte más alta de una casa por la que siempre pasaban, les indicaba el camino.
Cuando él preguntó a su padre, este le respondió que aquel era un hombre que pensaba que los molinos eran monstruos temibles, y eran ellos mismos quienes lo habían colocado para siempre ahí.

A Hansi le gustaba preguntarle a su padre todo aquello que no sabía, porque él siempre tenía una respuesta… En eso se parecía mucho al abuelo Theodor; pero esa mañana en particular, al parecer Manfred tenía más prisa que historias y por eso a Hansi le pareció más divertido ir siguiendo en el camino los pasos de los gigantes invisibles que movían y agitaban todo cuanto encontraban a su paso.


Él mismo no se había salvado de las travesuras de aquellos gigantes transparentes… Como llevaba puesto el gorro de piel que le cubría hasta los oídos y la abuela Elvira le había regalado apenas una navidad antes, los gigantes no habían podido despeinarlo, pero por momentos le soplaban en los ojos, y le sacaban pequeñas lagrimitas que le daban comezón.

Aún así, a Hansi le dio mucha risa lo que los gigantes hacían con el cabello de una anciana que siempre (y a la misma hora cuando pasaban ellos) caminaba rumbo al mercado con su bolsa, guantes y aquel sombrero tan chistoso que siempre llevaba puesto. Luego, a la salida de la escuela, volvían a encontrarla cuando regresaba en dirección contraria del brazo de su hija, que la acompañaba luego de la jornada de trabajo.

Durante todo el invierno ese fue su pasatiempo favorito en las mañanas, de la mano de su padre y de camino a la escuela. Hansi hubiera creído que los gigantes eran “indestructibles” hasta el día que se dio cuenta que la diversión de estos seres encantados terminaba justo cuando las personas a las que les hacían travesuras, se acercaban al “Muro”


Al llegar ahí, los gigantes desaparecían por completo, y durante mucho tiempo Hansi pensó que eso se debía a que tras esa pared de concreto de 3.6 mts de altura existía algo mucho más poderoso y fuerte.

El Muro estuvo ahí desde que él se acordaba; y durante mucho tiempo pensó que al otro lado estaban todas esas cosas de las que hablaba su abuelo Theodor. En su mente infantil Hansi soñaba con que cuando el tiempo pasara, y él se convirtiera en “grande” podría ir a ver con sus propios ojos todo eso de lo que el abuelo platicaba y tal vez hasta llegar a ser un historiador famoso que plasmara en los libros todas esas historias sobre lugares y personajes increíbles.

Hansi tenía apenas 7 años, por eso creyó tanto en esa fantasía… Pero algo pasó el día en que se dio cuenta que al llegar cerca del Muro, no sólo los “gigantes invisibles” desaparecían, sino que también la gente cambiaba como por arte de magia… Caminaba mucho más de prisa y su semblante se transformaba por completo.

En esa parte de la calle Bethaniendamm y muy cerca del hospital Georg Van Rauchhaus a Hansi se le ocurrió preguntarle a su padre: ¿Que había al otro lado del muro?, y a partir de ahí algo cambió para siempre, porque Manfred, el hombre que para él tenía todas las respuestas, se quedó mudo por completo, por primera vez dejó de verlo directo a los ojos mientras le hablaba, y se limitó a darle una respuesta de esas que los adultos dan a los niños cuando no saben ni que decir.

Hansi no entendió nada, pero para él no fue suficiente, la curiosidad lo llevó a indagar primero en los libros que tenía a su alcance, y luego en los de la biblioteca de la escuela. Conforme fue pasando el tiempo, su mundo de fantasía fue desapareciendo poco a poco. Hans creció y fue tomando no sólo consciencia de que nunca se había fijado en lo gris que era el país en que vivía y de ese mismo abuelo que antes le contara historias fascinantes e increíbles, conoció la realidad que giraba en torno al Muro.



Además de los datos contenidos en los libros de historia, a través de los cuales Hans se enteró de las razones que llevaron a una misma nación a quedar dividida como si fuesen dos países distintos, abrió los ojos a una realidad que para él hasta ahora había pasado desapercibida; pues más allá de las cifras y datos cronológicos, conoció a través de Manfred y Theodore, la historia de como ese Muro trastocó a su familia.

Así fue como se enteró de que Siegfried, el hombre que decían era su tío y aparecía en las fotos familiares de la sala de su casa, y por el que la abuela Elvira lloraba cada vez que se mencionaba su nombre, había desaparecido a causa de ese Muro.

Él era un sastre, que trabajaba en una casa de modas en Berlín Oeste, mientras que en la parte Este, su familia tenía un pequeño negocio de costura del que él se hacía cargo en el poco tiempo libre que le quedaba. Como vivía con sus padres, Siegfried iba y venía a diario de una parte a otra, por lo que él era una más de esas personas a las que en aquel entonces se les conocía como “cruzafronteras”.

El Sábado 12 de Agosto de 1961, Siegfried subió al tren como todos los días para ir a su trabajo; pero ya nunca más pudo regresar. El tren en el que él viajaba fue uno de los últimos que recorrieron el trayecto hasta Berlín Este, sólo que por una demora inusual en su trabajo, Siegfried concluyó mucho más tarde sus actividades, y por eso en el último vagón que llegó en la noche, antes del cierre de la frontera ya no viajó él.


La abuela
Elvira nunca se resignó a perder a su hijo mayor, y durante mucho tiempo permaneció apostada en el borde de la ventana que asomaba hacia la parte Oeste de Berlín, con la esperanza de que Siegfried volviera…

La abuela creía que él estaba vivo, pero no aparecía por temor a ser perseguido por el estado germano. Tenía la esperanza de que tarde o temprano Siegfried “se las ingeniaría” para hacerle saber a su familia que estaba bien, pero esa corazonada se vino abajo cuando comenzaron los rumores de las “atrocidades” que los guardias cometían con todo aquel que intentara burlar la vigilancia y cruzar El Muro.

Como Siegried tenía fama de ser buen nadador, y hasta la familia llegaron las noticias de que un joven de 27 años había sido asesinado en el agua cuando intentaba cruzar nadando hacia la parte Este, dieron por entendido que se trataba de él; porque aunque no tenían forma de confirmarlo o desmentirlo, lo más probable era que si hubiera muerto, pues ya nunca más se volvió a saber nada.

Para Hans, enterarse de toda esta realidad, representó un impacto muy fuerte; pues conforme indagaba más, descubría que todas las personas que vivían en ese pequeño barrio cercano al Muro tenían una historia que contar.

La anciana del sombrero chistoso, que a diario volvía del brazo de su hija (y por todos era conocida como la Sra. Heinemman), Hans se enteró de que había perdido la cordura… La chica que la acompañaba todas las tardes de regreso no era más que su vecina; una desconocida de buen corazón a la que la anciana vivió creyendo desde 1961 que era su hija, cuando en realidad esta había sido una de las pocas personas que una vez estando levantada la muralla de concreto que ofrecía 3 opciones a quienes se atrevían a desafiarle: cárcel, muerte y libertad, había alcanzado esta última.

