Día 5: En Busca de Diego y Frida… (1era. Parte).

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Martes 13 de Septiembre, 2011.
…Despertar temprano en una ciudad lejana puede parecer extraño o puede ser una gran bendición… Un día antes había estado en Chapultepec, pero no sabía que el primer día de la semana el castillo permanece cerrado al público; así que el único plan “formal” que tenía para ese Martes era visitar una vez más ese sitio histórico, pero fuera de eso tenía el día completo para mi.
Sin ya ningún tipo de compromiso por delante, y a diferencia del fin de semana anterior, me tomé todo el tiempo del mundo. Me levanté muy temprano y salí a la calle cuando el sol ya había salido, con la intención de buscar un lugar donde desayunar primero.
Yo no sé si sea la ventaja de viajar sola, o de no tener prisa; pero bajo esa perspectiva la ciudad se percibe diferente, porque todo cuanto vas encontrando en el camino te sorprende con la misma fascinación que un niño pequeño cuando descubre algo increíble y mágico por primera vez.
La idea de volver a Chapultepec era lo único que había en el itinerario para ese día; y tomando en cuenta que era un plan que había contemplado para la tarde; mientras caminaba por la Avenida Guerrero sin tener idea hacia donde dirigirme; decidí dejar que fuera el mismo destino quien se encargara de sorprenderme… Vaya que lo hizo… Pues en ese instante resonó en mi cabeza un comentario que se dio durante la conversación con mis amigos de Faenza (apenas un par de días atrás):
-¿Y por qué no te vas en el metro?
-Es que no sé andar en metro… La verdad me da miedo… La última vez que vine a México se me ocurrió subirme en plena hora pico con una maleta enorme para llegar al aeropuerto-
-Pues nada más a ti se te ocurre eso…-
-La verdad sí, me bajé como pude y me fui en taxi a la terminal 1 y apenas llegué a tiempo para tomar el vuelo.-
-Pues es nada más que le pierdas el miedo y le agarres la onda a las conexiones…-
…Perder el miedo… La persona que me dijo eso, quizá tenía razón… Hasta ese día mi desplazamiento de un lugar a otro desde el día en que llegué a la capital del país había sido en taxis y en microbus… Así que ¿por qué no intentarlo?… Entonces, aprovechando que mis largas caminatas por el Centro Histórico me permitían conocer más o menos el rumbo, y ya con el estómago bien llenito, una botella de agua y algunos snacks para el camino, me dirigí hacia la zona cerca de Bellas Artes, pero en lugar de caminar en dirección hacia el Zócalo, en la primer cuadra de la Alameda Central, crucé la calle y caminé por una calle que atravesaba el Teatro Metropolitan, hasta que encontré una entrada subterránea que indicaba que era una estación del metro.
En la estación del Metro Balderas, ahí quedó perdida mi reputación… (Bueno eso dice Alex Lora de “El Tri”)…

La verdad no tengo ni la menor idea que estación era, (creo que era la estación Juárez); pero al llegar ahí lo primero que hice fue preguntarle a  la misma chava que me vendió los boletos para accesar al metro ¿Cómo podía llegar hasta Chapultepec?

La chava me dijo que tomara el metro y que me bajara en la primer estación que seguía después de esa. Se trataba de la famosa Estación Balderas y de ahí abordara otro vagón que estuviera marcado como la Línea 1 con dirección hacia Observatorio, y una vez que transbordara, ese metro me llevaría hasta Chapultepec.
Yo creo que fue más lo que tardó la chica en explicarme, que yo en llegar a la estación Balderas. Una vez estando ahí, me subí al vagón, pero viendo los señalamientos que están pegados en los muros de cada estación e incluso adentro de cada vagón del metro, me empecé a fijar que había algunos que tenían una flechita de distinto color arriba y que eso significaba que se trataba de las estaciones donde era punto de conexión con otras líneas del metro que llevaban hacia otros puntos de la ciudad… 
No llegué a Chapultepec… Porque en ese momento tuve un momento de “iluminación”… Me seguí de largo hasta Observatorio tan sólo para averiguar donde quedaba exactamente la estación Chapultepec, y de ahí me regresé de nuevo hasta la estación Balderas, porque algo que había visto en el tablero de la Línea 3 cambió de modo espontáneo mis planes… Ñaca-ñaca…
Ahí fue cuando entendí por fin en forma exacta como funcionaba el metro; y yo creo que una sonrisa con dientes de mazorca se dibujó en mi cara cuando adentro del vagón del metro descubrí que yo tenía razón y esa línea me podía llevar hasta Coyoacán, punto del D.F que me encantó desde la anterior vez que estuve en México y donde se encuentra ubicada la casa de Diego Rivera y Frida Kahlo.

Estaba a 7 estaciones de distancia que recorrería en menos de 15 minutos… Saliendo de ahí no tenía ni la menor idea de si la casa-museo de estos dos famosos pintores quedaba cerca o muy lejos, pero como dicen que “preguntando se llega a Roma”; me encantó la idea de lanzarme a la aventura y hacia allá me dirigí.
Ya no pude ver a mis amigos, pero en el camino le avisé por sms a Oscar ¡que por fin había aprendido a usar el metro! y le causó mucha gracia… Saliendo de la estación me esperaba un día esplendoroso: era una mañana soleada, gente por todos lados y como siempre en el camino, los aromas de la comida se mezclaban con la prisa de la gente y el arte encerrado entre las páginas de los libros que encontré entre los puestos de varios vendedores ambulantes.
El camino fue largo, pero la verdad lo disfruté enormemente, porque Coyoacán es una zona de la ciudad de México tan pintoresca que hasta siendo extranjero, podrías pararte en cualquier esquina y con sólo aspirar un poco de oxígeno te darías cuenta que estás en territorio mexicano.

La última vez que estuve en ese punto de la ciudad, por cuestión de tiempo sólo pude conocer el área donde los diversos artistas exponen su trabajo y lo comercializan, así que descubrir con los sentidos muy abiertos y siguiendo tan sólo el rumbo que indican los impulsos, caminé un buen rato entre calles en busca de una pista que me llevara hasta el lugar donde podía encontrar la huella de Diego y Frida.

En el 2008, cuando perfilé mis pasos por esas calles, Coyoacán estaba vestido de calaveras y flores amarillas de cenpazúchitl adornando los altares colocados en la parte exterior de las casas, pues era víspera de la celebración del Día de Muertos.
Tres años después, y justo en esa mañana, las calles y los balcones se encargaron de recordarme mi propia mexicanidad a unos cuantos días de la celebración por el Bicentenario de la Independencia; ya que sólo estando en la capital del país y más en específico en esa zona de la ciudad, la nacionalidad se puede percibir y casi, casi palpar así.
Después de caminar un buen rato, un par de letreros pegados en una esquina me indicaron que iba por el camino correcto y me quedé pensando en lo importante que es siempre seguir tus impulsos, pero sobre todo hacerle caso a las “señales”.

No pasó mucho tiempo, caminé todavía unos cuantos pasos más y de pronto ya estaba al pie de una casa de color azul, que en el cruce de las calles Londres y Allende, desde hacía tres años atrás me había extendido una invitación para pasar de visita.
Después de tomar algunas fotografías, decidí entrar de inmediato y lo primero que me sorprendió además de las figuras de papel maché colgando sobre el techo fue que en la taquilla me preguntaron mi nacionalidad… Nunca me había pasado eso en un museo, y ahí mismo me cayó el 20 que eso se debía a que las personas que son mexicanas y visitan la casa-estudio de Diego y Frida ¡tienen un descuento especial!
Lo primero que experimentas al estar en ese espacio que perteneció a estos dos grandes pintores es emoción, porque desde el instante mismo en que pones un pie en ese sitio, es como si viajaras en el tiempo y tuvieras la sensación que en cualquier momento te encontrarás con alguno de ellos ahí.

A pesar de ser una casa muy antigua, es un lugar muy agradable. A mi me dió la sensación de que era un lugar fresco, porque lo primero que descubres después de haber atravesado la entrada principal, es un zaguán repleto de macetas y bordeado por un gran número de ventanas que revelan un poco de lo que es el interior de la casa y que es evidente aumenta tus ganas de apresurar tus pasos para entrar y descubrir de que manera Diego y Frida te pueden sorprender.
Yo creo que pasaban de las 10 de la mañana cuando mis pasos atravesaron el umbral de la primera puerta y lo primero que encontré fue una estancia con las paredes en color claro y repletas con los cuadros de Frida.
Cuando uno piensa en ella siempre se imagina las pinturas llenas de colorido, pero había muchos bocetos. Yo los fui observando uno a uno y haciendo anotaciones en mi pequeña libreta de todos los que más me iban llamando la atención.
Los cuadros de Frida reflejan siempre cosas muy contrastantes, por un lado son una alegoría a la vida, al colorido de nuestra mexicanidad, pero también son la clara evidencia de todo el dolor físico que ella tuvo que afrontar a lo largo de su vida.
Me llamó mucho la atención que había muchos cuadros que en la ficha técnica mencionaba que eran “retratos inconclusos”; y me quedé pensando en ¿por qué razón no los habrá terminado?
Había también un cuadro titulado “Naturaleza Muerta”, que es muy impresionante porque además de la pintura, ella misma hizo el marco de madera, que está en forma redondeada y si lo observas bien te puedes dar cuenta que la manera en como lo diseñó hace alusión a la matriz de una mujer. Ella siempre quiso ser madre y vio su sueño frustrado, eso lo reflejó en contadas ocasiones dentro de su obra y pues antes de que se me apachurrara el corazón… Decidí seguir continuar con  mi recorrido….
“Retrato de mi padre” (1952), este cuadro es uno de los que dejó inconclusos y se encuentra en exhibición en La Casa Azul.
Todo el dolor físico y el sufrimiento reflejado siempre a través su obra.
Este es un cuadro que pintó de toda su familia, pero me dejó intrigada porque hay 3 personajes que aparecen con el rostro borroso y no se sabe quienes son… Yo  supongo que pueden ser hermanos de ella que murieron poco tiempo después de nacer.

