De Encuentros y “Paros” Desde “El Más Allá”…

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De Izq a Der: Irene, Sandro, Jeniffer, Rubí, Marisol, Diana, Carlos, Martha, Edgar, Frank y Ricardo (Q.E.P.D)

3:06 am

Es de madrugada, pero me levanté y prendí la computadora porque soñé a Ricardo Luján.

Ricardo Luján era un chavo que trabajó con nosotros en la revista hace ya varios años y que falleció en un accidente automovilístico.

En la época cuando él era parte del equipo de FB!, lo que hacía era pasarnos fotos de los lugares en El Paso, Tx. Y también como él era muy aficionado a las peleas de box, en particular las de Oscar de la Hoya (“de la Joya” –como le decía él), era de cajón que siempre fuera hasta Las Vegas a ver la pelea, para luego traernos fotos que nosotros publicábamos en la revista.

Ricardo nunca fue mi amigo, mi trato con él era únicamente por cuestiones de trabajo. Yo le ayudaba cuando había que mandar algún fax o redactar alguna carta para solicitar acreditaciones para algún evento. También cuando llevaba su material, como coordinadora editorial de la revista mi responsabilidad era revisar que todas las fotografías (en ese entonces todavía impresas) trajeran su pie de foto y pasarlas a diseño para escanearlas. Era un rollo porque como él no trabajaba de tiempo completo en la agencia, a veces iba una sola vez por semana y yo tenía que andarlo correteando para que me pasara los nombres de la gente que aparecía en sus fotos.

A pesar de eso, Ricardo era un tipo muy simpático, era muy ocurrente y me hacía reír mucho con las cosas que platicaba con Rubí (otra amiga diseñadora que por esa época también trabajaba en la agencia de publicidad).

En pocas palabras, Ricardo era un chavo medio “fresón”, en el sentido de que le gustaba vivir bien, salir, andar en los eventos, vestía muy bien, le gustaba mucho bailar “salsa” (y vaya que bailaba muy bien), físicamente era un chavo que podía decirse que estaba guapo, tenía un gran sentido del humor, yo nunca lo vi preocupado o estresado por algo y aunque estaba soltero y nunca le conocí una novia formal, le gustaban mucho las chavas muy bonitas y de buen cuerpo, pero a pesar de que parecía ser tan “superficial”, yo le admiraba que era alguien que siempre conseguía lo que quería (aunque sus métodos no fueran siempre los más adecuados) y por cosas que indirectamente conocí de él, supe que era un chavo que en el fondo deseaba algún día casarse y formar una familia e incluso le gustaba leer: (por esos años él estaba dando clases de inglés en el Tec de Monterrey, y como yo tomaba clases también ahí, los días que llegaba temprano a la oficina a dejar su material, él me daba aventón a la escuela y ahí en su carro vi el libro del “Alquimista” de Paulo Coehlo).

En la época cuando él murió, ya tenía mucho tiempo que ya no trabajaba para FB!. Unos años antes, tuvo serios problemas con los directivos de la revista (que a mi no me compete mencionar aquí, sobre todo porque es una persona que ya falleció), y a pesar de que ya casi no lo veía –a veces sólo en la escuela- mi trato con él no cambió en nada, siempre me saludaba, platicábamos un poco y me hacía reír con alguna ocurrencia.

La última vez que lo vi con vida (se me quedó muy grabada), fue en El Festival del Vino en Nuevo México, en esa ocasión en cuanto me vio fue y me saludó y hasta me palmeo la espalda porque le dio mucho gusto verme. Me acuerdo que el comentario que me hizo en aquella ocasión fue algo referente a que “era un milagro” que yo saliera (porque según él yo nunca salía a ningún lado –cosa en la que no estaba muy equivocado que digamos-) y era más aún sorprendente que anduviera en un evento fuera de Ciudad Juárez.

