Para Soraya…

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Domingo 29 de Enero, 2012.
Como ya se ha hecho costumbre, estoy aquí escribiendo de ti entre mis páginas. Los que me conocen saben lo importante que has sido desde siempre en mi vida; porque al igual que todas esas personas que tal vez ni siquiera alcanzaste a mirar directo a los ojos, a pesar de la ausencia física; estás tan presente en todo lo que rodea lo cotidiano…
Por muchos años (incluso aún después de tu partida); me has acompañado tantas veces en el camino de regreso a casa. Por las noches es como si te sentaras con tu guitarra a cantar en una silla mientras yo termino los quehaceres de la cocina; y también durante incontables madrugadas tu voz y tus letras han estado ahí, incluso en los momentos más solitarios y silenciosos cuando al alma no le apetece hablar.
No siempre te escribo, pero siempre te pienso… La última vez que te vi fue en un sueño hace no tanto tiempo, y me dejaste pensando durante muchos días, porque a pesar de que en apariencia era algo irreal, sin que ni siquiera yo me lo esperara esa noche, fue hermoso volver a verte; pero fue muy duro también porque me sacudiste por dentro, pues en medio de la madrugada veniste a decirme las cosas exactamente como son…
En estos últimos meses; diferentes cosas que han pasado allá afuera y se relacionan con mi trabajo como reportera me han llevado a tenerte todavía mucho más presente, recordar lo que fue tu incansable lucha y la fortaleza de tu espíritu, (aún cuando tu cuerpo estuviera demasiado débil)… La lección tan grande que aprendí de ti: Valorar la vida, sin importar en medio de que circunstancias estés.
No sé si en el lugar en donde estás ahora te das cuenta de todo eso… A veces pienso que sí, porque de alguna forma siempre te haces presente cuando uno más te extraña o también te necesita… Hace apenas una semana atrás una noche antes de dormir y mientras rezaba me quedé pensando en ti y fue como si con la voz del pensamiento te hubiera planteado algo que pasó en el lapso de esa semana y me ensombreció por dentro.
Yo siempre te lo he dicho y lo he pensado… Hace poco más de 4 años, tal vez de algún modo conspiraste desde donde estás para que Dios me hiciera uno de los regalos más grandes que he recibido en mi vida; pero al parecer lo sigues haciendo; porque justo cuando parecía que ya nada podía hacerse para solucionar algo que dolía (y mucho); en el camino las señales se mostraron claras para indicar cuál es el camino a seguir.
A veces pienso que Dios, por esa razón te dejó aquí por tan poco tiempo; porque sabía que a pesar de que a muchos nos ibas a seguir haciendo falta y tampoco habría manera alguna de llenar el vacío que tú dejaste; al mandarte llamar a su presencia, todo lo que dejaste aquí iba a ser mucho más grande y especial de lo que te habrías imaginado, precisamente porque después de partir todo lo que tú hiciste en vida, iba a llegar a lugares y personas que ya nunca conociste.
Por eso quise escribirte en esta noche… Porque a pesar de que yo no sé como hacer llegar esta carta hasta el lugar donde te encuentras, necesito contarte que en estos últimos 3 días he visto el alcance y lo reconfortante que pueden las palabras que dijiste hace tiempo en la vida de alguien que quizá las necesita.
Allá afuera hay tanta gente pidiendo que la escuchen y con el alma tan frágil (como yo pensé que sólo era la mía)… Por eso siento la necesidad de hacerte saber que gracias a ti he aprendido entre ayer y  hoy que se puede regalar tanto teniendo tan poco entre las manos; porque hay regalos que se vuelven muy valiosos, cuando llegan a tiempo a la vida de alguien que lo necesita; y eso fue lo que tú hiciste, reglar trocitos de tu alma envueltos en canciones; pero también fuiste capaz de regalar parte de la vida que ni tú misma tenías ya; para ayudar a alguien más.
Es muy curioso, porque en todos estos años también he visto que cuando alguien dice “seguir tu ejemplo” se vuelve presuntuoso y es como si se pusiera un saco que además de que no le va, le queda muy grande… Las grandes batallas y los más grandes triunfos se logran de manera silenciosa, (y eso tú lo supiste mejor que nadie); y de esa manera continuas mostrándonos las lecciones más grandes de vida, a pesar de que ya son casi 6 años desde que te fuiste de aquí.
Yo no soy ni seré nunca tan especial como lo fuiste tú; pero sé lo valioso que es cuando alguien te regala aunque sea un ratito de su día o hace un alto en el camino para hablar contigo, mirarte a los ojos y preguntarte con toda la transparencia con la que te puedes ver a ti mismo reflejado en su mirada: ¿Cómo estás por dentro?, o ¿En qué te puedo ayudar?…
Que alguien te ponga atención se vuelve mucho más valioso que aquello que pesa o brilla… Gracias por  haberme enseñado eso en tan pocos días, por regalarme un pase para viajar en el mismo barco donde viajan los ángeles que no tienen alas, donde el que busca encuentra, y donde al final del día la palabra ayudar, cobra un real sentido y valor… Gracias por mostrar el camino de regreso hacia la vida de alguien; y el sitio que sin tener un punto definido en el mapa; cualquiera puede llegar hasta ahí y aunque quizá lleve sus propios parches en el alma; podrá encontrar también una razón para creer… 
No sé lo que pase, ni si llevo poco o mucho en el alma y entre las manos… Sea como sea, gracias por hacerme parte de esto y volverme a elegir para incluirme en este viaje…