De las pinturas que estaban en esa sala y otra contigua, los que más me llamaron la atención fueron: “Frida y La Cesárea” (1931), “Naturaleza Muerta” (1942); “Retrato de Agustín M. Olmedo” (1928) y un paisaje de Nueva York que no era propiamente una pintura, era un boceto hecho con puros trazos… Yo nunca había visto un cuadro de Frida así, de ese estilo.
En la siguiente habitación de la casa, había vitrinas con cartas que Frida le envió a Diego, muchas fotografías de ella cuando era joven (muy lindas algunas y que reflejaban a una pintora muy distinta de la que todos conocemos), había un pequeño teatriño que ella misma fabricó (¡y que estaba padrísimo!), pero definitivamente lo que más me embobó y me tuvo entretenida durante un buen lapso de tiempo fueron sus cartas…
Poder ver su letra, la manera tan apasionada como le escribía a Diego, me hizo saber más que cualquier cuadro, cuáles eran sus sentimientos, como era la forma en que ella hablaba, pero sobre todo, entender que su amor por ese hombre era genuino.

Esta foto de Frida es una de mis favoritas… No sé porque.
Una imagen muy diferente de la Frida Kahlo que todos conocemos.
La disposición de la casa de Diego y Frida está como en forma de escuadra; después de tomar notas y alucinar con las cartas y fotografías, la siguiente área a conocer era la habitación de Diego y la cocina.
La cocina me gustó porque era como las que existían antes, con el cocedor de leña (no tenía estufa), sólo trasteros para guardar los platos y vasos, la verdad no tengo idea como conservaban los alimentos en ese entonces, pero el caso es que abundaban las ollas de barro y lo que me gustó mucho fue que en las paredes, estaban escritos los nombres de ellos con puros jarritos pequeñitos, y no sé porque me dio la impresión de que ese detalle tan peculiar tal vez pudo haber sido idea de Frida…. No sé, era como que un detalle “cursi” y por eso a mi me encantó. La verdad no fue difícil imaginar como sería pasar una mañana desayunando ahí.
De la habitación de Diego no pude tomar fotos, (bueno de hecho no estaba permitido tomar fotos en ninguna de las áreas del interior de la casa…jejejeje), pero bueno, sólo puedo decir que aparte de ser una habitación muy sencilla, con mucha luz (porque daba directamente a una de las puertas tipo ventana que asomaban al zaguán), lo que más impresionaba de estar ahí era percibir la esencia del pintor a través de su cama y los objetos que el usó en vida. Lo que más me llamó la atención es que había cojines bordados con leyendas o frases amorosas y que se notaba a leguas, habían sido elaborados por Frida.
Algo que tampoco he comentado es que por toda la casa, en la parte superior de las paredes había frases de la pintora escritas a mano y algunas eran muy chistosas o extrañas.
Yo no me imaginaba, pero estaba por llegar a la parte de la casa-estudio donde no sabía que estando sin estar… Diego y Frida me iban a sorprender…
Continuará…
“El diablo es rubio y en sus azules ojos, dos estrellitas, encendió el amor. Con su corbata y sus calzones rojos, el diablo me parece encantador”.
-Frida Kahlo-

Día 4: Historias desde La Basílica de Guadalupe.

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Lunes 12 de Septiembre, 2011.
…Cuando Felipe abrió los ojos se sorprendió al encontrarse en un lugar enorme y rodeado de gente. Era evidente que él había pasado la noche durmiendo sobre el suelo y aunque lo último que recordaba era haberse quedado dormido en brazos de su padre, mientras él caminaba junto a muchas otras personas. Sobre su hombro, a Felipe le fue ganando el sueño; sintiendo la vibración de cada uno de los pasos y el sonido de los zapatos al aprisionar en la tierra las piedras del camino; hasta que de pronto, en sus ojos se fueron haciendo cada vez más pequeñas y difusas las pocas luces de la ciudad que brillaban a lo lejos…. No sabía si era verdad o lo había soñado, pero eso fue lo último que vio, antes de despertar ahí.
Debió ser aún de madrugada cuando él y su familia llegaron hasta La Basílica de Guadalupe. Desde Zacatecas, habían viajado durante varios días caminando, para cumplir así con “la manda” que la madre de Felipe ofreció a la Virgen, si le concedía el favor de devolverle la salud a su mamá. Aunque al final la abuela de Felipe no obtuvo su alivio y Dios decidió llamarla a su presencia;  en un acto de fe y devoción, de todos modos la familia entera decidió hacer el sacrificio de recorrer a pie el camino hasta el altar de la Virgen de Guadalupe, como si de verdad el milagro que requerían les hubiese sido concedido; y de paso orar también para la protección de la familia.
 
Desconcertado y en medio de tanta gente, el primer impulso que tuvo Felipe tras abrir los ojos fue el de querer llorar… Pero su madre que estaba ahí despierta, sentada sobre el suelo cuidando de él y sus otros hermanos (que todavía dormían) en un rincón de la Basílica, muy cerca del área de los confesionarios; impidió con una caricia sobre su mejilla que las lágrimas rodaran sobre su cara.
Una vez que se sintió un poco más tranquilo, Felipe preguntó ¿dónde se encontraba su padre?; y con la sonrisa de una madre de familia que entiende el temor de un niño de 5 años, al despertar en un lugar tan grande y que es obvio no es su casa; con toda la dulzura del mundo le hizo saber que papá estaba afuera, junto a otros danzantes, ofreciendo su baile como ofrenda.

Felipe no entendía muy bien todo ese tipo de cosas; lo único que sabía era que desde que recordaba, su familia bailaba ataviada con ropajes y colguijes extraños en honor de la “señora bonita”, que vivía adentro del cuadro dorado.
Su abuela, que era quien siempre oraba, dándole vueltas entre las manos a un collar con un crucifijo y múltiples piedritas, había sido también quien le enseñó a persignarse y le había prometido ayudarlo a aprenderse todas las oraciones que debía saber para cuando llegara el tiempo en que Felipe tendría que hacer su primera comunión.

Su padre, por su parte, en los últimos meses lo estuvo instruyendo también para que aprendiera los primeros pasos de algunas de las danzas que ejecutaban dentro del grupo de matachines  a los que por generaciones enteras, su familia siempre había pertenecido.

Eso era lo que él sabía, pero por ahora no importaba. Tras despertar, era natural su necesidad de ir al baño y le hizo saber eso a su mamá.
Ella no podía apartarse del resto de sus hijos, así que confiando en que era el mayor de ellos; le sugirió que buscara a su padre, que no debía estar muy lejos, para que fuera él -quien si estaba desocupado ya- lo acompañara a buscar el inodoro que quedara más cercano.

Así fue como aquel pequeño se encaminó con dirección hacia la salida de aquel templo, que era mucho más grande que la iglesia de su pueblo… Mientras iba hacia la salida, echó un vistazo hacia el punto de partida, y se encontró con la sonrisa de su madre, quien no le había quitado la vista de encima, tal y si como con eso pudiera protegerlo e irlo acompañando en el camino, sin descuidar tampoco a sus hermanos. Luego, Felipe volteó hacia atrás y descubrió a lo lejos a la gran señora del cuadro dorado. Delante de ella había mucha gente y fue entonces que entendió que existían muchísimas personas como su abuela y su padre. No obstante que le hubiera gustado acercarse para poder verla un poco más de cerca; su necesidad fisiológica era mucho más fuerte en ese instante y luego de atenderla; volvería de nuevo con ese fin.
Cuando Felipe salió lo primero que le sorprendió fue darse cuenta de que estaba en un lugar tan grande. Jamás en su vida había visto tanta gente junta; y aunque tenía miedo de perderse, podían más sus ganas de encontrar un baño lo más rápido posible. A pesar de que por su corta estatura no podía visualizar lo que había a una mayor distancia; él pensaba que si caminaba en línea recta, además de encontrar un baño pronto, no perdería el camino de regreso.
Finalmente encontró un baño; y tras salir de ahí entre la multitud de gente escuchó el resonar de un tambor que reconoció como el que ejecutaba su padre para acompañar la danza. Con el corazón latiéndole adentro del pecho, Felipe salió corriendo y aún estando lejos, comprobó que era él. Comenzó a gritarle, pero era tal el ruido provocado por aquella multitud que era prácticamente imposible que él lograra escucharlo.  
Caminó en dirección hacia dónde estaba lo más rápido posible, con toda la intención de alcanzarlo, pero justo en ese instante el sonido del tambor se silenció como evidente muestra de que la danza había terminado; y por ende los danzantes comenzaron a alejarse.
Alarmado, Felipe empezó a correr, pero sus piernas eran demasiado cortas aún y esa enorme cantidad de personas mermaba todavía más la distancia que tenía que recorrer para poder darle alcance a su padre. A medida que esquivaba personas lo más rápido que podía, su padre parecía alejarse más y más. De pronto, para aquel niño sólo fue visible un trozo de tela en color azul de la capa del traje de danzante que llevaba puesto su padre, y que iba arrastrando a medida que caminaba a paso apresurado entre aquella multitud. Él ni siquiera imaginaba que su hijo trataba de alcanzarlo; y al final, la distancia fue demasiada y Felipe lo perdió de vista.
…Ahora sí estaba perdido, no sabía como encontrar el camino de regreso… Sentirse solo en medio de toda esa gente y con miedo de no poder encontrar a su familia, propició que sus enormes ojos oscuros perdieran en un instante su luminosidad con las gotas de agua que empañaron su visión y de pronto comenzaron a humedecerle las mejillas.
No podía quedarse ahí de brazos cruzados, él era ya un “niño grande” y por lo mismo no debía llorar… Se secó las lágrimas con la manga del sweater que en esa mañana de Septiembre llevaba puesto; y al ver delante de él una enorme escalera que no sabía ni a dónde lo llevaría; supuso que su padre tal vez siguió ese camino y decidió irse por ahí.