Luego me felicitó (porque en ese entonces yo tenía novio ¡snif!), hizo un comentario medio en broma sobre la revista y nos despedimos. Pocas semanas después del evento, él falleció en el accidente, cuando regresando por carretera de una pelea de box (porque para ese entonces ya había conseguido una chamba como promotor o representante de la empresa que organiza los grandes encuentros de box), Ricardo venía manejando en su carro con un grupo de amigos, pero debido al mal tiempo había mucha nieblina en la carretera y creo que su auto se impactó con otro, muriéndo él instantáneamente.

De eso hará ya como 4 o casi 5 años, por eso me sorprendió soñarlo esta madrugada, fue un sueño muy curioso en el que primero yo estaba en un teatro presenciando una obra. Iba acompañada (la verdad no me fijé por quién), pero la obra era una especie de monólogo con una actriz local muy joven y la obra estaba padre, pero al mismo tiempo medio rara y complicada porque su personaje era entre una especie de Nicole Kidman (en la película de “Las Horas”), combinado con “La Casa de Bernarda Alba”.

El caso es que cuando la obra terminaba, varias personas se quedaban ahí en el teatro, y pasada una media hora (ya más vacío y con menos gente) –como muchas veces pasa en esos eventos-, la actriz salía a departir con la prensa y el público, entonces cuando ya casi no había nadie, ella se sentaba a platicar con unas personas en la fila trasera donde yo estaba y así casualmente me integraba yo también a la charla y aprovechaba para preguntarle algunas cosas sobre su personaje y sobre la obra, la chava me escuchaba con mucha atención (como si le pareciera interesante lo que yo le estaba preguntando y a su vez me respondía muy bien).

Pasado un rato, y cuando yo veía que ya se estaba haciendo tarde, me encaminaba a la salida del teatro con rumbo a la salida para buscar mi carro e irme ya a mi casa y para poder hacerlo rápido optaba por un pasillo que en el teatro era usado como acceso para meter y sacar escenografía y equipo.

En el momento cuando yo pasaba por ahí para ya irme a mi casa, en ese pasadizo había todavía personas de tramoya, algunas de prensa y ahí me encontraba también a Ricardo.

Ahí estaba y llevaba una camisa amarilla y un pantalón negro de vestir (se veía impecable como siempre) y lo más curioso aquí es que al verlo yo caía en la cuenta de que ÉL ESTÁ MUERTO, pero aún así me daba mucho gusto verlo y a él también, en cuanto me veía iba directamente a saludarme (exactamente igual que lo hizo la última vez que nos vimos en este plano terrenal).

Esto es lo que se me hace chistoso del sueño. Después de saludarnos y después de que él me preguntaba ¿Cómo Estás?, yo le preguntaba a él lo mismo, y entonces él me respondía con una sonrisa y su risilla chistosa: “Muy Bien”, pero como evidenciando que su respuesta de 2 palabras se traducía a que era obvio que desde el lugar donde ha estado todo este tiempo, ha estado muy bien.

Después de bromear un poco acerca de eso, y platicando de lo que yo había hecho en todo este tiempo (obvio que él no me podía comentar lo que había hecho él, pues era algo que se sobre entendía tenía yo prohibido preguntar). Yo me atrevía a decirle: -“¿Oye tu crees que desde dónde estás puedas intervenir para echarme una mano en este asunto?- (una situación a nivel emocional muy concreta que tengo arrastrando desde hace bastante tiempo), y entonces él hacía una cara chistosa como si se hubiera quedado sorprendido, y con una sonrisa (que no supe descifrar si su respuesta era en broma o medio en serio) me decía: -“No, no se puede…La verdad no creo que haya mucho que pueda yo hacer”.-

Entonces yo le decía: -“Ándale, ayúdame y yo te mando decir una misa y te prendo una veladora, pero bueno, ok, si no puedes hacerme “el paro”, no te preocupes, no hay problema”.-

A Ricardo le daba muchísima risa esto último, pero como desde ese pasillo se veía la salida y gran parte del estacionamiento, en ese instante yo veía que la actriz iba saliendo rumbo a su carro y entonces le decía a Ricardo que me tenía que ir (yo creo que quería alcanzarla para preguntarle algo relacionado con una idea que traigo relacionada con el Teatro y que solamente he comentado con una persona).