La historia que se contaba en torno a la Sra. Heinemman era muy simple. Un Sábado por la mañana, ella y su hija Úrsula salieron a dar un paseo y luego de caminar por un rato llegaron hasta un puente que cruzaba un río a poca distancia de una de las zonas de control.

En ese entonces y a pesar de que El Muro ya existía; el cruce de una parte a otra de Berlín se encontraba todavía abierto; aunque sólo para los occidentales que iban al Este.
Madre e hija avanzaron hasta unos huertos abandonados y con el corazón latiéndole por la idea que acababa de cruzar por su cabeza,
Úrsula le dijo a su madre que esperara mientras ella iba a investigar.

En ese lugar, la frontera estaba a unos cuantos metros, y por eso la joven de 20 años decidió arriesgarse. Se adentró en los huertos, pasó un foso cubierto de tierra, hasta que se encontró con la valla de alambre de espino recién levantada.

Con sólo unos jeans de mezclilla, un sweater delgado y aún sabiendo que su madre la esperaba al otro lado; Úrsula decidió su destino en un instante, al tomar la súbita decisión de cruzar cuando vió que en el último nivel de la cerca había un agujero lo suficientemente ancho para que alguien pudiera pasar arrastrándose por debajo.

Cuando menos lo pensó ya estaba en el suelo intentándolo, y la audacia le costó no sólo que los pinchos de la alambrada desgarraran su sweater y también las muñecas de sus manos, cuando las tuvo que usar para levantar un poco más la barrera de alambre y así poder deslizarse para pasar.

Después de unos minutos, se topó con una segunda valla y repitió el mismo procedimiento, pero esto provocó que sus manos sangraran aún más y su sweater se despedazara todavía más también. Pasó con cuidado las piernas por el alambre y atravesó lentamente, sin hacer ruido, ya era demasiado tarde para volver atrás.

Úrsula fue una de las pocas personas que tuvo suerte, llegó sana y salva a Berlín Oeste; sin nada más que lo que llevaba puesto ese día y en el bolsillo trasero de los jeans su documento de identidad y un pañuelo, pero nada de dinero.

Al otro lado de El Muro, nunca supo si fue por su aspecto, pero alguien se compadeció de ella y le regaló un par de marcos para que subiera a un autobús y así pudiera llegar hasta un centro de refugiados.

A las 24 horas de haberse registrado en Berlín Oeste ya había encontrado otra vez trabajo en un hotel, donde además también le ofrecieron alojamiento. Naturalmente, su suerte no había sido “gratis” y el precio a pagar era muy caro: No volvería a ver en muchos años a su madre ni a su familia en Berlín Este

Continuará…

Historia en La Canción: "El Fantasma de La Ópera".

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Una vez más se termina el mes, y este en particular fue especial, gracias a la visita de Sarah Brightman a Ciudad Juárez.

La Historia en La Canción de este mes, además de tener un tema “Halloweenesco” (con motivo de las festividades de Octubre), quise que tuviera un tema de esta gran artista (considerada como la soprano más importante de la época contemporánea); primero, como agradecimiento por ese maravilloso concierto que representó algo histórico para todos los que vivimos en esta ciudad fronteriza, y que fue como un bálsamo después de tanta violencia, que nos brindó también la posibilidad de olvidarnos por una noche de todo lo malo que pasa en esta tierra que tanto amamos los que somos (y también los que no), somos de aquí.

Sarah Brightman en su interpretación de Christine Daaé en 1984.


Curiosamente la última noche que cierra el décimo mes del año, Sarah estará cantando en la zona arqueológica de Chichen Itzá, en un concierto que seguramente será inolvidable para todos los que tengan la fortuna de estar ahí y fascinarse con su voz.

Mientras eso sucede, desde esta tierra desértica, y en particular desde este humilde blog, la intención es rendirle una especie de homenaje en agradecimiento por regalarle a nuestro país momentos tan especiales, y que mejor que hacerlo contando la historia de la canción que la dio a conocer ante el mundo: “El Fantasma de La Ópera”.




La mayoría de nosotros conoce ya de lo que trata esta historia, que es una de las más famosas en la historia del teatro musical de Broadway… Sabemos que es una ópera romántica y fascinante sobre Erick, un hombre desfigurado (del que se cuentan muchas leyendas), pero que la más común es que se trata de un espectro que habita en los subterráneos de La Ópera de París y por algún tiempo se ha dedicado a horrorizar a los artistas y empresarios del teatro, hasta que este genio musical se enamora perdidamente de Christine Daaé, una bellísima soprano a la que conoce y lo cautiva con su voz, cuando ella sustituye a otra actriz en la ópera “Fausto” de Charles Gounod (de la que ya hablé hace 2 años aquí en el blog).

Erick “El Fantasma de La Ópera, Christine Daaé y Raoul.



Este “oscuro”, pero al mismo tiempo atractivo personaje, desarolla un amor casi, casi obsesivo por Christine, a quien convierte en su “Ángel de La Música” (supongo yo que de ahí el sobrenombre que muchos adoptaron para Sarah Brightman desde entonces); y así es como esta joven doncella se ve dividida entre la fascinación que siente por “El Fantasma de La Ópera” y su eterno enamorado Raoul, desatando la furia de su mentor musical, quien posee extraños poderes que dan paso a fatídicos accidentes provocados por candelabros, y sucesos fantasmales que aderezan este “triángulo amoroso”, que se convierte en la premisa fundamental de este musical.

… Pero bueno, como este es un post de la sección “Historia en La Canción”, más allá de lo que trata esta ópera, me gustaría contarles lo que hay detrás de “El Fantasma de La Ópera”…

Sobre la Obra Original…

Para empezar, este “Señorcito” de lentes y medio gordito que ven en la imagen que encabeza este párrafo es Gastón Leroux, periodista y escritor francés, autor original de “El Fantasma de La Ópera”.

Él vivió en la época en que París era la cuna de la revolución bohemía, a finales del siglo XIX y se dice que para escribir esta historia de amor, misterio y terror, se inspiró en el escenario del Teatro de La Ópera de Paris, lugar del que por mucho tiempo se dedicó a investigar los extraños sucesos que ocurrieron a finales de esa época.



La pasión que Gastón Leroux sentía por el teatro también fue un factor importante para que en el marco de esta época, él creara esta historia que ahonda en los misterios más profundos de este lugar tan mágico y especial.

Lamentablemente Leorux no llegó a vivir lo suficiente para disfrutar del éxito de su novela, pues murió en 1927, a la edad de 59 años.

Sobre el Musical de Andrew Lloyd Webber.



Para nadie es desconocido el nombre de Andrew Lloyd Webber, quien es como una especie de “Rey Midas” del teatro musical, porque montaje que elige para poner en escena, se convierte en un rotundo exito y rompe records de permanencia, no por nada musicales como Cats“, “Evita” y “Jesucristo Super Estrella” son producciones que tienen su sello.

Steve Barton (Raoul), el director Harold Prince, Michael Crawford (Erick-El Fantasma), Andrew Lloyd Webber y Sarah Brightman (Christine) en una representación el 26 de Enero de 1988.