Carta.

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Hoy amaneció gris el cielo que me cubre… En la calle no había nadie más que mis propios pensamientos y yo.

Llevaba como siempre el corazón en la mano, y desde antes de llegar a casa para tomar papel y lápiz para escribirte, tú ya sabías lo que te tenía que decir.

Mi regreso sería hasta el final del día, y como tenía tanta prisa por hablar contigo, en lugar de una hoja de papel, empecé a escribirte en una hoja virtual para no olvidar nada; mi intención era sólo platicar contigo, y era tanto lo que tenía para decirte que todas mis letras de camino a la escuela, se convirtieron en carta.

Las conversaciones entre tú y yo siempre son en silencio, y aunque sé que tú conoces a la perfección cada uno de mis pensamientos, tenía mucha necesidad de explicarte -aunque no fuera en papel- un poco más.

Todos los días, en cuanto abro los ojos y también por las noches, cuando se gastan por completo las horas; imagino que llego hasta tu casa, para sentarme frente a ti en un sofá en medio de una pequeña cabaña, y otros días sobre la arena de la playa, en plena isla desierta.

Con la magia de la imaginación, cada día me escapo hasta ahí para buscarte, y soy yo quien siempre te atropella con preguntas y cosas, mientras tú me miras y tu rostro resplandece con la cálida luz naranja de una chimenea o de un cielo recién estrenado antes del amanecer.

A veces me desesperas y me voy decepcionada, porque tú no me dices nada en lo absoluto, pero luego, en el transcurso del día, me respondes sin necesidad alguna de palabras, y a través de las cosas más sencillas que vas poniendo por el camino que atravieso.

Es entonces cuando me doy cuenta que te haces presente, aunque yo no te pueda ver.

Hasta ahora nunca me has dejado encontrar lo que tanto me hace falta; pero no te lo reprocho de ningún modo, porque a cambio pusiste en mi alma y mis manos, lo que ni siquiera yo sabía que necesitaba de manera tan urgente.

Eso lo supe cuando me diste un montón de vivencias maravillosas, que si no fuera porque CREO que EXISTES, jamás hubiera pensado que me podrían pasar a mi.

Esta carta es para agradecerte por eso; y aunque es la primera vez que no te escribo en un trozo de papel, esta es también la primera vez que me gustaría plasmar letras, no para hablar contigo de lo que tanto necesito o no entiendo, de las cosas que tanto te pregunto siempre… No, hoy no hay nada de eso, hoy no quiero pedirte nada y quisiera nada más usar esta carta, para envolverte con tinta y papel imaginarios, un regalo que ahora sea para ti.

Ojalá que pudiera sorprenderte… Yo sé que siendo Dios y teniéndolo todo, tal vez lo único que te entristece no tener y añoras desde hace ya más de 2 mil años, es la confianza y la fe de todos los humanos.

Eso es algo complicado que no está en mis manos; pero me encantaría pensar que al igual que tú lo has hecho conmigo en los días difíciles, yo pueda hacerte sonreír.

Haber… Dime algo: ¿Quién te escribe durante el día para decirte cómo te imagina?… ¿Quién te contaría una historia en la que revelara todas las veces en las que tú, a pesar de no hacerte presente como todo mundo te conoce, esa persona supo de todos modos que eras tú y estabas ahí?