Pero bueno, el caso es que Ricardo también se despedía y se iba otra vez hacia el interior del teatro con otras personas que no alcancé a ver muy bien, y cuando yo me di la media vuelta e iba ya muy cerca de la puerta de salida, él se regresó corriendo para alcanzarme y para decirme riéndose: “¡No te creas!, déjame intentar y ver que puedo hacer”…

Hasta ahí llegó el sueño, porque en ese instante me desperté. Voltee a ver el reloj en la pared y pasaban ya de las 2 de la madrugada, y me tuve que levantar porque sentía que tenía que escribir lo que había soñado.

Ahorita que son ya casi las 4:30 de la madrugada, tengo una sensación muy extraña en el sentido de que a pesar de que yo sé que fue un sueño, el encuentro y la conversación con Ricardo (sobre todo lo referente a lo último que hablamos) si fue real y creo que en este momento hay entre él y yo una promesa.

Por cosas que he leído y que me acuerdo que mi abuelita también decía, cuando sueñas a alguien que ya falleció, dicen que debes orar por él o mandarle decir una misa. Lo voy a hacer, pero no sé porque tengo la extraña sensación de que a Ricardo no le hace mucha falta que digamos (a lo mejor me equivoco), pero lo vi bastante bien y muy contento.

No sé si con todas las personas en vida fue igual, pero a pesar de que no éramos muy amigos, yo siempre tuve la certeza de saber que si alguna vez alguien necesitaba un favor y él podía echarle la mano, no dudaba en hacerlo.

La verdad no sé si eso cambie ahora que ya él se encuentra en otro plano, (puesto que siempre he creído que si es posible “visitar” o tener contacto con las personas ya fallecidas a través de los sueños), e independientemente de si puede o no interceder por mi con “El Alto Mando” en “El Más Allá”, me dio gusto volver a verlo otra vez.

Historia en La Canción: Ojos Negros.

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Esta historia nació cuando él aún no era nadie.

Una tarde, él entró a uno de esos tantos lugares en los que cotidianamente se reúne la gente y se dan “encuentros”: Algunos para hablar de negocios, otros para “ponerse al día” de lo que pasa en la vida de alguien a quien no se frecuenta, pero a través de la amistad se mantiene un lazo cercano.

En un pequeño espacio, donde las conversaciones son tan distintas de una mesa a otra, Ricardo llegó a ocupar un espacio libre en aquella cafetería, sin llevar nada más en sus bolsillos que el importe exacto de la taza de bebida caliente que él tomaría ese día.

Instalado en el área de la barra en el que la falta de compañía (por ser banquillos individuales), se compensa con las imágenes que reflejan todo lo que sucede tanto en el interior como en el exterior de la cafetería, Ricardo descubrió la figura de una chica que desde el instante mismo que apareció reflejada en la vidriera, llamó su atención.

Ya estando en el interior del local, la chica ocupó una mesa, no sin antes haberse cerciorado a través del cristal transparente de la ventana, que todo con su apariencia estaba bien.

Ella estaba nerviosa, y por su actitud se percibía que esperaba a alguien. Ricardo no se equivocó al suponer esto, porque minutos más tarde, llegó al café un muchacho y se sentó junto a ella.

A pesar de que hasta el lugar donde Ricardo estaba, la conversación de ellos dos no se escuchaba, A través del lenguaje corporal de ambos y que se reflejaba a través del cristal del ventanal, él imaginó la historia de esa pareja y comenzó a plasmarla en una servilleta que tiempo después daría vida a esta canción…

Esa fue la historia que el mismísimo Ricardo Montaner comentó hace algunos años, antes de interpretar esta canción en un programa nocturno de televisión.