Antes de subir decidió echar un vistazo a otra iglesia que se encontraba ahí cerca; (por si su padre había entrado), pero no, lo único que encontró en ese lugar fue además de más imágenes de la Señora del Cielo, a un montón de gente, pero sobre todo a muchas señoras que por la manera en que rezaban y encendían veladoras, le recordaron a su abuela.

Su padre no estaba ahí, así que salió de inmediato para meterse en la iglesia contigua donde lo único que encontró fue el olor a cera y las paredes adornadas por completo con figuras tan doradas como el sol. Felipe no entendía porque la gente era silenciosa y solemne estando en esos lugares. Afuera todo parecía una fiesta y en cambio adentro de cada una de esas iglesias todas las personas cambiaban por completo su actitud.

Como buen niño curioso entre tantas cosas que había para observar adentro de ese lugar en donde estaba, sus ojos descubrieron de repente una gran medalla que pendía de la pared. Se quedó por un buen rato observándola, mientras al mismo tiempo se preguntaba ¿a quién pertenecía? y qué acción tan buena tendría que hacer él para poder ganarse un premio similar.

En su intento por acercarse un poco más para poder observarla, tropezó con uno de los reclinatorios de madera, lo que provocó que todos los adultos que ahí se encontraban rezando voltearan a verlo con una expresión que denotaba que reprobaron su comportamiento. Alguien que se encontraba en las primeras bancas le dijo en voz alta que dejara de jugar y guardara más respeto y silencio.
Aquella voz en tono imperante fue lo que provocó que Felipe volviera a la realidad y recordara de nuevo que estaba perdido y tenía que dar a toda costa con sus padres o por lo menos encontrar el camino de regreso.
Salió al exterior donde parecía que cada vez más gente llegaba para dirigirse hacia todos los puntos, y aquel pequeño de 5 años también tenía ahora un camino que seguir.

Perfiló sus pequeños pasos en dirección ascendente por la enorme escalera que se veía iba a dar hasta un punto muy lejano. En el camino se encontró con otra pequeña iglesia, y no supo porque, pero no tuvo intención alguna de volver a entrar, porque algo le decía que su padre tampoco estaría ahí dentro. 

A medida que iba ascendiendo, Felipe quedó maravillado con la belleza de cada cosa que fue encontrando a su paso: Jardínes hermosos llenos de vegetación, un reloj muy grande de manecillas, parecido al que su madre tenía en casa y con el que él estaba aprendiendo apenas a leer la hora. También el colorido de los ropajes de la gente que subía y bajaba proveniente de todos lados; los adornos mexicanos con los que los fotógrafos ambulantes invitaban a los visitantes a detenerse por un instante para tomar la foto del recuerdo y capturar un trozo del presente en un papel fotográfico, así como la visión de una ciudad enorme que era visible desde la parte más alta del cerro del Tepeyac.
De pronto recordó la historia que su abuela le había contado; y que trataba sobre un indígena llamado Juan Diego, ante quien la señora del cuadro se había hecho visible…. De tantas veces que escuchó a su abuela contarle esa historia, Felipe imaginó que era un cuento que ella se inventó o que se trataba de una película antigua, de esas como las que ella le encantaba ver una y otra vez.  

Llegó hasta la parte más alta del cerro, donde encontró otra iglesia; y estando en ese punto, volvió a sentir miedo al darse cuenta que estaba ya muy lejos y no tenía la menor idea de como regresar. Intentó volver sobre el camino andado, pero a medida que iba descendiendo por la enorme escalera nada le parecía conocido ni tampoco pudo reconocer algún lugar por el que ya hubiera pasado un rato antes.
La desesperación se apoderó de él y fue y se sentó en el borde de una banqueta donde justo frente a él estaba un hombre con un pájaro en una jaula, como esos que él había visto en la feria, sacaban un papelito en el que estaba escrito el destino de la gente.
A poca distancia, Felipe descubrió una hermosa cascada donde había figuras que representaban la historia de Juan Diego que su abuela le había contado. No obstante que todo eso era muy bonito; la verdad era que Felipe se sentía ya muy cansado de tanto caminar, y aunque su único deseo en ese momento era volver a reunirse con su familia, sin saber exactamente como lograr eso, rendido fue y se sentó en el borde de una bardita de concreto, justo frente a la imagen de Juan Diego y La Señora del Cuadro.
Con la carita triste apoyada entre sus manos, los ojos se le volvieron a llenar de agua; pero fue sólo un instante, porque de pronto la voz de alguien que le hizo una pregunta lo regresó de nuevo a la realidad.
Felipe reaccionó y descubrió en esa misma barda a una mujer que quizá tenía la misma edad que su mamá y era quien mientras comía un poco de fruta, se dirigió a él.
-Hola… ¿Estás perdido?
-Sí…
-¿Cómo te llamas?
-Felipe, pero mis amigos y mi mamá me dicen Felipín…-
-Mucho gusto Felipín, no te preocupes, tus papás deben andar por aquí cerca y no tardan en encontrarte… ¿Tienes hambre?, ¿quieres un poco de fruta?-
-¿Y tú?, ¿vienes con tus hijos?
-Nop… Yo no tengo hijos…-
-¿Con tu esposo?…
-Nop, tampoco…
-Si no tienes esposo y tampoco tienes hijos ¿entonces con quién vienes?, ¿también estás perdida?
-Mhhhh…. Digamos que sí, me perdí también por un buen rato, pero aquí vine y me encontré…
-¿Y no tuviste miedo?-
-Sí un poco…-
-Pero se supone que los grandes ya no deben de tener miedo.-
-Bueno… En realidad así debería ser, pero los grandes a veces somos como un niño que está adentro de un disfraz más grande, pero por dentro somos como tú.-
-Ahh…. ¿Algo así como estar en un traje de gigante?-
-Ajá… Algo así…-
-Yo vine con mis papás porque querían pedirle a la señora del cuadro dorado que le devolviera la salud a mi abuela, ella también siempre le pedía cosas… ¿Tú también veniste a pedirle algo?
-Sí, todos los que estamos aquí venimos a eso, y yo también estoy aquí porque necesito pedirle ayuda, pero no es para mi.-
-De seguro te va ayudar, mi papá dice que ella siempre le ayuda a las personas que son buenas y hacen bien.-
-Yo creo que tu papá tiene razón… Lo que yo necesito es para una persona que es buena…-
-Bueno… Me tengo que ir, tengo que seguir buscando a mis papás…-
Una vez que llegó a la parte baja de ese inmenso santuario, Felipe comprendió que su familia no era la única que había llegado hasta ese sitio impulsada por su afán de creer.
Se quedó un rato parado de nuevo en medio de la explanada y además de los aromas y los sonidos, las imágenes que vio, lo llevaron a entender todo aquello de lo que hablaba la gente, pero sobre todo también tuvo más en claro las acciones que desde niño vio reflejadas en su abuela.
En ese lugar había personas que llegaron en bicicleta, y familias muy parecidas a la suya que compartían los alimentos sin importar el sitio donde estuvieran. También vio a hombres y mujeres de edad avanzada que entraban arrodillados a la iglesia y siguiendo un poco su camino fue a dar por fin hasta el lugar donde se encontraba La Señora del Cuadro.
Felipín se quedó de pie frente a ella y entonces se dio cuenta que no era algo inventado todo lo que su abuela le contó en otro tiempo. La Señora del Cielo era mucho más hermosa de lo que él imaginaba y se quedó pensando en que tal vez debía tener poderes mágicos para escuchar a todas las personas que llegaban hasta ahí para pedirle algo.
Estando de pie frente a esa imagen, Felipe recordó lo que hacía unos minutos atrás escuchó durante la conversación referente a que todos llegan hasta ahí con la intención de “pedir algo”… Quizá bajo otras circunstancias; Felipín hubiera pedido un balón o cualquier otro juguete; pero de pronto entendió que las peticiones que esa señora que llevaba tanto tiempo adentro de ese cuadro eran de otro tipo e iban mucho más allá de todo eso… Y si de pedir algo se trataba, él lo único que quería en ese momento, era regresar de nuevo con su familia.
En ese instante quedó visible frente a él uno de los tantos caminos que dan acceso a la Basílica de Guadalupe, y con cada imagen de la Virgen de Guadalupe que iba encontrando a su paso, era como si ella misma le estuviera indicando el camino de regreso.
El camino por el que optó lo llevó de nuevo hacia la parte exterior de ese santuario donde la fe se manifiesta de las más diversas e inverosímiles formas… A su paso encontró una figura de El Papa Peregrino que hacía que su abuela llorara cada vez que aparecía en televisión; así como a cientos de personas que al igual que su familia llegaban al mismo tiempo en peregrinación y con algo para dar a cambio de los deseos concedidos.