En el caso de “El Fantasma de La Ópera” la versión de Sir Lloyd Webber (porque ahí donde lo ven tiene el título nobiliario de Barón de Sydmonton), no surgió de la nada, se dice que él se inspiró para crear su propia versión en otro musical que también contaba la misma historia y era una adaptación hecha por Ken Hill, presentada en el Teatro Royal Stratford East en Londres en 1984.

Sarah y Andrew en la celebración por el 20 aniversario de El Fantasma de La Ópera.

“El Fantasma de la Ópera”, el musical de Andrew Lloyd Webber se estrenó en 1985 y ha sido desde entonces un suceso dentro del teatro musical, que incluso llegó a cotizar en la bolsa de valores. La partitura original fue compuesta especialmente por Lloyd Webber para la voz de Sarah Brightman (quien en ese entonces era su esposa), y fue gracias a este musical que el resto del mundo la conoció, cuando ella le dio vida a la primer Christine Daaé que se representó en teatro, y fue durante muchos años la protagonista del musical que se estrenó tanto en Londres como en Broadway, alternando el rol protagónico junto a Michael Crawford…. (¡Graciaaaaaaaas Andrew si no fuera por ti, jamás habríamos conocido la voz de Sarah!!!!

“El Amor Nunca Muere… ¿o La Historia de El Fantasma Continua?

Pues no es por intrigar… Pero si los que vieron el musical alucinan tanto como los que no lo hemos visto nunca, pero quedamos fascinados con la película del 2004, dirigida por Joel Schumacher (y que por cierto el DVD contiene en los “Extras” un reportaje muy padre sobre el musical original protagonizado por Sarah); se van a ir de espaldas al igual que yo cuando se enteren que Lloyd Webber, en el 2010 va a estrenar la segunda parte de esta historia tan romántica y que se titula “Love Never Dies” (“El Amor Nunca Muere”).

La imagen que ven al pie del párrafo anterior, es el poster promocional de ese musical, con el cual Sir Lloyd Webber planea retomar los escenarios teatrales, para representar la continuación del triángulo amoroso entre El Fantasma, Christine y Raoul…

Supuestamente el montaje se ubica cronológicamente 10 años después, (en 1907), luego de que El Fantasma se ha mudado a Nueva York para instalarse como el jefe de un parque de diversiones de Coney Island. Sintiéndose a gusto entre los fenómenos de la feria, alcanza el éxito, pero aún añora volver a escuchar la voz encantadora de su amor perdido: Christine.

Es así como él encuentra la forma de contactar a Christine, ahora casada con Raoul con quien tiene un hijo, y la atrae a Coney Island, donde ella se da cuenta de que la obsesión oscura y apasionada de El Fantasma nunca murió. La secuela le da un rol mucho más prominente a este personaje, que tenía relativamente poco tiempo en el escenario en el musical original.

En el papel de El Fantasma estará Ramin Karimloo, el intérprete de ese rol en el West End de Londres, y Sierra Boggess será Christine.

En el sitio oficial del musical hay un video padrísimo en el que Andrew Llyod Webber presenta esta nueva secuela (se me puso la carnita de gallina, porque la música está hermosaaaa!!!)

¿Pero El Fantasma de La Ópera de Verdad Existió?…

Como todas las historias que se vuelven parte de la cultura popular, “El Fantasma de La Ópera”, al ser una obra que fue escrita hace ya casi 100 años, tiene muchos “recovecos” que nos hacen dudar acerca de que tanto es ficción y que tanto es realidad… Por ejemplo, se dice que tras numerosas investigaciones en la Biblioteca Nacional de la Ópera, se ha encontrado que la soprano Christine Nilson encaja asombrosamente con las características de la protagonista de la novela de Leroux: Christine Daaé



Se dice que ambas interpretaron los mismos papeles en las representaciones operísticas en La Ópera Garnier, también fueron protegidas por una institutriz llamada Valerius, y terminaron casándose con un vizconde, entre otras asombrosas coincidencias…




En el caso de Erick, el hombre del rostro deforme del que se habla en la novela, esta es la parte más interesante, porque se dicen muchas cosas respecto a él.

Algunos dicen que no existió un personaje como tal, pero sí un hombre que estaba desfigurado y usaba una máscara para no dar miedo… que vivía un amor platónico con una actriz.

Otras leyendas afirman que Erick (o El Fantasma) durante un tiempo fue parte de un espectáculo de ferias, en el que lo presentaban como “El Cadaver Humano”, y fue gracias a eso que él pudo viajar por Asia y Europa, además que ese ambiente circense le permitió adquirir conocimientos de acrobacia, formación musical, y se convirtió en experto ventrílocuo.



También se dice que fue uno de los arquitectos que construyeron La Ópera de Garnier de París, edificio bajo el cual se construyó un lago artificial usando 8 bombas hidráulicas que servían para resolver el problema que se tenía con el nivel del agua subterránea, lo cual él aprovechó para construir un laberinto con túneles y pasillos más bajos. Como consecuencia de conocer como la palma de su mano cada uno de los pasajes secretos del edificio, le permitía llegar a cualquier parte de la ópera sin que nadie se diese cuenta.

Erick también era un genio musical, y empezó a visitar La Casa de la Ópera para escuchar óperas e interferir con el supuesto mal gusto del gerente. Al no poder enseñar su cara en público, se caracterizó como un fantasma y usaba la violencia para chantajear a los gerentes de la ópera y someterlos a su voluntad.





Por último, la famosa lámpara del salón de actos que cayó contra el público, ocurrió realmente en la
Ópera Garnier en mayo de 1896, matando a una portera. Este desastre fue ampliamente difundido en todos los periódicos de la época.


La Interpretación de Sarah Brightman

Michael Crawford y Sarah Brightman, la primer pareja protagónica que tuvo este musical.
Obviamente para cerrar el post, la cereza del pastel tiene que ser la canción interpretada por Sarah Brightman... Después de haber conocido La Historia en La Canción de El Fantasma de La Ópera, van a entender muchos de los elementos que aparecen en este video de 1984 en el que vemos a una Sarah Brightman mucho más joven y físicamente muy distinta a la que conocemos hoy, pero que sigue conservando el mismo encanto en su voz.

Este video está un poco chistoso, porque los efectos de edición (supongo yo que por la época en que se grabó) son muy “arcáicos”... Se nota que todavía no existía el “after effects” y me llama la atención que quizá por ser una versión libre de Andrew Llyod Webber es muy probable que haya decidido que en la representación teatral que se simula dentro del video es en la que está actuando Christine, no es Fausto, pero por el vestuario no estoy tampoco muy segura si se trata de “Cleopatra”, la ópera de Massenet... (si algún despistado que conozca más sobre esto, me puede aclarar ese dato, se lo agradeceré mucho)

Por último… Hay varias cosas que justifican que me guste tanto “El Fantasma de La Ópera”:

1. Me parece una historia súper romántica y original.



2. Cuando yo conocí la historia del musical, todavía no era tan fan de Sarah, pero quedé fascinada con la película y me pareció un regalo muy especial que Andrew haya escrito el musical especialmente para Sarah¡Wow! ¿Que detalle tan romántico no?.… Aparte aunque no sea una historia original de él, la música si lo es y algunas canciones son hermosísimas, como The Music of The Night“.