Cabe mencionar que a pesar de que esa canción es de los primeros discos de este cantante venezolano (cuando todavía ni siquiera era conocido en México); la versión que elegí para poner aquí en el blog no es la original de esa época, sino la versión que él grabó varios años después para el disco con la London Metropolitan Orchestra -y que en mi opinión personal es mucho mejor que la versión original-

Hace algunos años yo era fan de “huesito colorado” de Montaner, y supongo que por eso compré ese disco, que la verdad es exquisito… Son las canciones clásicas de él con unos arreglos bellísimos, (realizados por Bebú Silvetti q.e.p.d.), y pues bueno, no quiero tirar más rollo, porque la canción lo dice todo y comentarles que este disco está ideal para escuchar en tu casa un día así nubladito o que no sales a ningún lado y te quedas en tu cuarto haciendo algo y simplemente quieres relajarte. (yo hoy lo escuché después de un buen rato de no hacerlo y se me fue “El Santo al cielo”), recordé porque me enamoré de la música y la sencillez de Montaner.

Es increíble como pasa el tiempo y antes de despedirme, esta sexta canción de “Historia en la Canción” la quiero dedicar en forma especial a Vanessa, una amiga que conocí hace poco (por cierto, fan de Montaner también), pero que me sorprende la cantidad de aspectos y detalles en los que nos identificamos y somos tan parecidas.

Nunca me había pasado algo así con alguien, y pues bueno, aunque esta canción yo ya la tenía en mi lista (hace 6 meses atrás cuando comencé a “idear” esta sección), decidí adelantar su turno, para agradecerle a Vane, el haberse convertido en una amiga muy, muy especial.

Gracias a todos por seguir leyendo el blog y ojalá disfruten esta 6ta. “Historia en La Canción”.

“Ojos Negros” / Ricardo Montaner con la London Metropolitan Orchestra (1999) / Track 2

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“Ojos Negros”
-Ricardo Montaner-
Ojos negros en el cielo de una noche fría,
labios rojos que me hablaban y yo no la oía,
¿tienes cuántos años?: Pregunté,
de repente con una excusa, le invité un café.
Ojos negros me decía: “Yo no te conozco”,
intranquila en la vidriera se observaba un poco,
¿y qué le digo ahora?, no lo sé…
Una luz se encendía de pronto y pensé,
que este encuentro casual no era casualidad y acerté…
Cuenta la historia, que a mi encuentro volvió,
una tarde llena de gente, ya casi a las 2,
cuenta la historia, que a mi encuentro llegó,
algo retrasada y nerviosa, mirando el reloj…
Ojos negros se encontraba al cabo de unas horas,
apretada a mi bailando una canción de moda,
el ambiente oscuro, me indicó,
que el espacio se hacía muy grande y que yo,
sugiriese pasar esa noche los dos: ¿por qué no?
Cuenta la historia, que a mi encuentro volvió,
una tarde llena de gente, ya casi a las 2,
cuenta la historia, que a mi encuentro llegó,
algo retrasada y nerviosa, mirando el reloj…

María de Estrada (Continuación)

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Durante muchos meses permaneció María de Estrada encerrada en una celda subterránea y oscura, en condiciones infrahumanas y sin hablar con nadie, acusada por el asesinato de Guillermo Marín (un ladrón y violador que con el uniforme militar se hacía pasar por un hombre devoto, miembro de una fina familia cristiana). 

El veredicto de morir en la horca,  había sido aplazado debido al embarazo de María, y por esa razón Roma y Paco (las únicas personas que en verdad la querían y se preocupaban por ella), después de muchos intentos, lograron entrar a verla cuando todos los guardias estaban en misa.

Roma, preocupada desde un inicio por el estado del bebé, en cuanto estuvo en la celda junto a ella lo primero que hizo fue tratar de tocar con sus manos el vientre para averiguar en que condiciones se encontraba, y es entonces cuando casi al borde de la locura, la joven prisionera le revela a ella y a su hermano gitano que abortó pocos meses después de ser encarcelada. Nunca supo si el sexo de la criatura, tan sólo se limitó a enterrarla como pudo en un agujero recóndito que ya existía en alguna parte de la celda.

Como todos los prisioneros que iban a parar a ese calabozo, por lo regular eran olvidados, nunca nadie se dio cuenta de lo que había pasado y por esa razón ella aún seguía con vida.