A pesar de ser un niño, de repente todo ante sus ojos se mostró tan claro, al  igual que el camino de regreso. Felipe se metió entre la multitud, y fue la misma quien lo fue llevando hasta el punto donde originalmente se perdió.
En el trayecto descubrió los tubos de un órgano gigante, las banderas de todos los países que vio en uno de los libros de su escuela; pero su felicidad más grande fue descubrir a lo lejos a sus padres que sentados sobre el suelo se disponian a compartir el desayuno en medio de toda esa gente que con esperanza llegaba hasta ese santuario.
Aquella tarde Felipe entendió que en ese lugar podían surgir muchas historias, más allá de la que su abuela le contó… La de su familia incluso, era una de ellas y ya cerca del mediodía, mientras él desayunaba con su familia, alguien que después de depositar su petición se fue a recorrer las calles de una ciudad desconocida; Felipe, con tan sólo 5 años, entendió por primera vez y gracias a todo lo que vio en ese día, el verdadero significado de la palabra FE.

“Virgen de Guadalupe: alcánzame de tu hijo el perdón de mis pecados, bendición para mi trabajo, remedio a mis enfermedades y necesidades, y todo lo que creas conveniente pedir para mi familia”.

Bitácora de Viaje: De Camino Por El Centro Histórico.

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Todavía en el Domingo 11 de Septiembre (en la última parte del día)…
…Desde la primera vez que la vida me dio la oportunidad de salir de el lugar en donde vivo para recorrer un camino que me llevó a ver lo que existía muy lejos de casa; aprendí que los viajes -como digo yo- siempre te llenan de imágenes, sonidos y aromas nuevos…
La ciudad de México no es la excepción, y desde la primera vez que estuve ahí (en el primer año de un nuevo siglo), esos tres elementos me envolvieron para revelarme cómo es la vida en la capital del país.
Después del encuentro con los ángeles terrenales (que así le llamo yo desde siempre a las personas de buen corazón que a veces encuentras en el camino y te ayudan cuando más lo necesitas); algo pasó, porque a pesar de que estaba molida por fuera, mi interior todavía tenía cuerda y un repentino entusiasmo que se apoderó de mi de repente, me llevó a aventurarme a pesar del cansancio, para ir a recorrer otra vez las calles del Centro Histórico Siempre quise describir con palabras todo lo que visual y emocionalmente percibes al perderte entre tanta gente, pero primero me gustaría a través de las imágenes revivir ese recorrido con todo aquel que me regale un poco de su tiempo, al pasar por aquí y descubra conmigo todo lo que encontré en la zona centro del D.F.
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Un mundo de gente atraviesa de un extremo a otro las avenidas principales.

Por la calle Madero rumbo al Zócalo.
Iglesias antiguas en todos los rincones del centro histórico.

 

Homenaje a Cantinflas, este performance me encantó porque estaba muy bien realizado y en un letrero que tenían al pie de la bicicleta venía toda la explicación detallada de la época y la técnica para hacer esa representación.
Neytiri de Avatar.
Un soldado metálico que aceptó tomarse una foto cuando ya había terminado su trabajo.
Un fotógrafo metálico… Si le regalabas una moneda, te daba un papel con algo escrito que extraía del portafolio que tiene en los pies.
La Muerte… Ya narré mi encuentro con ella AQUÍ



Un grupo de música tipo latinoamericana.

Claro oscuros encontré a mi paso… Era una tarde nublada y de repente entre calles sorprendía el sol.

Cada vez más cerca del Zócalo y siguiendo el camino del sol.
Los Faraones también cobran vida en las calles del Centro Histórico.

Este personaje era muy chistoso y la foto me dio risa porque el muchacho posó para mi cámara, pensando que yo era quien le iba a vender la foto.
Davy Jones de Piratas del Caribe.

RoboCop.

¡Buzz Light Year!
Primero le daba vergüenza posar para la cámara… Pero le regalé una moneda y…
La foto perfecta de Monsters Inc. (¡El ojo me encanta!).
El Capitán América (después de algunos tacos) y El Chavo del 8.
Cookie Monster (otro de mis personajes favoritos).

Las calles contiguas al Zócalo ya adornadas para las Fiestas Patrias.

Los Faraones… ¡Again!

Tiendas de marca sobre la Av. Madero.


Los Human Freeze abundan entre las calles del centro.

El contraste entre lo mágico y la realidad… Un niño de escasos recursos trabajando en el Centro Histórico.
Eduardo Manos de Tijera… Una de las caracterizaciones más impresionantes.
La famosa Casa de Los Azulejos ya en el camino de regreso al hotel.
La famosa Torre Latinoamericana y el edificio de Sears en una tarde nublada.
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Cada vez que alguien comparte sus vivencias sobre un viaje, es como abrir el álbum de los recuerdos y las sensaciones que esa persona experimentó… Hoy, yo les he expuesto aquí un poco de lo que mis sentidos atraparon y si tuviera que describir ¿cuáles son los aromas que se perciben al recorrer las calles de la ciudad de México?, quizá diría muchas cosas.
El D.F. huele a una mañana húmeda sobre las rocas y los muros resquebrajados de las iglesias antiguas, huele a la prisa de las 8:00 de la mañana y al vapor del café y la avena que te invita a desayunar algo rápido de camino a tu trabajo. Huele también a los guisados y condimentos con que se preparan los tacos de la esquina,  huele al pan que acompaña las charlas por las tardes y al maíz fresco con que se preparan las tortillas de colores y se cocen los nopales sobre un comal instalado en una esquina.
En contaste con los sabores y aromas los pensamientos y la fantasía también se entrelazan, porque al recorrer las calles del Centro Histórico, (sobre la Avenida Francisco I. Madero); entre un mundo de gente te puedes cruzar en el camino con personajes históricos como Miguel Hidalgo, pero también con verdaderos artistas que se ganan la vida transportando hasta nuestra realidad a personajes de ficción.
Los pensamientos también cobran forma y se expresan en voz alta por medio de las letras; puesto que puedes ver lo contrastante que puede ser la fantasía cuando se mezcla con lo fuerte que puede ser la realidad… En ese sentido, de las cosas que más me impresionaron fue el niño con el acordeón, interpretando una melodía que tal vez aprendió por inercia para poder ganarse la vida, y una chica que encontré a mi paso, sentada cerca de un poste y que tenía la mayor parte de la piel de su cuerpo quemada.
Ella estaba vestida con un traje regional como los que usan las mujeres en el estado de Puebla; y en el momento en que yo la encontré estaba tejiendo algo como en una especie de hilar de madera, y aunque por respeto no le tomé una fotografía, me impresionó que a pesar de que también le faltaba una de sus manos y se apoyaba en una especie de gancho, estar ahí, fabricando artesanías, era su manera de afrontar sus circunstancias y seguir adelante con su vida. Las 4 ó 5 palabras que intercambié con ella fueron sin duda, una gran lección en ese día.

Otro pensamiento que también quiero compartir en “voz alta”, fue el sentimiento de enojo que me produjo ver  la explanada del Zócalo repleta de manifestantes. Yo siempre he respetado los diferentes puntos de vista de las personas, pero no comparto ni los criterios ni las ideologías de las personas que realizan protestas en contra del gobierno, porque si bien es cierto que existen muchas situaciones injustas en nuestro país, lo que a mi me tocó ver en esa zona de la ciudad, aparte de darle una mala impresión a la gente que es turista; toda la gente que estaba ahí invadiendo, me dio la impresión de que es gente que no le gusta trabajar…

Por esas fechas, cuando yo estuve ahí, faltaban un par de días para el festejo por el aniversario de la Independencia; los manifestantes tenían apostados en esa zona alrededor de 3 meses y justo un día antes de la celebración, representantes del gobierno llegaron a un acuerdo con toda esa gente y lograron retirarlos de la explanada…

Cuando me enteré de esto me quedé pensando… El gobierno se dignó a negociar con ellos, porque era evidente que necesitaban tener desocupada esa área para el día de la celebración; pero si después de 3 meses, un conflicto lo resolvieron en uno o dos días… ¿se imaginan lo que pasaría si con ese mismo interés  y prisa se enfocaran a resolver otros problemas?, tal vez las circunstancias de nuestro país serían hoy distintas…

Pero bueno… Así es MéxicoUn lugar donde puedes ver las cosas más maravillosas e impresionantes, pero al mismo tiempo puedes sorprenderte con lo más absurdo e inverosímil, precisamente porque la historia y la realidad convergen como si fueran casi una misma cosa…

Alguna vez, hace ya tiempo, un gran amigo me dijo que él no sabía si era porque él vivía en el D.F, pero que nunca se le había ocurrido observar, vivir y percibir el lugar en donde vive, de la misma forma que lo hice yo desde la primera vez que estuve ahí… Tal vez sea porque a mi todo me sorprende, y respecto a las calles del Centro Histórico, sin importar cuántas veces las hayas recorrido, nunca sabes con lo que te vas a encontrar…

Ese día, además de los pasos, se me agotaron las monedas, porque fue un gusto poder contribuir con algunos de los artistas que le dan colorido a cada una de esas avenidas y hacen de el recorrido por la zona centro toda una experiencia que también quizá te sirva para escuchar tu propia voz, ordenar tus pensamientos… Pero sobre todo agradecer y reflexionar acerca de lo afortunado que eres, a través de todas y cada una de las cosas que encuentras a tu paso por ahí…

Ojalá que hoy aquí, yo lo haya podido transmitir a cada uno de ustedes por medio de estas Páginas Sueltas; pero me gustaría más que en un futuro no muy lejano, puedan percibirlo por ustedes mismos y quizá al estar ahí recuerden lo que un día leyeron aquí… 
¡Nos leemos pronto!