3. La película nunca la pude ver en el cine, y cuando la vi en DVD me encantó, pero también me di de topes en la pared por haber dejado que se me pasara en el cine…
(me fascinó el vestuario).


4. La razón más importante… Gracias a
“El Fantasma de La Ópera” conocemos y podemos disfrutar de la música de Sarah Brightman, que bien merecido tiene ese adjetivo de “El Ángel de La Música”.



Nota:
Como ya había comentado en otro post, existen varios discos recopilatorios en los que Sarah incluye versiones de una misma canción. En el caso de este tema, viene incluido en varias versiones de sus CDS
, pero si quieren tener el dueto original, este es con Michael Crawford y está grabado sólo en el soundtrack original de El Fantasma de La Ópera”…

Ahora sí, aquí concluye La Historia en La Canción del mes de Octubre. Espero que les haya gustado mi post (a mi, la verdad me emocionó redactar todo esto para compartirlo con ustedes), y ojalá que también disfruten el video.


“The Phantom of the Opera” (Original 1986 London Cast) – Track 5 – Act One, Scene 4.



“The Phantom Of The Opera”

Christine:

In sleep he sang to me

in dreams he came

that voice that calls to me

and speaks my name.

And do I dream again

for now I find

The Phantom of the Opera is here

inside my mind…

Phantom:

Sing once again with me,

our strange duet,

my power over you,

grows stronger yet.

And though you turn from me

to glance behind

The Phantom of The Opera is there…

Inside your mind…

Christine:

Those who have seen your face

draw back in fear

I am the mask you wear…

Phantom:

It’s me they hear…

Ambos:

Your / my spirit and my / your voice

is one combined

The Phantom of The Opera is There

Inside my / your mind

Voices:

He’s there The Phantom of The Opera…

Christine:

He’s there The Phantom of The Opera

Phantom:

Sing my angel of music…

Sing for…

Sing my angel…

Sing for me!!!

“El fantasma de la Ópera existió de verdad. No era, como se creyó por largo tiempo, una criatura producto de la imaginación de los artistas, la superstición de los empresarios o la mente absurda e impresionable de las jóvenes integrantes del ballet, sus madres, las acomodadoras, los empleados del guardarropa o el portero… No, era de carne y hueso, aunque tenía todos las características externas de un verdadero fantasma, es decir, de un espectro”…

- Gastón Leroux, Autor del libro: “El Fantasma de La Ópera” (1910)-


Historia En La Canción: "Amores Imposibles"

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Ismael
salió como todos los días temprano de casa. El mundo y un largo día ya lo esperaban afuera; y aunque sabía que tendría que “gastarse el día” para hacer un mundo de cosas; no quiso dejar su guitarra en casa; pues por mucho que los minutos y las horas estuvieran ya repartidas (entre la rutina y la cotidianidad); en el fondo sabía que él sería capaz de encontrar el instante perfecto en el que la música sería el pasaporte mágico para burlarse del tiempo, y sacarle así la vuelta a la realidad.

Tal y como si se tratara de algún “artefacto mágico”, él abriría el estuche para ponerse a tocar en los lugares más habituales, (la parada del bus, la fila del banco, el trayecto tedioso y larguísimo deslizándose entre luces y sombras a bordo del último vagón del metro).

Pero eso era como adelantar las imágenes de una historia que aún no sucedía o empezar a leer un libro por las páginas del final… Ismael ni siquiera pensaba en eso; y cuando giró la llave para que el picaporte de la puerta resguardara el pequeño espacio lleno de objetos simples que conformaban su mundo; lo único que coqueteaba en su mente era la idea de aquella canción que quiso escribir a la madrugada, y por más que le habló bonito a las musas, estas, al final decidieron marcharse, cuando vieron que a su vez la inspiración nunca llegó.

Porsupuesto que le hubiera gustado emprender el camino llevando entre la garganta y los labios una canción nueva…

Aún no salía a la avenida principal y a unos cuantos pasos se encontró a su vecino. Aquel hombre serio y formal que vivía con su esposa a dos casas de la suya…. Lo saludó y entonces él le devolvió los “Buenos Días” de la manera más educada y formal.

Siguió su camino, y por la ruta habitual con destino al trabajo pasó -como siempre- muy cerca del colegio, ese que casi a la hora de la comida, se llenaba en las aceras de jóvenes estudiantes a los que no conocía de nombre, pero si identificaba de rostro…

Para Ismael a veces era pasatiempo inventarles historias de amor, mientras caminaba por calles estrechas… Muchas veces reconoció a través de un ventanal inmenso, el reflejo de una chica, que sobre esa misma acera, infinidad de veces vio con libros bajo el brazo y luciendo uniforme… Siempre la descubría a unas cuantas cuadras, antes de llegar él a su casa…

Cientos de veces le sonrió, más ella nunca se dio cuenta… Ismael suponía que soñaba despierta, quizá con un amor de esos que son imposibles… Pues la veía suspirar, con la mirada llena de dulzura, pero al mismo tiempo perdida.

Pero esos destinos ficticios tan sólo perduran hasta que ninguna otra cosa importante ocupa sus pensamientos… Hasta la tarde de Viernes, cuando la jornada se prolonga y entonces él regresa un poco más tarde a casa, después de haberse echado un trago en la barra del bar.

Desde ese lugar, también indentifica a personajes con los que nunca ha cruzado palabra, pero para él son viejos conocidos…

Al final del día Ismael regresa a su casa… Se duerme a la espera de que la inspiración lo sorprenda y entre los sueños de un hombre despierto, las cuerdas de su guitarra se convierten en la herramienta que le permite hacer un balance de todo lo vivido en el día… Pues será a través de notas y acordes que se invente una historia de 7 minutos, en la que hablará de cada una de esas personas que se cruzaron en su camino y vio casualmente en un día como ayer…

“Amores Imposibles” / “Sueños de Un Hombre Despierto” (2007) / Track 12.

“Amores Imposibles”
-L y M: Ismael Serrano-

Cuando caiga la tarde, lo verás salir
arrastrando de casa el calor del hogar.
cortará alguna flor, besará a su mujer,
perseguirá la estela de un comenta fugaz.
Y en la calle lo verás abrir la flor de su secreto.
Y empezará a soñar.

Quizá vaya al billar
a mirar hombres y posturitas,
quizá invente una cita
con un Adonis para él.

Ningún hombre lo amó,
a nadie reveló su pasión y los juegos,
el deseo clandestino.

No hubo cartas de amor,
no hubo día del orgullo.
no le devolverán los veranos perdidos.

Y Cernuda lo ve suspirar, triste, desde el Parnaso.
San Sebastián asaetado reza por tus pecados,
llora por ti, no olvida
al que sufre en silencio
a su oveja perdida.

Miran al cielo y piden un deseo:
contigo la noche más bella.

Amores imposibles
que escriben en canciones
el trazo de una estrella.

