Posteado por: Martuchis en: Miércoles, 24, Septiembre, 2008

…Fue en una noche, de hace muchas noches… Ninguno de nosotros la conocía, pero todos estábamos ahí expectantes, bajo una atmósfera poco habitual: aire fresco, un cielo estrellado, aroma y sonido de cuerdas, maderas y metales que permanecieron al igual que nosotros en suspenso, hasta el momento cuando de pronto ella apareció.
Llevaba un vestido celeste de satín y guantes largos de seda cubriendo sus manos; se veía hermosa tratando de mantener en su lugar los cabellos lacios y castaños que en declarada rebeldía, el viento se empeñaba en sacar de su peinado sencillo -pero al mismo tiempo elaborado y elegante- para colocarlos en desórden sobre su rostro; durante su camino hacia el escenario.

Cuando por fin estuvo frente al micrófono, su voz se abrió para interpretar las primeras notas de “Va Pensiero” del coro de la ópera “Nabbuco” de Guiseppe Verdi.
Posterior a esa primera interpretación, fue de nuevo mágico el instante cuando el idílio entre la noche y el silencio se rompió, porque su voz dio paso a una de las arias más sutiles del bel canto: “O Mio Bambino Caro” de la ópera Gianni “Schicchi”, escrita por Giancomo Puccini… Y fue mágico también, descubrir como cada instrumento que en conjunto conformaba la Orquesta Filarmónica del Estado de Chihuahua (OFECH) salía de su letargo cada vez que ella necesitó hacerse escuchar y transmitir emociones y vivencias a través de su bellísima tesitura de soprano.
Si cantando era encantadora, en su interacción con el público lo fue todavía aún más…. Pues en los momentos cuando no se encontraba en la interpretación de una canción de amor, o en el intermezzo sinfónico de la Caballería Rusticana, pedía a su asistente que le regalara otro montón de “pasadores” para el cabello, y así alejar de su rostro el mechón que no le permitía ver la letra de la canción en turno y que luego propició que derritiera el corazón de más de 5 mil personas, quienes atentos a cada uno de sus movimientos, atestiguaron como con toda la sencillez del mundo le preguntó al director de la orquesta si no necesitaba él también “pasadores” para que el viento no le volara las hojas con las partituras.

Los minutos pasaron entre arias y óperas de Rossini, Bizzet, Mascagni y Puccini… Para esas alturas de la noche, cuando la luna parecía querer escaparse de las nubes que intentaban impedirle el seguirla viendo, Filippa regresó al escenario después de un interludio, pero ahora llevando un vestido en tonos plata y dorados, para darse el lujo de cantar “otra vez” una canción que no le gustó como le salió…
También provocó las risas espontáneas de todos, en el instante en que agradeció la invitación que le hiciera para estar en El Estado de Chihuahua el Gobernador de nombre laaaargo, laaaargo… (José Reyes Baeza Terrazas) y terminó de echarse a la bolsa a todos cuando pidió que después de terminado el concierto la llevaran a comer *”burritos”.

¡Mamma Mía!… Fue lo que ella exclamó al darse cuenta que el viento continuaría divirtiéndose y haciendo travesuras con el micrófono, las hojas en el atril y también con su cabello… Pero eso no importó, porque en medio de esa explanada, donde tantas almas se reunieron tan sólo para escucharla, ella nos contó a través de su voz, un pedacito de la historia de “El Barbero de Sevilla”, luego habló de la picardia y sensualidad de “Carmen” en la divertida letra de “Chanson Boheme” o la ópera Habanera; así como también de la aventura fascinante de la Princesa Turandot en “Nessun Dorma”, que revela la proclamación del secreto en el que absolutamente nadie debe dormir hasta encontrar el nombre del Príncipe desconocido, Caláf.

La noche era joven aún y su carisma, así como la calidez de su trato, propiciaron que a pesar de serlo, se disolviera por completo la solemnidad que se asocia con un evento de ópera… El concierto no iba todavía ni por la mitad y en las pantallas se reflejaba el rostro de una chica que aún con su vestido de gala, irradiaba sencillez, y que la mejor parte del concierto aún estaba por vivirse.
Todas las piezas de ópera son hermosas, dramáticas e intensas… Mucho más cuando son interpretadas con la pasión y el sentimiento que logra proyectar más emociones de las que se obtienen a través de depuradas técnicas vocales… Pero el momento cumbre de la noche, sin duda alguna fue cuando tras una pauta de silencio, la Orquesta inundó una vez más las ondas sonoras con el sonido ascendente de instrumentos de cuerda y de viento…
Eran los primeros acordes de “Amarti Si”, una bellísima canción con la que en el año 2002, Filippa dejó huella en el prestigiado Festival de San Remo.
Sobre el escenario improvisado de una ciudad desértica, su voz se escuchaba dulce, pero a la vez tan envolvente y nostálgica, que fue prácticamente imposible resistirse a ella y hubiera sido mucho más complicado intentar describir lo que se siente cuando el corazón se estremece y la piel se eriza como consecuencia de estar ahí en el instante mismo en que todos los instrumentos suenan como uno solo, para darle vida a una hermosísima canción.
Hubo más en aquella noche, de hace muchas noches… Cuando el repertorio se agotó y el director cerró el libro con las partituras, Filippa improvisó y volvió a robarse el corazón de todos los asistentes al interpretar (sin otro elemento más que su propia voz), una canción de Juan Gabriel.
Tras una hora y media de concierto, las luces, el micrófono y el sonido se apagaron… La gente vació la explanada del en ese entonces todavía en “obra negra”: Centro Cívico Paso del Norte… Un escenario en el que a dos años de distancia, -y gracias a canciones como esta- todavía resuenan los ecos de la noche de Filippa Giordano.

“Amarti Si” - L. Quarantotto- Rimani qui per me cosi, Permanece aquí por mi,
* Gracias a Oscar Marquez del Club Faenza por la traducción.
Martes, 15, Septiembre, 2009 a 7:00 am
Oscar Marquez:
hola mi nombre es margarita osuna, me gusta ke me digan maggie. Soy una super fan de laura pausini y me kiero escribir al club faenza. que tengo que hacer? porfavor ayudame!!!
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espero ansiosa tu respuesta