Eso es lo que en esta carta hoy yo quiero escribirte… Decirte con la voz de mis pensamientos, que te he visto reflejado en el brillo luminoso de unos ojos que se iluminan cuando algo les sorprende, o una idea genial se le ocurre.

Te he visto muchas veces disfrazado de sonrisa, en el rostro de tantos bebés, ancianos y niños, y también en las personas que en mi corazón están tan cerca de mi.

Fue ya de grande, cuando aprendí a jugar contigo a tratar de adivinar: ¿de qué cosa te disfrazas cada día?; pero también te vi hace muchísimos años en la absoluta belleza y el dolor implícito de un nuevo ser que llegó a este mundo (y a mi me tocó estar ahí).
Te reconocí también en la inmensidad del cielo y la grandeza de una montaña, a través de la cual me enseñaste a no olvidar lo frágil y pequeña que puedo llegar a ser.

…Ahora mismo, cuando te imagino leyendo esta carta; estoy segura que te gustaría preguntarme: ¿si recuerdo la primera vez que te vi?… ¡Por supuesto que me acuerdo!… Fue para una víspera de Navidad y fue a través de una estrella, que en aquel entonces yo supuse era la nariz roja de “Rodolfo El Reno”... Tuvieron que pasar muchos años (para que siendo ya una persona adulta); yo pudiera entender que eras tú.

Desde entonces has estado ahí; invitándome cada día a jugar contigo a adivinar donde te encuentras; y todas las veces en que por algo me enojo contigo, -tal como lo hace un buen amigo- siempre me has venido a buscar.

Siempre es hermoso reencontrarse contigo… Y yo me acuerdo perfecto de todas las veces que eso ha sucedido contigo y conmigo… Una fue en una noche de invierno, manejando yo de regreso hacia mi casa. Adentro del auto, de pronto tuve muchas ganas de hablar contigo; y esa noche fue mágica… Pero tiempo atrás ya te había sentido muy cerca, en alguna ocasión cuando estaba durmiendo; y en ese entonces faltaban pocos días para recibir el sacramento de La Confirmación.

Desde entonces has estado ahí… En todo lo que tengo y lo que no tengo… Me conoces a la perfección por dentro y por fuera; sabes cuales son las cosas que me duelen, o de que forma fallo cuando salen a la luz mis peores defectos… Sabes que hay veces que yo no puedo con eso; pero también conoces la simplicidad que hay detrás de todo lo que me puede hacer feliz y sonreír.

Esta mañana, en un principio mi idea era contarte sobre lo mucho que me duele a veces no poder resolver en mi vida muchas cosas… Lo que me afecta extrañar tanto y sobre todo mi miedo a perder algo muy valioso que hace más de 4 años tú pusiste en mi camino; pero bastó con que echara un vistazo a mi alrededor para darme cuenta que siempre pesa mucho más todo lo bueno que a diario me das.

Yo no sé que pase más adelante y si seré lo suficientemente fuerte para afrontar lo que a través del libre albedrío que me has dado, tenga que vivir como consecuencia de mis actos y decisiones tan humanas. Tú sabes mejor que nadie que no soy ni seré nunca una mala persona; porque conoces con la misma profundidad que conoces el mar y el cielo, todo lo que hay adentro de mi corazón.

Hace ya un buen tiempo que dejé de pedirte cosas; porque entendí que la vida y el destino, nos diste la capacidad para escribirlo cada uno de nosotros mismos… Eso yo no quiero olvidarlo, ni dejar de tenerlo presente cada día desde que abra los ojos; pero al mismo tiempo necesito siempre que no dejes de jugar conmigo a descubrirte en cada cosa, que te sigas disfrazando en lo más simple y sencillo, para que sin importar que yo tenga un espíritu tan frágil; pase lo que pase nunca me olvide de que a pesar de los tropiezos tú vas a estar ahí…

Gracias por dejarme escribirte esta carta y por las cosas que pasan cada día. Gracias también por dejarme vivir en este tiempo y adentro de este disfraz que diseñaste hace ya tantos años adentro de mi madre, especialmente para mi.

Gracias porque todo aquello de lo que carezco, me lleva a darme cuenta de lo frágil que soy como ser humano y eso me acerca a ti.

Postales Imaginarias.