Cartas que nunca se envían,
botellas que brillan
en el mar del olvido.

Nunca dejes de buscarme
la excusa más cobarde
es culpar al destino.

Cuando salga de clase, lo volverá a encontrar
en el lado salvaje, tras el humo del hash
Él, dulce calavera. él, corsario de barrio
ella, dulce muñeca, ella, seria y formal

Él no escucha el rumor de sus alas si pasa a su lado,
pobre Blancanieves,
nuestro príncipe prefiere a la madrastra,
a la mala del cuento.
Él será la manzana
donde duerme el veneno.

Ella soñará un verso que él nunca escuchará,
él no trepará sus trenzas una noche de invierno.

Ella soñará un viaje y no habrá despedidas.
ni canciones de amor, ni Capuleto y Montesco.

Crecerán y en la espuma del tiempo
se deshacen sus sueños,
no quedará ni un recuerdo,
ni en la noche un lamento.

Quizá una leve herida
que lavará el olvido
o el agua de la clepsidra.

Miran al cielo y piden un deseo:
contigo la noche más bella
Amores imposibles
que escriben en canciones
el trazo de una estrella.

Cartas que nunca se envían.
Botellas que brillan
en el mar del olvido.

Nunca dejes de buscarme.
La excusa más cobarde
es culpar al destino.

Caminando hacia el sur, tomando la autopista,
han abierto un garito, muy cerquita del pueblo,
donde huríes desnudas venidas de cien mundos
celebran cada noche catorce de febrero.

Y en la aldea un hombre suspira
si el neón se ilumina.

No tuvo Eva este Adán,
no hubo asiento de atrás,
ni caricias, ni cartas perfumadas,
no hubo cita en el parque.
no hubo chicas de Plan.

Cuando caiga la noche lo verás entrar
como cada domingo aseado y puntual.

La encontrará en la barra, como a un delfín varado
que ha perdido su estrella, que un día expulsó el mar.

Ella escucha y él, enamorado, desnuda sus miedos,
entre el ruido, benjamines de champán
y otros delfines cobrando su rescate
a náufragos perdidos
sueña raptar a su amante.

Miran al cielo y piden un deseo:
contigo la noche más bella…

Historia En La Canción: "Échame a Mi La Culpa".

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Viendo esta foto de “Luis Mi” al pie de este post, cualquiera podría pensar que “La Historia en La Canción” de este mes de Junio tiene que ver con alguna anécdota relacionada con él…

La respuesta es “Si y No”, y aunque esto se lea un poco contradictorio, es así, porque a pesar de que en años recientes la canción que he elegido para esta última semana del mes que marca la primera mitad del 2009, mucha gente la relaciona con este “galan de galanes” al que muchos llaman “El Sol”, la realidad es que él no es compositor, y es solamente uno de los muchos cantantes que han interpretado el tema “Échame a Mi La Culpa”, canción que prácticamente forma parte ya de la cultura popular y cuya autoría es del Sr. José Ángel Espinoza Aragón, mejor conocido como: “Ferrusquilla”.

José Ángel Espinoza “Ferrusquilla” (cuando era joven).

La trayectoria de este señor (que por cierto es papá de la también talentosísima actriz mexicana Angélica Aragón) es tan interesante que se merecería otro post únicamente para hablar de ¿Por qué le dicen Ferrusquilla”? y de todo lo demás también; pues a sus casi 90 años de edad, podría decirse que ha sido un hombre que ha vivido de manera muy intensa.

Imagínense nada más: Ha escrito más de 170 canciones y cuando entró al Conservatorio Nacional de Música, en 1941, tuvo como maestros de composición a Manuel M. Ponce y Silvestre Revueltas… Esas ya son palabras mayores… Pero eso es sólo en el área de la música, pues el Sr. Ferrusquilla, consolidó también una carrera en radio y en su faceta actoral le tocó alternar con todas los grandes estrellas de la época del Cine de Oro en México.

Aprendió de la sencillez de Pedro Infante, de la habilidad que Jorge Negrete tenía para establecer relaciones obrero-patronales, fue novio de B
lanca Estela Pavón (la inolvidable “Chorreada” del “Torito”) -con quien por cierto compartió el micrófono radiofónico- y con el paso de los años se convirtió en un gran maestro cuyas canciones han sido interpretadas por grandes artistas como: Vicente Fernández, Amalia Mendoza “La Tariacuri”, María Victoria, Luis Miguel, Ricardo Montaner y Juan Gabriel.


Originario de
Choix, Sinaloa, es impresionante que para la edad que tiene, su memoria conserva con una precisión envidiable: nombres completos, calles con número, ubicaciones geográficas y fechas exactas de muchas anécdotas que propician que conversar con él sea una experiencia muy interesante y que como dije ya, daría tema para un post muy extenso, pero en esta ocasión solamente nos enfocaremos a como fué que surgió “Échame a Mi La Culpa” una de sus canciones más famosas.

En la época cuando estudió la secundaria y la preparatoria, fue cuando aprendió lo básico para escribir canciones; él dice que la escuela le proporcionó las herramientas para poder hacerlo, pero la inquietud de escribir él ya la traía desde niño; y su padre, quien tocaba la guitarra; fue quien más o menos le enseño a tocar ese instrumento.

“El Tiempo que te Quede Libre”, “La Ley del Monte” (famosísimo tema clásico de Vicente Fernández y cuya anécdota de como la escribió también es digna de contarse en otro post), son sólo dos de sus canciones más famosas; pero para esta “Historia en La Canción” hablaremos sólo de “Échame a Mi La Culpa”, tema que podría decirse es emblemático en su carrera como compositor y a la par también para una gran diversidad de cantantes y artistas.

Ferrusquilla escribió esta canción inspirado en el dolor que le provocó que una chica mazatleca (o sea de Mazatlan, Sinaloa), llamada María Antonieta le rompiera el corazón.

En ese entonces, ellos dos salían, y ella le hizo creer que no tenía ningún compromiso con nadie, hasta que apareció un tercero en discordia.

Eso fue a finales del año 1957, y cuando Ferrusquilla se enteró, decepcionado le reclamó no sólo por el hecho de haberlo engañado, sino porque además el hombre con el cual María Antonieta estaba comprometida era muy amigo de él.

Ferrusquilla se subió a su auto y se fue muy molesto; de camino a su casa, pensando en todo lo sucedido, fue en un semáforo que le vinieron a la mente un par de frases: “Sabes mejor que nadie que me fallaste, que lo que prometiste se te olvido”… Fue así como durante todo el trayecto cada línea de “Échame a Mi La Culpa” fue cobrando vida, y para cuando este gran compositor llegó al final de su camino ya tenía completa la canción.

¿Interesante no? ¿se hubieran imaginado que uno de los temas más famosos pudiera surgir así?

Sobre el proceso de escribir, Ferrusquilla dice:
“Cuando me viene el apetito de decir algo lo tengo que escribir”, comenta al sacar un par de bolígrafos de la bolsa de su camisa.

“Con la azul escribo las palabras y abajo de la sílaba, con la roja, las notas musicales, luego agarro la guitarra o el piano y ya no se me olvida”.