Hasta ahí, María de Estrada parece no tener ninguna esperanza de salir con vida, pero su hermano Paco le comenta que -gracias a que María le enseño a leer- pudo enterarse a través de una “proclama real”, pegada  a la entrada del edificio, que los reyes perdonaban la sentencia de las mujeres prisioneras que incluso estando condenadas a muerte, se ofrecían para embarcarse voluntariamente hacia “Las Indias” (América).

En apariencia eso parecía ser una gran oportunidad para cualquier prisionero, sin embargo, la monarquía de ese entonces ofrecía tal indulto por la sencilla razón de que era bien sabido que la mayoría de las personas que viajaban hacia las tierras nuevas recién descubiertas por el almirante Genovés, nunca jamás volvían, pues se hablaba de que las aguas del océano estaban plagadas de animales y monstruos marinos que arrastraban a toda embarcación hacia las profundidades… O si los prisioneros sobrevivían al viaje, existía la posibilidad de que murieran en esas lejanas tierras, víctimas del canibalismo de las tribus salvajes o de las extrañas y peligrosas enfermedades de las cuales podían contagiarse.

Así es como María logra salvar una vez más su vida y se embarca hacia “el nuevo mundo” en un barco cuya tripulación está compuesta por esclavos y reos.

Siendo ella la única mujer a bordo el acoso no se hace esperar, pero gracias a un cuchillo que le facilitan para realizar su trabajo  como cocinera de la embarcación, logra salvar una vez más su integridad física; pero de pronto su suerte cambia cuando los almirantes al mando de ese barco, siendo sumamente superticiosos y pensando que su condición de mujer ha propiciado el mal tiempo durante toda la travesía, al llegar a Gomera, Isla de las Canarias, el capitán del barco donde viaja María de Estrada, negociando las habilidades de esta en la cocina, logra que Alonso de Quintero permita que ella continúe el viaje en su barco: Santa María de la Concepción.

Es allí donde María conoce a dos hombres que serán determinantes en su vida: Pedro Sánchez Farfán y Hernán Cortés.

Al llegar al nuevo mundo, (especificamente a Santo Domingo) María comienza una nueva vida, vive muchísimas experiencias que van desde trabajar en un hospital como ayudante de una esclava negra llamada Aeesha, enamorarse de Pedro Sánchez de Farfán, convertirse en la mejor amiga de Hernán Cortés y atestiguar en forma indirecta su fama como conquistador y su caída…

Todo esto sin dejar de mencionar que vuelve a participar en algunas batallas que contribuyen a darle la fama que aún estando viva la elevó a la categoría de leyenda.

Lo más interesante del libro, son las cartas que María escribía para su hermano Paco, narrando en forma detallada sus experiencias y aventuras en el nuevo mundo.

Cuando se habla de la conquista, siempre nos vienen a la mente la visión de los colonizadores que sólo buscaban oro y nuevos territorios sobre los cuales establecer un mini-reino individual, mientras que en la otra cara de la moneda encontramos los testimonios de los indígenas que sufrieron el choque tan severo propiciado por la transculturización… Pero pocas veces se habla de la gente que viajó a América acompañando a los españoles.

Esclavos, reos indultados y hasta españoles de buen apellido y alcurnia, pero que durante su vida tuvieron mala fortuna o carecían de influencias para poder lograr algo en su vida, vinieron hasta estas tierras en busca de la oportunidad de su vida. Todo eso lo vemos reflejado a través de las cartas de María, en las cuales es muy sorprendente enterarse que la religión católica  fue adoptada  también por muchos de ellos  para poder sobrevivir.

No les quiero contar más, para que si alguna vez tienen oportunidad de leer el libro, les resulte emocionante conocer las aventuras de María de Estrada. Una mujer que en verdad existió, pero que tristemente no existe mucha documentación histórica que haga referencia a su vida y sus hazañas, ya que Gloria Durán (la autora del libro) comenta que la existencia de María de Estrada sólo está documentada a través de escritos que dejaron otros personajes como Bartolomé de las Casas, Fran Juan de Torquemada y otros que sólo le dedican algunos cuantos párrafos.