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…Y me fui a dormir pensando en todo lo que te pasaba. Al llegar al país de los sueños, aunque estaba demasiado lejos de tu meridiano, tuve ganas de poner en tu maleta de viaje una historia distinta, escrita con granitos de arena, incrustados en un pedazo de papel doblado.
En el mundo real, tal vez eso de nada te serviría… Ni tampoco el espacio que siempre te guardo en el naviero de papel que todos los días, al terminar las horas y cerrar los ojos, me lleva de camino hacia el país de los sueños.
No puedo traerte hasta aquí, ni evitar que algunas cosas te pasen, más lo que si puedo hacer es, regalarte un boleto para una travesía imaginaria que te sirva como una puerta emergente para esconderte de la tristeza, engañar a la nostalgia y olvidar por unas cuantas horas, las cosas que te duelen y eclipsan todo eso bueno que eres tú.
Yo no sé si nos hemos visto a los ojos, ni tampoco tengo idea de cómo fue que tus pasos te trajeron hasta aquí; ¿pero sabes algo?: Hoy mientras camino, al mismo tiempo sueño despierta… Sueño y confío en que tal vez buscando una respuesta yo me cruce en tu camino; y aunque no esté en mis manos cambiarte con buenos deseos el pasado, te puedo regalar la luz que envuelve a las letras que permanecen para siempre, cuando salen del interior de alguien que hasta la cosa más insignificante y sorprendente te quiere compartir.
En este momento pienso, en que las postales se inventaron para enviar abrazos y buenos deseos a distancia, para decirle a alguien: “Eres parte de mi y te llevo conmigo siempre muy presente, aunque me la esté pasando demasiado bien”.
Pero como esta es una postal imaginaria, no tiene límite en el espacio ni en el tiempo; y a pesar de que ni tú ni yo nos encontremos nunca, y tampoco puedo ponerla en tus manos, espero que en estas letras olvidadas, encuentres un día, un buen motivo para sonreír.
10 de Abril, 2011.
10:58 am
(Hace  176 días)

La primer vuelta alrededor del sol.

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Hoy, completaste la primer vuelta alrededor del sol… Después de más de 300 días con cada una de sus muy distintas noches, volvemos a encontrarnos en el punto donde mientras yo te escribía la primer carta, tu mamá pasó toda una madrugada esperando que llegaras aquí.
Para ti, era el inicio de un camino, para nosotros un lugar donde detener en forma momentánea la marcha para esperarte. Tu viaje había comenzado desde mucho antes, tus días se empezaron a contar a partir de una llamada y un pedazo de papel; que más allá de ser el pase de abordar hacia la vida, tú lo convertiste para muchos en una hermosa manera de mirar hacia el futuro.
De la última vez que te escribí, a hoy, han pasado muchas cosas en el mundo: Transbordadores espaciales que vuelven a la tierra (después de tanto tiempo de estar flotando en el espacio); un país que se cree “guardián del mundo”, atrapó después de tanto tiempo a un villano que vivía en el desierto; para luego tirarlo al mar… Pero bueno, todas esas son cosas que cuando tú seas grande, podrás encontrar en cualquier libro de historia. Desde antes de tu llegada, mi promesa para ti fue contarte a través del papel y la tinta como han sido las cosas mientras tú creces y te haces grande; pero creo que fue demasiado pretencioso de mi parte; pues ha sido más lo que cada uno de nosotros hemos aprendido a través de ti.
En una vuelta al sol, Dios decidió ya dos veces, usar un crayón para colorear la luna de color rojo y vestir así al cielo de eclipse.
Te ha regalado lluvia y frío; así como rayos amarillos y cálidos sobre tus mejillas rojas, para enseñarte antes que cualquiera de nosotros lo que es vivir y sentir.
Hace apenas unos meses atrás, te conté en una carta, la historia de una pequeña princesa a la que le gustaban los cuentos que nunca terminan y hoy que hemos completado junto contigo la primer vuelta al sol, en lugar de un juguete me encantaría regalarte una historia.
Sé que aún eres muy pequeña para poder leer por ti misma todo esto; pero el día que puedas hacerlo, y cuando llegues a esta parte de mi carta, te voy a pedir algo… ¿Te acuerdas del duende que vivía en un parque y guardaba sueños de colores en un frasco? ¿Sí?... Ahora cierra tus ojos e imagina lo siguiente:
Un buen día, ese duendecito que vivía en un parque, estaba muy, muy aburrido y vació su frasco de sueños para irse por ahí a recolectar otra cosa. Caminó por las calles y se subía donde pudiera para poder asomarse a través de las ventanas para ver que cosas encontraba (acuérdate que él era muy chiquito de tamaño).
Su nariz redonda y de color rosita, casi se hizo plana por tanto tiempo que permanecía a veces pegado a los cristales en su intento por encontrar algo especial. 
Así fue como descubrió que existían los recuerdos… Y en una de esas noches que te contaba antes, en la que Dios pinto la luna con un crayón rojo; El Duende Cazador de Sueños encontró muchos que eran de colores y los guardó uno por uno, envueltos en pedacitos de papel doblado que también era de tonos brillantes…
Luego se los llevó al parque donde él ha vivido desde siempre. Se sentó al pie de un árbol inmenso que a pesar de que era muy sabio y había vivido mucho más tiempo que el duende; como sus raíces estaban incrustadas en la tierra, nunca se pudo mover y como no conocía las cosas que existían mucho más allá del parque. Le dio curiosidad el frasco con los recuerdos y entonces le preguntó al Duende ¿qué era eso que llevaba guardado ahí?
El Cazador de Sueños desenroscó la tapa; y empezó a sacar uno a uno cada papel para desdoblarlo y mostrarle al árbol. Mientras El Duende le contaba que los había recolectado todos al pie de la cuna de una niña. El árbol se quedó fascinado porque al desdoblar cada trocito de hoja; se veía desplegado en el interior cada recuerdo como si fuera una foto mágica en la que todo lo que aparece dentro está vivo y tiene movimiento.