Bitácora de Viaje: De Encuentros y Abrazos en Bellas Artes.

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Después de salir del Estadio Azul, la mañana de Domingo ya casi se había agotado y a partir de ahí comenzaba ya mi tiempo libre en la capital del país. No tenía una idea muy definida de lo que iba a hacer con tantos días, pero sí tenía en mente un montón de lugares a donde quería ir… Esa, era mi cuarta visita al D.F.pero apenas la primera en que llegar a cualquier lugar iba a depender única y exclusivamente de mi.Siempre me han gustado mucho las cosas que salen espontáneas, así que una vez que terminó el evento del Dalai Lama lo primero que hice fue buscar un lugar cercano para comer… Como el rumbo de la ciudad en donde me encontraba no era conocido para mi, no quise perder tiempo buscando un lugar donde vendieran algo que se me antojara y que no fuera una comida de las que acostumbro; y en ese sentido los “Tacos de Longaniza”era una de las cosas que por recomendación tenía pendiente de probar desde la última vez que estuve en la capital del país.Pero esa tarde mi hambre era demasiada (recordemos que cuando salí del hotel fue todavía de madrugada y lo único que “mi panza” tenía adentro era un yogurt y un par de barritas de fresa); así que a esas alturas del partido yo podía devorarme cualquier cosa que corriera, volara o se arrastrara… Bueno, eso era un chiste, y después de caminar varias cuadras lo primero que encontré fue un Burger King.

No quería perder ya más tiempo y decidí comer ahí para poder irme lo más rápido posible y aprovechar al máximo lo que quedaba del día. Estoy acostumbrada a comer sola durante los días normales de trabajo; pero creo que en ese lapso fue el único momento del día en que me sentí extraña y ajena a todo. Se me hacía muy curioso estar un fin de semana tan lejos de casa y mientras estaba en la mesa del restaurant, muy cerca de un ventanal muy grande, podía observar a las familias de las otras mesas y a la gente que pasaba por la calle en un Domingo que era gris, pero por instantes también se volvía soleado… Supongo yo, que el alma de las personas es en cierta forma muy parecido a eso… Y la mía no era la excepción.

No estuve mucho tiempo ahí, y después de comer decidí que mi única escala sería en un cibercafé, para luego irme a vagar sin tener en mente un lugar fijo a donde ir… Como por esos días, mi prioridad era después de tanto tiempo escucharme a mi misma y todo lo que mi voz interna tenía para decir; dejé que fuera mi propia intuición la que me dictara lo que sería mejor hacer en esta tarde, y la opción fue: caminar, caminar y caminar hasta que la noche me alcanzara; para de este modo, dar oportunidad a que la vida en las calles fuera lo que me sorprendiera.
Vi muchas cosas en esa tarde, un teatro, restaurantes de todos los giros y tipo de comida que se puedan imaginar; todos estaban repletos de familias compartiendo la comida dominical. En el camino me encontré con muchos chavos jóvenes caminando con sus perros (eso me hacía extrañar mucho a mis cachorros), y pensar que tal vez “Poncho” sería muy feliz conmigo recorriendo juntos el D.F…