A pesar del lazo de amistad que la unió a Hernán Cortés (este nunca la menciona) e incluso se desconoce donde terminaron sus restos; ya que al morir María de Estrada fue enterrada en la bóveda de una iglesia en Puebla que 26 años después (en el año 1527 se demolió) para dar paso a una nueva catedral.

Además del rastro perdido de sus restos mortales, todo lo que se dice y conoce sobre María de Estrada parte de las crónicas de terceras personas y su recuerdo no se ha extinguido del todo gracias a que personas como Juan Dubernard Chauveau (un inmigrante belga en México), cautivado por la historia de esta heroína, se dio a la tarea de investigar todo lo que pudo sobre su vida y publicarlo en una monografía… Gracias a eso en la actualidad podemos saber quien fue y que hizo María de Estrada.

Volver a Tercer Año de Primaria…

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La semana pasada, durante la madrugada del Miércoles, para amanecer el Jueves soñé que volvía a estar en Tercero de Primaria.
En esa época yo tendría unos 8 ó 9 años y era alumna de la maestra “Quika”, una señora muy estricta a la que todo mundo le tenía miedo y que era conocida en toda la escuela porque castigaba a los alumnos incorregibles dándoles de reglazos en las palmas de las manos con un metro que ella tenía específicamente para ese fin.

Aunque han pasado muchos años me acuerdo súper bien de algunas de sus clases. La maestra “Quika”, a pesar de que imponía a sus alumnos con su tono de voz (que la hacía parecer como si siempre estuviera muy enojada), era muy buena maestra. Supongo que la disciplina que ella establecía dentro del salón de clases, daba como resultado que los alumnos que cursaban el año con ella salieran bien preparados para el siguiente grado a cursar, o si le tocaba en el ciclo escolar hacerse cargo del grupo de primer año, además de las mamás, toda la escuela sabía que los niños, al concluir el período, saldrían ya sabiendo leer y escribir.

En la época en que yo fui su alumna, yo era una niña gordita, muy tímida. La verdad si le tenía miedo, y me ponía muy nerviosa cuando me pasaba al pizarrón o me preguntaba algo (sobre todo si era algo que yo no sabía, pues desde pequeña siempre le tuve “idea” a las matemáticas) y las contadas ocasiones que a mi me llegó a regañar fue únicamente porque siempre fui muy “Platicona” (como ella misma decía) en clase.

Por lo que he contado hasta aquí, seguramente se estarán imaginando que físicamente la maestra Quika tenía facha de “generala”, pero no. Era una mujer gordita, no muy alta, de tez morena, -que no se porque sólo recuerdo sus atuendos de invierno- pero siempre vestía una especie de chal o poncho de tela más delgada en colores fuertes como rojo, gris o azul, y que en ocasiones usaba también turbantes.

La escuela primaria donde yo cursé los 6 años de educación básica, queda muy cerca de mi casa, y siempre que paso por ahí (que no es muy seguido), lo primero que viene a mi mente es el salón de clases de tercer año y obviamente la imagen de la maestra Quika, a la cual, a pesar de tenerle yo miedo, siempre me sentaba en las bancas del frente, muy cerca de su escritorio.

Ella fue una de las pocas personas que me llamaba siempre por mi segundo nombre: Beatriz; y aunque nunca me ha gustado que me llamen así, me acuerdo súper bien como sonaba en su imperativo y autoritario tono de voz (al cual llegué a acostumbrarme y debo confesar que no me desagradaba que ella me llamara así).

Todo mundo la veía como “El Ogro de la Escuela”, pero creo que en el fondo me llegó a tener aprecio. En esa época no caí en la cuenta de eso, pero ella lo demostró en una ocasión que sucedió un incidente bastante desagradable para mi, en el que jugando con una compañera de clase que se llamaba Gloria, yo la jalé de un brazo para convencerla de que me acompañara a jugar en el pasamanos que estaba instalado al fondo del patio de la escuela, en una zona llena de arena y eso provocó que se le cayera una peineta que traía en el cabello. Entre ambas la buscamos, pero no apareció. Ella dijo que no había problema y nos fuimos a seguir jugando.