En el primer papel vio a una niña que nació un día después de que la luna estaba a la mitad y hacía un poco de viento. En otro papel descubrió como un poco de tiempo después, ella logró llenar de vida la habitación de una casa.
Luego el árbol se rió hasta que le dolió su barriga de madera (porque has de saber Melissa, que los árboles tienen barriga); ya que en otro papelito había un recuerdo de un día en el que esa niña descubrió de un susto, la magia de la música a través de la trompeta de un mariachi…

Había otro recuerdo donde El Duende logró atrapar la carita de asombro que ella tenía, en un día normal, cuando descubrió que las historias más increíbles y mágicas se pueden contar a través de una pantalla gigantesca en el cine… Luego deshizo el doblez de otro recuerdo donde ella aparecía con un vestido de color rojo con bolitas y unas orejitas de ratón…

El árbol estaba tan fascinado con todo eso, que se agachó demasiado y con una de sus ramas, sin querer tiró el frasco y de él se salieron un montón de papelitos que todavía estaban sin abrir.

El Cazador de Sueños supo que no lo hizo a propósito; y le dijo que no había problema cuando lo vio tan apenado porque el viento se llevó volando algunos de ellos; y de sentir pena; el árbol pasó a llenarse de curiosidad.
Todos esos pedazos de hoja que se volaron, estaban en blanco, no tenían nada. El Duende Cazador de Sueños le hizo saber al árbol que eran pedazos de hoja donde se escribiría el futuro de esa niña a medida que fuera creciendo….
El árbol se quedó todavía más intrigado y entonces El Duende le contó que en algunos de esos papelitos habría rayones y manchas de manitas pequeñas plasmadas en las paredes… Algunos estarían embarrados de lodo o plastilina de color verde, otros pegajosos por estar llenos de dulce; pero con mucha suerte, tal vez en alguno atraparía un pedazo de hilo con el que se ató un globo para enviar una carta al Polo Norte para pedir juguetes o guardaría el encanto de un instante, al ver elevarse un simple papalote de papel…
A pesar de que el frasco tenía muchos recuerdos atrapados; le quedaba todavía un buen espacio antes de llenarse hasta el tope. Así que mientras yo te escribo esto, tal vez El Cazador de Sueños esté buscando más papelitos con que llenarlo… ¿Crees que tu podrías regalarte algunos?… Quizá para cuando tú ya puedas leer esto por ti misma tendrás algunos muy lindos para envolver y dárselos al duendecín para que te los guarde en su frasco… 
Yo te estoy ayudando también y ya te tengo algunos bien dobladitos y listos… Esta es apenas la primer vuelta al sol, tenemos todavía mucho tiempo y podemos decirle a tú mamá para que también nos ayude a recolectar los que sean más bonitos e importantes… ¿Te late?
Tal vez con ellos El Cazador de Sueños te regale un cuento… Pero mientras eso sucede: ¡Feliz Cumpleaños Melissa!, que este sea el primer año; la primer vuelta de tantas que vendrán, alrededor del sol…