A manera de conclusión, les comparto -como dato interesante- que la canción “Échame a Mi La Culpa” es la segunda canción en español más conocida a nivel mundial en un listado en el que el primer lugar lo ocupa “Bésame Mucho” de la también compositora mexicana: Consuelo Velázquez.

Además, de este tema, existen más de 100 versiones distintas, que han sido grabadas por artistas de los más diversos géneros musicales que van del ranchero, pasando por el rock alternativo, hasta el pop, pero como “La Historia en La Canción” habla de uno de los compositores más ilustres que ha dado nuestro país, obvio que el tema tenía que ser interpretado también por un mexicano y quien mejor que Luis Miguel, quien es uno de los artistas contemporáneos más importantes que ha dado México a nivel mundial… (bueno y lo elegí también a él, para de paso complacer a mi amiga Claudia, a quien desde hace tiempo le había prometido poner algo de “Luis Mi” en el blog y una foto donde saliera guapo)… Promesa cumplida.

Respecto al Sr. Ferrusquilla, sólo puedo decir que es un orgullo que sea mexicano, que la temática de sus letras sigan siendo tan vigentes, y que sea una especie de “Leyenda Viviente” a la cual con este sencillo post, le rendimos un merecido homenaje. Ojalá Dios lo conserve muchos años con ese talento y esa lucidez que permita que continúe aportando más al panorama musical internacional.

“Tengo muchas ganas de seguir viviendo; sin embargo, también estoy preparado para dejar de vivir. Una persona de mi edad tiene que entender que se acerca el final, pero he disfrutado tanto de la vida, que me doy por satisfecho”.
-José Ángel Espinoza “Ferrusquilla”-

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“Échame a Mi La Culpa” / “México en la Piel” (2004) / Wea Latina / Track 3.

“Échame a Mi La Culpa”
L y M: José Ángel Espinoza “Ferrusquilla”.

Sabes mejor que nadie,
que me fallaste,
que lo que prometiste se te olvidó…

Sabes a ciencia cierta,
que me engañaste,
aunque nadie te amara,
igual que yo…

Lleno estoy de razones,
Pa’despreciarte,
y sin embargo quiero,
que seas feliz…

Que allá en el otro mundo,
en vez de infierno,
encuentres gloria,
y que una nube de tu memoria,
me borre a mi…

Dile al que pregunte,
que no te quise,
dile que te engañaba,
que fui lo peor…

Échame a mi la culpa,
de lo que pase,
cúbrete tú la espalda,
con mi dolor…

Que allá en el otro mundo,
en vez de infierno,
encuentres gloria,
y que una nube de tu memoria,
me borre a mi…

Dile al que pregunte,
que no te quise,
dile que te engañaba,
que fui lo peor…

Échame a mi la culpa,
de lo que pase,
cúbrete tú la espalda,
con mi dolor…

Que allá en el otro mundo,
en vez de infierno,
encuentres gloria,
y que una nube de tu memoria,
me borre a mi…

Y que allá en el otro mundo,
en vez de infierno,
encuentres gloria,
y que una nube de tu memoria,
me borre a mi…

Historia En La Canción: "La Calle de Las Sirenas".

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… Sintió que respiraba por fin cuando se bajó del “pecero”… Faltaban todavía algunas cuadras para que Pavel llegara al punto donde todos los días se bajaba, para luego completar caminando todavía algunas cuadras, hasta llegar al viejo edificio de departamentos donde vivía y en el que siempre, únicamente lo esperaba su gato “Jeremías”.

Ese día en particular estaba harto… Harto de tanta cotidianidad, de tanto tiempo lidiando con un jefe autoritario y harto también de que las horas se le evaporaran entre facturas, números de cuenta, cálculos de impuestos y planeación de nóminas…

Por eso, cuando volvía a casa, si el cansancio y el sueño no se apoderaban de su mente y de su cuerpo (mientras viajaba sentado junto a muchas otras personas en el metro o en el pecero); Pavel recurría a un libro; pues la imposibilidad de tomarse algunos cuantos días para viajar hacia algún lugar donde pudiera escapar y liberarse un poco de toda esa rutina, era algo que por muchas razones por ahora no podía alcanzar.

Por eso amaba los libros, porque eran lo único que lo distraía… Perderse entre ese montón de hojas y letras que una por una le revelaban siempre una historia diferente, como esas en las que tantas veces se quedaba pensando -cuando ya había acabado de leerlas- y que en el fondo siempre deseó le pasaran un día a él.

Pero ese día ni siquiera pensaba en eso, lo único que pasaba por su cabeza (un instante antes de que descendiera de ese vehículo de transporte colectivo); era la idea de que debía bajar lo antes posible para terminar con esa incómoda sensación de calor y abrumamiento.

Cuando el pecero se alejó, para la hora que era, la calle donde él había decidido quedarse se veía demasiado solitaria…. Ese fue el pensamiento que de entrada invadió sus pensamientos. Mientras se aflojaba el nudo de la corbata, y colocaba posterior a ello sobre el suelo, el maletín donde cargaba algunas de las cosas que siempre usaba a diario, esa circunstancia tan extraña e inusual lo hizo reflexionar.

Era muy curioso, pero a pesar de que su recorrido a diario siempre era el mismo, ese punto en el que ahora se encontraba no le resultaba para nada conocido. Se le seguía haciendo raro que a pesar de que era el momento del día cuando todo mundo vuelve a su casa, por ese rumbo, no hubiera ninguna persona que en el trayecto de ida o regreso, se hubiese cruzado con él en el camino.

-”Probablemente por este rumbo no viva nadie”- fue la frase que se dijo para si mismo, justo cuando estaba por alzar del suelo el maletín y cruzar hacia el extremo opuesto de la calle.

En eso estaba, cuando al dirigir su mirada hacia la acera contraria, -ubicada a unos cuantos metros- descubrió casi en el borde de la banqueta, un libro que además de estar tirado en el suelo, se hayaba abierto por completo, mientras el viento desplazaba de un lado a otro sus hojas y a merced.

Eso desconcertó mucho a Pavel, porque a pesar de que al parecer por ese rumbo no vivía nadie, tampoco parecía una zona abandonada como para que a “alguien” se le hubiera ocurrido tirar un libro… (Además de que él consideraba que hacer semejante cosa representaba casi, casi un sacrilegio).

¿Se le habria caído a alguien?… Esa fue la interrogante que cruzó por su mente a la velocidad con que surge una idea y se muere un sueño; y lo que trataba de averiguar mientras buscaba -ya en el otro extremo de la acera y con el libro entre las manos- era ver si en alguna de las pastas, en el lomo (o perdido entre las hojas del interior), podía encontrar un nombre, inicial o letra que le permitiera averiguar a quién pertenecía…

Pero lejos de encontrar algún dato que le permitiera saber eso, su sopresa fue más grande cuando descubrió que todas las páginas estaban completamente en blanco.