El incidente parecía que no pasaría a mayores, pero a la hora de salida, quien sabe que cosa le contó Gloria a su mamá para justificar la ausencia de la peineta y la señora fue y me puso “como palo de gallina” y me acusó de haberle robado la famosa peineta a su niña. Sin saber defenderme y avergonzada porque la señora se lució delante de toda la escuela, yo lo único que hice fue llegar a mi casa llorando y no contarle nada a mi mamá de lo que había sucedido, hasta un buen rato después de haber repetido muchas veces: “No tengo nada”, cada vez que ella me preguntaba: ¿Qué te pasó?.

… Ahora que lo pienso, es muy curioso, pero en la actualidad, las veces que he tenido alguna bronca o algo me ha hecho llorar, mi reacción ante mi madre sigue siendo la misma… Pero bueno, volviendo al tema, como era de esperarse, al siguiente día mi mamá fue a la escuela con toda la intención de armar un escándalo mundial, pero la maestra Quika –que para estas alturas ya estaba enterada del asunto- habló con mi mamá y le dijo: “No se preocupe señora, de la mamá de Gloria me hago cargo yo”.

No recuerdo si fue a la hora del recreo (cuando muchas de las mamás aprovechan para regresar a llevarle lonche a sus niños) o a la hora de la salida; pero el caso es que la maestra Quika cumplió su promesa y fue ella quien se puso como “lazo de cochino” a la mamá de Gloria.

La mandó llamar al salón mientras todos estábamos fuera, no se alcanzaba a escuchar lo que decían, pero debió haber estado grueso lo que le dijo, porque la señora, aparte de que no dijo ni pío, nada más bajaba la cabeza y se ponía de mil colores.

Mucho tiempo después mi madre me dijo que la maestra le había comentado que la maestra dijo: “Yo le puedo asegurar que Beatriz no es una ladrona”.

Hoy cuando desperté en la mañana, fue muy curioso caer en la cuenta que ese incidente lo había olvidado por completo y salió a relucir a raíz de haber tenido ese sueño y sólo hasta ahora que han pasado poco más de 20 años, me doy cuenta de que la maestra llegó a conocerme a tal grado que sin dudarlo metió las manos al fuego para defenderme.

Unos años después que yo salí de la primaria, la maestra Quika se jubiló y nunca más volví a verla ni a saber de ella. En alguna ocasión cuando le preguntamos por ella a alguien conocido que vivía por la escuela, esa persona nos comentó que ya había fallecido… La verdad yo espero que no.

Su nombre real era Francisca Bañuelos, y si en la actualidad estuviera viva, me gustaría alguna vez poder volver a verla y agradecerle lo que su disciplina en clase contribuyo a mi formación (yo creo que las bases de lo que ahora tanto me sirve en mi trabajo de redacción en la revista y como aprendiz de escritora se cimentaron ahí en su salón de clases).

Es una sensación extraña, pero hoy he estado acordándome durante todo el día de ella e incluso de esas ocasiones en que alguna ocurrencia de alguno de sus alumnos la hacía reír… En ese tiempo nosotros la veíamos como una persona imponente, incapaz de mostrar sus sentimientos, pero ahora con los años entiendo, que simplemente era una mujer que asumía con toda la responsabilidad la misión que tenía de educar.

Respecto a la interpretación del sueño… Es curioso, porque bueno, los que leen seguido mi blog saben que para mi soñar con la escuela es algo recurrente, sin embargo nunca me había tocado volver a tercer año de primaria.

En el camino al trabajo venía pensando en que en este momento de mi vida estoy buscando muchas respuestas, y a veces dicen que para reencontrarse con uno mismo, hay que volver a lo básico a los inicios, pero no, definitivamente no siento que tenga yo esa necesidad de sentir o experimentar el volver a ser la niña de esa época; puesto que eran otros tiempos que definitivamente contribuyeron a convertirme en lo que ahora soy y aunque hasta la fecha nunca me he “robado nada”… jajaja… ya en serio, conservo todavía mucho de esa niña y siento que fui muy afortunada porque tuve a mis papás conmigo todo el tiempo y ellos en la medida de sus posibilidades hicieron de mi infancia algo feliz.