Por esa zona de la ciudad ya no se veían tantas bicicletas como en el Centro Histórico; pero comenzó a llamarme la atención la idea de recorrer alguna parte de la ciudad a bordo del Metrobus… Pero no, una vez más la intuición me dijo que aún no era tiempo… Era todavía demasiado temprano para volver a la zona segura (siguiendo la recomendación del taxista que encontré cuando recién llegué el primer día); y fue bueno hacerle caso a esa corazonada, porque si no hubiera disfrutado tanto de una de las cosas más padres que me tocó ver.
No sé decir bien a ciencia cierta en que rumbo de la ciudad estaba… Nada más se que saliendo del estadio me fui caminando en línea recta y me fui metiendo entre calles por una zona que de pronto me recordó las calles contiguas a donde se encuentra el edificio de correo de Salto, Uruguay.
Medio me perdí… O más bien, me perdí completamente, porque para orientarme yo usé como punto de referencia el recorrido que seguía el Metrobus que iba a parar a la zona centro; y un anuncio donde había una imagen de “Benito Bodoque” el personaje de Don Gato; pero de repente ya no supe ni donde estaba y como dicen que “preguntando se llega a Roma”, yo pregunté y fue cuando me di cuenta que estaba muy lejos del camino que debía seguir para regresar antes de que oscureciera a la parte de la ciudad que yo sí conocía ya más o menos bien.
Yo sabía que estaba lejos, pero nunca me imaginé que tanto… Subí y bajé por un puente que atravesaba el periférico; y en una de esas calles me encontré con una de las cosas más padres que me ha tocado ver… En una pared, había poesía, y en las calles contiguas, en los postes y en las bardas, había más escritos, impresos en papel tipo revolución (como los que usaban antes para publicitar las corridas de toros y los eventos en pleno siglo XIX) y me encantó ver eso…
Las de los posters de papel eran las más padres, algunas de ellas eran como poemas muy cortitos y había una en especial que hablaba sobre los besos… Ahora me doy de topes por no haberla anotado; pero supongo que se hacia tarde y había que seguir.
Durante todo el tiempo que permanecí en el D.F. la ciudad me pareció muy segura, demasiada vigilancia en todos lados, mucha gente o no sé si era también que yo venía de una ciudad donde los últimos dos años, las calles de pronto se quedaron vacías, dejando a la ciudad como una especie de “Pueblo Fantasma”, debido a la ola de violencia que trajo como consecuencia que muchos negocios quebraran y los pocos que quedaron, emigraran hacia El Paso, Tx.
El caso es que por mi trabajo y por muchas otras circunstancias, yo desde siempre he estado acostumbrada a andar sola por las calles hasta tarde, y en esos 3 días que llevaba apenas en la ciudad de México nunca me pasó nada; pero obvio, no me exponía tampoco.
Esa tarde, cuando ya el día estaba bastante avanzado, pero todavía faltaba un ratito para que oscureciera, decidí regresar porque tenía que buscar la manera de realizar una llamada de larga distancia. En el metro, a pesar de que un día antes le había dicho a Dora (la chica de Faenza) que todavía no me arriesgaba a lanzarme sola, desde aquella vez que se me ocurrió irme desde la estación de Indios Verdes para llegar al aeropuerto con una maleta enorme a plena hora pico de la mañana, nunca más me quedaron ganas de volverme a subir…  Pero aún así resonaba en mi cabeza el consejo que ella me había dado: “arriésgate y vete en el metro, nada más es que le agarres la onda”…
Pero bueno, por mucho que quisiera ser osada y aventurera, en 20 cuadras a la redonda no encontré ninguna de las famosas entradas con escalones subterráneos que van a dar a los túneles por donde transita el metro… Caminando lo más rápido posible y ya muy cerca de donde estaba el periférico, llegué hasta donde había una estación del Metrobus y ahí compré una tarjeta que no pude ni siquiera ponerle una recarga, porque la máquina se tragó mis monedas y un billete de veinte pesos…
Ya no quería perder tiempo y decidí bajarme de nuevo, para buscar una avenida donde pudiera pasar un taxi; pero debajo del puente había un montón de “chavos banda”; y aunque enseguida del puente había como una especie de plazita que albergaba varios negocios de distintos giros y todavía se veía gente por esos rumbos, los chavos si se veían medio malandrines y yo a fuerza tenía que pasar por ahí para poder llegar a la avenida, no había otra salida…
Ese fue el único momento en que sentí miedo… Porque ellos eran muchos y yo traía todas mis cosas, mi grabadora, la cámara, dinero para la comida y los taxis y pensaba… Si me asaltan, ya vali… Siempre he tenido ese defecto, nunca salgo a la calle pensando en que algo pueda pasarme, aún viniendo de Juárez, creo que aún confío demasiado en la gente; y ellos me dieron miedo, porque es muy característico el aroma del ambiente cuando hay drogas (eso lo aprendí en los conciertos de rock); pero como no me quedaba de otra, pasé lo más rápido posible y casi, casi me colgué del primer taxi que se me atravesó.
Llegué al hotel yo creo que cerca de las 6 de la tarde, dejé todas mis cosas y me regresé caminando a la zona centro en busca de una caseta telefónica (pues yo recordaba haber visto alguna por ahí durante la última vez que estuve en México); y no obstante que todavía había mucha gente en las calles y sobre la Alameda Central se veían también muchos comerciantes con sus mercancías sobre la banqueta; la mayoría de los negocios ya más establecidos ya habían cerrado sus puertas.
Nunca encontré ninguna caseta; y después de caminar por otro buen rato, decidí mejor ir a comprar una tarjeta para llamadas de larga distancia y todavía se me fue otro buen rato buscando un teléfono público que si sirviera. Cuando lo encontré, tampoco tuve suerte, y me fui toda aguitadilla a sentarme para descansar un rato en uno de los bordes de las jardineras de Bellas Artes.
Ahí me quedé por un buen rato… Al final del día, siempre, siempre mis pasos me llevaban hasta ese punto; y mientras yo disimulé mi tristeza viendo a un  muchacho que estaba justo enfrente de mi y tomaba fotos con una cámara profesional a la fachada de ese histórico edificio y luego anotaba en una libreta (supongo yo que la velocidad y la apertura, conforme a la hora y la iluminación del sol); el cielo parecía no tener ganas de “autoengañarse”y por momentos eclipsaba el cielo con nubes grises y gotitas intermitentes y frías…
Si eso pasaba, de manera irremediable yo tendría que irme; puesto que lo de menos era mojarme yo, pero traía conmigo la cámara de fotos todavía… Me quedé viendo la pantalla vacía del celular después de un último mensaje; para luego tomar la decisión de que esa noche me iría temprano a dormir.
En eso estaba, cuando de pronto y muy cerca de la entrada principal de Bellas Artes, me llamó la atención ver a un grupo de chicos y chicas repartiendo abrazos a toda la gente que se dejara y pasaba por ese rumbo a esa hora de la tarde.
Al ver sus carteles pintados con la leyenda de “Se Regalan Abrazos”; no pude ya quitarles la vista de encima porque a pesar de que yo sabía que existía esa campaña, nunca en ninguna otra parte me había tocado verlos en acción.
Uno de ellos me hizo reír mucho, porque ese Domingo, en el interior de Bellas Artes había un evento (no sé si era ópera); pero el caso es que se trataba de un evento “muy nice” porque afuera estaban también un grupo de hombres con la típica apariencia de un guarura (vestidos de traje oscuro y con un audifono que era visible entre sus ropas, y que me imagino servía para comunicarse entre ellos). Lo que hizo que me diera risa, fue que uno de los chavos que regalaban abrazos, se le acercó y le dijo a uno de los “guarros” que si lo podía abrazar, y el tipo le dijo que no, pero al muchacho le valió grillo, (y como digo yo), tomó la decisión ejecutiva de no hacerle caso y de todos modos lo abrazó.
Me dio mucha risa, por la cara que hizo el tipo mientras el muchacho lo estaba abrazando, y porque se veía que no sabía que hacer… En el otro extremo, estaban otras dos chavas también repartiendo abrazos; y estaba yo tan embobada viéndolos y tomándoles fotos desde lejos, que de pronto se empezaron a alejar en dirección hacia la Alameda Central y aunque yo estaba muy cansada y los pies me hacían como teléfono ocupado, en cuanto vi que estaban a punto de irse, se me olvidó todo y salí corriendo detrás de ellos porque de pronto sentí el impulso de hablar con ellos.
Yo misma me di risa, porque creo que en ese instante caí en la cuenta de que jamás en mi vida había corrido para alcanzar a alguien… Empecé otra vez con las fotos; hasta que uno de ellos me descubrió y como a un metro de distancia le dije que si podía tomarle una foto con su letrero.
El muchacho no me dijo nada, tan sólo se quedó de pie, pero con su cara me dijo todo; me dio mucha risa porque me sonrió y me extendió los brazos, dándome a entender que se dejaría tomar la foto sólo si le daba primero un abrazo… y buenoooo…como yo tenía que documentar lo mejor posible mi Bitácora de Viaje, el trato me pareció bastante justo: Una foto por un abrazo.
Me quedé un buen rato con ellos y luego de un rato me puse a platicar con las chavas con toda la intención de hacer una “mini-entrevistita”… Las dos chicas me contaron que no pertenecían a ninguna iglesia ni tampoco a ninguna asociación civil o club por el estilo; era simplemente que todos ellos eran amigos y decidieron empezar a regalar abrazos como una manera de contrarrestar la violencia.
La verdad para mi si fue muy reconfortante encontrarme con ellos, porque aparecieron justo cuando lo necesitaba… Siempre he creído en las señales; y para mi todos esos días también fueron muy propicios para hablar a solas con Dios durante la mayor parte del día.
El abrazo que recibí por parte de ellos, lo tomo como una especie de “regalo divino” que llegó justo cuando al igual que el cielo de esa ciudad, yo me estaba “eclipsando por dentro”... Los ángeles terrenales muchas veces ni siquiera se dan cuenta que tienen alas… Me quedé pensando mucho en eso y en lo mágico que son los encuentros en ese punto donde de forma irremediable, cada vez que he estado en el D.F y siempre al final del día, termino por llegar.
Una idea sobre todo eso me empezó a dar vueltas en el corazón y en la cabeza… Aún no está aterrizada en papel, pero si sale algo bueno de eso; lo más seguro es que “Las Páginas Sueltas y de Colores” se revestirán con una historia que hable de encuentros y desencuentros… Del destino, las señales y también de el papel que los ángeles sin alas, de los que la mayoría de las veces se vale Dios para demostrarte que no te abandona aunque por momentos, tú pienses lo contrario…
El día ya estaba por terminarse, la lluvia parecía que le regaló a la última parte del Domingo una tregua y con ese parchecito en el alma mi tristeza, al igual que mi cansancio se evaporó y con la fuerza de un abrazo muy especial que me tocó dar hace casi 4 años y me hizo sentir que pude ayudarle a alguien; me perdí de nuevo entre calles para seguir atrapando historias… Pero bueno, luego regreso para terminar de contarles…
“Todos somos ángeles con una sola ala… Debemos abrazarnos si queremos volar”…
-Anónimo-

Día 3: Encuentro en el Estadio Azul.

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Domingo 11 de Septiembre, 2011.
…Otra vez el día comenzó muy temprano… Antes de las 6:00 de la mañana yo ya estaba en la calle y a bordo de un taxi, de camino hacia El Estadio Azul. Todavía no amanecía, y esa mañana hacía frío; pero lo bueno fue que desde antes de salir de Cd. Juárez, se me ocurrió cargar en el equipaje una chamarra.
Era Domingo, fecha en que sería el último evento programado por Casa Tibet: un encuentro masivo en lo que es la casa del equipo de fútbol Cruz Azul (de ahí el nombre del estadio). La conferencia que el Dalai Lama iba a impartir en ese lugar se titularía: “Hallando la Felicidad en Tiempos Difíciles”, y mientras trataba de imaginar como sería ver a un personaje de esta trascendencia, presentarse en un lugar como ese, (sin ser un cantante o celebridad); pensaba también al mismo tiempo en lo impresionantemente diferente que son las calles de la ciudad de México cuando no hay tráfico y aún es de madrugada. 
Esta vez el punto donde sería el evento si quedaba bastante lejos del hotel; y como ya en muchas otras ocasiones me ha pasado; al recorrer las calles de una ciudad que no es la mía, cuando todavía aún duerme, me hizo tener la percepción de que estaba viviendo como si estuviera adentro de un sueño.
Por dentro me sentía muy tranquila. Si había algo… (o más bien alguien que me preocupaba mucho); pero a nivel individual; mi alma y mi corazón estaban muy en paz. De camino hacia el punto donde sería ese último encuentro con el Dalai Lama, se me ocurrió dar los “buenos días” a mi familia a través de un mensaje de texto, pero creo que era muy temprano… Nunca tomé en cuenta la diferencia de horario, porque nadie me contestó.
Todavía estaba muy oscuro cuando el taxi me dejó lo más cerca que pudo de la entrada del estadio; y a pesar de que faltaban poco más de 3 horas para que diera inicio el evento; en los alrededores del lugar, ya había bastante gente formada y el ambiente era como de fiesta.
Cuando yo llegué ya había un área de acceso para gente de prensa; y pude reconocer a casi todos los mismos reporteros que estuvieron desde el primer evento. La gente del Staff de Casa Tibet iba y venía; el jefe de prensa muy amable nos comentó que ya pronto nos darían acceso al interior del estadio. Mientras todo eso sucedía, el amanecer parecía no tener ganas de llegar, pues todo indicaba que el sol, en su lugar, enviaría en esa mañana, un ambiente gris fabricado con montones de nubes cargadas de lluvia.
A mi me tocó estar detrás de un reportero y un camarógrafo de Televisa, quienes se pusieron a conversar con otro periodista (no sé a que medio pertenecía); pero su plática fue muy chistosa, ya que por esos días estaba muy reciente el escándalo en el que se vio envuelto el periodista Carlos Loret de Mola.
Con tres hombres reunidos, y conversando sobre ese tema ya se imaginarán que todo el tiempo que permanecí ahí esperando para poder entrar al estadio, aquella parecía una charla de señoras de lavadero. 
Uno de ellos volteaba de cuando en cuando y se dio cuenta que yo sólo me reía en silencio de todas las burradas que ellos tres estaban diciendo; pero luego fue como si de pronto yo me aislara, porque mientras esperaba se me ocurrió ponerme a escribir.
Mi pequeña libreta de notas fue una vez más el refugio en el que pude aislarme del mundo exterior. Todavía seguía escribiendo una carta sin tiempo; cuando sin sentirlo el tiempo ya había pasado y la fila formada por la gente de prensa comenzó a avanzar en señal de que por fin se había abierto el acceso al lugar.
La entrada fue muy rápida, nosotros éramos pocos comparados con el resto del público que también esperaba para poder entrar al evento del Dalai Lama. Hicimos un recorrido bastante largo a través de una escalera de cemento que parecía interminable y que en descenso iba a dar a los vestidores en los que durante los partidos de fútbol permanecen los jugadores del equipo; y que al final conecta con un pasillo que desemboca en una de las salidas laterales a la cancha.
Cuando llegamos ahí, ya el estadio se estaba llenando también, pues casi al mismo tiempo que nosotros, por las demás puertas se permitió el acceso del público en general. Era poco antes de las 8 de la mañana, y mientras la gente se acomodaba en sus lugares en medio de una mañana fría y bastante húmeda; nosotros nos encaminamos directo hacia la zona designada para prensa, y que se ubicaba en uno de los espacios laterales a donde estaba colocado el escenario.