Nunca, ni en sus sueños más locos se imaginó que un día llegaría a sucederle eso… Sin dejar de ver el libro, su mente y la razón intentaban encontrar una respuesta coherente para semejante hecho, pero por más que trataba de elaborar alguna conjetura; nada, dentro de la lógica podía brindarle alguna explicación convincente, y en ese conflicto se hallaba sumergido cuando el sonido como de cascos de caballo en el suelo llamaron su atención.


Alzó la vista, y entonces descubrió que frente a él se hallaba la entrada a una especie de callejón, sobre la cual sobresalía la parte trasera de un caballo de color blanco que al parecer reposaba plácidamente, hurgando entre los resquicios del suelo empedrado, para extraer las ramitas de color verde que de repente crecían entre las piedras.

Pavel se acercó, atraído por la idea de que probablemente ese callejón lo llevaría hacia una avenida mucho más grande, en la que probablemente estuviera instalado un circo, (y con eso justificaría la presencia del caballo ahí), pero cuando por fin estuvo cerca, con toda la intención de posar su mano sobre la piel del equino, descubrió que más allá de ser un animal común y corriente, este, tenía un par de alas plegadas en los costados y un hermoso cuerno de marfil…

La figura de ese mítico personaje apareció de pronto dibujada en la primer página del libro… Pavel emitió entonces una expresión de asombro y con ello logró espantar al Unicornio, que gracias a eso se percató de su presencia -para él extraña- y se echó a andar no despavorido, pero si con paso apresurado denotando precaución.

Pavel sintió muchas ganas de seguirlo, pero se dio cuenta al mismo tiempo que estaba en el umbral no de un callejón, sino de un sitio en el que hasta el clima y el reflejo de la luz parecían ser totalmente diferentes y ajenos al punto donde inicialmente encontró el libro… Tal y como si se tratara de la entrada hacia un mundo distinto o a una realidad alterna a esa en la que usualmente él había vivido.

El Unicornio al parecer se sintió a salvo estando a varios metros de distancia, y echó un vistazo para cerciorarse de que aquel intruso humano ya no lo seguía.
Pavel lo miró entonces y sus miradas se cruzaron tan sólo por un instante… El Unicornio no hizo absolutamente nada, mientras que él por su parte y como humano percibió en su interior una luz inmensa y se sintió invadido por una infinita paz.

Bastó que experimentara eso por un microsegundo, para que ya no dudara ni un segundo más en ir detrás de él… El Unicornio al adivinar sus intenciones, esta vez si echó a correr y Pavel tras de él.

No logró darle alcance, a pesar de que era un muchacho alto, demasiado espigado (y por ende muy ágil), el Unicornio era mucho más rápido y astuto; así que a pesar de que por momentos parecía reducirse la distancia entre ellos, luego de varios minutos, ese ser mágico finalmente escapó.


Cuando lo perdió de vista, Pavel se descubrió en medio de una gran avenida, repleta de tiendas con aparadores donde vendían los objetos más inverosímiles y extraños… Había un letrero que decía que se ofertaban “trajes invisibles” hechos a la medida, mapas garantizados para encontrar tesoros escondidos; sobres con “polvos mágicos” capaces de aparecer exactamente lo que uno necesitaba en el momento; así como una óptica donde se ofrecían lentes para poder “ver mejor”, con el tercer ojo y caleidoscopios que al formar figuras de colores permitían al mismo tiempo ver con exactitud la verdadera realidad…

Agitado como estaba, no quería perder detalle de todo cuanto estaba viviendo… Sabía que aquello no era un sueño, pero en el fondo, algo en su interior lo instaba a creer que sí. Echó un vistazo a su reloj con la intención de ubicarse en espacio y tiempo, fue entonces cuando se dio cuenta que las manecillas corrían en dirección contraria, como si en lugar de sumar horas, las restaran, y fue cuando por fin cayó en la cuenta de que sin saber como ni porque, había logrado entrar a un mundo que nadie -incluso él- hubiera creído que existía.

Fascinado, pero al mismo tiempo con cautela, decidió aventurarse para descubrir ¿Que más podía encontrar en ese mundo?... Ya no volvió a abrir el libro, lo llevaba ahora bajo el brazo, así que no pudo darse cuenta que a medida que avanzaba, más páginas y líneas seguían plasmándose, escribiendo una historia que quizá podría ser distinta…

Esta vez la calle ya no estaba solitaria; estaba repleta de Duendes... Algunos yendo y viniendo buscando cosas y cargando algunas que ya habían comprado en los comercios. Carretas y carruajes que eran tirados por camellos y elefantes, llevando a cuestas mercancías exóticas como alfombras voladoras y especias mágicas traídas de oriente, mientras a poca distancia del suelo, Hadas y Brujas podían mantenerse por espacio de varios minutos suspendidas en el aire, para saludarse entre ellas o quedarse a platicar con algunas de las que vivían en los pisos superiores de los comercios, mientras entre charlas y comentarios hilarantes, esparcían elíxires y polvos de colores sobre las macetas con flores que adornaban los balcones.


Tan embelesado se encontraba Pavel observando todo, que sin querer se fue a tropezar con un ser demasiado pequeñito; y que a pesar de que no entendió ni una pizca de lo que le dijo, supo que estaba muy enfadado por el tono en que vociferó una letanía de cosas que se veía eran referentes a él; mientras en una esquina, otro grupito -de lo que al parecer eran más duendes de su misma especie- se burlaban de lo tonto que había sido y por todo lo ocurrido.

El pequeño Duende se alejó echando todavía maldiciones y Pavel lo siguió intentando disculparse; pero para hacerlo tuvo que cruzarse hacia la acera contraria -y a pesar de que el duende pareció ignorarlo- esta vez lo que llamó su atención fue la tela de color azul con la que se hallaba por completo cubierta la banqueta…

¿Sería una avenida cercana a un palacio o el camino por el que llegaría a pasar un rey? eso era lo que pensaba mientras miraba tras de si y también hacia adelante, tratando de adivinar las dimensiones que cubrían esa tela… Cosa que ya no pudo calcular, pues de pronto el suelo a sus pies comenzó a moverse, provocando ondulaciones a todo lo largo y ancho de aquella tela azul tan suave como el terciopelo; y aunque parecía que era la tierra misma, la que intentaba sacudir todo el polvo de esa alfombra celeste que cubría todo espacio visible; Pavel tuvo que brincar hacia la calle, cuando descubrió que semejante movimiento había sido provocado por un ejército de Trolls, quienes parecían sostener la tela desde abajo.

La verdad resultaba todo un espectáculo mirar -parado en medio de la calle- como ambas aceras parecían cobrar vida y movimiento al mismo tiempo. Los Trolls parecían haber “florecido” de la tierra y Pavel lleno de curiosidad decidió bordear el camino, para averiguar hasta donde conducía la tela de color azul.

Fue así como descubrió no sólo que la función de esos curiosos personajes era simplemente sostener la tela y recorrerla para así recortar poco a poco la extensión de la misma, pues esta iba a parar hasta lo alto de un balcón ubicado en lo alto de una casa colorida, donde varias Hadas trabajaban atareadas elaborando un vestido para una princesa que quería ser recordada en una gala, por la cauda de un atuendo que jamás tendría fin…

Como las horas bordando y confeccionando eran eternas para las Hadas, los Trolls se divertían en el proceso cambiándose de lugar constantemente o haciendo una especie de “columpio”, con el pedazo de tela que les tocaba manejar, y sobre el cual subían a alguno que otro compañero “perezoso” que se había dormido entre la impaciencia y la espera.