Si en la actualidad existieran más maestras como la mia, probablemente las cosas serían diferentes… (¿Se imaginan? si a punta de reglazos la maestra hacía que aprendiéramos, ahora si hubiera existido el internet en la época en que ella era maestra, ¡habría formado puros genios!!!).

Aunque bueno, si la maestra Quika hubiera sido maestra en la época actual, ya la habrían demandado algunos padres y posiblemente hasta “El botiquín” habría ido a parar…

Así que pensándolo bien que bueno que no le tocó ser maestra en estos tiempos (aunque hubiera sido una buena oportunidad para ahora ser yo, quien metiera las manos al fuego por ella)…

¡Pero en fin!… Esto ya es demasiado “divagar” y la única intención que yo tenía al escribir acerca de esto era no olvidar el sueño ¿y por qué no? agradecerle –donde quiera que esté- el granito de arena que ella aportó con su trabajo y contribuyó en gran medida a mi formación.

Una foto viejita y raspada de cuando yo tenía 9 años.

¡Feliz Cumple a mi Blog!

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Por estos días este blog cumple 3 años.

Nunca he festejado el aniversario y la prueba está en que no recuerdo la fecha exacta en que empezó todo esto.

Creo que si les había contado que intentando obtener una cuenta de Gmail (la cual obtuve gracias a Lucía), conocí el mundo de los blogs.

Ella fue la primer blogguera que yo leí y a su vez ella fue la primera que comenzó a visitarme y aunque yo ya escribía desde los 17 años, lo que en un principio fueron simples transcripciones de mis diarios de años anteriores, poco a poco se convirtieron en un espacio en el que yo puedo expresar además de lo que pienso y siento, un lugar que se ha revestido de muchas ideas padres y obviamente de todo lo que han aportado todas las personas que a lo largo de todo este tiempo no sólo me hacen el favor de leer lo que escribo, sino que todavía se toman el tiempo para escribirme un comentario.

Esa es la razón por la cual este año si quiero festejar el cumpleaños del blog.

Tres años atrás, me imaginé este espacio virtual como una casa pequeña y confortable, donde todos ustedes -los que me hacen favor de visitarme- llegan y se sientan en la sala y juntos podemos platicar de diferentes cosas.

Espero que en todo este tiempo se hayan sentido a gusto, y aunque reconozco que mis posts a veces son demasiado largos, (tomémoslo como esas conversaciones que duran hasta la madrugada), yo espero no haberlos aburrido y muy por el contrario, haberles provocado una sonrisa, un sentimiento intenso o hasta una reflexión.

El mejor regalo para mi, además de hacer algo que disfruto mucho: escribir, ha sido encontrar personas con espacios en internet muy interesantes (enlistados en la esquina derecha de este blog), quienes además de nutrirme mucho con sus escritos y sus comentarios, me han brindado su amistad.

Esa es la razón que me mantiene escribiendo desde hace 3 años. Lo que me hace volver al blog cada vez que contemplo la posibilidad de alejarme un rato del ciberespacio para tomar un descanso y luego resulta contraproducente porque es cuando me doy cuenta que no puedo estar sin escribir, porque esto es ya para mi como respirar.

A todos los que me visitan con frecuencia: ¡Mil gracias!!… A los que sólo me leen pero nunca han comentado nada: Valoro mucho la disposición y el tiempo que me otorgan, pero sobre todo que me tomen en cuenta y permanezcan todavía ahí.

A los que llegaron a este blog por accidente, o los que sólo vinieron una vez: igual se les agradece y pues aunque todo en esta vida tiene un inicio y un final, espero que el tiempo que este espacio virtual se mantenga, mis páginas sueltas y de colores les aporten algo intersante o útil que siempre los haga volver aquí.

Gracias por estos 3 años de leer mis posts kilométricos… Ojalá siempre encuentre cosas nuevas que ofrecerles y nos queden todavía muchos escritos por compartir.

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