Era bastante la gente de prensa, pero al igual que el público en general, seguían llegando más reporteros con su equipo listo; y la primer impresión compartida fue que el área para reporteros estaba bastante alejada del lugar donde estaría el Dalai Lama y desde esa ubicación no era un buen punto ni para levantar imágenes ni tomar fotografías.
Una vez más, los organizadores comentaron que la decisión de colocar ahí a la gente de prensa era por disposición del estado mayor presidencial, pero los organizadores, tras ver que la petición de todos los reporteros (incluso hasta los de radio) era que nos reubicaran en otro punto, comenzaron a gestionar para que nos dieran otro espacio lo antes posible.

La primera medida que la gente del staff tomó, fue tratar de organizar a la gente de los distintos medios en varios grupos que supuestamente iban a pasar de 10 en 10 por las áreas laterales del escenario (algo parecido a lo que hicieron en el Metropolitan).
Todos nos apuntamos con un chavo que traía la lista de todos los medios que se acreditaron, y que ellos usaron en cada uno de los eventos para confirmar que medios asistieron. A mi me tocó con el segundo grupo, pero al final, esa medida no se llevó a cabo porque lograron cambiarnos de lugar. A pesar de que no era tan cerca tampoco, por lo menos quedaba de frente al escenario; ya que era el área de banca durante los partidos de fútbol.

Unos minutos antes, el evento ya había empezado, al primero que vimos pasar fue a Richard Gere, quien entró caminando y atravesó la cancha por completo con toda la naturalidad del mundo, que cuando quisimos tomarle fotos, ya era demasiado tarde… Poco después de eso, las pantallas se encendieron y una vez más vimos el video que reseñaba en pocos minutos toda la vida del Dalai Lama. Posterior a eso Tony Karam,  fue el encargado de abrir el evento una vez más.

Me gustó, porque en su discurso inaugural, el director de Casa Tibet; a pesar de que agradeció a toda la gente y empresas que hicieron posible que la visita de Su Santidad fuera una realidad; se notó que cada una de las palabras que expresó, fueron honestas y de corazón. Su discurso no se sentía como los de los políticos, que son demasiado acartonados y llenos de demagogia; al contrario, yo creo que todos los que lo estábamos escuchando sabíamos de antemano el esfuerzo que Casa Tibet, (la representación más grande que existe en Latinoamérica para la comunidad budista); llevó a cabo durante meses. 
Tony destacó que haber traído al Dalai Lama a México literalmente “Nos costó un brazo y la mitad del otro”, y al afirmar esto; él lo hizo refiriéndose a todas las dificultades que tuvieron que sortear, y van más allá de la inversión en dinero que implicó todo esto.  
Las más de 30 mil personas que se reunieron esa mañana para escuchar hablar a una de las joyas vivientes del budismo, estaban tan conscientes de eso, que Tony se ganó un aplauso espontáneo cuando al finalizar su discurso inaugural parafraseó a Buzz Light Year, el astronauta de Toy Story, al afirmar que a pesar de todos los contratiempos, el Dalaí Lama estaba esa mañana del 11 de Septiembre en territorio mexicano y haber logrado lo que parecia imposible era la clara muestra de que trabajando se puede llegar hasta “El infinito y más allá”.
Luego de eso el escenario fue cedido para que la cantante tibetana Kelsang Chukie Tethong, abriera con su música aquella mañana tan especial en la que personas de todas las edades, decidieron destinar esa mañana de Domingo, para aunque fuera desde lejos, escuchar y aprender del Dalai Lama.
A pesar de que por momentos el cielo parecía dar muestra de que un momento a otro un buen aguacero se dejaría venir, el ambiente para la gente que estaba de prensa, fue un poco más relajado. Después de tomar fotos aquí y allá, yo fui y me senté en el pasto, justo al lado de donde todos los reporteros de televisión tenían sus tripies instalados con todo y cámara.
Eso fue lo que me permitió concentrarme como espectadora en el evento; y ahí fue cuando descubrí lo mágico que eran las canciones de esta mujer. Sus letras no sólo hablaban de las tradiciones y costumbres del Tibet, sino que contaban historias fascinantes y legendarias sobre un cisne que habitaba un lago y se tuvo que marchar cuando éste se congeló. 
Otra canción contaba la leyenda de un caballo muy hermoso, que era montado por un jinete que también era muy guapo; además de otra fábula muy hermosa que hace referencia a que los tibetanos creen que en la luna habita un conejo. Según la historia, ese conejo se encuentra congelado, y eso significa que cuando estás enamorado y esa persona no te corresponde, no debes aferrarte… 

Chukie Tethong, se despidió tras cantar el himno nacional del Tibet y expresar una plegaria previo a que el Dalai Lama apareciera en ese escenario. Luego Tony Karam volvió a tomar la palabra, pero esta vez para dar la bienvenida nuevamente a Richard Gere, quien una vez más sería el presentador de Su Santidad. A pesar de que el sonido del motor de los aviones volando a poca altura (por la proximidad con el aeropuerto) de pronto se hacía muy evidente; la sencillez de las palabras que fueron parte de la presentación que hizo el actor norteamericano, no perdieron en ningún momento emotividad.
“¡Buenos días México!, tenemos un poco de ayuda del aeropuerto ahora… Estoy verdaderamente conmovido por la enormidad de este evento, es un extraordinario honor para mí estar aquí. 
En México, en esta extraordinaria ciudad, este extraordinario país y bello, con una rica historia cultural, lleno de extraordinaria creatividad y de espíritu. Una cosa que siempre veo cuando visito Latinoamérica, pero en particular México, es esta increíble capacidad que ustedes tienen para la añoranza espiritual. 
Esto es algo muy profundo de ustedes y sé que toda la gente en el mundo, sabe esto…
Este es un día especial por muchas razones. Hace como una hora hablé con mi esposa en Nueva York… Recuerden que hoy es 9-11 de Septiembre; y para nosotros en América es un momento muy importante de no olvidarse… Yo el día del ataque a las Torres Gemelas estaba con Chökyi Nyima Rinpoche, que es mi maestro budista. 

Era un día hermoso, me levanté temprano en la mañana y conduje hasta Massachusetts donde se llevaba a cabo un retiro, y era un día tan hermoso en que descapoté mi convertible, ni siquiera prendí la radio y 3 horas después llegué al centro de retiro donde todo mundo estaba sollozando… 

Pero fue un día increíble de vivir atravesando por tanta turbulencia, tanta violencia, pero el estar al lado de un gran maestro budista, nos permitió transformar la experiencia en perdón, compasión y amor. Entender que todos somos dignos de ser redimidos.

Así que el estar aquí todos juntos, con uno de los más grandes maestros espirituales que ha caminado por la tierra a lo largo de su historia; en esta tan especial fecha: 9-11, es algo enormemente significativo…. Y que todos los que fuimos magnetizados para estar aquí juntos con el Dalai Lama, tenemos una conexión muy profunda, y honda dimensión de compromiso con el amor y la bondad y la responsabilidad universal.

Así que creo que todos nosotros estamos aquí por la misma razón: queremos vernos separados del sufrimiento, y de alguna manera lograr acceder a una dimensión genuina, profunda y duradera de felicidad y bienestar”.


Después de estas palabras, Richard hizo referencia a un poema con más de 800 años de antigüedad, escrito por Yalal ad-Din Muhammad Rumi, un poeta persa, y que en esa mañana él sintió que era adecuado para dar la bienvenida a la XIV reencarnación del Buda de la Compasión:
“Ven, ven… Quien quiera que tú seas, aquel que tiene el espíritu por vida…
¡Ven! Este no es un lugar para la desesperanza… Incluso si has roto tus votos cientos de veces… ¡Aún ven!