Parecía que ya no quedaba nada más que ver, pero a sus espaldas una corriente de aire caliente lo envolvió de pronto, y cuando Pavel se volvió, se encontró frente a la entrada de un edificio desde donde era visible una escalera de escalones rojos, que no podía saberse donde terminaba, porque una nube de humo y vapor aparecía entre el lapso de un minuto y otro…

Se vio tentado a subir… pero el calor en verdad era sofocante; se asomó por el costado del marco de la entrada y casi se muere del susto cuando una bocanada de fuego lo inundo de pronto todo y casi, casi logró quemarle hasta los pensamientos…


Pavel
se volvió de nuevo hasta el centro de la calle y casi, casi parado de puntitas intrigado vió, que en la parte alta del edificio vivía un Dragón enorme… Bueno, supuso que así lo era, pues desde ese punto de la ventana tan sólo alcanzaba a distinguir un enorme ojo color amarillo que resaltaba en medio de una piel color verde y llena de escamas… Y que a juzgar por la apariencia cristalina que envolvía aquella impresionante franja ocular y los sonidos estruendosos que precedían a cada una de las inhalaciones de humo, fuego y vapor, (que por cierto era lo que hacía que los escalones se tiñieran de rojo), se trataba nada más y nada menos de un dragón deprimido y de mal humor por alguna extraña razón.

Sintió pena por él, y en el fondo hubiera querido tener la posiblidad de quedarse un poco más allí, para tratar de averiguar: ¿Cuál era la razón por la cual el dragón se sentía así? y si podía tal vez como humano ayudarlo… Pero al parecer eso no le hacía falta, pues ya desde el balcón de la casa de enfrente, una Bruja de vestido blanco se hayaba muy atareada mezclando cosas adentro de un enorme caldero que hervía al pie de la ventana, y con el que ella pretendía dar con la fórmula que si al menos no servía para “desconstiparle la tristeza”, al menos lograra mitigar el insportable calor…

No supo porque, pero Pavel sintió que lo entendía, pues recordó la infinidad de veces en las que dentro del mundo real él se había sentido así.

Antes de que la tristeza se apoderara de él, Pavel cayó en la cuenta de que se había alejado ya demasiado y no tenía ni la menor idea de como volver de nuevo al mundo real.

Tal vez su vida era monótona y tal vez había permanecido hastiado durante mucho tiempo, pero valoró la vida que tenía y se dió cuenta de que sin importar lo mucho o poco que tenía, contaba con un elemento muy importante: La libertad para hacer de su vida una historia que si él quería podría tener algo de magia en el mundo real…

En eso pensaba cuando emprendió el camino de regreso con los hombros encogidos y las manos metidas en los bolsillos; hasta que se topó de pronto con un local muy peculiar de cristales muy grandes en forma hexagonal y en el cual, desde el interior un montón de Sirenas se encontraban demasiado atareadas pintando las paredes de colores brillantes y adornado los rincones con estrellas marinas, musgo y coral.

Al fondo de ese local había un gran espejo cuya superficie era también de agua. Pavel se acercó para apoyarse en la vidriera y poder verlo un poco más de cerca y entonces le sorprendió descubrir su propio reflejo como si él también fuera parte de ese mundo de ensueño y fantasía.

En sus ojos se reflejaba la tristeza del Dragón, pero tenía el alma de niño travieso como los Trolls que jugaban bajo la tela aterciopelada del vestido azul… Su sabiduría era tan brillante como los polvos mágicos de las Hadas que hacían crecer las flores de las macetas que adornaban los balcones; y en contraposición había veces que en el mundo real se portó tan intransigente y se dejó dominar por el mismo mal humor que mostró el Duende con el que tropezó al inicio de camino…

Se cuestionó entonces ¿qué tan irreal podía ser todo aquello?, y quiso comprobarlo intentando posar su mano sobre el cristal de aquel local que en cuanto entró en contacto con su mano no sólo se dio cuenta que parecía estar hecho de un material transparente que podía traspasarse… Sino que de inmediato lo comenzó a succionar…

Pavel tuvo miedo, porque al parecer era su propio reflejo el que intentaba pasarlo hacia el otro lado… Él era un simple ser humano, pero le atemorizaba no saber lo que le esperaba al otro lado del cristal y sobre todo el hecho de no saber si una vez que entrara, podría regresar… Pero por la forma como todo su cuerpo se iba introduciendo poco a poco en aquel espacio (sin que pudiera evitarlo), se dió cuenta que no, que una vez entrando, ya no habría marcha atrás…


Asustado comenzó a forcejear intentando resistirse y en ese instante despertó sobresaltado, todavía sentado en el asiento del pecero y rodeado de gente que al ver lo que hacía comenzó a burlarse de él con cierto disimulo…

Al darse cuenta de la situación, Pavel apenado dejó de manotear y volvió a acomodarse en el asiento tal y como si nada hubiera sucedido, y entonces descubrió tirado a sus pies el libro… Se agachó para levantarlo y al hacerlo se perdió de ver por la ventana que el pecero acababa de pasar, dejando atrás la placa en la que se leía que aquella era “La Calle de Las Sirenas”…

Ningún otro pasajero se percató tampoco de eso y la razón era muy sencilla… Esa calle era la entrada a un sitio mágico e imaginario que sólo surgía de cuando en cuando para todo aquel que necesitara urgentemente escaparse un día y aunque fuera por un instante del mundo real…

“La Calle de Las Sirenas” (1996) / Kabah / Track 1.

“La Calle de Las Sirenas”

Atraviesan unicornios
que son blancos y que brincan sin parar,
hacia el lado mas angosto de la calle,
si te fijas bien arriba, del letrero, de zapatos hayarás
a unas hadas trabajando en un vestido azul,

Parece que sólo levantan la (mirada),
cuando los duendes pasan (pasan),
hacia el castillo al final de la calle,
es justo ahí donde hace más calor…

Imagínate a las sirenas en la luna,
empapando a las estrellas con pintura,
y princesas pasan bailando,
con vestidos que van volando,
en un carruaje azul…

El dragón de ese castillo está triste,
y tiene muy mal humor,
es su fuego enloquecido lo que da calor….

Y la bruja su vecina, tarde y noche,
un remedio buscará,
porque el fuego no lo calma ni el ventilador…

Podría pasar mi vida con aquel (gigante),
que todo el mundo teme (teme),
Y si me acerco hasta tocar su mano,
me dice que es sólo un ser humano

Imagínate a las sirenas en la luna,
empapando a las estrellas con pintura,
imagínate a las sirenas en la luna,
empapando a las estrellas con pintura…

La calle de las sirenas…

Y princesas pasan bailando con vestidos que van volando…

La calle de las sirenas…

Imagínate a las sirenas en la luna,
empapando a las estrellas con pintura…

La calle de las sirenas…

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