Para Ismael…

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Foto: Miguel Pereira ©
Jueves 13 de Mayo, 2010.
Te escribo de madrugada lo que no sé decir con palabras, y la primera línea la lleno con la idea de que en plena oscuridad, imagino perfecto la tarde con lluvia que describes y hasta casi creo que puedo verte pasar por la acera de enfrente en una calle al otro lado del océano, en específico en una ciudad que no conozco y tú llamas Madrid.
Sé que el espacio libre entre tu guitarra y el estuche que lo resguarda va cargado de historias… Te dejo pasar sin cruzar palabra, y una vez que ya lo has hecho, me gustaría regresar de prisa y alcanzarte, tan sólo para decirte que alguien escribió en letras azules, no acerca de lo que tratan tus historias, sino de todas las cosas que se sienten si quien las cuenta eres tú.
Después de ese encuentro tan fugaz como imaginario, vuelvo a mi realidad envuelta en penumbras, y siento la necesidad de escribirte a través de un pequeño cuadro luminoso, que en cuestión de segundos -y al igual que un pedazo de papel encontrado en la cocina- te hará saber lo que pienso.
Mientras aquí, la primavera se empeña en ser fría, tú hablas como en las viejas leyendas que acompañaban a los antiguos relojes, del Memento Vivere”… En pocas palabras de recordar lo que es vivir”... También hablas de volver a los mismos lugares por los que ya pasaste antes, con todas esas historias vestidas de infinita simplicidad entre las cuerdas de tu guitarra, y entonces me da curiosidad preguntarte: ¿qué se sentirá saber? -que sin importar el tiempo que haya pasado- siempre habrá gente distinta esperándote ahí.
…Puede ser que todo siga igual, puede que no sea así… Esa es la duda que refleja el principio de incertidumbre… Mientras hablas de los amores imposibles y describes a la perfección lo que es una despedida, caigo en la cuenta, (gracias a ti), de que la madrugada es el espacio perfecto donde los sentimientos y emociones (a pesar de la oscuridad tan densa), se pueden ver y también tocar…
La lluvia de Madrid tan sólo es un pretexto para dejarse envolver por tus historias impregnadas de tanta belleza como nostalgia… En el instante presente, mientras tú te preparas para el siguiente viaje desde esa ciudad que parece un mundo; aquí todavía no amanece y yo cierro mis ojos para volver a un mundo imaginario, pletórico de irrealidades, mientras en el camino voy deseando que al menos esta madrugada dure un poco más…
“Te Vas” / Álbum: “Acuérdate de Vivir” (2010) / Track No. 2.
“Te Vas”
-Ismael Serrano-

Te vas, a la ciudad definitiva sin mí,

perdonarás que no te vaya a despedir.

La noche corta como un cristal roto y tú
estarás tan triste como hermosa.

Tu luz,
quemó mis naves cargadas de incertidumbre
y el corazón que sobre tu mesa yo puse
para cenar la noche en que nos dispusimos
a saltar de la mano al precipicio.

Y yo procuraré sonreír más a menudo
y acostarme a una hora prudente.
Tú me enseñaste que afuera, siempre,
me está esperando una nueva mañana…

Como aquella nues
tra,

radiante y soleada…
como aquella nuestra,
radiante y soleada…

Te vas
a la ciudad definitiva y en Madrid
quedamos huérfanos y enfermos.

Te vas a reír,
pero pregunto cada noche a los fantasmas
que habitan mis bares
cuándo vuelves a casa.

Los días caen lentos como el polen de un árbol
cubriendo todo mi jardín de desencanto.

Un sucedáneo de la vida será al fin
el tiempo que he de recorrer sin ti.

Y yo procuraré no suspirar tan a menudo
y acostarme a una hora prudente.
Yo sé que afuera, inevitablemente,
me está esperando una nueva mañana.
Lo prometiste, radiante y soleada.

Y tú procurarás cumplir con lo que has prometido,
ser fuerte y devorar la manzana.

Has de pensar, cada nueva mañana,
que un tipo a menudo piensa en ti y sonríe
aunque quizá no sean sus días más felices.

Y yo procuraré mantener la luz encendida
por si se te ocurre volver de repente.

Alumbrará este recuerdo incandescente
el camino de vuelta, aquel que trazaron antes
viejos fugitivos, nuevos amantes…

Viejos fugitivos, nuevos amantes…

Y yo procuraré sonreír más a menudo
y acostarme a una hora prudente.
Tú me enseñaste que afuera, siempre,
me está esperando una nueva mañana
como aquella nuestra,
radiante y soleada.

Te vas

a la ciudad definitiva sin mí…

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