Así fue la introducción, seguida de una calurosa oleada de aplausos y porras por parte de la gente para recibir al Dalai Lama. La ovación se prolongó durante varios minutos, pero todavía no era momento de que Su Santidad apareciera y sobre el mismo escenario donde él estaría, Tony Karam presentó al Colegio Inter-religioso de México, que representa a las diferentes organizaciones espirituales, y que está conformado por griegos ortodoxos, luteranos, católicos, hinduistas, y obviamente budistas… (El Dalaí lama preguntaría después ¿si había entre el público alguien que perteneciera a las etnias de México? y por suerte si había una persona, que fue invitada a sentarse junto a todos ellos durante el resto de la charla).

La verdad fue muy curioso, porque una vez que el Dalai Lama salió a impartir su plática; las nubes se disciparon, y aunque el color gris en el cielo no desapareció del todo, el sol se hizo visible y comenzó a calentar no sólo el ambiente, sino el corazón de todos los que estábamos ahí.
Él llegó una vez más acompañado de su traductor, el Sr. Gerardo Abboud, y su fiel acompañante, el Venerable, Gesshe Lhakdoor.

En un Domingo como ese, fue impresionante que por primera vez en El Estado Azul, durante un evento de ese tipo, no se tiró basura. Fueron 2 horas completas en las que el público guardó absoluto silencio y el ambiente que se percibió fue de total armonía y paz.

Mucha gente se recostó en el pasto, había varios jóvenes con banderas del Tibet (supongo yo que eran alumnos y algunos de los voluntarios que participaron coordinando el acceso del público). Otros cuantos tomaban notas; pero lo que más me llamó la atención; fue una pareja muy joven que llevaba a su bebé casi recién nacido, y que los chavos que eran parte de Casa Tibet, se dieron tiempo no sólo para sentarse a escuchar la plática de Su Santidad, sino que también en ese inter, mostrar el apoyo de nuestro país hacia el Tibet.

El nombre que dio título al evento resume lo que esa mañana el Dalai Lama compartió con todas las personas que fueron a escucharlo. El Budismo, a través de El Camino Octúple y Las Cuatro Nobles Verdades, brinda muchas herramientas aplicables a la vida diaria de cualquier persona.

En ese sentido, para mí, el haber podido tener la oportunidad de estar allí, fue como refirmar todo lo que desde meses anteriores había estado leyendo.
Algo muy especial que me sucedió, y que quiero escribir en esta Bitácora de Viaje para no olvidarlo, es que hubo un momento en que estando sentada sobre el césped de la cancha, yo estaba poniendo atención a todo lo que el Dalai Lama estuvo hablando, y hubo un momento en que de pronto me perdí… No sé que pasó, pero tan sólo escuchaba lo que él decía y no pensaba en otra cosa.

El calor del sol, que tenía sobre mi espalda había ahuyentado al frío por completo. No tenía sed ni calor, pero tampoco pensaba en nada, y ese fue mi momento perfecto, porque por primera vez en mucho tiempo no necesitaba ninguna otra cosa, todos mis sentidos estaban enfocados tan sólo en el momento presente; me sentía tranquila y a gusto conmigo misma; y me encantó experimentar ese estado.

La chica que está recargada de espalda a él es la actriz que no supe quien era.

Cuando abrí los ojos, las horas prácticamente se habían evaporado, y a pocos metros de distancia, una imagen captó toda mi atención. Había un muchacho meditando, y me llamó profundamente la atención; ya que por esos días yo estaba a punto de entrar a un curso para aprender sobre ese tema. No era que nunca hubiera visto una persona inmersa por completo en las introspecciones propias de su mente… Obvio, si era un evento budista, era totalmente lógico que encontrara en los alrededores del estadio a gente que quizá podía ser experta o no en ese tema.

El caso es que este muchacho se veía bastante concentrado, el Dalai Lama seguía hablando y la imagen de serenidad que capté a través de él, fue lo que hizo que me acercara cada vez más para tomarle todas las fotos posibles.

Cuando estuve lo suficientemente cerca, me di cuenta que ese chavo era novio de una actriz de TV Azteca (no sé quien era, sólo su cara me pareció muy conocida), y en seguida de ella estaba también Ana Serradilla, la protagonista de “Cansada de Besar Sapos”, una de mis películas favoritas y a quien nunca me imaginé ver en un evento budista…. Ella iba con su novio también y lo primero que vino a mi mente cuando la vi fue “Abby” (un personaje que aún no existe y con el que no sé que pase más adelante, pero que en la parte que me tocó escribir, yo lo hice pensando en ella hace pocos años atrás).


Pero bueno, volviendo al tema, el muchacho siguió ahí imperturbable, y no abrió los ojos hasta poco antes de que terminara la plática del Dalai Lama. Faltaba ya muy poco para que terminara el evento y luego de las enseñanzas de Su Santidad, vendría una sesión en la que le hicieron llegar en forma escrita, preguntas hechas por el público para que él las respondiera.

Esta parte fue la que más me gustó, porque en ese espacio él respondió de una manera que a todos los que estuvimos ahí, nos da la esperanza de creer que en nuestro país las cosas todavía pueden cambiar. Creo que en México y en el mundo en general, estamos ansiosos y hambrientos de encontrar ya no líderes, sino personas que nos devuelvan la fe; y en ese sentido, el Dalai Lama vino a ser un mensajero de paz en tiempos austeros.

Existe un video en el que se reseñan las preguntas más interesantes que él respondió; pero yo, me quiero quedar sólo con una, la que me pareció más interesante y que por la forma como se expresó, para mi pone en evidencia lo que puede llegar a trasmitir una persona que tiene ese dominio no sólo de sus emociones, sino que tiene esa capacidad para transmitir FE y compasión:
¿Qué consejo puede dar Su Santidad a una persona que fue secuestrada, maltratada, en peligro de vida y que en defensa propia mató a uno de los secuestradores?
“Situaciones en las cuales uno enfrenta mucha crueldad, entonces en la misma situación puede obligar a la persona a recurrir a acciones tan extremas como matar al agresor o lo que fuera, es casi automático que esto suceda, pero eso ya ocurrió.


La actitud que se está mostrando al hacer la pregunta, no es algo que haya influenciado a la persona que lo está preguntando.
Eso indica que de alguna manera lo ve como algo desafortunado, que pasó, algo que lamenta. Nosotros creemos en la relación de “Causa y Efecto”. Por eso al Karma lo llamamos Karma.


Karma significa: “Acción”. Esa acción que ocurrió, ya ocurrió y ahora usted está lamentando que eso haya ocurrido. En cierta manera el hecho de considerar que esa es una situación fuera de control y obligado por la misma circunstancia. Si bien fue así, fue una situación que obligó a matar, fue una situación desafortunada. Eso genera el hecho de lamentar esa situación, está generando un karma positivo, y si encima de eso, por haber sufrido ese secuestro, esa persona dedica sus esfuerzos en ayudar a otros que están en la misma situación, ahí mismo también va a continuar generando muy buen karma, un karma muy fuerte. Y junto con el karma de lamentar la acción que se ha hecho, ese karma va a poder neutralizar el karma de haber recurrido a una acción tan dramática como matar”.

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Para nosotros esa sería la última vez que veríamos al Dalai Lama. En su agenda estaba contemplado un evento más, una reunión que él tendría con el Sindicato de Trabajadores de la Educación en México y su controversial lidereza Elba Esther Gordillo, pero ese era un evento para el cual (y a pesar de que lo estuve intentando) yo ya no pude conseguir acreditación de prensa.

La despedida en el Estadio Azul fue muy emotiva, pues un mariachi subió para cerrar con broche de oro el evento. Una vez más reseñar toda la magia que envuelve a este líder espiritual sería muy difícil, tan sólo puedo decir que todas y cada una de las palabras que dijo conformaron un mensaje muy valioso, que hizo de ese Domingo algo muy diferente para todas las personas que nos reunimos ahí.

El día apenas estaba empezando, pero todos nos fuimos con el recuerdo de una mañana gris de domingo que se iluminó con la sabiduría de este hombre, que a sus más de 76 años se considera todavía como un simple estudiante. Me quedo también con el momento mágico de tanta gente reunida en un mismo lugar expresando al mismo tiempo la plegaria al Dalaí Lama. Mientras él con su mirada compasiva, su amabilidad; y el eterno sentido del humor que siempre lo caracteriza, lo llevó a ponerse la gorra oficial del equipo que facilitó las instalaciones de ese estadio.
Me gustó también la forma como se refirió a Mao Tse Tung y el permiso para usar la bandera del Tibet; así como también la promesa de que muy pronto va a regresar.
Ojalá que así sea… La verdad yo no sé si vuelva, pero ese Domingo me alejé de ahí pensando en todo eso… Mis compromisos también terminaron en ese instante, tenía todo el día libre y mis andanzas por la capital del país apenas estaban por comenzar…

Fotos: Oscar Fernández (Casa Tibet) | Martha Mendoza
“La responsabilidad de crear un mundo de paz, reside más bien en los jóvenes. Aquellos que tienen menos de 30 años. En ellos, en su entusiasmo, está también en su determinación, en que ellos tengan una clara visión de lo que significa emprender este objetivo de lograr la paz”.
-Dalai Lama-

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